shiori_taekook Shiori

Para entrar a un nuevo mundo, debes sacarte los zapatos primero.


Cuento Sólo para mayores de 18.

#cuento #cienciaficción #futurodistopico
Cuento corto
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Dormiré bien

No esperes que el rigor de tu camino

que tercamente se bifurca en otro,

que tercamente se bifurca en otro,

tendrá fin. Es de hierro tu destino


como tu juez.


J. L. Borges



[...]



La ciudad fue pensada y construida sin fisuras. Hombres y mujeres se desplazan sin ninguna noción de destino.



Veo: hay un niño que siempre está por perderse. Sube dos peldaños, los baja. Duda. Las escaleras y pasadizos fueron diseñados para que nunca sepas cuán perdido estás. Tan idéntica esta ventana que abro, como las otras. No hay necesidad de alarmas. Un padre o una madre cualquiera tomará la mano de ese niño a punto de perderse. El niño adaptará su mano a esa nueva realidad. Fingirá estar allí desde siempre.



Cierro la ventana. Apuro el café. Me guardo las llaves que abren todas las puertas, me pongo el sombrero único talle, beso a la mujer que posiblemente no vuelva a ver. La ciudad me aterra. Subo, bajo, doblo. Cuando me canse entraré a una oficina y terminaré el trabajo de alguien. Cuando me canse entraré a un bar repetido a tomarme una cerveza tan amarga como la primera. Cuando me canse volveré a una casa, preguntaré: ¿Irma? Y si ella me dice que sí, será Irma. Si no, entraré a la casa siguiente en busca de una cama con lugar disponible.



Afuera el clima está programado en primavera. Mientras añoro lluvia o vientos monzónicos, la briza es calma y apenas desacomoda mis rizos. Cada 10, uno nacerá con rizos. Cada 20 uno tendrá ojos verdes. Cada 35 será negro. Cada 78, labios gruesos. Yo tengo rizos. Y una profunda necesidad de que las tormentas se lo lleven todo.



Trabajo hasta tarde. Las luces de esta oficina, que desconozco si es la de ayer, se van apagando una a una. Tengo miedo de ser el último, pero también de lanzarme a la calle sin dar con la puerta que añoro o al menos, la misma que cerré hoy. Conté los pasos que debo dar. Siempre los cuento. Anoto en qué dirección debo doblar o subir en la palma de mi mano. Dejo pequeñas marcas en los bordes del concreto de cada esquina y pinto con corrector los peldaños. Y sin embargo, desde que llegué a la adultez, me resulta imposible.


— ¿Irma?


— Sí, soy yo.


Pero desde luego, es otra cara. Cada 14 niñas, una nacerá con caderas estrechas. Cada 29 con ojos redondos. Cada 34, pelo muy lacio y oscuro. Irma fue la primera. Y apenas puedo rescatar cómo olía.



Me detengo en un bar. A dos pasos de todo edificio corporativo hay un bar.



El alcohol me dará valor, pienso. El resto de los trabajadores, aparentemente, piensa de igual forma. Sin embargo tenemos prohibido embriagarnos y las copas están contadas. Cinco.



Desearía ocho. Desearía que al final de mis días, detrás de la última puerta que abriera, estuviera ella.



Hay un joven esbelto a mi lado, con su vaso a medio terminar. Número 29. Ojos muy redondos. Su atención puesta en la televisión. "Han nacido 2890 niños y 2987 niñas" Felicitan a la población. Me pregunto si el niño que vi por la ventana será parte de mi esperma florecido. Me pregunto si el joven se preguntará lo mismo. A veces llego a un hogar con dos o tres criaturas que me dicen papá y yo respondo genéricamente. De vez en cuando apelo a un nombre. Tengo dos o tres que repito. Estoy más relacionado con la fonética de esos nombres que con sus pasajeros dueños.



De a poco acerco mi mano, de manera perezosa, por sobre la barra. Y en un rápido movimiento, intercambio los vasos. Le doy un profundo sorbo, pago y me retiro sin mirar atrás.



Las cámaras pueden denunciarme. El Estado puede desaparecerme. Fue el sexto vaso. El vaso no permitido. Pero he preñado. Preñado y preñado. He trabajado día tras día y preñado de noche. He cuidando a los descendientes. Anotado los resultados de las enfermedades que impedirán la fertilidad. Las personas prescindibles. Y yo no estoy enfermo. Puedo tener sexo todas las noches. Mi genética es sana. Solo fue un vaso de más.



Subo los peldaños rogando porque nadie descubra lo que hice. Pensando en que ser eliminado por un poco de alcohol es la mayor estupidez que alguien pudiera cometer. No hay dignidad en eso.



Podría haber hecho algo revolucionario. Una bomba en el corazón de la ciudad. Un cambio en los datos que transcribo habitualmente. Desechar a los sanos. Permitirle a los enfermos un nuevo día. Podría... oh Dios! podría haber eyaculado afuera de una mujer. Haber derramado todo el líquido precioso entre las sábanas. Podría haber golpeado todas las puertas preguntando por Irma.


Un vaso.


La noche avanza en primavera. Siempre en primavera. Los hombres ingresan a sus hogares sin fijarse dónde o quién. La ciudad se va durmiendo y yo sigo sin poder detenerme. Dudando. Subiendo. Bajando. Quizás solo deseando que me atrapen y ponerle fin a la tortura.



El cansancio gana. Llegó a la parte más alta. El cielo en esa zona incluso parece más artificial. Con esas estrellas demasiado nítidas. ¿Quién? ¿Quién puede verme detrás?



Debo conseguir un lugar. Dormir. Dormir bien. Mañana hay trabajo. Elijo al azar. Como el resto. Como siempre.


Antes de golpear la puerta es abierta.


— ¿Irma?


El joven número 29, de ojos redondos, los abre aún más. Con estrellas demasiado nítidas. ¿Quién puede verme detrás?


Estoy atrapado.


[...]


Residente Xu89: endometriosis. Ubicación actual: 3IO


Este entrecruzamiento de datos, entre el sistema de salud y el satélite que localiza al individuo, es el trabajo de oficina más usual. Y el que más nervios me conlleva. Enviaré dicho informe al Estado y seguirán muchos otros. La mujer Xu89 no existirá mañana. Nadie va a extrañar su sonrisa o las muecas que hace al levantarse un poco dormida, tropezando con su ropa en el suelo.



Un día escribiré mi código y mi enfermedad sin saberlo. Mientras tanto, abro la grieta de mi destino: es una fosa.



Acudo al bar.


Tomo seis copas.


Subo hasta el último escalón.


Espero.


Dejo que entre primero a una casa vacía.


Espero.


Golpeo la puerta.


Pregunto por Irma.


Me dice que sí.


Y me acuesto abrazado a un número.


Duermo bien.



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5 de Junio de 2021 a las 16:28 2 Reporte Insertar Seguir historia
11
Fin

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Wooo fantástico cuento!!
June 05, 2021, 18:22
AnitaMin 🍊 AnitaMin 🍊
No me alcanzó un comentario, debía dejar una reseña y lo hice. Bravo, autora!
June 05, 2021, 17:41
~