carmoran Carol M. De la Mata

"Madre es el nombre de Dios en el corazón y en los labios de los niños" William Makepeace Thackeray


Cuento Todo público.

#cuento #relato #inspiracional #paratimamá
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Hacia la luz

No sé lo que es preocuparse por el tiempo, por el trabajo, por el dinero... por esa serie de cosas que, se supone, te identifican como ser humano. Mi único temor, si se puede llamar temor (tampoco tengo del todo claro el significado de esa palabra), es separarme de ti. ¿Eso puede llegar a pasar? No, no lo creo; este mundo que has hecho para mí es perfecto, demasiado seguro y acogedor como para pensar que algo terrible pudiera pasar en cualquier momento. Hay ocasiones en las que escucho voces a mi alrededor. Eso sí me inquieta mucho, porque no entiendo lo que dicen, no conozco su lenguaje y no sé si sus intenciones son buenas o malas. Lo peor es que tampoco puedo ver de dónde vienen esas voces, no veo a nadie, y eso me hace querer traspasar la barrera entre mi mundo y el suyo, dando penosas patadas y brazadas al aire. Pensándolo bien, creo que cualquiera se reiría bastante si me viera hacer esas tonterías, defendiéndome del enemigo invisible; por eso, cada vez que esa inseguridad irracional se abalanza sobre mí, como el león lo hace sobre la cebra indefensa, pienso en ti. Tú, que llevas protegiéndome incluso antes de que tuviera alguna conciencia sobre tu existencia, que has creado un mundo perfecto donde el mal no existe, eres mi origen y mi calma, mi seguridad y mi universo conocido. Pero empiezo a sospechar que también eres mi final. Tantas veces he deseado poder verte, saber quién me ha enseñado a conocer el significado de la palabra amor, que he querido romper el muro que nos separa, aún si eso supone el fin de mi propia existencia. A tal punto ha crecido este deseo en mí, que creo que incluso tú lo has notado. No te veo, pero sí te siento, y siento que mi obsesión a veces te causa malestar. No quiero hacer nada que te provoque daño, de verdad que no, ¿pero por qué no puedo conocer a quien me ha creado? ¿Por qué no puedo ver el rostro de Dios?

Tal vez sea cierto eso de que nadie que haya visto el rostro de Dios puede vivir luego para contarlo, pero probablemente sea un sacrificio que valga la pena hacer. Si de la oscuridad nació la luz, entonces yo quiero morir en la luz y fundirme con el universo, con tu universo. Puedo ver esa luz, pero aún está muy lejos; puedo sentir tu dolor cuando trato de alcanzarla, pero mi amor por ella es más poderoso y me impulsa con más fuerza. Ahora sí conozco el miedo. Tengo miedo a que me odies por hacerte sufrir, tengo miedo por haber dejado el paraíso que creaste para que viviera en paz eternamente, y sobre todo, tengo miedo de no poder recordar la plena felicidad que había en mi corazón cuando vivía en tu interior. La luz ya está sobre mí, me ciega al punto de no poder ver nada, pero es una ceguera que no duele y tampoco deja secuelas. Grito y lloro, pero no es por miedo o dolor, es por la reacción que me produce sentir la liberación. Puedo sentir mi cuerpo como nunca antes lo había hecho, puedo experimentar sensaciones que hasta ahora eran desconocidas para mí, como el tacto de otro ser humano; pero cuando por fin pude sentir tu cuerpo pegado al mío, fue cuando me di cuenta de que había muerto para volver a vivir, aunque esta vez en un universo donde no existían fronteras entre tú y yo, porque los dos habíamos sido uno en cuerpo, pero ahora somos uno en espíritu. Son tantas las cosas que necesito decirte y no puedo, que solo acierto a preguntarme: "¿tú también me amabas cuando aún no me habías visto?"

8 de Mayo de 2021 a las 16:37 0 Reporte Insertar Seguir historia
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