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Jon Doe


Creo que algo pasó con mi amigo luego de perdernos en el bosque...


Horror No para niños menores de 13.
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Nos perdimos en Chapultepec

Creo que necesito un consejo…. Actualmente vivo con un amigo en la Ciudad de México, en un departamento a unas 5 o 6 calles del zócalo, estamos aquí por un trabajo que paga relativamente bien y con el afán de independizarnos un poco de la familia. No solemos frecuentar el bosque de Chapultepec, así que un domingo que no teníamos absolutamente nada qué hacer decidimos ir a visitar ese gran lugar, y de paso ver si el museo de antropología se encontraba con alguna nueva exhibición (así es, soy tan nuevo en la ciudad que no sé si las exposiciones son permanentes o cambian, peeeero, como buen turista, sé que es la segunda ciudad con mayor número de museos). Al llegar entramos como el par de veces anteriores, por la entrada del monumento a los niños héroes. Siendo seducidos por los puestos ambulantes a gastar nuestro dinero comenzamos a adentrarnos hasta toparnos con el zoológico, sin embargo, decidimos pasar de él. Había escuchado que el parque contaba con un audiorama, mas nunca había visto algún letrero que nos guiara hacia él. Tenía entendido en ese momento que el bosque contaba con tres secciones, y que el audiorama se encontraba en la primera sección, por lo que no deberíamos estar lejos. No quisimos preguntar para llegar a él (ya saben, el miedo irracional de todo provinciano a ser descubierto), así que comenzamos a caminar y caminar por unos minutos, pero llegamos a tal punto donde estábamos completamente perdidos, nada peligroso porque jamás habíamos cruzado vallas de seguridad o restricción (que espero las haya), entonces nos sentamos bajo un árbol a comer las tortas de chilaquiles que llevábamos para comer. Mi amigo quería ir al baño, y se aventuró a buscar uno o "fabricar" el suyo en su defecto, sin darle importancia me quedé a seguir comiendo y descansando. Al terminar me había dado el mal del puerco, empezaba a entrecerrar los ojos, hasta que me percaté que mi amigo ya llevaba bastante tiempo sin volver.

No entré en pánico, pero si me puse alerta. He visto suficientes películas de terror para saber que moverme del lugar y comenzar a buscar sin rumbo es mala idea, así que mejor me quedé ahí y comencé a llamarlo por teléfono. El tono corría hasta entrar automáticamente al buzón de voz, lo llamé 6 veces en un lapso de 10 minutos. Al no recibir respuesta comencé a preocuparme, así que comencé a regresar por donde habíamos llegado (más o menos, tengo pésima inteligencia espacial, por algo estábamos perdidos) y empecé a ver sitios que recordaba, lo cual era buena señal, salvo por mi amigo que no regresaba ni contestaba. Recuerdo haber tenido una sensación extraña, de esas que sólo has escuchado hablar, pero rara vez te pasa, la sensación era como de una abrumadora soledad y quietud, que te pone un poco paranoico. Quería enfocarme, necesitaba enfocarme. Por mi mente repasaba todo lo que sabía sobre personas desaparecidas y cómo actuar al respecto. Llamar a emergencias no servía de nada, al igual que llamar a alguien más, es sólo alarmar innecesariamente (o no?), quizá locatel, pero qué les iba a decir “Hola, perdí a mi amigo en el Bosque de Chapultepec hace 20 minutos”, me iban a colgar en ese segundo. Por ello opté por seguir adelante hasta encontrar algún policía, vigilante o trabajador del bosque.

Me sentí totalmente aliviado al llegar a un viejo camino de asfalto, iba a decir que la sensación era igual a la de un naufrago al ver tierra, pero es muy exagerado. A los alrededores seguía solitario, abandonado, y el sol comenzaba a caer, se estaba empezando a poner peligroso. Para este punto quizá alguno piense que debí quedarme en el mismo árbol a esperar a mi amigo (al cual le seguía llamando más frecuente), pero en ese momento no fui del todo paciente y objetivo para la situación, mea culpa. Eran pasaditas las 6 de la tarde y comenzaba a desesperarme por tres cosas: 1) Estar semi-perdido, 2) Que mi amigo no contestara, 3) Que nadie, absolutamente nadie, estaba en ese maldito camino del parque. La ansiedad comenzaba a brotar, mandaba whatsapp, llamadas, mensajes de texto, estaba ya paranoico, estaba en un lugar que no conocía, rodeado de nadie, cansado y esa sofocante soledad comenzaba a cobrar factura en mi tranquilidad. Podía escuchar el viento soplar y ver los árboles moverse, pero no lo sentía, no había humedad, frío o calor, simplemente nada, como cuando te concentras tanto en algo que apagas los demás sentidos (por ejemplo, si lees esto sentado, probablemente no sientas tu cuerpo tocar la silla). Sólo imaginar esa sensación de nuevo… me pone mal realmente.

A lo lejos vi una silueta, y no, no era mi amigo, era un paletero, heladero o cómo le digan. Jamás, jamás, jamás imaginé que un heladero, con su carrito viejo y sucio, fuera mi salvación. Me apresuré a él, pues se marchaba empujando su carrito. Al llegar a él, un poco sin aire, le pregunté si sabía sobre una salida hacia la dirección donde estábamos o si había visto pasar a mi amigo. De pronto, súbitamente, sentí un ligero empujón sobre mi hombro, debo admitir que en el calor del momento me sobresalté y el heladero también lo hizo debido a mi reacción. Al girar era mi amigo, totalmente ileso y extrañamente calmado, muy extrañamente calmado, y no lo digo sólo desde la perspectiva de alguien que estaba explotando en estrés, sino verdaderamente calmado. Le pregunté al instante dónde había estado y por qué no contestaba mis llamadas o mensajes, me miró extrañado y dijo que no le había llamado, y para que le llamaba si había ido sólo a orinar, a lo que le dije que llevaba literalmente 57 minutos desde la primera vez que llamé. Él sólo estaba confundido, sin entenderme realmente. El heladero no nos dio importancia y siguió caminando. Me volví a acercar a él y le pregunté por dónde quedaba el monumento a los niños héroes, me señaló el camino y le compré un bolis para el susto. De camino a la civilización, le enseñé las llamadas a mi amigo y le reclamaba de su indiferencia e ineptitud ante esa situación, sólo me decía que no habían pasado más de 3 minutos y me enseñaba su celular sin ninguna llamada, sólo los whatsapp aparecían como si hubieran sido mandados 5 minutos antes, todos juntos. Decidí dejar de darle importancia, quizá estaba exagerando. Conforme llegábamos a la entrada le llegaron todos mis SMS (mensajes normales de telefonía) como cuando recién te llega la señal, y comenzó a burlarse de mi por mi paranoia.

El resto del día fue normal, regresamos por la línea rosa del metro. Mi amigo sólo estaba callado, pero se veía “normal”, sin ningún cambio o nada, indiferente al mundo. Llegamos a casa, nos dormimos y parecía que todo había acabado, pero no fue así.

29 de Abril de 2021 a las 00:45 0 Reporte Insertar Seguir historia
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