annadr Anna David Rey

Habíamos perdió la órbita para volver a la Tierra. El control de navegación estaba buscando rutas en el espacio. Y, había una tensión en toda la nave, la tripulación respiraba los nervios. Buscábamos posibilidades de regresar por el mismo camino o estaríamos una década vagando o moríamos por la falta de oxígeno.


Cuento Todo público.

#naufragio #astronautas #nuevaespecie #espacio
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Naufragos en el espacio

Habíamos perdió la órbita para volver a la Tierra. El control de navegación estaba buscando rutas en el espacio. Y, había una tensión en toda la nave, la tripulación respiraba los nervios. Buscábamos posibilidades de regresar por el mismo camino o estaríamos una década vagando o moríamos por la falta de oxígeno.

-¿Qué pasa con las cabinas de emergencias, Ivanov?-preguntó el capitán.

-Capitán Schmitt, no estamos seguros que podamos volver desde esta distancia…

-Eres ingeniero, alguna idea se te va a ocurrir.

-Sí, mi capitán.

Todos teníamos miedo, aun tratando de usar todas las herramientas para volver a nuestra órbita. No sabíamos cuál fue el error, pero solo fueron segundos que dejamos de movernos entorno a nuestro planeta. Las coordenadas y el contacto con RSA se cortaron hace una hora. En fin, estábamos en graves problemas. Salí de sector de navegación, dirigiéndome al grupo que iba conmigo para resolver las fallas técnicas. Era ingeniero espacial, y también, fui mecánico en las fuerzas aéreas rusas siguiendo las tradiciones de la familia Ivanov.

-¿Cómo seguimos, Niel?-me preguntó uno de los chicos.

-Veremos las escotillas de aire, tenemos reservas por lo cual vamos estar unas horas más acá.

-De acuerdo, comandante.

-No te preocupes, amigo-dije, dándole una palmada sobre el hombro, queriendo consolarlo-. Veras a tu esposa y a tu hija, pronto.

La tripulación estaba resolviendo todos los problemas de comunicación con la base rusa. Mi trabajo era resolver lo otro. En cuanto, sentimos una fuerte sacudida. Fue demasiado violenta que las luces parpadearon unos segundos, hasta establecerse. Miré a todos lados.

-¿Qué fue eso?

-Asteroides-dije.

-Ay, no…-murmuró Robbie, el más joven de la tripulación-. Comandante, sugiero asegurar las cámaras de oxígeno. Si los asteroides siguen chocando contra nosotros, van a agrietar las entradas de las reservas.

-Eso mismo pensaba, Robbie… ¡Muévanse!

Corrimos por la plataforma, esquivando a unos oficiales uniformados. Doblamos, deslicé mi credencial sobre una ranura para seguir. Recibimos otro impacto más fuerte, y la energía de reserva por emergencias se suspendió. No puede ser. Nos quedamos a oscuras. Oí las voces de los oficiales buscando apoyo. Otro golpe de los asteroides nos empujó fuera del camino, y la nave comenzó a girar con fuerza, siendo atraída por una fuerza cercana. Quizás fuera una nebulosa. Sentí mi cuerpo impactar contra los muros de metal, sentí que mi hombro se dislocó con uno de los golpes. Dolía demasiado.

La nave se sacudía con violencia. Escuché gritos de pánico y suplicas de los otros astronautas, que estaban heridos. Luego, se calmó. La nave comenzó a detenerse, hasta que se quedó quieta en medio del universo.

Pasaron unos minutos, todo estaba silencioso y nadie hablaba. Escuché sonidos metálicos, las compuertas se abrieron. Seguido de unos alienígenas raros que ingresaron al pasillo de la navegación. Todos estábamos aturdidos, empecé a escuchar lamentos y gemidos de dolor. Me encontraba despierto, tendido sobre el suelo y un fuerte zumbido en mi oído derecho. Por otro lado, las luces de emergencias rojas iluminaron automáticamente todo el corredor de paneles de titanio con colores claros y tuberías de oxígeno, algunas debían haber explotado. Ambos estaban caminando entre nosotros. No hablaron hasta inspeccionar a los heridos, levanté mi cabeza un poco del suelo para describirlos.

-¿Aol ni mion?-dijo uno de los tipos. Estaba inclinado sobre Robbie, examinándolo. La mano de ese hombre era de un tono verde, se veía húmeda y tocó la frente del joven ingeniero, que comenzó a convulsionar y largar espuma por su boca.

-Aol ni polertum, Tonu.

Estaban hablando en otro lenguaje que no reconocía en absoluto. Yo era multilingüe. Asique no era latín, tampoco árabe ni siquiera el viejo hebreo de la Biblia. Solo, quedaba la idea que era una nueva especie, que nos encontraron. Y, al ver la convulsión de Robbie me preocupó que hayamos caído en una trampa. Ellos lograron engañarnos y atraernos a su órbita. Sé que los humanos tenemos varias posibilidades de imaginarnos a los alienígenas, esperando poder saber si la Tierra es la única con población inteligente. Siempre creemos no estar solos. La verdad, es que nunca lo estamos.

-¿Tonu?-dijo el primero -. Tenios ni heoil

Un rostro deformado con carencia de belleza, y grandes ojos negros ocupaban media cara. Era similar a un sapo con mutación. Tenía unos tentáculos en la cabeza, que funcionaban con su actividad cerebral, como glándulas externas que controlaban sus cuerpos. Su piel era bastante húmeda. Me miró, y me congelé ante su aspecto. Se inclinó sobre mí.

-Mal-dijo el alienígena frente a mí. Era inglés.

-Somos buenos-dije nervioso. Pues, acababan de matar a Robbie con tocar su frente.

-Tonu intunema aol nani…

Su compañero se acercó, después de asesinar otro astronauta tocando su cabeza. Sentí los nervios volverse una bomba de adrenalina. Me costaba formar palabras, intenté levantarme y noté un pedazo de metal clavado en mi pierna izquierda. Retrocedí cuanto podía moverme con estas heridas. Los dos avanzaron extendiendo las manos, sus dedos dieron una danza dirigidas a unos tubos del techo que estallaron y el agua cayó sobre mí. Perdí el equilibrio. No teníamos armas, porque no pensábamos que realmente estos alienígenas existieran, no había pruebas que estuvieran más allá de la Tierra. El primero arrancó el metal de mi pierna, y aproveché a darle una patada en el estómago, pero no logre moverlo. Mi rival lanzó el arma punzante sobre mi pecho, sin darme tiempo de esquivarlo.

-Malo…-dijo, hasta que hundió el pedazo de metal y sentí una oscuridad llegar a mí.

De a poco, deje de sentir, de ver, de oír.

12 de Junio de 2021 a las 22:53 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Anna David Rey Alta por las nubes, una mente que nunca duerme. Una conquistadora en tinta y papel. Dos décadas y siete años

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