shinzo97 J.D Revilla

Una bebé abandonada a su suerte ha llegado a las adyacencias del pueblo. Dicen que la dejó una temible bruja que ha acechado y destruido cada pueblo cercano. El solo mencionar el nombre hace atemorizar a cada quién y recordar lo que ella fue hace muchos años. La niña creció en un ambiente hostil, buscando rebuscarse y vivir como una niña normal para hacer olvidar el daño que le causó el ser huerfana. ¿Pero sabrá ella que su destino está escrito de todas maneras? ¿El pueblo está listo para tener a la susodicha hija de la bruja?.


Fantasía Fantasía oscura No para niños menores de 13.

#brujas #pueblo #345 #343 #301 #328 #217
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Corría el rumor de que una bebé había sido abandonada en el pueblo de Gavenia, aquel donde la pobreza abunda como lo eran las colinas que lo asentaban. Era una niña de sangre sucia, de bruja específicamente, decían. No sabían los pueblerinos de donde llegó, quien la llevó, pero si sabían que era una hermosa bebé dejada a su suerte. Pero las malas lenguas dicen que la bruja Amara la dejó en ese pueblo para que no la encontraran aquellos que deseaban hacer el mal verdadero. Ella era conocida como "Amara, la imbatible", aquella que destruyó pueblos con solo un chasquido. Era un nombre temido y preferiblemente se dejaba de nombrar por el temor que daba que apareciera aquí y arruinara la paz que tenían desde hace muchos años cuando la guerra acabó. El rumor se convirtió en un hecho y nadie quiso hacerse cargo de la niña luego de tantas frases que lanzaban en las calles. El rumor se fue alterando hasta llegar al día de hoy, en el que la niña que señalaban de "heredera del caos", "hija del diablo" solo eran sobrenombres ridículos ante la niña que es hoy, la que vende flores en la calle, la que limpia las casas con tan solo 11 años pero con mucho orgullo de vivir.

Acogida por una familia de indigentes, sin una manta que la arropara y comer de los restos que le dejaban las señoras que al menos le tenían simpatía, sin embargo, ella era feliz. Se le podía notar en su lindo rostro pálido pero mugriento de tierra, en sus ojos oscuros como el carbón que destilaban el brillo que merecían, con sus adorables mejillas rosadas que sobresalían a pesar de la mugre y que terminaban con una sonrisa amplia en su rostro que hacía ablandar el corazón de los que si tenían. Su cabello negro siempre estaba despeinado pero nunca dejaba de ser liso y llamativo para alguien de su tamaño.

La niña era lo más común que se pudiera ver, pero su precoz reputación fue manchada por una leyenda aún sin confirmar. Era injusto, pero la sociedad nunca dejará de serlo. Ella continuó creciendo en la calle, sin un hogar al que pertenecer y negarse a vivir ahora en uno cada vez que le ofrecían los pocos que tenían corazón. Porque ella no quiere nada a cambio, sólo que la dejen en paz por no regalarle una vida normal. Pero un día decidió cambiar todo cuando descubrió que existía un lugar muy interesante. Un lugar donde pueda aprender y tratar de ser normal como ella quería. Una escuela.

La escuelita de la señorita Margarita era el único colegio que existía en el pueblo, las personas la miraban muy mal pero a ella no le interesó cuando merodeaba el recinto. Con sus pies mugrientos entró a la escuela y observó por las ventanas anchas del corredor lo que había. Vió niños limpios y perfumados sentados en pupitres donde pudieran anotar las enseñanzas del día. La pequeña abrió con mucho cuidado la puerta y se sentó en la silla más lejana del salón para escuchar la clase de la señorita Margarita. Nadie se percató de su presencia ahí, ella sacó una pequeña libreta que encontró en un basurero junto a un lapiz y empezó a emular lo que hacían aquellos niños, pero ella no sabía escribir. Para ella era divertido, nunca había estado tan cerca de un lugar como este.

La señorita Margarita estaba tan ocupada dictando la clase a los diez niños en la sala que ignoraba el resto del salón. El horrible olor corporal de la pequeña fue lo que la descolocó y ubicara de donde provenía. Quedó asombrada de su presencia ahí y tragó fuerte al ver que era la niña de las calles. La susodicha hija de una bruja. Los niños observaron a la maestra y quedaron confusos al ver su repentina cara pálida que tenía. Empezaron a voltearse uno tras otro hasta ver lo que detuvo a la maestra Margarita. La niña los miró sin preocupaciones, ya que no temía de sus comentarios. Empezaban a oírse murmuraciones de los niños presentes. Las únicas dos niñas del salón empezaron a mirarse entre sí y luego voltear a verla. El salón quedó luego en un súbito silencio y la niña se levantó de su silla para presentarse.

–¿Que me ven? No soy lo que ustedes creen, soy una niña ordinaria como ustedes. Digan lo que digan, soy una más de este pueblo y nadie lo podrá negar. No tengo un nombre, como ustedes. Soy una pequeña niña que quiere vivir como el resto y estoy aquí para aprender.

Pero todos quedaron en un silencio aun mas abrumador. La señorita Margarita decidió levantarse de su silla y aplaudir sus palabras con sinceridad, rompiendo el silencio de los niños. La maestra conocía a la niña porque suele verla vendiendo flores en cada esquina del pueblo y le tenía cierto aprecio y empatía por lo que pasaba. Así que la invitó a esperar fuera del salón hasta que finalizara la clase. Con mucho gusto, la niña acató el pedido de la maestra y salió del salón. Afuera habían unos banquillos donde podría esperarla.

La niña esperó pacientemente en el banquillo que estaba justo al lado de la puerta del salón. La clase terminó unos veinte minutos después de que ella saliera. Los niños salían sonrientes y felices de haber logrado aprender algo nuevo este día. La niña se levantó, se intentó arreglar un poco su vestimenta y entró al salón de nuevo a buscar a la maestra. La maestra permaneció sentada en su mesa, esperando a que ella entrara. Le señaló el pupitre mas cercano y le pidió que se sentara en el primer puesto que estaba delante de ella.

–Me alegro que hayas venido acá, tenía mucha curiosidad de ti, niña.

La niña se sonrojó un poco, confundida por aquellas palabras que no entendió muy bien.

–¿Que quiere decir, Maestra?

–Quiero decir que he esperado mucho por verte de cerca. Nunca me atreví a acercarme a conversar contigo. Sé de tu horrible historia, y nunca había encontrado la manera de interactuar contigo, hasta el día de hoy que llegaste a mi pequeña escuela.

–Entiendo.

La niña siguió sonrojándose, sin saber que seguir respondiéndole.

–Tranquila, he querido darte lo que tu quieres. Te ayudaré a conseguir lo que tu deseas.

–¿lo que deseo?

–Si, esa comodidad en el pueblo. Que dejen de verte como la hija de una bruja.

–¿Eso es posible?

–Claro que si, deseas que nadie mas te juzgue. Si vienes todos los días a esta escuela lograrás moldear tu nueva personalidad. Y podrás demostrarle al mundo lo que realmente serás.

La niña quedó sorprendida con el ofrecimiento de la maestra, de confusión cambió a ser emoción. La maestra se sentía a gusto teniéndola ahora aquí.

– Primero tendrás que pasar por un necesario aseo corporal, tendrás que estar presentable ante tus compañeros.

Ella se observó, vió lo razonable que era ya que siempre vestía ropa mugrienta y llena de huecos. El pantalón tenía agujeros por todos lados, y su franela era de niño. Su aspecto demacrado era horrible pero ella se aceptaba como era. Pero en el fondo, quería cambiar eso.

–Maestra, deseo que usted me ayude a mejorar mi aspecto.

–Por supuesto, lo haré sin problemas.

La maestra asintió sin dejar de mirarla, pensando en algo que veía en la niña, lo hizo por un buen rato hasta que decidió levantarse de esa mesa. Tomó la mano de la niña, y le dijo:

–Desde hoy te daré un espacio de mi casa, vivirás ahí hasta que seas mayor de edad, ¿te parece bien?.

Con una sonrisa muy grande, la niña no podía creer lo que escuchaba. Se acercó a la maestra, y le dió un fuerte abrazo.

–Le agradezco lo buena que es, por primera vez alguien no huye cuando yo quiero ser buena con ellas.

Y así fue, por varios meses la niña aprendió nuevas cosas mediante las enseñanzas de la maestra. Se sintió a gusto con el aprendizaje y el cariño que le daba. Ella era como su madre, sentía el amor que no recibió nunca de una madre.

Pasaron los años y la vida de esa niña ya era otra. Era un nuevo momento feliz para ella a sus trece años. La maestra le ayudó a encontrar un nombre ya que aquellos indigentes nunca la bautizaron y le otorgaron un nombre. Esto ayudaría a olvidar lo que en las calles decían de ella, y la llamaba Lucia, porque así le hubiese colocado a una hipotética hija que nunca pudo tener. Brindándole así todo lo que ella necesitaba pero la joven Lucia sentía que algo adentro de sí misma surgía desde ahora. La maestra decía que era la madurez, estaba cambiando biológicamente. Para la niña era inusual, y no le parecía lógico puesto que era muy joven para ser lo que otras niñas grandes eran, o tenían.

Las clases con la maestra fueron grandiosas, y ya la niña se sentía cómoda. Tenía amigos y simpatía, tenía sueños y aspiraciones. Todo era distinto, y ya su mundo no era gris, puesto que para ella había un sinfín de colores que podía experimentar en clases. Pero entre esa felicidad, había también algo que la seguía acechando.

Lo que había dentro de ella le daba escalofríos, de vez en cuando fiebre. Era un sentimiento raro, atípico. En las noches era causante de pesadillas. Y mientras pasaban los días la situación era más rara, mas insoportable. La niña era un imán de preguntas para la maestra en el recreo de la escuelita.

–Maestra... ¿puedo hacerle una pregunta?

La mestra a su lado en el pequeño banquito abrió su espacio a responderle lo que quisiera.

–Dime.

–¿Que es ser una adolescente?

De tantas preguntas, fue la que menos tenía respuesta.

–Bueno, es ser una niña grande.

–Yo me estoy convirtiendo en una?

–Claro que no, aun te faltan dos años para serlo. ¿A que viene tu pregunta?

–He experimentado rarezas en mi cuerpo. Me he sentido bien, y al momento me he sentido mal. Me ha dado fiebre, pero al rato se me quita. He sangrado en un lugar incomodo, pero dejo de hacerlo en minutos.

La maestra tosió y quiso evitar responder puesto que era su hora de desayuno. Pero quiere resolver las dudas de la niña.

–Por supuesto, es normal. Pero... es extraño que te suceda, eres muy joven aun. Tal vez deba acompañarte a un doctor para ver que tienes. Desde hace cuanto lo experimentas?

–Desde hace semanas, pero no quería distraerla.

–No, tranquila, es importante. Cuando salgamos, iremos al hospital para ver que es lo que tienes, te parece?

–Por supuesto.

La pequeña Lucia le sonrió y se sintió a gusto con lo que le dijo. Era cuestión de horas para ir a un doctor, pero el saber del apoyo de la maestra la puso feliz. Así que al terminar el recreo, ella esperó pacientemente.

Al fin terminó el día y la joven estuvo inquieta por ir al doctor. Parecía que fuese a un parque a divertirse, se veía motivada. La maestra le pidió que la esperara por el arbol que está cerca de la fuente al frente del colegio. La niña obedeció y fue a la fuente, se sentó tranquilamente a esperar. Mientras que esperaba que ella llegara una señora se le acercó. Parecía una señora de la tercera edad en sus ochenta años, jorobada con su bastón y con aquella lentitud. Con su vestimenta se veía rellena, pero la niña no tenía prejuicios y le permitió sentarse a su lado si quería. La señora aceptó y se sentó a su lado para descansar.

La joven la veía de reojo, era mucho más grande de lo que aparentaba, incluso más alta. La niña empezó a sentir su piel erizándose, el sudor de su frente derramando gotas en sus piernas. La señora giraba para verla y le sonreía, pero no era un sentimiento normal, su cuerpo advertía peligro inminente por alguna razón. La señora decidió abrir una conversación.

–¿Estudias en ese colegio?

–Si– respondió la niña casi inmediatamente.

–¿Te gusta la maestra?

–Por supuesto, es como una madre para mí.

–Como una madre... perfecto.

El nerviosismo de la niña comenzaba a empeorar, se sentía angustiada. La maestra esta tardando mucho" dijo para sí sin querer.

–Te me pareces a una niña que yo llegué a conocer hace mucho tiempo, era igual que tu. Era linda, timida pero tenía algo dentro de sí que llamaba mucho la atención.

–Algo dentro... ¿como que?

–Tenía algo que no sabía como explicarlo. Un poder, decía ella.

Lucia empezó a sentirse más nerviosa, esa señora no parecía una ciudadana común de este pueblo.

–Creo que iré a dentro a buscar a mi maestra, se nos está haciendo tarde.–Dijo nerviosa la niña, con la voz entrecortada, sentía que tenía fiebre y los síntomas empezaban a aparecer.

La niña se levantó para volver a entrar al colegio, pero la señora le tomó el brazo izquierdo para detenerla. La niña se asustó más y volteó para forcejear y pedirle amablemente que la soltara pero la detuvieron los ojos carmesí de la señora.

–Sangre, codicia y poder... son las tres cosas que hacen a una bruja... no lo olvides, pequeña. Eres todo lo que tu madre no fue, eres la elegida para nuestra salvación.–Dijo la anciana con euforia.

La joven Lucia se forcejeó y corrió pero no hacia el colegio, se alejó todo lo posible de esa área. El miedo que impuso conocer a esa extraña señora la empeoró. Corrió lo que pudo hacia su casa. Abrió la puerta, la cerró con llave, movió sillas y mesas para tapar la entrada, luego se encerró en el armario cercano a la entrada. Allí se arrinconó, sentada, con miedo de lo que dijo la señora. Las lágrimas permanecieron por horas, los síntomas la hicieron sentir peor. ¿Qué es una bruja? ¿Quien era ella? las preguntas surgían en su cabeza, la inocencia se iba terminando, las lágrimas se secaban y ella se durmió antes de saberlo.

Una resplandeciente luz provocó que la pequeña se despertara. Era molesta y cegante. Con sus manos trató de tapar el brillo en sus ojos pero el resplandor fue disminuyendo. "¿De donde proviene?" se llegó a preguntar a si misma, buscando una amplia respuesta en el lugar. Giró su cabeza de un lado a otro, pero no reconocía el lugar, definitivamente no es el armario. Se levantó y siguió intentando ver donde estaba. Una voz gruesa de mujer la espantó desde su espalda y ella trató de correr pero no hubo una respuesta motriz para eso.

–No temas por tu naturaleza, niña. Eres quien eres porque tu llevas nuestra sangre.

La niña giró pero no encontró a nadie.

–Eres la bruja que nos hará volver...

El miedo la atacaba de nuevo, como con la anciana.

–¿Quien eres? –Preguntó.

–Soy la voz de tu interior, la voz del ayer y la del mañana que tu tendrás.

–¡Responde lo que te pregunte!–Ansiosa, le siguió cuestionando

–Soy una voz que nunca escuchaste, la de una mujer que alguna vez fue tu "mama"

–M–m–mama...? Donde estás?

–Estoy muy lejos, pero muy cerca. Estoy aquí, pero no puedes verme.

–No te entiendo...

–Yo no morí, y tu no naciste. Soy yo, y soy tu al mismo tiempo. Ambas somos una, y ambas somos diferentes. Tu eres mi reencarnación, la reencarnación de una mujer temida por el hombre, el nombre de Amara debe ser común para ti.

La niña aguantó sus ganas de llorar, su confusión era tan grande que no entendía nada de las barbaridades de la voz que decía que era su mamá. Pero prefirió escuchar antes de irse sin saber las respuestas.

–¿Que hago aquí?

–Hoy es el día en que tu sepas quien eres, Lucia o mejor dicho, Nerea. Ya estás a punto de ser adolescente, hija mía. Estás experimentando tu evolución para ser la que nos liberará del encierro que nos hizo ese malvado hombre hace muchos años. Privándonos de nuestro poder, de nuestra naturaleza y quedándose él con lo que nos pertenece como lo es nuestro verdadero ser. Lo entenderás la noche de un 31 de octubre cuando la luna esté llena, la última campana de la catedral haya sonado y el miedo consuma a la gente.

Ella seguía sin entender lo que decía la voz, pero algo dentro de sí sabía que eso era lo que le sucedía. Sus síntomas derivan de algo mas grande. De un poder que lleva dentro.

–Confío en tu camino, desata el nudo que te impide ser la bruja que estás destinada a ser.

–¿Y si no puedo?

–Claro que podrás, ya empezaste a dar tu primer paso. Observa tus manos.

La joven se asustó al ver sus manos cubiertas de símbolos, extendiéndose poco a poco hasta sus brazos y luego hasta su rostro. Pero se detuvo antes de llegar a los ojos.

–¿Que me sucede?–dijo intranquila, temblando otra vez del miedo.

–Esa es la marca de la maldición que nos impuso aquel demonio. Gracias al maleficio, eres incapaz de usar tu magia libremente. Cada vez que uses magia, tu cuerpo tendrá una marca en forma de tatuaje. Mientras mas grande el hechizo, mas grande será la marca, mas grande será el dolor.

–¿Que pasa si las marcas llegan a cubrirme enteramente?

–Sufrirás las consecuencias de nuestro maleficio. Moririas instantaneamente.

La niña se asusto aun más, pero al poder respirar profundo observó las marcas desvaneciéndose de su cuerpo poco a poco.

–Eres el futuro de las Wicca, confiamos en ti, Lucia.

–Espera, tengo más preguntas...

La voz se despidió, y a la niña le tomó tiempo calmarse. Respiró profundo, y exhaló. Repitió el mismo proceso unas cinco veces con los ojos cerrados y en la última vez abrió los ojos y notó que volvió al armario. Por fuera se escuchaban gritos de una voz femenina llamándola. Ella se levantó, abrió la puerta y destrabó la puerta de entrada. Era la maestra, estaba asustada. Ya era de noche y ella estaba preocupada, pero la niña no mostraba ninguna señal de interés.

–¿Estás bien?–pregunto alterada, abrazando a la niña.

–Por supuesto, maestra. Todo está bien.

La niña la abrazó fuerte, pero con nuevos aprendizajes, porque a partir de ahora sabe quien es y de donde viene.

16 de Abril de 2021 a las 12:20 1 Reporte Insertar Seguir historia
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JR Jose Revilla
me gusto, estare pendiente para la proxima la semana que viene
April 16, 2021, 12:51
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