sorrowyoursoul Ángeles Bringas

Mientras una profecía se cumplía, un nuevo amor condenado nacía. Siendo Yoongi un chico que no podía vivir sin la música, y Jimin la única voz que deseaba escuchar. •Género: Fantasía || Romance || Angst •Estado: Completa. •Tipo: Fanfic || One-shot •Portada de mi autoría Prohibidas copias y/o adaptaciones. ©SorrowYourSoul


Cuento Todo público.

#jimin #Park #yoongi #min # #Bangtan #BTS #fic #fanficbts #Yoonmin #Ym
Cuento corto
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Único


Era de colores pasteles el velo terso del cielo. Rosas, naranjas y celestes de expandían entre la atmósfera para contrastar con el tono gris de las esponjosas nubes.


"The Undertaker's Daughter" era reproducido resonando solo en el cuerpo de Yoongi. Aquel muchacho de tez pálida y cabello negro. Se hallaba acostado sobre la verde hierba de la universidad y bajo la sombra del edificio de humanidades.


Ignoraba aquello que sucedía a su al rededor mientras que, con los ojos cerrados, centraban su atención en la dulce melodía de tonos aventureros.


La repetía en su mente, de sus labios pequeños balbuceos escapaban en un intento de imitar a la voz mientras que su corazón sentía angustia y emoción. El misterio dentro de la canción había calado dentro de Yoongi, ahora su corazón latía al ritmo de melodía de casi diez minutos que jamás llegaría a hartarle.


La figura retórica no era necesaria en los párrafos, pues así de sencilla era la vida del pelinegro. Su condición le obligaba a oír ritmos musicales por el resto de sus días si de un ataque al corazón no quería sufrir. Así de sencilla era su vida. Así de sencilla era su muerte.


Cuando niño no creyó llegar al punto en el que está, su círculo social se limitaba a él y cualquier juego de mesa que sus papás le compraban cada año, juegos que jamás usaría debido a que nadie había cerca de él para usarlos.


Es así como, una semana de entre muchas, su cuerpo se debilitaba, su corazón saltaba cada cierto tiempo y no sentía ser capaz de respirar como debía. Y fue un miércoles ― del mes de noviembre para ser exactos ― que Yoongi se desplomó en medio del salón de clases. Sufrió un paro cardíaco.


Tal vez fue un milagro, un acto del destino o un triste juego de la vida misma hacia el Min Yoongi de ocho años que apenas conocía del mundo.


Durante su cirugía, nadie encontró cura y desahuciarlo era la única alternativa hasta que, en cierto momento, un teléfono dentro del cuarto resonó, llevaba de tono una canción de The Neighborhood, y entonces, el corazón inmóvil de entre las manos de la cirujana, latía tan libre y extasiado.


Y la canción paró y, junto a ella, su corazón.


Yoongi sufría de una enfermedad: Síndrome de Corazón Melódico. Una rara condición con solo tres casos registrados a nivel global, e incluso así, los padres del chico declinaron ante la idea de convertirle en objeto de investigación científica.


No querían verle sufrir, no deseaban verle crecer diferente a otras personas y posiblemente incapaz de entablar relaciones sociales por más que los doctores aseguraron que con tratamiento podría.


Lo que no sabían era que Yoongi no veía tan desastrosa su condición en ese momento, como pequeño, le contentó en demasía saberse poseedor de una capacidad que creía mágica, una que le daba la excusa de no hablar con ningún otro niño, una que permitía no ser obligado a entablar relaciones sociales.


Es así como, lo suficiente emocionado, convenció a sus padres de mantenerlo estudiando.


Yoongi río. Ser burlaba de su yo menor de edad, le era absurda la idea ahora con veinte años y tan falto de amor como nunca nadie.


La canción terminó, en el pequeño lapso de tiempo que su móvil tardó en reproducir la siguiente, su corazón dejó de funcionar. Estaba acostumbrado, pero le era tan doloroso el solo pensarlo.


Más bien, cada que pensaba en ello le arrasaba las irremediables ganas de llorar.


Dolor. Felicidad. No tenía idea de qué era aquel extraño sentimiento, solo podía asegurar que su amor por la música era real, y nadie podía negarlo.


― ¡Ya déjame en paz! ― Un grito cercano se oyó interrumpiendo la burbuja de paz que Yoongi había creado junto a Coldplay.


Abrió sus ojos, curioso por la situación. Vio lo de siempre: Kim Namjoon, estudiante de Ingeniería Ambiental, enfrentando al pequeño rubio ― del cual no tenía idea de su nombre ― que, a su parecer, era demasiado lindo como para soportar los tantos rechazos de una persona.


Era así regularmente, casi tres meses de la llegada del muchacho que no había detenido sus insistencias por hacerse notar a los ojos de uno de los insignes alumnos.


Para Yoongi ― y para todos dentro de la universidad ― en un inicio fue cómico. Ver a un chico dejando su dignidad en los suelos por otro, era la comedia del momento. Sin embargo, los meses habían transcurrido y todo resultaba en lo mismo.


En un inicio, Namjoon lo rechazaba en silencio, luego pasó a darles palabras directas sin llegar a ser hirientes. Muchos comprendían a el chico ahora, que solo le gritaba e insultaba para que le deje en paz. Sin embargo, Yoongi no.


Yoongi veía en el rubio un corazón puro y alma fuerte, jamás tuvieron intercambio alguno, pero Yoongi sentía con el corazón y sabía que si aquel muchacho, de nombre Jimin, lo notara en ese instante, el pelinegro sería incapaz de responder con un no.


Pero el chico corría tras el mayor, como si aquella nobleza jamás hubiese sido destruida.


― No lo hagas más ― Pensó, pero lo dijo sin saber. Y Jimin había escuchado claramente.


― No hables.


Y el cuerpo de Yoongi cayó de espaldas sobre el perfecto pasto podado mientras con su antebrazo cubría sus ojos.


Y río luego, fue tan despreciable aquella frase y; sin embrago, le había detenido el corazón por microsegundos.


•••


Yoongi lo sabía.


Lo había visto miles de veces sentarse frente a mar, observaba siempre hacia el fondo. Donde el sol se escondía y la luna brillaba acompañada de la brillante mangata.


Le había seguido por algunos días, y por más que quisiera arrepentirse, no podía hacerlo.


Esas tardes donde lo apreciaba de cerca, eran tardes en las que usar auriculares era innecesario.


La voz de Jimin le calmaba, causaba que su corazón lata en el ritmo perfecto. Pero al mismo tiempo, causaba revoltijos en este, como si no decidiera entre explotar o dejarse domar por la meliflua melodía expulsada de los labios esponjosos.


Y era tan enfermizo para él, porque incluso cuando su voz solo creaba hipidos y sollozos, el corazón de Yoongi latía con la misma intensidad.


― Tu alma debe estar más rota que la mía para que disfrutes de observarme ― le había dicho en una ocasión.


Yoongi no supo cómo el chico sabía de su presencia, mas no se echaría para atrás.


― Mi corazón es el que lo está.


Jimin lo observó.


― Somos dos personas con el corazón roto, entonces.


Yoongi quería decirle que el suyo no era de amor, que no era como lo que él sentía. Pero, ¿para qué?


― ¿Puedes cantar para mí? ― Pidió deseando dejar los audífonos para dejar traspasar una melodía diferente hacia su cuerpo.


Y Jimin lo hizo, le hipnotizó con un ritmo tan lento que le hizo adicto, tal y como debería ser, tal como su naturaleza imperaba.


Porque Jimin no era del mundano mundo donde Yoongi residía, el rubio nació de entre las olas y para dirigir estas. Cazaba para vivir y luchaba por su vida por eternidades bajo el pecaminoso océano.


Entonces Jimin se enamoró por primera vez.


Cayó a los pies de un mortal, y lo dio todo por él hasta perderlo por completo. Un ser humano que despreciaba cada pieza de su existir.


"Tiempo aquel, viendo a la distancia"


No importaba cuantos ojos eran dirigidos a ellos. Jimin pasaba sus días y sus noches junto a Yoongi, siempre cantando para él. Durante las clases, Yoongi cambió aquella lista de reproducción llena de instrumentos musicales leves. Ahora era la voz de Jimin entonando diferentes melodías.


Yoongi vivía por Jimin como nunca lo había hecho jamás.


Por ello, Jimin lloró mientras pronunciaba cada estrofa de "Dahlia" en el oído de Yoongi. Ambos tirados sobre la cama, uno encima de otro. Eran amantes bajo el velo de la luna que no era llena, sino que yacía escondida entre Las nubes grises de los días.


― ¿Puedo amarte? ― Preguntó Yoongi entre dulces besos sabor chocolate.


La canción culminó y ya no era necesaria alguna, porque la voz de Jimin gimiendo levemente era suficiente para mantenerlo a flote.


― Quiero amarte ― Insistió el pelinegro mientras sus belfos besaban si húmedo rostro, dejando que absorban las libres perlas de cristal que caían desde los orbes del rubio.


Sin embargo, Jimin no respondió aquella noche y aun así, a Yoongi no le pudo importar menos.


Mientras su corazón siguiera latiendo, Yoongi sería feliz. De forma literal, la huida de Jimin significaría el fin de la vida de Yoongi.


Pero Jimin seguía ahí, cantando para Yoongi.


•••


Eran extraños esos días, tres semanas habían pasado desde aquella vez en la que Yoongi confesó su amor. Y Temió.


Temió por el rechazo. Temió por la soledad. Pero no por la que ya estaba acostumbrado, sino más bien, por aquella soledad que solo la presencia de Jimin cubría, y que si se marchaba, no habría para él salida. Era una soledad personal, una que no podría volverse a rellenar.


Una muerte en un solitario silencio.


Esa tarde Jimin le llamó hacia el mar. Era gris como siempre, con la diferencia de que esta vez las gotas cristalinas caían intensificándose con el pasar del tiempo.


Yoongi lo vio en el mismo lugar, de pie frente al mar. Sus hombros subían y bajaban dejando en claro que lloraba.


El pelinegro se acercó a él y le abrazó por la espalda sintiendo demasiada humedad en las prendas, le besó en la nuca y luego en la mejilla. Y Jimin no reaccionaba.


― Me quitaré los audífonos ahora ― Informó. Aunque más era una petición, una que le pedía a Jimin entonar una canción de líricas tranquilas que pueda refugiar a ambos.


Sin embargo, Jimin seguía sin reaccionar, por tanto, solo desconectó los auriculares y dejó que la melodía se reprodujera a un volumen en la que ambos eran capaces de oír.


― ¿Me dirás qué tienes? ― lo dijo con dulzura, está vez giró para enfrentarlo.


Y abrió la boca descolocado, pues sus ropas estaban manchadas de un rojo oscuro al igual que sus manos y parte de su rostro. Lo que creía que era agua de lluvia, en realidad se trataba de sangre humana.


― ¿Qué es esto? ― Cuestionó ― ¿Por qué estás así?


Pero Jimin solo lloraba sin soltar ruido alguno.


― Háblame ― Pidió tomándolo de los hombros y zarandeado su cuerpo con fuerza ― ¡Maldita sea, di algo, Jimin!


Pero el rubio solo negaba con la cabeza mientras más lágrimas caían.


Yoongi, en todo su enojo, tomó el reproductor de su bolsillo y lo levanto hacia el cielo.


Jimin se lanzó sobre él intentando alcanzarlo. Pero Yoongi le empujó logrando que retrocediera y caiga sobre la arena.


Yoongi no había notado que en ningún momento la voz de Jimin salió de sus labios, ni siquiera en quejidos. Si Yoongi no hubiera pensado con la mente clara, no habría lanzado el reproductor hacia el agua dejando que las olas se lleven el aparato hasta extraviarlo por completo.


Jimin abrió la boca intentando gritar, pero nada salía. Se levantó lo más rápido que pudo y corrió hacia el mar, entonces sus pies dejaron de tocar el suelo. Su piel se tornó verdosa, escamas salían mescladas con la dermis de su rostro, brazos y espalda. Y en el parte inferior, una enorme cola de dos metros, su color era cobrizo con manchas negruzcas y verde. Parecía brillar gracias al agua. Era una criatura hermosa que a la vez se veía aterradora.


Pero Yoongi no tenía tiempo de pensar en ello, porque su cuerpo ya había caído rendido. Jimin se dio cuenta de ello, entonces paró su búsqueda del aparato y, lo más deprisa que su forma le permitía, se arrastró hacia donde yacía el cuerpo inconsciente de Yoongi.


Su oído lo apoyó sobre su pecho, ni un latido había.


Las lágrimas de Jimin seguían saliendo, esta vez con mayor intensidad.


Mientras forzaba a sus cuerdas vocales expulsar algún sonido, pensaba en los sucesos ocurridos hasta llegar ese punto.


Él llegó ahí por un efímero enamoramiento hacia un chico que visitaba la bahía para leer. Jimin cayó tan profundo que hizo lo que tantas criaturas similares temieron, acercarse a los humanos.


Sabía cuál sería el precio a pagar, y fue debido a tal hecho que no planeaba rendirse. Pero lo hizo.


Su corazón volvió a caer por otra persona, mas su antiguo amor ya había sido el elegido.


"Mátalo, hazlo antes de que sea tarde"


Fueron palabras que la hechicera de las profundidades le había dicho mientras dejaba entre sus manos una estaca de madera, pero Jimin no tenía el corazón. Su amor no era más Namjoon, todo lo que podía dar, se lo ofrecía a Yoongi, y este lo aceptaba y se lo devolvía con la misma intensidad.


Después noches en vela dando vueltas en su mente, al fin terminó por decidirse a cometer asesinato.


El cuerpo de Kim Namjoon se escondía de entre trapos y cajas en la bodega de la biblioteca, donde pasaría mucho tiempo antes de ser encontrado.


Su corazón no soportó mucho, sus sentimientos no habían desaparecido del todo. Y creyó haberlo perdido todo con la muerte de Namjoon.


Sin siquiera pensarlo, descubrió que su garganta ardía y hablar de volvía insoportable. Estaba perdiendo su voz. Y sabía que pronto sería su cola la que perdería, y con esta, su vida.


Porque si el pelinegro de ojos gatunos jamás hubiera llegado a su vida, asesinar a Kim Namjoon hubiera sido la elección correcta. Pero Yoongi caló en su frágil corazón con un corazón más frágil que el suyo.


Y le enamoró. Ambos lo hicieron.


Mientras Jimin iba hacia su punto de reunión con Yoongi, supo que era al pelinegro a quien debió matar. No obstante, no lo haría, jamás lo hubiera hecho y comprendió "el alto precio a pagar" que la hechicera hizo mención.


Jimin no planeaba pagar nada. Sus planes era otros, unos muy diferentes a los que se estaban presentando.


Egoístamente citó al amor de su vida para que este le viera dar su último respiro de vida mientras se enteraba de toda la verdad que su existencia escondía. Paradójicamente, era Yoongi quién yacía inconsciente y Jimin quien lo observaba morir.


Fue cuando se dio cuenta que no todo había perdido con Namjoon, pues con la ida de Yoongi, sus escamas cayeron como pedazos de carne, manchando la arena de un sangriento color.


En su silencioso llanto desgarrador, Jimin se inclinó sobre Yoongi y con su boca tocó la contraria. Un efímero roce que culminó en cuanto el corazón del menor en cenizas se convirtió hasta infectar toda su anatomía. Aquel fue su te amo.


No quedó más que un crimen conocido por nadie y una infortuna muerte que todos creían conocer, pero en realidad nunca nadie lo haría. Y ese corazón que cantó al aire, nunca más sonaría.




•×•×•


Lamento si se encontraron con errores ortográficos.


© SorrowYourSoul



12 de Junio de 2021 a las 01:36 0 Reporte Insertar Seguir historia
2
Fin

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