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Sal Jimenez


Tallulah ha tenido una vida difícil desde que inicio el caótico divorcio de sus padres. De eso hace cinco años, en los cuales se ha sentido como ver un partido de ping pong. Pero cuando su madre decide usarla a ella como pelota y dejar de pagar su residencia, Tallulah decide que ha tenido suficiente. A sus cortos veinte años consigue un trabajo y un lugar propio. O casi. Porque lo que gana solo le consigue espacio con un roommie. Pero sigue siendo mejor que dormir en la calle. Nick se hizo popular en redes sociales en su primer año. Desde entonces, nunca más tuvo que buscar atención, solo llego. Pero cuando su nueva compañera de cuarto lo ignora brutalmente, el ego de Nick se ve lastimado. Tallulah podría haber sido una amiga o incluso una persona en la quien confiar si Nick no la viera como un reto. Pero lo hace, porque Esla primera vez en muchos años en que alguien representa un poco de dificultad. Pronto se dan cuenta de que no son lo que el otro esperaba. Son una movida del karma.


Romance Romance adulto joven Todo público.

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Prologo

Tallulah

¿Cuántas horas llevaba sin dormir? Pff, sería más sencillo contar cuantas había dormido. Sentía el cuerpo peligrosamente pesado y el cerebro lento. ¿Había dormido unas cuantas horas anoche? Si, unas dos o tres… cuando los gritos se habían detenido, claro. Pero ese mañana me había visto en el espejo y las ojeras ya habían tomado un repulsivo tono oscuro. Incluso mi corrector no había podido ocultarlas del todo.

— ¿Tallulah?

— ¿Ah?—alguien me había llamado, ¿acaso la señorita Dottie me había preguntado algo? ¿Qué clase estaba viendo?—, lo siento… no escuche.

Un coro de risas en el salón, apenas procesado por mi atontada mente.

—Tallulah, ven y resuelve el ejercicio—la señorita Dottie hablaba muy suavemente ahora, sabía que tenía que levantarme e ir hacia ella.

Pero cuando me puse en pie, supe que no iba a lograrlo. Mis ojos eran incapaces de enfocar y sentí una fuerte punzada sobre mi sien. Iba a desmayarme, no era la primera vez. Pero mientras caía al suelo, sentí mi cabeza golpear la silla de mi pupitre. Oh, no.

—Estará bien, se golpeó bastante fuerte—yo había despertado en el hospital con un fuerte golpe en la parte izquierda de mi cráneo.

A mis padres les había tomado un par de horas llegar al hospital, ya nadie había podido localizarlos. Había intentado explicar que no hacía falta llamarlos, que yo estaba perfectamente, pero nadie me había creído. Y cuando me lavaron la cara y vieron el estado de mis ojeras, todo el personal había puesto muecas de preocupación.

—Doctor, mi hija nunca se había desmayado, ¿Qué paso?—rodé los ojos ante la afirmación de mi madre. Su voz llorosa y frágil flotaba hasta mí.

—De hecho… Tallulah nos dijo que le pasa con frecuencia, señora Gómez… —esa pequeña comprobación de que no sabían nada de mi estado de salud—. ¿Saben si duerme bien?—otra prueba que iban a fallar, lo sabía.

—Bueno, si… eso creo—mi padre hablando, eso sí era una ocasión especial, normalmente dejaba que mi mama llevara la voz cantante.

—Señor Delucci, la evidencia medica indica que Tallulah no está durmiendo bien. Es muy probable que no haya dormido ni siquiera veinte horas en toda la semana.

Agradecí que no les dijera que yo había confesado. No quería causarles daño a mis padres. Pero el doctor había dicho que no dormir me podía matar y yo no quería morir. Pero no había hablado de las peleas ni de los otros sonidos. Solo había dicho lo que podía admitir sin dañar a nadie.

—Lo siento, pero tendré que llamar a servicios sociales.

—Cariño, vivirás con la abuela un tiempo—mi padre dejo su mano sobre mi hombro y me dio un apretón.

—Papi y yo te amamos, Tannie—mi madre sostenía un pañuelo entre sus dedos. Me dio un abrazo, acariciando mi cabello y se le escapo otro sollozo.

—También los amo, pero es lo mejor. Los veré el fin de semana—intente sentirme triste mientras dejaba un beso en cada mejilla, pero no lo logre.

Tania, mi trabajadora social tomo mi mano y me guio al auto. Cuando subí mi maleta a la parte de atrás, ella estaba encendiendo el auto. Me dio una sonrisa cansada cuando me subí con ella.

— ¿Estas segura, Tallulah?—me preguntó, cómo había hecho desde que yo había hablado con ella por primera vez sobre mi plan.

—Tania, no puedo vivir en esa casa. Mi abuela no tiene ningún problema en tenerme en su casa por cuatro años, está contenta…

— ¿Y tus padres?

—Mis padres tienen que… resolver sus asuntos ellos mismos… soy su hija, no su árbitro. Es lo mejor para todos—la escuche suspirar pero cuando voltee a verla, estaba asintiendo.

Eso era lo mejor para todos, estaba convencida de ello.

Estaba sentada en la oscuridad, con mi espalda apoyada en la pared. Si estiraba solo un poco mi cabeza, tocaría mis rodillas. Entre mis manos, una linterna azul que encendía y apagaba. Hacia solo un rato había dejado de llorar, pero aun sentía las mejillas húmedas. Otra vez, encendida y apagada. Esta vez no había gritos que atravesaran las paredes, ni sonidos extraños. Ni siquiera autos en la calle, o algo de música de algún vecino. No había ninguna excusa ahora. El problema era yo.

— ¿Por qué no puedo dormir?—murmure para mi habitación oscura. Una vez más, encendida y apagada—. Solo quiero dormir… dormir, dormir, dormir…

Sabía que había algo malo conmigo. Más lágrimas. Encendida y apagada. Un sollozo y un vistazo al reloj. Tres de la mañana. Encendida y apagada. Entonces perdí la consciencia.

Dormir, dormir, dormir.

13 de Junio de 2021 a las 13:27 0 Reporte Insertar Seguir historia
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