Juramento Sangriento Seguir historia

JostianSantos Jostian Santos

Un asesinato en el bosque con la luna como testigo, una traición impulsada por la avaricia, las palabras del pecador pueden sacudir montañas enteras, pero jamas serán escuchadas. El criminal disfruta de lujos y riquezas en su locura, absortado en su felicidad, ignorante del peligro que desató. Pues aquella noche en el bosque, el réquiem nunca fue cantado...


Fantasía No para niños menores de 13. © Si

##Romance ##Misterio ##Suspenso
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Capitulo Introductorio: El final y el Inicio

La resplandeciente luna colgando en lo alto del cielo nocturno desprendía un majestuoso e imponente brillo sobre el mundo, su soberanía estaba acompañada por un precioso rió de estrellas que se extendían por el firmamento como si anunciaran la llegada de una deidad.

Dentro de un enorme bosque con exuberante vegetación —cuyas preciosas plantas silvestres esparcidas en las cercanías adornaban el ambiente—, las hojas de los arboles se sacudían por el azote del viento, desprendiéndose de sus hogares y encontrando el final de su recorrido en la frialdad de la tierra.

Con tan bellas características reunidas en un determinado lugar, era de esperarse que una escena de ensueño se desarrollara bajo el manto nocturno. Sin embargo, los dioses eran criaturas cuyo egoísmo nunca permitiría que los humanos disfrutaran de una vista tan perfecta, arrebatando el sonido de los seres vivos en su envidia.

De manera similar que las profundidades de un desierto, cualquier rastro de vida era imperceptible, causando un contraste tan descomunal que causaba inquietud en quien lo viera...

....

De pronto, el crujido de las ramas quebrándose despertó al entorno de su inhóspito estado. Aquellas apresuradas pisadas de un persona se hicieron cada vez más perceptibles, no mucho después su pequeña figura se hizo visible, destacando sus prendas empapadas de sudor y su agitada respiración.

Se desconocía con exactitud el tiempo que se mantuvo corriendo, pero las pequeñas astillas de madera incrustadas en sus pies desnudos y la sangre embarrada en sus extremidades, relataban por si mismo parte de lo ocurrido.

Tenía las manos cubiertas de heridas como inevitable resultado de usarlas para despejar su camino, pues las ramas y espinas de los arboles se interponían entre su destino.

La sensación en sus piernas había desaparecido, sus pestañas intentaban cerrarse y el enfoque de su visión iba haciendo cada vez más borroso. Agobiado por su extrema fatiga, pero todavía indispuesto a rendirse, mordió su propia lengua para mantenerse consciente.

Apenas un simple vistazo era suficiente para entender la desesperada situación en la que se encontraba.

El protagonista de tales desdichas era un joven no mayor de catorce años. Un niño cuyo rostro no mostraba rastros de miedo, en cambio un fuerte sentimiento de incertidumbre lo llenaba. No importa que tanto lo pensara, no llegaba a ninguna conclusión coherente que justificara su estado actual.

Las cosas como los robos o asesinatos eran frecuentes dentro del bosque. Sin embargo, ninguna de estas cosas parecían importarle al sujeto que se mantenía siguiéndolo. No, esta no era una persecución, si aquel hombre lo hubiese deseado entonces el niño ya hubiese muerto hace mucho tiempo. Para esa persona esto no era diferente de un juego.

¿Entonces para qué seguir corriendo?

Aquel muchacho seguía huyendo porque aunque la esperanza podría parecer inexistente y oculta por un manto de sombras, su propia naturaleza humana todavía seguiría aferrándose a la vida con todas sus fuerzas, negándose a aceptar la muerte en un lugar como este.

—¡Ya basta! —Justo entonces esas palabras resonaron en los alrededores como si se tratara del estruendo producido por un relámpago. A pesar de que era una pequeña frase, contenía una terrible arrogancia detrás de ella.

Su pronunciación denotaba la soberbia en su comportamiento, uno que difería de los gobernantes o tiranos de antaño, uno donde el respeto por la vida era inexistente y el ego parecía no conocer limites. No obstante, contrastando con su asquerosa actitud, portaba una voz tan hermosa que parecía provenir de los cuentos de hadas.

Aun así, en una situación tan desesperada como la del niño, no importaba que tan hechizantes sonaran las palabras del hombre, sólo producirían que un terrible escalofríos recorriera su cuerpo.

Lo siguiente que sucedió escapó de los sentidos del muchacho, cuando apenas se giró para averiguar la identidad del hombre que lo seguía, de un instante a otro su visión se oscureció. Cuando volvió en si, se encontraba recostado sobre un árbol sin las fuerzas para ponerse de pie y acompañado de un espantoso dolor.

Arlhen sintió como un extraño liquido cubría su cuerpo, apenas después entendió lo que era cuando se percató del rojo carmesí teñido en sus prendas. La sangre se rebalsaba desde las comisuras de su boca, nariz, ojos y su pecho hasta formar un pequeño charco bajo sus piernas.

Ante una situación en que la vida lo abandonaba con cada segundo que transcurría, el niño movió su mano hasta sujetar su pecho, allí donde provenía una punzante sensación que lo incomodaba. En el siguiente instante una expresión de estupefacción se apoderó de su rostro.

Su carne estaba hundida y varios de sus huesos quebrados, no era diferente de una pequeña cavidad en su pecho. Por la gravedad de la herida parecía haber sido producida por el golpe de un mazo de hierro, al menos cualquiera lo hubiese pensado así, cualquiera menos Arlhen.

Justo entonces la silueta de una persona se presentó a la distancia, sus rasgos faciales estaban ocultos por la oscuridad de la noche y sus suaves pisadas demostraban su tranquilidad ante la horripilante escena. Esta figura desprendía un horrible sentimiento de inseguridad en quien lo mirara, presagiaba muerte y pavor donde caminara, era como la misma parca descendiendo para cumplir sus deberes.

La brecha empezó a reducirse con cada paso suyo.

Cinco metros, tres metros, un metro...

Finalmente la luz de luna reveló la apariencia de aquel sujeto, provocando que el moribundo muchacho se quedara anonadado incluso en su lecho de muerte.

Su rostro no sólo era bello y delicado sino que también entraba en la descripción de hermoso, poseía unos ojos grises que resaltaban con el resplandor lunar además de una extensa cabellera negro azabache. Las holgadas prendas que vestía parecían ser de valor incalculable, en especial aquellos bordados tan brillantes como los metales más preciosos.

—De seguro debes estar preguntándote quien soy, quizás quieres saber los motivos que tengo para hacerte esto...No desperdicies tu tiempo, no necesito ningún motivo para matarte...Pero eso no quiere decir que no tenga uno —comentó el atractivo joven con lentitud junto a una mirada indiferente ante la situación del pequeño.

Una gran incertidumbre invadió a Arlhen luego de escuchar al hombre ¿Quien ere ese sujeto? ¿Motivos? ¿Que motivos podría tener alguien que nunca había visto en su vida?

—T-Tu...tu... —A pesar del excesivo esfuerzo por parte de Arlhen, las palabras que salían de su boca desaparecían con facilidad en el aire. La muerte sólo era una cuestión de tiempo en su estado, pero eso no fue motivo para que dejara de intentar obtener una respuesta—. Por...Por qu-

—¡No seas malcriado! —Con un simple movimiento de su mano, el joven de prendas blancas golpeó en la garganta del pequeño —. Cuando estoy hablando...sólo tienes que escuchar.

Grandes bocanadas de sangre fueron escupidas mientras eran acompañados por un grito ahogado. A pesar de que Arlhen no era un medico, pudo sentir como algo se quebraba por dentro, sus cuerdas vocales fueron destrozadas.

Se retorció sobre el suelo al mismo tiempo que se sujetaba la garganta con una angustiada expresión, no sólo por el terrible dolor sino por el hecho de saber que no podría volver a hablar nunca más.

—Así está mejor. —Como si las circunstancias del pequeño fuesen un asunto ajeno a él, aquella persona siguió hablando como si nada hubiese sucedido—. Un mortal ignorante no tiene el derecho para hablar en igualdad conmigo —dijo con un tono de asco mezclado en sus palabras, pero no se detuvo allí—. Arrástrate, arrástrate como la basura que eres. Quizás así puedas extender esa miserable vida tuya.

No hizo falta que Arlhen escuchara tales palabras, pues ya había comenzado moverse usando sus manos, no porque sea un perro obediente sino porque esto era la único que podía hacer. No le importaba si la realidad y la lógica apuntaban hacia un mismo camino, todavía estaba dispuesto a luchar para liberarse de los grilletes impuestos por el destino.

Comenzó a arrastrarse mientras dejaba una marca de sangre por los lugares donde se cuerpo pasaba, una frialdad como nunca antes empezó a cubrir su ser. Pronto sus labios comenzaron a perder color y la calidez característica de la vida se hizo tan delgada como una tela.

En ese instante su difusa visión captó el final del camino, como si la oscuridad lo esperara del otro lado. No obstante, esta ilusión suya provocada por su debilidad desapareció y fue reemplazada por un acantilado, uno cuyo abismo parecía no tener final.

No había ninguna manera de escapar.

Los pasos de la persona que se acercaba detrás de él lo impulsaron a seguir moviéndose hacia adelante. Ante una situación donde se encontraba entre la espada y la pared, una rápida decisión era necesaria...

Arlhen siguió avanzando mientras en su mente se disculpaba con sus padres, no podría convertirse en esa persona que ellos tanto querían ver, se disculpó con su mejor amiga y prometida, no podría cumplir sus promesa de ser felices juntos. Se disculpó por el sufrimiento que traería su muerte a sus seres queridos.

Finalmente llegó hasta el borde del acantilado, miró hacia la profundidad de la caída con resignación y entonces dirigió su mirada hacia atrás, no veía al joven que se acercaba sino que apreciaba el mundo y los recuerdo que tuvo antes de lanzarse a su muerte.

Si de todas manera iba a morir, prefería suicidarse antes que ser asesinado por aquel despreciable hombre. Después de llegar a una fuerte resolución y reunir el coraje suficiente no dudo y entonces...

Se arrojó hacia el abismo.

Muy diferente a lo que pensaba Arlhen, aquel atractivo joven no mostró ninguna señal de intentar detenerlo, en cambio se mantuvo mirándolo con una sonrisa burlona en su rostro, como si estuviese disfrutando de un espectáculo.

En el preciso instante en que el cuerpo del muchacho caía por el acantilado, repentinamente sintió como un objeto punzante perforaba su pecho. Cuando desvió su vista se encontró con una flecha incrustada.

Sorprendido por el desarrollo de los acontecimientos dirigió su mirada al lugar de donde provino aquella flecha. Allí se encontró con una bella joven, una mujer hermosa con un encanto que raras veces se podría apreciar.

Esta muchacha tenia una extraña mirada mientras lo observaba, una que mezclaba la resignación, la culpa y el miedo. Apenas después apartó su mirada de manera que evitó mostrar su rostro.

—L-lo siento... Y-yo sólo ...quería...L-lo siento. —Estas fueron las últimas palabras que Arlhen escuchó mientras era tragado por la oscuridad del abismo junto a una infinidad de preguntas.

Su mente se negó a creer lo que acababa de suceder, se obligó a pensar que sus ojos lo habían engañado que quizás se equivocó de persona, totalmente indispuesto a aceptar que su propia prometida había disparada aquella flecha, y quien sabe qué más.

Pronto las lagrimas comenzaron acumularse en las equinas de sus ojos, sentía una pesada incertidumbre y un desesperado dolor en su corazón. Pero ya era demasiado tarde para cualquier otro pensamiento, sus últimos rastro de vida se esfumaron como la cenizas en el aire.

Murió en aquel abismo...

25 de Marzo de 2017 a las 06:58 0 Reporte Insertar 1
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