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José Juan Iniesta


Serie de relatos cortos que confluyen. Drama, reflexión, tensión y psicodelia se unen para contar las sensaciones de una persona pérdida.


Drama Todo público.

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Contemplación (Paranoia)

El ambiente era oscuro. La luz sabía mal. Volquetes de bocadillos, rellenos de galletas con pepitas de miel de lagarto, se acumulaban en la esquina de aquella estancia esférica. En su centro, un dios esmeralda. Custodiado estaba éste por cinco sirenas, conocidas de Ulises, cuyo canto atraía a negras aves carroñeras. Su deambular de graznidos de humo ardía en mi cartera.

Desfilando, borrosos hasta alcanzar mi puesto, médicos de la peste con sus máscaras picudas. Aparecían de una arista y cruzaban la sala. Desaparecían en el punto contrario. La fila de a uno comenzaba con líneas verticales. Al acercarse, paulatinamente, pasaban a ser planos y, justo al pasar por delante de mí, adquirían sus tres horrendas dimensiones. Para, después, alejarse y volver a ser planos, líneas y nada. Escher, orgulloso, cantaba saetas, mientras los médicos me mostraban órganos putrefactos, con puñales clavados, que traían bajo sus capas.

Sobre mí, dos protuberancias amarillas, alargadas, como dos gusanos arqueados unidos por cabeza y cola, asomaban del techo. Entre ambas, las teclas de la pianola mugrienta de un cabaret castañeaban sin cesar. Sonreí al contemplar mi sonrisa, aunque me moría del asco.

Un bancal de humanoides con cabezas de flor, las flersonas, corrieron hacia el Lago Templado, sito bajo mi flexo. Sus improbables quijoteras ardían en trucos baratos de malos magos. Desprendían un tacto basto que no merecía olerse. Al sofocarse, rindieron pleitesía a su dios. Una plegaria, una oblea de cieno, un atusarse los pétalos y un 'fuck you' para mí, que no había movido ni un dedo por aquellas flersonas.
Atónito, lo contemplaba todo desde mi sillón orejero. Sus orejas, atentas a posibles intromisiones, me abanicaban, mientras nos hacían flotar. Sentados a mi lado: mis pecados, mis miedos, mis allegados y mis buenos recuerdos. Todos me miraban con atención. Esperan que haga una tontería. Yo no pienso moverme.

Suspendido, en medio de aquella inhumana bacanal de seres ilógicos, un reloj de cuco con forma trapezoidal. De él, aleatoriamente, asomaba mi cabeza. Cada vez aparecía más hinchada y deforme, pero nunca explotaba. Parecía que sí, pero no. Con todo, aquello no llamó mi atención. Como un payaso triste, pero de dentro a fuera, sólo miré la hora: las 04.20.

9 de Junio de 2021 a las 23:21 0 Reporte Insertar Seguir historia
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