sasha-blackman Sasha Blackman

Xander había crecido como cualquier niño habría deseado crecer. Sin embargo, es incomprendido por todos los sitios por los que pasa. Jacobo y Katia, sus padres, deben tomar elecciones que decidirán el futuro de su hijo. Los Fernández, detrás de la perfección, esconden un oscuro y silencioso secreto que acaba en una desgracia sin reparación alguna.


Crimen No para niños menores de 13.

#familia #balas #rosas #bate #Crimen
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Prólogo

Cuando Jacobo despertó esa mañana al escuchar un estruendo en el jardín, no tuvo duda alguna de que había sido su hijo. Alexander era un muchacho complicado, pero la mayoría de veces no le había supuesto grandes problemas a la familia. Era un chico flexible y el roble era lo suficientemente grande como para que le resultara complicado subir a lo más alto del árbol, algo que había estado intentando desde hacía unos meses atrás. Era un jardín extenso posterior al hogar, de suelo verde y bien cortado. Había una puerta corredera de cristal que daba paso al comedor, con unos escalones hechos de piedra separando el césped de la entrada. El niño, que apenas medía un metro cuarenta, saltaba de rama en rama mientras zigzagueaba. No tenía la intención de subir a lo alto del árbol aquella mañana. Se había quitado los zapatos ─aún así, tenía los calcetines puestos─ cuando empezó a trepar por el tronco. En un salto mal dado, perdió el equilibrio y cayó de espaldas al suelo. Había llovido la noche anterior y se cubrió la ropa de tierra y hierba mojada. Eran las diez de la mañana y al despertador todavía le quedaba media hora para sonar. Sin embargo, Jacobo y Katia ya estaban despiertos.


El padre del niño, antes de escuchar el escandaloso golpe en el jardín, tenía los ojos semiabiertos. Estaba adormilado, solo lo suficiente para atender a su alrededor. Su intención había sido comenzar a dormir de nuevo, pero le resultó imposible. Si uno se despierta, no puede volver a dormir.


─Jacobo ─susurró Katia casi dándole la espalda, con una mano palpando a tientas el antebrazo de su marido. El moreno no respondió─. Jacobo ─volvió a decir, mientras se volvía hacia él.


─Qué ─inquirió, de mala gana.


─Ve a mirar ─Jacobo bufó, dándole la espalda a su mujer─. Por favor.


No tenía otra opción, así que se levantó. Los calcetines se habían quedado acogidos en las mantas, pero ni siquiera tuvo la capacidad, en ese instante, para pensarlo. Se puso las zapatillas de andar por casa y se dirigió a la puerta, pisando la alfombra contigua a la dicha. Él solo quería volver a la cama, era domingo y hacía frío.


─Tengo que ponerle un pestillo a esa condenada puerta ─exclamó, cuando ya había cruzado la sala de estar y deslizaba la puerta anterior al jardín. Allí estaba, tumbado sobre la hierba, observando el árbol que le hacía sombra. Una hormiga le trepaba por la pierna derecha, pero no le importaba. Se rascó con el pie contrario, aún sin notar la presencia de su padre, que lo observaba, tiritando de frío.


26 de Marzo de 2021 a las 12:09 0 Reporte Insertar Seguir historia
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