epultrek Fred Galavíz

Un hipotético viaje en la distancia y el tiempo de una hipotética partícula de vida formando parte de los elementos clave para componer entidades tan grandes como las nebulosas y tan pequeñas como las especies de vida microscópicas


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La nebulosa.

Nací dentro de una nebulosa en algún lugar de la galaxia entre la oscuridad de las nubes de gases y polvo y la luz de las estrellas próximas. Viajaba sin rumbo fijo entre la nebulosa y pasaba los milenios yendo de un extremo a otro cruzando entre zonas más oscuras y zonas con menos gases y polvo. De esa manera conocí a otras partículas de vida pues nuestros caminos se encontraban o se cruzaban y apenas teníamos tiempo de saludarnos pues las corrientes gravitacionales siempre nos empujaban o arrastraban y estábamos en constante movimiento, pero después de otros miles o cientos de miles de años volvíamos a encontarnos. Sólo en muy contadas ocasiones coincidíamos en el arrastre o empuje de las fuerzas gravitacionales y platicábamos durante un tiempo hasta que las mismas fuerzas volvían a separarnos y continuaba nuestro viaje sin fin en la nebulosa.

A veces podía ver cómo una estrella joven nacía, nos iluminaba y empujaba hacia el exterior y viajábamos entre remolinos de materiales de vida dando tumbos unos con otros hasta que con los milenios parecía que salíamos de la nebulosa.

Pero las mareas gravitacionales volvían a tirar de nosotros y regresábamos a formar parte de los ires y venires de los materiales que componíamos aquella nebulosa desde hacía muchísimo tiempo.


Fue una época de felicidad en la que conocí a muchas otras partículas de vida mientras vagábamos entre las intrincancias de nuestra madre la nebulosa. A veces coincidíamos y salíamos lo suficiente para mirar hacia el lado del centro de la galaxia, su sonido era ensordecedor pues aunque se encontraba a enormes distancias, podiamos escuchar su enorme sonido al girar sobre su propio eje y mover consigo toda la cantidad de estrellas, planetas, cometas, meteoritos, nebulosas y restos de estrellas y planetas muertos todos en torno al centro. Imaginaba que en el centro de la galaxia vivía un ser muy poderoso que regía con mano de hierro todo a su alrededor. No sabía entonces que ese centro era en realidad un enorme cúmulo de agujeros negros que se había fusionado con los que llegan al centro después de que mueren en explosiones de súper novas las estrellas más grandes y quedan viajando sin rumbo fijo alrededor de la galaxia hasta que terminan cayendo hacia el centro. El encuentro entre dos agujeros negros es como el de dos imanes, pueden atraerse si coinciden sus polos positivos o pueden rechazarse si coinciden los polos opuestos. En caso de ser rechazados, los agujeros negros salen expelidos de la galaxia porque el enorme agujero negro en el centro tiene mucha fuerza para empujar los objetos. En caso de ser aceptados, los agujeros negros se fusionaban con el del centro y aumentaban un poco su tamaño. Para que un agujero negro de galaxia sea tan grande es de pensar que lleva cientos de miles de años... o más bien, miles de millones de años acumulando agujeros negros en su cuerpo.


Al paso del tiempo, nos dimos cuenta que la nebulosa donde nacimos estaba muriendo. La materia que la componía se había gastado en formar estrellas y cada nueva estrella arrojaba material de la nebulosa hacia el espacio exterior para formar su propio espacio en el que iba a regir con sus planetas o con otra estrella. Supongo que muchas de mis amigas partieron para siempre en algunas de esas ocasiones.

En consecuencia, teníamos más luz en la nebulosa. Podíamos ver más estrellas y viajar más ligeros. Sólo había algunos cúmulos densos donde la materia se arremolinaba como queriendo formar algo, pero al faltar materia suficiente, acababa diseminándose en cúmulos menores que terminaban girando en su viaje interminable a través de la nebulosa.

Recuerdo que en algún momento, sentí ese pequeño tirón que da una fuerza mayor de gravedad de un cuerpo celeste más grande. Un cúmulo de material de la nebulosa se había formado cerca y arrastraba mucha cantidad de materia y crecía con los milenios. Fue en esos milenios que volví a ver a algunas de mis viejas amigas pasar a diferentes distancias y desaparecer entre la cada vez más densa nebulosa.

Con el tiempo, la nebulosa se condensó tanto, que volvimos a aquella situación en la que casi no se veía el espacio exterior sino en algunos breves momentos de algunas decenas de miles de años y, debido a la compresión y reducción del espacio donde vivíamos, nos veíamos con mucha más frecuencia, pero era muy difícil identificarnos porque la oscuridad era mucha y cada vez más.

Llegó el tiempo en que formábamos líneas en nuestro acelerado viaje alrededor de la nebulosa que yo creo más bien parecía una especie de disco, como si fuera una imitación de galaxia. Veíamos a la distancia algunos relámpagos en este mismo disco que giraba y suponíamos que era debido a los choques de diferentes materiales que provocaban esas reacciones.


En una ocasión (lo recuerdo bien), coincidí con muchas otras partículas de vida y tuvimos mucho tiempo para conversar. Hablamos de cómo nos habíamos separado y de las otras partículas que ya nunca vimos. Hablando de la situación de esos milenios, coincidimos que se iba a formar una estrella como ya habíamos visto antes en la misma nebulosa. Algunas partículas deseaban coincidir en formar parte de la estrella y otras sugerían que era mejor formar parte de uno de los planetas y vivir ahí mucho tiempo mezclados entre los objetos vivos o los seres vivos que habitaran ese planeta. Había mucho entusiasmo entre las partículas y se notaba en su ánimo para conversar.


Los relámpagos se hicieron más frecuentes y más cercanos. Viajábamos cada vez más rápido y nos encontrábamos con más frecuencia y en mayor cantidad. Incluso, conocimos otras partículas que habían viajado en la misma nebulosa durante muchos miles de millones de años pero que no habíamos coincidido y no trabamos amistad en aquellos tiempos. Una de las partículas dijo que venía de una estrella que se había formado y ya había muerto miles de millones de años antes y que había vivido en varios lugares de la estrella. Que a veces el empuje desde el interior la sacaba a la superficie pero que después, la ceniza que generaba la estrella volvía a hundirla por su extremo peso y volvía a vivir otros milenios en su interior y así vivió por millones de años hasta que en algún momento fue expelida hacia el exterior y con los millones de años, regresó a la nebulosa y desde ahí había observado cómo esa estrella se volvió roja con el tiempo y explotó en una súper nova que modificó la forma de la nebulosa madre y fue así como vivió esa partícula de vida entre la nebulosa madre durante otros miles de millones de años hasta llegar a encontrarnos durante la formación de esta nueva estrella.


Los vientos nebulares se volvían cada vez más fuertes y los relámpagos y truenos se volvieron al mismo tiempo una constante. Todo estaba muy oscuro por la densidad cada vez mayor del disco nebular y al mismo tiempo más iluminado por los rayos de dimensiones extraordinarias.

Pasaron otros miles de años y nos acostumbramos a vivir así. A veces nos encontrábamos con otros cúmulos de partículas de vida y las saludábamos a señas porque no nos podíamos escuchar si hablábamos o gritábamos porque los sonidos del movimiento del disco y sus reacciones eran ensordecedores. Conocíamos otras partículas de vida con más frecuencia pero la comunicación era sólo a señas. Me gustaba conocer nuevos amigos, pero no podíamos escucharnos, sin embargo, sabíamos que nos íbamos a encontrar una vez que se hubiera formado la estrella y nos acomodara en los lugares que nos correspondía.

Era normal encontrarse con otros objetos aparte de las partículas, pero no había nunca comunicación porque hablaban otro idioma y eran de otra naturaleza. Pensaba que seguramente me iba a encontrar con muchos de ellos cuando ya el disco fuera estrella. Pero, de igual manera, no iba a haber comunicación.


En algún momento, sentí un repentino cambio de dirección. Había una especie de atracción muy fuerte hacia el centro y me dirigía hacia allá con muchísima rapidez. Sentía que mi cuerpo se estiraba por la fuerza de atracción y veía que eso realmente nos sucedía a muchos de los elementos que componíamos la nebulosa porque vi a esos otros cuerpos y algunas otras partículas descomponerse y sus expresiones en esos momentos de estiramientos. También vi que a más de uno le daba risa la situación pues seguramente encontró graciosas las formas que tomábamos al deformarnos de esa manera.

Una gran fuerza de impacto nos encontró y en ese momento vimos que se encendía un centro en tonos rojizos y la fuerza de esa fusión nos empujaba hacia el lado opuesto. Hacia el exterior. De esa manera, vi a muchas partículas y elementos pasar extraordinariamente rápido a mi lado y empujando a muchos otros elementos mas.

Era un hecho que la estrella se había formado y ahora nos expulsaba fuera hacia lo que alguna vez fue la nebulosa madre.

Muchas partículas de vida y muchos otros elementos se agarraban de las manos para evitar o frenar la situación de expulsión y en algunos puntos, comenzaron a formarse otros discos menores y ellos atrapaban muchos elementos de los que habían sido expelidos hacia el espacio exterior. Vi que a diferentes distancias había nuevos discos tomando forma y creciendo al paso del tiempo.

Mi viaje de expulsión me llevaba directo a uno de esos discos y pronto me vi entre la oscuridad de millones de elementos girando alocadamente unos con otros mientras sentíamos los golpes de otros elementos que chocaban con nuestro disco haciendo que algunos se quedaran a formar parte de él y otros cruzaran violentamente alejándose de la proto estrella. Pensaba que existía la posibilidad que esos elementos que nos pasaban encontrarían otro disco nebuloso dónde detenerse.


Nos acostumbramos a vivir en nuestro nuevo disco nebuloso dándonos encontronazos y separándonos violentamente y volviendo a encontrarnos años después. Así me acostumbré a ver caras nuevas y algunas de mis amigas partículas de vida también estaban en ese disco. A veces, cuando salíamos un poco a la superficie, veíamos los otros discos nebulosos en diferentes distancias hacerse más densos y con el tiempo, convertirse en proto planetas.

El naciente viento solar arrojó mucha materia hacia el espacio exterior y así tuve qué despedirme de algunas partículas de vida y muchos otros elementos que ya conocía pero con los que no podía hablar debido a su naturaleza diferente.


Mucho tiempo después, flotaba sobre el planeta ya formado pero todo estaba entre nubes muy densas y suelo hirviente. El planeta estaba formado pero pasarían muchos millones de años para que bajáramos mis amigas y yo a pisar su suelo, pero nos entreteníamos cuando las nubes lo permitían mirando el paso por el cielo de la nueva estrella ya formada completamente y los planetas más cercanos y mirando hacia el suelo del planeta que no dejaba de hervir en un constante estado de ebullición.


Había nacido una estrella y formábamos parte de uno de sus planetas.

26 de Abril de 2021 a las 05:09 0 Reporte Insertar Seguir historia
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