patypixie Patricia Pixie

Una confesión escrita por Sam. ¿Qué secreto podría tener un hombre joven con una vida tan normal)


Crimen No para niños menores de 13.

#perturbado #normalidad #mente #245 #psicópata #confesión
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Una Máscara

“Sam, no hagas esto”, “Sam, no digas lo otro”. Desde que era un niño, todos se la vivían criticándome y nunca me dejaban hacer lo que yo quería. Por más que insista, creo que no puedo culparlos del todo. Seguramente a nadie de ellos se les hacía fácil el tener que tratar con un chico como yo, que siempre parecía estar perdido en su propio mundo, y cuando salía de él, sólo se dedicaba a mirar al mundo con ojos plagados de rencor. Seguramente ellos hubieran dado todo para que yo fuera un chico “normal”, con montones de amigos, con los ojos siempre fijados sobre el televisor y con que mi única ambición en la vida fuera el ser capitán del equipo de futbol de su escuela. No te miento, pensé mucho tiempo en hacer de alguno de ellos mi primera víctima, pero eso hubiera sido bastante tonto de mi parte.

Incluso mis vecinos habrían sospechado del muchacho raro que nunca cruzaba ni siquiera miradas con ellos. Así que por un tiempo, decidí fingir que era uno más de la manada. Los demás pensaron que mi súbito silencio era producto de los cambios que genera en los muchachos la adolescencia. Se imaginaron que tal vez, cuando pasara el remolino de hormonas, me transformaría en una persona un poco más sociable ¿Qué iban a saber? En el mundo de ellos, no había otra cosa que la parsimonia producto de una existencia completamente común.

En la escuela, vi cómo muchos de mis compañeros pasaron de tener mentes brillantes, a embrutecerse por algo tan vulgar como el alcohol o peor aún, el dejarse llevar por el deseo carnal. Yo me prometí a mí mismo que iba a entrenar mi espíritu para no dejarse atontar tan fácilmente. No me costó mucho trabajo. Los seres humanos son, en verdad, mucho más ingenuos de lo que se piensa. Simplemente les sonríes y les dices algunas palabras melosas, y los tienes comiendo de tu mano. Se ciegan tanto, que se vuelven incapaces de ver al demonio mismo, aunque él estuviera viéndolos directamente a los ojos… Y no me quejo. Eso me ayudó bastante en un principio, ya después, logré convencerlos de acercarse a mí. Sé que si pudieran volver atrás el tiempo, se arrepentirían de no haber visto más allá de una simple apariencia antes de dirigirme la palabra. Pero ya no hay forma de volver atrás. Ellos dieron su vida con tal de saciar una inmensa sed que empezó a crecer dentro de mí. Cualquier otro mojigato se habría dirigido a la iglesia más cercana ante la más mínima señal de ese sentimiento sin nombre, pero yo, me dejé consumir por él.

Cerré los ojos y dejé que mi sangre se transformara en parte de esa sensación tan dulce que anhelaba experimentar desde niño. Por primera vez, mi corazón sentía algo que no le resultaba completamente ajeno. Mis manos se han teñido de rojo más veces de lo que me gustaría contar, y honestamente, no me he arrepentido de ello. Aún en las sombras, he aprendido a liberar mi verdadero. La máscara está todavía presente, pero he aprendido a manejarla de la manera en que más me convenga. Y creo que no ha salido nada mal.

Hoy en día, la mayoría piensa ya soy un ser “normal”. Después de todo, he logrado hacerme de un buen patrimonio. Tengo una esposa que me adora, y estamos esperando nuestro primer hijo juntos (todavía no sabemos el sexo) Aunque el universo entero lo dude, me siento en paz conmigo mismo. Sé que cada noche, cuando salgo a la calle a limpiar un poco a la ciudad de tanta escoria, le estoy haciendo un favor muy grande a la humanidad. No espero rosas, y mucho menos el elogio que el hombre común le da a deportistas o actores. La mente del humano no da para tanto. Me conformaré con vivir en la normalidad que da el ocultar mi verdadera naturaleza al mundo.

15 de Abril de 2021 a las 01:31 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Patricia Pixie Poesía y microrrelatos son mis pequeños grandes placeres a la hora de escribir.

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