Malia Seguir historia

latido Angie Mayte

-Mueve el culo, pareces una vieja de 80 años-la señorita Bruhms estaba entusiasmada con que dejara el apestoso apartamento. 16, sin familia y embarazada. ¡Qué buen comienzo, Malia! Las decisiones cambian tu vida.


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Dicen que la niñez es la parte mas hermosa en la vida de todo ser humano pero no es verdad, tengo experiencia. Las decisiones de tus padres pueden marcar tu corazón y transformar tu vida.

Nunca supe quién era mi padre, vivíamos en un apartamento alquilado en Leadville. Mi madre era la única persona cercana, en sí era mi familia, hasta que decidió ir a California; era la mejor opción para las dos, tener un trabajo, sueldo seguro y una casa. Así que, con tan solo 8 años me quedé sin familia, con la señora o señorita Bruhms que me cuidaba, aunque nunca lo hacía. Era muy joven, tenía 22 años y traía hombres cada noche para divertirse. Solo esperaba el regreso de mi madre.

-Malia, ¿puedes ir a comprar unos cigarros?-siempre me pedía lo mismo, han pasado siete años y lo sigue haciendo.

-¿Dónde esta el dinero?-pregunté mientras los dos se besaban en aquel sillón que estaba mas sucio que el recuerdo acerca de mi madre.

-Ahí-señalaba con la punta del dedo uno de los jeans viejos que los había usada el día anterior mientras se manoseaba con otro hombre.

A dos calles quedaba la tienda, el reloj marcaba las 9 de la noche, todas la personas normales corrían hacia sus hogares, mientras yo iba por la maldita cajetilla de cigarros para la señorita Bruhms. La tienda avisaba que en cinco minutos cerraban, corrí y tomé la caja de cigarros, un dólar con ochenta y cinco centavos, la gente paga para matarse.

Al llegar a casa, se escuchaban los gritos provocados por los orgamos que tenían, dejé la cajetilla sobre la mesita del comedor. Con mis manos, tapé mis oídos para tener un momento de silencio, sin la señorita Bruhms y sus orgasmos. El sueño se apoderó de mí.

-Coño, Malia, levanta tu trasero de la cama-alguien gritaba y ya estaba despierta.

Tomé un baño y usé el viejo jean que tenía a la mano, una blusa que heredé de la señorita Bruhms y las viejas botas de mamá.

-Venga mueva el culo, llegas tarde a clases-la señorita Bruhms se había despertado con buen humor.

Odiaba la primera semana de clases, nunca hacíamos nada, sentados como idiotas contando los segundos para largarnos de clases.

-Agarré una tostada quemada y salí con mi mochila llena de parches-la señorita Bruhms se había quedado hablando en el teléfono.

Estudio en una escuela pública a dos calles del depa de la señorita Bruhms, dos años mas y me gradúo. Luego de siete años, no había sido capaz de tener una amiga. Todas siempre veían mi maleta con parches o mis viejas botas. ¡Que les den! Tampoco me agradan.

Ensimismada en mis pensamientos, escuché como un pito de bicicleta, bien agudo, me giré y venía hacia mí. Pero ya era tarde, mientras trataba de apartarme, alguien saltó hacia mí. Tenía mi cabello en toda la cara, era imposible ver al idiota que me estaba aplastando.

Tengo que aceptar, estaba muy bueno, pero mamá siempre decía que los hombres solo te usan.

-Querida trapisondista-una voz suave que acariciaba cada parte sensible de mi cuerpo, no entendía ni un carajo lo que había dicho pero era muy simpático.

-¡Que te den! Llego tarde a clases-moví mi cuerpo de tal manera que por fin era libre de aquel chico.

Sacudí el césped que se había adherido a mi viejo jean, agarré mi mochila y seguí caminando. El hostigoso chico seguía alado mío con su bicicleta en mano, aquel incómodo silencio me estaba matando.

-¿A que insti vas?-preguntó para romper el hielo

-A ese-señalé con mi meñique al frente

-¿el Lake?-preguntó asombrado

-Si-contesté, lo miré y sonreí.

-Yo también, bueno recién me he cambiado-sonreía de oreja a oreja, al parecer le había encantado la noticia de que ambos estudiabamos en el mismo instituto.

-Bienvenido-un intento fallido de reverencia

Subimos las cinco escaleras y en el último escalón, sonó el timbre. En dirección a nosotros venían las porristas con el equipo de baseball, tomé el brazo del chico, todas las personas que no se apartaban estarían marcados hasta que se graduaran.

-Son los mas importantes-dije acompañada de una sonrisa fingida.

Lo llevé donde la inspectora para que le indicara su horario.

-Arrivederci-moví mi mano derecha despidiéndome, pero tomó mi mano.

-Jake Ryan-agarró mi mano y nos saludamos

-Malia Rinks-de manera grosera solté su mano y salí de la oficina

Llegaba tarde a clases de Ingles, mi materia favorita, esperaba que me dejaran entrar. Toqué la puerta, la maestra hizo una rara seña con la mano e ingresé. En mi curso de ingles habían algunos del equipo de football. Uno de ellos era el capitán, Dave Collins, parecía que todas las chicas del “Lake School” tenían una fever Collins, para mí era un perdedor. Siempre me miraba de manera extraña, que aún no descifraba bien que era. Pero no me gustaba, me hacía sentir acosada.

Justo su banca quedaba alado mío, giré mi mirada hacia él, estaba mirándome, un puesto adelante estaba su enamorada, obviamente la líder de porristas, la ví, su mirada que me destrozaba. Continué atendiendo clases.


Con amor, 

Malia

6 de Marzo de 2017 a las 15:53 1 Reporte Insertar 5
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Adrián Ortiz Adrián Ortiz
Este es el primer capitulo que leo en esta pagina, y siento que comencé con el pie derecho. Me ha encantado.
26 de Enero de 2018 a las 19:54
~

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