ladyazulina Lady Azulina

Una vez quise escribir de una sirena y en otra sobre ver fantasmas. Me surgió la inspiración en forma de tres palabras acerca del cielo y con tan sólo diez creé un cuento de hadas. He probado la poesía, gracias a la luz de la luna, y las historias de menos de cinco páginas. Aquí te las compilo, porque en conjunto quedan mejor que separadas. Pero prométeme una sola cosa: aunque una no te haya gustado, dale oportunidad a la otra; todas son diferentes, con sus propios mundos, con sus propias prosas. Algo en esta colección podría llegar a darte emoción. Así que ¿por qué no guardas esta historia para la siguiente ocasión? Historia registrada en Safe Creative bajo el código de registro 2109059177577.


Cuento No para niños menores de 13.

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Pequeño león brillante

Una juguetona cola dorada se elevaba de entre el césped, hundiéndose pocos segundos después sólo para volver a elevarse y esconderse. Luego sus pequeñas patitas traseras se estiraron todo lo posible y no tardé en ver a la pequeña criatura en todo su esplendor. Completamente dorado, casi como si brillara, con una gran melena para su inconfundible corta edad. El cachorro de león saltó sobre un cuervo, suponía que era lo único que podría cazar para su tamaño.


Para tal acto sanguinario y sin piedad, quedé encantada. La hermosura del pequeño animal seguía impactándome hiciera lo que hiciese. Pero no era la única a la que había llamado la atención. A pesar de la distancia, fui entrenada para tener una vista muy aguda, y mis nervios se dispararon al ver a los cazadores... más bien, a las armas de los cazadores. Escopetas. Lo iban a matar.


No podía permitir que eso pasara. Nunca había escuchado sobre leones dorados, mucho menos visto uno hasta ahora, debe ser una especie en peligro de extinción. Y yo, no iba a dejar que ocurriera.


Sentía el paso del tiempo como una carga sobre los hombros, más asfixiante aún al verlos tomar posición para disparar. Había dicho que no, y esta no la iba a dejar pasar. Salí de mi improvisado escondite tras un árbol y corrí tan rápido como me permitieron las piernas hasta el animal que ya había olfateado el peligro pero no lo había visto. Lo tomé en mis pequeños bracitos antes de que se escapara y al mismo tiempo escuché un grito a mis espaldas.


"¡NO!"


Cuando eché un vistazo sobre mi hombro vi la espalda de un pequeño niño con los brazos muy extendidos en ademán protector. Lo único que se me ocurrió fue que también había visto al león y quería salvarlo. ¿Se habría dado cuenta de que me encontraba aquí?


Pasando de él pude ver a los cazadores farfullar, recoger sus cosas y buscar otro animal al cual cazar, por lo que me sentí aliviada. Miré a la pequeña bola de pelos entre mis pequeños brazos con ternura y me sentí orgullosa, viviría.


"¿Y tú quién eres?"


Había pasado tanto de la presencia del niño que no recordaba que estaba allí. Me levanté, apenas alcanzaba su altura, y lo enfrenté.


"Soy la que salvó al leoncito."


Lo tomé entre las manos para enseñárselo y no pude evitar reír al verlo relamerse.


"¿¡Tú lo salvaste!? ¡Yo me enfrenté a los cazadores!"


Rápidamente alejé el león de su alcance para que no pudiera quitármelo.


Tras varios minutos de discusión posesiva, llegamos a un acuerdo. Ambos cuidaríamos de él... ¿Cómo? Por favor, no me recuerden lo difícil que fue.


Con el paso de los años, lógicamente uno de los dos tuvo que quedárselo.


Mis dedos rozaban la hierba que crecía en esa pequeña pradera, la recordaba con nitidez. El pelaje del león se volvió suave y me era perfecto como cama para viajes tranquilos como este.


Mi familia se había ido hacía tiempo de este pueblo, pero encontré el camino de vuelta. Algo en mi interior decía que debía regresar.


Sentí la tensión en cada músculo de mi acompañante y levanté la cabeza en alerta, pero al alcance de nuestra vista sólo había un muchacho alto, ejercitado y que parecía estar dando un simple paseo. Estaba impactado mientras nos miraba y no podía encontrar la razón del por qué, hasta que sus labios susurraron un nombre, mi nombre, y de repente todo encajó.


Luego de que los recuerdos abandonaran mi vista, pude observar sus ojos que muy anclados estaban en los míos. Y, sin darnos cuenta, sonreímos.

26 de Mayo de 2021 a las 17:09 0 Reporte Insertar Seguir historia
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