helado364270211619317322 Helado

Cuando inicias a conocer a una persona que empiezas a ver de manera peculiar, te adentras a un mundo desconocido, un pasado borroso y expectativas a veces involuntarias de un futuro prometedor. Pero sin darte cuenta, al tu entorno comenzar a ser parte de ese camino que querías recorrer solo con tu persona especial, principias a ver una agria realidad. Al momento que Daniel, hijo de padres religiosos y miembro activo de la iglesia a la que asiste desde que tiene memoria, abre su corazón románticamente hacia su compañero de alabanza, descubrirá que el amor no se pinta de la misma faceta que siempre le habían enseñado. Después de lograr formar una fuerte amistad con Luis, ¿el destino estará a favor de una posible relación?


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Capítulo 1

El chico de cabello castaño claro se encontraba sentado al frente de la batería en espera de su compañero de alabanza. Todos los demás ya estaban listos, sentados en sus no muy cómodas sillas de madera detrás de sus respectivos instrumentos con la mirada fija en aquel chico de mediana estatura. Los segundos corrían y las acciones de Luis cada vez se hacían más torpes por el pánico que aumentaba en su cuerpo el tener tantos ojos puestos en él; había mucha diferencia con respecto al tipo de mirada que le lanzaban cada uno de los integrantes del grupo, una de esas resaltaba consideradamente más que las otras por ser la única que mostraba cierta compasión por el guitarrista. Aunque a Daniel le gustaba ver esa parte distraída de Luis, sabía que, si seguía así, consumiendo el tiempo de esa manera, llegaría el momento que algunos de los otros miembros del grupo se molestarían y se podrían las cosas incomodas el resto del ensayo.

Sin pensarlo mucho, dejando sus baquetas en el suelo, Daniel se paró para dirigirse en dirección a las maletas de Luis. Con una voz suave, casi relajante para los oídos de Luis, dijo.

-Ven, te ayudare a buscar.

Se podía ver con facilidad la alegría que le daba poder tener ayuda luego de estar varios minutos sin encontrar nada y solo obtener reclamos silenciosos de parte de los otros. Aun así, esa felicidad paso a segundo plano convirtiéndose en completa vergüenza al mirar la mano de Daniel.

-Parece que estaba en el bolsillo trasero de la maleta.

La pícara risa en el rostro del baterista mostraba señales de querer molestar y hacer inocentes burlas hacia Luis, pero al escuchar los suspiros de irritación a su alrededor, ese pensamiento se hizo fugas a gran velocidad.

-Si ya se encontró el cable de la guitarra entonces comencemos, muchachos. -La voz de instructor de música, Braulio, logró apaciguar el áspero ambiente que se estaba generando gracias los demás integrantes. Algo que tenía el profesor que daba música en esa iglesia que hacía que estar cerca de él resultara agradable, era su personalidad tan hogareña, por lo que ver la sonrisa en su cara, tranquilizo a Luis.

El ensayo siguió como cualquier otro que ya hayan tenido antes: con las pianistas cometiendo errores en cada canción y el baterista luciéndose como siempre. Sin embargo, esta vez terminaron hasta muy tarde. A un costado del salón de la iglesia, mientras todos organizaban sus maletas para salir, Luis se encontraba platicando con Braulio; la conversación era una que Daniel ya se imaginaba, lo más probable es que le estuviera pidiendo perdón y permiso para quedarse a ordenar los instrumentos y demás elementos, era una persona fácil de predecir.

Y no estaba equivocado. Al ya Daniel estar en la puerta de salida, casi despidiéndose de la señora del aseo que estaba pendiente de quien faltaba por salir, pudo notar rápidamente que en el montón de gente no estaba una persona, Luis. Mientras sus ojos buscaban y esperaban que en cualquier momento por las escaleras principales bajara el chico que esperaba, los no muy sutiles susurros de sus compañeros llamaron la atención de Daniel.

-No, parce, estoy cada vez más molesto en cada ensayo, yo sabía que me caería re mal desde que llegó y rompió la copa de la pastora, ese man es re volado.

-Hoy casi media hora buscando esa monda de cable para que llegara Daniel a encontrarlo de una, cuándo se pondrá serio ese muchacho.

Era bastante común que, desde que entro Luis al grupo de alabanza, comentarios así se escucharan cada que se terminaba el ensayo. Y era más que entendible el enojo e incomodidad de cada uno. El problema que tenía Daniel con eso comentarios era por las personas de las que venían, el bajista y una de las pianistas, dos personas que consideraba insoportables por sus actitudes arrogantes. Desde que llegaron nuevos jóvenes al grupo, Daniel nunca había tenido ninguna interacción más allá del saludo con la mayoría de sus actuales compañeros de alabanza por esa misma razón.

Después de escuchas unos cuantos comentarios más y percatarse de que su profesor ya había llegado al bulto de gente, sin decir mucho pidió permiso a la señora de aseo y volvió a subir al segundo piso donde se realizan los ensayos.

Y él estaba ahí, en medio de un montón de desorden intentando saber cómo hacer para ordenar tantas cosas antes de que hiciera más tarde.

-Se me hizo raro no verte en la puerta con los demás, ¿te vas a quedar a ensayar otro rato más?

El sonido de la voz de una persona detrás suyo capto la concentrada cabeza de Luis, haciéndolo voltear en seguida.

-Pensé que ya todos se habían ido. ¿Qué haces aquí?

-Tenia curiosidad del porque seguías aquí cuando eres el primero en salir cuando se acaba la práctica.

-Creo que es un poco obvio, fue mi culpa que los demás salieran tan tarde, lo mínimo que puedo hacer es colaborar aquí. –Sus ojos cayeron en dirección al piso, con ese simple gesto Daniel entendió lo achantado que se sentía Luis por todo lo sucedido, era consiente que su compañero conocía todos los comentarios que le hacían, y aunque la mayoría lo vería como algo sin sentido, cuando desde el primer momento que llegaste todos te empiezan hacer el feo de esa manera, es entendible que se sienta tan mal.

-Ahhh, que mentira, hubiéramos terminado mucho antes si las pianistas ensayaran las notas cuando se las dan. Venga, yo te ayudo con todo este reguero.

Una media sonrisa se dibujó en los labios de Luis, como si sus palabras lo animaran aunque fuera un poco, cosa que le alegraba a Daniel, desde que Luis llegó, se podría decir que esta ha sido la conversación más larga que han tenido.

La sala no era especialmente grande a comparación de otras del lugar, pero había tantos instrumentos y cables por acomodar que solo verlo ya daba pereza. Mientras pasaban los minutos de completo silencio entre los dos chicos, Daniel no podía evitar que un pensamiento recurrente desde hacía un mes pasara otra vez por su cabeza; un problema que tenía con Luis era que relacionarse con él era muy complicado, teniendo en cuenta como lo trataban sus compañeros no se le hacía raro, pero había querido desde el primer día que llego al grupo poder acercarse y entablar una amistad para conocerse mucho mejor, se le hacía una persona interesante y bastante atractivo, por lo que si no eran correspondidos otro tipo de interes, al menos hacer un nuevo amigo no estaría mal.

Llegaron las 7:30 de la noche y por fin los dos compañeros terminaron de ordenar, dejándolos agotados. Las manos de Daniel se encontraban frías, pero al mismo tiempo estaban vueltas una sopa de sudor al igual que su cuerpo, no estaba acostumbrado hacer nada físico, lo que hacía que este pequeño ajetreo con los instrumentos fuera lo máximo que había realizado de deporte como comienzo de mes.

El azul oscuro de la noche, sin ninguna estrella en el cielo era verdaderamente bonito desde el punto de vista de ambos. No se habían dicho mucho durante todo el tiempo que estuvieron en la iglesia, sin embargo, Daniel sentía que cuando se trataba de Luis, tenía que seguir más sus acciones que sus palabras; comprendió, al verlo en la puerta principal, que lo estaba esperando para irse juntos a tomar el bus, pero sabía cómo era de callado aquel muchacho y que tendría que cortar el silencio para sacar las palabras que Luis quería decirle.

-No sabía que íbamos por el mismo camino, ¿usualmente que bus esperas? Puede ser que vayamos en el mismo.

-Daniel…, - la voz del guitarrista era baja, como si ese nombre que acababa de decir hubiera sido pensado sólo para decirlo en su cabeza. - aah, lo siento, antes de responderte eso, quería agradecerte, me siento culpable por robar tanto de tu tiempo de esa manera.

“Aw, sabía que en cualquier momento diría algo como eso, si supiera que si fuera por mí me quería más tiempo junto a él”- Pensó Daniel.

-Apuesto que sin mi ayuda estarías todavía allá intentando guardar el segundo teclado – respondió en tono burlón –. No te preocupes, si necesitas ayuda solo pídemela la próxima vez.

-Gracias de verdad, te debo una.

No se sabe que fue, pero vio esas pequeñas palabras como una oportunidad perfecta para tratar de acercarse a él.

-Bueno no es un favor como tal, pero si tienes tiempo… ¿te gustaría que saliéramos alguna vez?

25 de Abril de 2021 a las 02:36 0 Reporte Insertar Seguir historia
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