joselin-ayala1617486188 Joselin Ayala

El padre de Luka tiene una deuda con la red de mafia rusa más importante de Europa. El líder de la red tiene un hijo soltero. Así que decide, vender a su hijo: el único omega varón de la familia. La Bratva no perdona


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Prólogo

Luka supo que algo iba mal desde el momento en el que despertó.

Para empezar, las cortinas estaban abiertas. Y él nunca olvidaría cerrar las cortinas; odiaba que lo despertase la luz del sol.

En segundo lugar, su madre estaba sentada en la butaca que había al lado de su cama. Y estaba llorando.

—¿Mpf?— murmuró, sentándose en la cama con torpeza. —¿Mamá? ¿Q-Qué pasa, estás bien?

Su madre pareció sobresaltarse tanto que se asustó un poco.

—Mamá— dijo, en un tono más suave. —¿Q-Qué...?

—Tenemos un problema— susurró ella, secándose las lágrimas con un pañuelo. —Tenemos un problema. Lo siento mucho, mi vida. No pude hacer nada. No me dejaron hacer nada

—¿De qué estás hablando...?

—Vamos a conseguir el dinero, Luka. Te lo prometo. Esto es una solución temporal.

Luka se levantó, estremeciéndose al notar las baldosas frías en las plantas de los pies, y tomó las manos de su madre entre las suyas con cuidado. Necesitaba que parase de emitir esos sollozos ahogados, lo necesitaba desesperadamente.

—¿Una solución a qué? Mamá, ¿qué pasa?

Ella tragó saliva, pero tardó un buen rato en poder hablar de nuevo.

—No podemos pagar todas las deudas de tu padre. No podemos, de verdad. Puede que cuando las cosas estén mejor consigamos reunirlo, pero no ahora. No hay otra solución, Luka, por favor, tienes que entenderlo.

—No entiendo absolutamente nada— respondió, con toda la suavidad de la que fue capaz.

Su madre ocultó el rostro en su pañuelo y no resurgió de él hasta largos segundos después.

—Cariño, lo siento muchísimo— susurró entre lágrimas. Luka cerró los ojos, evaluando las posibilidades.

Conocía las deudas de su padre; no era estúpido. Oía las conversaciones acaloradas por teléfono, las súplicas de su madre a altas horas de la madrugada. El juego y el alcohol habían arrasado sus vidas; se habían llevado sus ahorros de toda la vida, les habían quitado el coche y habían dejado su casa pendiendo de un hilo. Y a pesar de todo su madre lo consentía, limpiando suelos llenos de vómito, cristales, mediando por teléfono con bancos, suplicando a figuras misteriosas que vociferaban sobre deudas millonarias al otro lado del teléfono. Su madre se derrumbaba poco a poco como una estatua de arena en la orilla del mar, y su padre seguía inmóvil en su sillón, enorme, silencioso, poderoso, posiblemente ebrio, definitivamente enfadado cuando se despertaba.

Luka miraba y callaba, se apartaba del camino de su padre, consolaba a su madre, trabajaba de camarero en una cafetería y sacaba un mísero sueldo para comer. No recibía ningún crédito ni se habría atrevido a esperarlo; sabía perfectamente que había avergonzado a su familia desde que había presentado. Su padre y sus cuatro hermanos eran todos alfas, enormes, poderosos, territoriales, que ni siquiera entre ellos se habían llevado bien. Sus tíos producían niñas omega, bonitas y dulces, y fuertes niños alfa con carácter y voluntad de hierro. Un joven omega pequeño, delicado, con curvas y olor a vainilla no era precisamente lo que la familia podía haber esperado, pero era simplemente como habían salido las cosas. No podía cambiarse a sí mismo, como tampoco podía cambiar la ludopatía de su padre ni su costumbre de arreglarlo todo con whisky. Ahora que lo pensaba, no recordaba ver beber a su padre antes de presentar... pero estaba perfectamente entrenado para reprimir esa clase de pensamientos.

De hecho, no podía quejarse. No le molestaba trabajar; le gustaba el rumor de los clientes anónimos, la calidez del interior del local, siempre con la calefacción, con agua caliente para lavar tazas y vasos, siempre con el suave uniforme negro, impecable, que contrastaba con sus camisetas de dibujos gastados, los vaqueros ásperos y deshilachados y las chaquetas descoloridas. Llevaba más de dos años sin comprarse ropa. Llevaba casi uno sin darse una ducha caliente.

Había oído amenazas, había leído cartas de bancos, pero no se había atrevido a tomarse ninguna de ellas en serio. Necesitaba desesperadamente creer que todo saldría bien, lo necesitaba para dormir por las noches.

No tenía ni idea de qué podía haber pasado, por qué su madre se disculpaba a estas alturas, qué había hecho...

—¿Papá está bien?— susurró, con la garganta seca. Su madre sacudió la cabeza, enjugándose las lágrimas una vez más.

—Papá ha tomado la peor decisión que podía tomar— contestó, la voz rota y los ojos enrojecidos e hinchados.

Le faltó el aire de los pulmones.

—Oh, no, él...

—Tu padre pidió dinero a quien no debía— dijo ella con la voz pastosa; Luka frunció el ceño, intentando unir cabos sin mucho éxito. —Y ahora nos están persiguiendo. Y no tenemos nada con lo que pagarles. Nada.

—El banco no puede echarnos de aquí— dijo con suavidad —todavía tengo diecisiete. Mientras tengan un menor a su cargo, no pueden quitarles la casa, he estado estud...

—No lo pidió a un banco.— le interrumpió su madre, sacudiendo la mano con energía para hacerlo callar. —Ojalá hubiera sido un banco, pero ninguna empresa con dos dedos de frente le habría dejado dinero a tu padre.

—Entonces, ¿quién...?

Las comisuras de sus labios se torcieron ligeramente, pero parecía lo suficientemente calmada como para hablar con entereza.

—Organizaciones de procedencia... reprobable— dijo despacio. Luka leyó entre líneas.

—Mafias— susurró.

—Sólo una. Un grupo que lleva años en Inglaterra, que ofrecía un plazo bastante amplio y... dios, tu padre nunca me contó nada, pero ahora... Ni siquiera cuando... él no lo sabía. Seguro que no lo sabía, me lo habría dicho.

—El qué— preguntó Luka en un susurro, temiendo su respuesta. —¿Qué quieren? ¿Qué van a hacernos?

—No podemos pagar la deuda, Luka. No cuando tu padre todavía tiene problemas c...

—Eso ya lo sé— la interrumpió con cansancio, masajeándose las sienes. Podría buscar otro empleo para los fines de semana, o cubrir las vacaciones de navidad de sus compañeros... —Dime qué quieren. Dime cuál es el plan.

—Han llegado a un acuerdo, tu padre y ellos. Van a hacer una especie de... fianza, mientras no podemos devolverles su dinero, para asegurarse de que no huimos, o algo parecido

—¿Fianza de qué?— Luka habría reído con acidez si la preocupación y la angustia no le llenaran el estómago como agujas de hielo. —No tenemos nada. ¿Qué puede interesarles?

Un pequeño silencio.

—Tú.

Luka sintió cómo una garra invisible le apretaba las costillas con brusquedad. Tenía hielo en las venas, extendiéndose un poco más con cada latido de su corazón.

Tú. Tú.

Él era el pago. Iban a venderlo para que fuese el juguete de una banda de mafiosos. Iban a añadirlo a la colección de omegas de algún jefe de cincuenta años, gordo y grasiento y maloliente, casi podía verlo, casi podía sentir las náuseas.

—¿C-Cómo?— murmuró. Su madre bajó la mirada, pero no la dejó hablar —¿Van a venderme? ¿Van a darme a un grupo de criminales porque papá no puede pagar sus deudas?— siguió hablando, incrédulo, esperando a que su madre lo interrumpiera. No lo hizo. —¿Yo soy la fianza?— susurró al final, y sus ojos se llenaron de lágrimas. —¿Eso... eso es lo que soy?

—Luka, ellos ponen las reglas. No estamos en condiciones de exigir...

—No trabajas, mamá. Sin mi sueldo no van a poder seguir adelante.

—Luka, si no hacemos lo que nos dicen no habrá posibilidades. Lo siento mucho, cariño.

—¿Y ya está?— ni siquiera se lo había creído del todo y el pánico ya hervía en su interior. Tenía la garganta seca, las manos sudorosas, el rostro frío. —¿Es todo lo que vas a decirme antes de entregarme a la mafia como pago? ¿Vas a ponerme un lazo o a ponerme ropa bonita, mamá? ¿Vas a envolverme en papel de colores?

Su madre lloraba otra vez, pero estaba demasiado aterrado como para dejarse ablandar por sus lágrimas.

—No— suplicó en voz baja antes de darse cuenta. La habitación se tambaleó un poco, y el sudor frío aumentó. —No, mamá, por favor. Encontraremos la forma. Trabajaré más. Trabajaré lo que haga falta.

—Cariño...

—Podemos irnos— susurró, desesperado —Podemos dejarlo, mamá. Son sus deudas, no son nuestras. No tenemos...

Pero su madre sacudió la cabeza, y sus ojos estaban desolados.

—Es mi alfa, Luka— dijo con suavidad.

—Y yo soy tu hijo— quería gritar, necesitaba llorar, le dolía el pecho de contener lo que fuera que tuviese dentro, pero su voz era un hilo tembloroso y ridículo. —Soy tu hijo, mamá. Hace tiempo que él no es papá, él..."

—Algún día lo entenderás.

No. No lo entenderé, porque algún alfa mafioso ya se habrá cansado de usarme y me habrá pegado un tiro en una zanja.

—Luka, no tengo elección, nunca la he tenido. Necesito que lo entiendas

—¿Que lo entienda?— Luka parpadeó mientras el mundo se inclinaba sobre su eje con suavidad. —¿Quieres que lo entienda, mamá? ¿Q-Quieres que lo entienda? ¿Q...?

Luka perdió el conocimiento todavía intentando repetir la pregunta.

7 de Junio de 2021 a las 03:38 0 Reporte Insertar Seguir historia
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