dylivm Dylan Iván

Todo este embrollo comenzó con una carta, una maldita carta de amor. Desde que la recibí paso noches enteras sin dormir porque soñaba que al día siguiente obtendría una nueva carta. Primera parte de la Saga del Amanecer.


Drama Suspenso romántico Sólo para mayores de 18. © Dylivm

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Capítulo 1

Mi tono de llamada me despertó, casi caigo de la cama, era un sábado, tomé el teléfono para ver de quién se trataba, nada más y nada menos que Marcus Miller, mi mejor amigo. Eran las siete de la mañana.

—¿Sí? —dije con voz apagada, estaba bastante cansado por la noche anterior—. ¿Qué pasa, Marcus?

—Despierta, Lou, necesito que me acompañes a comprarme un smoking, será la boda de mi tía Amy; la enésima boda de mi tía Amy. Pero es solo que esta vez parece ser el indicado, voy, a tu casa en el convertible rojo, bye —la tía Amy de Marcus se había casado muchas veces y yo siempre asistía a la boda; solo que esta vez parecía ser el indicado, o eso lo podía escuchar en la voz de Marcus.

¡Oh cielos! Marcus ya iba en camino a casa, tenía que arreglarme, cambiarme de ropa, afeitarme y comer algo; aunque fuese algo ligero.

Tomé una camisa blanca, encima me puse una camisa roja con cuadros negros, rojos y degradado negro-rojo como diseño, usé unos jeans ajustados, me quedaban muy bien así que no hubo necesidad alguna de usar un cinturón.

—¿Te vas tan pronto? —papá estaba en la cocina preparándose algo de desayunar; ya estaba arreglado con su fino traje color gris, corbata azul cielo, camiseta blanca y su portafolio en mano.

—Claro, emergencia de Marcus, no lo entenderías, papá —tomé una manzana de la nevera y tomé un poco de jugo de Naranja que estaba en el mismo.

—Claro que no lo… —cerré la puerta delantera antes de que terminara la frase, me sentí mal por él, luego le diría que lo quiero.

Bajé las escaleras del pórtico, vi a Marcus recargado en su auto, llevaba unos jeans negros, tenis azules, gafas de sol, una camisa blanca y estaba fumando un cigarrillo.

—¡Sube! Cada segundo que pasa me hago más viejo, Louis Gerald —rodeé el auto y entré en él, con mucho cuidado porque no quería dañar la pintura y causar un accidente. ¡OTRA VEZ!.

—Bien, ya estoy aquí.

—Entra, nos vamos —Marcus se miró en el espejo que traía en su bolsillo izquierdo y entró al auto, dejó el sobrante de su cigarrillo en su caja para basura que tenía dentro del mismo. Era increíble porque no olía a nada, nada de cigarrillo quiero decir.

Me coloqué mi cinturón de seguridad, era una señal de que estaba listo para ponernos en marcha.

—No seas ridículo, quítate eso, Louis —Marcus pasó la mano hacia el botón del seguro del cinturón de seguridad el cual volvió a su posición original.

—Sabes que me siento más cómodo y seguro si lo tengo puesto —Marcus me echó una mirada amenazante si volvía a ponérmelo.

—¿Cuándo he golpeado a alguien, algo o estado a punto de?

—Supongo que nunca hemos estado a punto de golpear a algo/ alguien, pero... —Marcus me volvió a ver con su mirada de pocos amigos y yo decidí callarme.

—Así me gusta, que estés calladito. En marcha —dicho lo cual puso en marcha el motor y empezamos a movernos por la ciudad.

Me quedé callado la mayor parte, mejor dicho todo, del trayecto. Nos estacionamos en el estacionamiento de una tienda muy prestigiosa que se dedicaba a vender y a fabricar trajes para hombres, era una tienda especializada en vender ropa elegante para caballero.

—Bienvenidos sea usted, joven Miller —un amable señor, de nombre Henry, nos recibió apenas pasamos por la puerta de entrada—. Y su amigo, el señor… —se quedó a mitad de la frase porque no recordaba mi nombre, obviamente, todos en la tienda solo sabían que yo era el amigo del señor Miller.

—Train, el mejor amigo de Marcus —hizo cara de confusión—, el señor Miller, quiero decir.

—Ah, claro. Es solo que aquí, en la tienda, estamos muy acostumbrados a llamar a los clientes por sus apellidos, nunca por su nombre —me quedaba claro, cuando íbamos a la tienda siempre veía que recibían a los clientes llamándolos señor o señora tal; pero con Marcus era diferente, él tenía mucha influencia en esa tienda, no solo en la tienda, ¡en todo Itaville! Marcus tenía mucha influencia gracias a sus padres, que prácticamente eras los jefes de los jefes de mis padres. Habían comprado el hospital donde trabajaba mamá y la agencia de abogados de papá. Nunca habían logrado comprar la industria de Richard Vallaj.

Richard Vallaj era uno de los chicos más ricos, populares y apuestos de Apple White; de Itaville, mejor dicho.

—Lou, ayúdame, necesito verme FABULOSO, tengo que ser quien más destaque de toda mi familia; quiero opacar a mis primos.

Marcus podía ser un maldito si se lo proponía y eso de opacar a sus primos era en serio, no bromeaba con nada de lo que decía acerca de sobre salir en algo. Llevábamos ya un rato en la tienda, dando vueltas y vueltas sin encontrar ni buscar nada, aparentemente.

—Claro, con gusto te ayudo, amigo, no querrás opacar a tu tía Amy, ¿cierto? —quería matarlo, ya quería retirarme de la tienda, volver a casa y ver una película.

—No seas ridículo, ¡jamás! Sólo a mí odiosa prima Michelle y a su hermano Max; pero oye, ¿lo ves? Por eso eres el mejor, gracias por estar aquí tan temprano, amigo —entonces no quería opacar a su tía, sólo a sus primos, conocìa a Michelle y a Max, no eran tan malos como él juraba que eran.

—Lo sé —fui un poco modesto respecto al tema—, ¿por dónde quieres empezar?

Marcus y yo dimos un recorrido, muy largo, por la tienda de ropa; pasamos por el pasillo de camisetas, corbatas, calzados, moños, chalecos formales; los que van entre el saco y la camiseta, calcetines y cinturones. Tardamos aproximadamente dos horas con treinta minutos, llegamos a la tienda a las ocho con veinte minutos, la tienda abría a las siete en punto, faltaban diez minutos para que fueran las once de la mañana.

Marcus era bastante indeciso, escogió aproximadamente tres piezas de cada prenda que se iba a llevar, es decir, tres camisetas, tres pares de calcetines, tres corbatas, tres moños, tres chalecos y tres cinturones. Nos fuimos directo a los probadores de caballeros para que Marcus se probara toda la mercancía elegida por él mismo, no dejó que ningún empleado o empleada nos atendiera.

—¿Y por qué no, simplemente, le dices a tu familia que mande a hacer un smoking tal y como tú lo deseas? —yo ya estaba harto de su indesición, estaba totalmente seguro de que mi mamá se tardaba menos en escoger un atuendo para cualquier tipo de fiesta.

—Ay, Lou, ¿no lo entiendes? Yo AMO los retos. Sé que si mando a diseñar un snmoking sería bastante sencillo, quiero hacer algo por mi cuenta, además escuché que a Richard Vallaj le gusta que la gente sea independiente —oh no, ya comenzaba a hablar de Richard Vallaj, el chico más rico, popular y apuesto de Itaville y Apple White (lo repito porque es un dato necesario), Marcus estaba total y completamente enamorado de él, y vivía celoso por Jessie Jones; su novia, tanto que, prácticamente, amenazaba a cualquier chico que sintiera atracción alguna hacia Richard Vallaj (o aunque sea le coqueteara, pero con las chicas no era igual, les tenía cierto respeto).

—¿Qué te hace creer que Richard va a dejar a Jessie Jones? —Marcus odiaba que lo contradijera, si querías ser amigo de Marcus tenías que darle la razón en todo lo que él mismo dijera, siempre—, te lo dejaré claro. ¡RICHARD NO DEJARÁ A SU NOVIA POR TI!

—¿Quieres callarte? Deja de arruinarme el día, por favor, empezó y va bastante bien.

—De acuerdo.

—Ah, y tampoco la dejará por ti, ¿de acuerdo? —touché, aunque, en realidad, eso no me molestaba como a él le molestaba. Podía vivir con ello y se lo dije.

—Puedo vivir con eso —me tiró una mirada de pocos amigos y entró al probador con sus mil prendas de ropa.

—Odio que no te moleste como a mí me molesta. Mejor ten esto —me dejó mucha ropa en mis manos—, calla y pásame toda la ropa conforme me vaya cambiando de atuendo, ¿de acuerdo? —yo asentí con la cabeza.

Escogió al final, un smoking azul marino, corbata negra, camiseta blanca zapatos color café y un cinturón de piel, no sé exactamente de qué animal, negro; con eso estábamos listos para marcharnos.

Pasamos al centro comercial de Itaville lo que restaba del día, no teníamos mucha imaginación ese día.

Salimos de la tienda de ropa elegante para caballero a las doce del día con treinta minutos, llegamos al centro comercial de Itaville a la una con cuarenta y cinco, aún nos quedaba mucho tiempo. Mamá y papá no tenían problema en que estuviera todo el día fuera de casa si era con Marcus, además era fin de semana.

Estábamos en el área de comida, ya era hora de comer algo, así que optamos por comer sushi, nos dieron un aparato de plástico que vibraba cuando tu orden estaba lista.

—¡Ay, no! Mira a tu derecha, Louis, ¡RÁPIDO! —Marcus intentó peinarse su cabello con los dedos, se miró en la cámara frontal de su iPhone; la cual usó como espejo, miró al frente y sonrió, no sabía con exactitud a qué o a quién le sonreía, hasta que giré mi cabeza unos 45 grados y lo vi; a Richard Vallaj, iba junto a sus dos mejores amigas: Katherine y Marie, iban riéndose de alguna broma que Richard hacía. De acuerdo, era lindo, pero no era para tanto, yo nunca podría sentir algo así por él, algo como lo que Marcus sentía por él. Richard nos miró sonriendo y movió su cabeza en señal de saludo. Marcus soltó una pequeña risita y se ruborizó un poco.

Katherine y Marie llegaron a saludarnos, ellas sí se acercaron, Richard se siguió de largo.

—No puede ser, ¿todo eso es tuyo? —dijo Katherine señalando las bolsas de Marcus.

—No seas ridícula, Kate, es obvio que es de él, puede comprar lo que sea —dijo Marie poniendo los ojos en blanco—. Hola, Lou.

—¡Hola, chicas! ¿Cómo se encuentran? -las saludé.

—Claro que sí, chicas, mi tía Amy se casará pronto y tengo que ser el que mejor luzca en la fiesta.

Kate me ignoró por completo, sus cabellos rubios rebotaron contra la mesa cuando tomó asiento, al parecer iban a estar con nosotros un largo rato, o más bien todo el día.

A veces podía sentir que a Kate no le agradaba tanto mi presencia, algo me lo decía.

—¿Vas a ser quien mejor luzca o vas a opacar a alguien? —al parecer Kate sabía un poco sobre el plan de Marcus y quería que éste lo confirmara.

El aparato vibró un rato después, nuestra orden estaba lista, Marcus me pidió que fuera a recoger la orden porque él estaba muy entretenido platicando con sus nuevas amigas.

—¿Orden de Louis y Marcus? ¿Eres tú? —el chico del mostrador ya tenía las órdenes, esperaba que le diera su aparato para que él pudiera darme la comida, dos trastes muy largos de un plástico negro.

—Así es, soy yo. Louis quiero decir, vengo con Marcus es solo que él se quedó en la mesa con unas chicas —el chico no paraba de sonreírme, supuse que era su trabajo sonreír todo el tiempo a sus clientes.

—No hay problema, aquí tienes Lou —dijo e inmediatamente me entregó nuestra comida.

—Gracias, Richard —dije sin pensarlo, él no se llamaba Richard.

—Disculpa, no me llamo Richard, soy Scott; mi nombre está aquí —habló con voz incómoda y señaló la parte superior de su pecho dónde tenía su nombre escrito en un pedazo de aluminio unido con imanes a través de su camisa—, ¿Richard es tu otro amigo?

—¡Oh mierda! Lo siento mucho, no quería llamarte así, es que… ¡Un segundo!, ¿no recuerdas que mi otro amigo se llama Marcus? —no quise decirle que Marcus estaba enamorado de Richard, tuve que improvisar y era muy raro que pensara que Marcus se llamaba Richard cuando minutos antes dijo el nombre de Marcus, sin embargo no me rwspondió—. No importa, olvídalo. Es que la tía de mi amigo está embarazada y Marcus, mi amigo, está pensando en si llamarlo Richard. Lo siento, no quise confundir tu nombre, en serio, lo sien... —se llevó su dedo índice a mi boca indicando que guarde silencio.

—Por favor, entiendo la confusión. Menos mal que fue por eso y no porque estabas hablando de Richard Vallaj; ese muchacho es todo un tema de cobversación —mierda, lo conocía, bueno, todos lo conocen aquí en Itaville.

—Todos conocen a Richard Vallaj aquí en Itaville, pero no estábamos hablando de él, en absoluto.

—Yo creo que mejor te vayas, tus amigos ya voltearon a verte y creo que Marcus viene en camino.

Mierda, no puede saber que estaba "coqueteando" con el chico del sushi y que lo llamé Richard por error, Marcus me mataría. Tomé la comida, le agradecí a Scott y me di la vuelta para caminar hacia la mesa donde estábamo sentados en un principio Marcus y yo; pero minutos más tarde estaría, no solo con Marcus, sino también con Katherine Dankworth y Marie Willson.

12 de Mayo de 2021 a las 06:29 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Dylan Iván Dylan (Taylor's Version) (From the Vault)

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