nefilimsoul Nefilim Soul

Esta es la historia que narra pasajes de la vida de un pequeño niño que nació para ser un Príncipe. Un pequeño nacido para ser el Mesías, pero no aquél que todos conocen, no. Él nació para ser el Mesías de la Oscuridad. Advertencia: Este escrito fue concebido con fines de entretenimiento. No se pretende ofender ninguna creencia o religión. Está situado en un tiempo antiguo indeterminado.


Fanfiction Anime/Manga Sólo para mayores de 18.

#anime-manga #demoniosantiguos #religionesantiguas #lenguasmuertas #romancehumano&demonio #sacrificioshumanos #ritualespaganos #otario #demonología #paganismo #otayurio #infierno #otayuri #yoi #fanfiction #gore #terror #demonios
Cuento corto
3
110 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

l.




Cuando veía a la distancia a los niños del pueblo correr y reírse por cosas tan simples como perseguir a una mariposa revoloteando o corretear divertidos tras un animalillo asustadizo, le causaba confusión. Por más que se esforzaba, su pequeño cerebro no lograba entender el cómo, ni el porqué, de la reacción de los niños.



Él no había reído, nunca, ni una sola vez en sus escasos cuatro años de vida.



Dentro de su limitado conocimiento del mundo comenzó a sentirse dudoso, se preguntaba mortificado si había la posibilidad de haber nacido "descompuesto".

Una tarde, inocentemente le preguntó a su madre el motivo de su turbación. Su Em, su Ima, quien siempre tenía una respuesta para todo y cuyas respuestas él aceptaba ciegamente como verdad absoluta, esa ocasión le falló, pues por primera vez vio la mirada cálida ensombrecerse antes de alejarse de él contrariada, a paso apresurado, murmurando sobre ocurrencias infantiles, sobre castigos divinos injustos... Sobre maldiciones.

Por primera vez, su abnegada madre lo dejó con la incertidumbre y con mil ideas rondándole la cabeza.


A partir de esa tarde se esmeró por aprender cada palabra, cada frase, cada idea que se le enseñase en casa. Tenía la firme convicción de que si su sapientísima madre no le había dado la respuesta, era porque definitivamente, como mujer, le había sido vedado el conocimiento, y por ende era su deber encontrar la respuesta por sí mismo... Él era el hombre de la casa.

Él era pequeño, pero no tonto. Él veía cosas, muchas cosas. Cosas que no debían ser vistas por ojos inocentes. Solía analizar el comportamiento de las personas ajenas a su pequeñísima familia. Dicha costumbre le llevó a oír varias pláticas de adultos que demeritaban el razonamiento de un niño comparándolo con el de un animal. No reparaban en su presencia, ni se medían para expresar frases e ideas impropias para ser escuchadas por los oídos de un menor.



A raíz de esas conversaciones, Él aprendió que a las mujeres no se les permitía acceder al conocimiento de los libros, se les consideraba tontas, inferiores, inconsistentes en sus emocionales, por lo que según la creencia masculina popular, no tenía caso gastar tiempo y esfuerzo en enseñarles.



Aprendió también que había personas que se comportaban indecuadamente e incumplía los "Mandatos Divinos". Sabía que había personas buenas y justas, malas y abusivas. Sabía que a la mayoría de esas personas malas, el "Todopoderoso" no les enviaba el castigo que a todas luces merecían, peor aún, les dejaba seguir perjudicando al prójimo... Debido a ello, fácilmente concluyó que tal vez el "Todopoderoso", no era tan todopoderoso como su Em proclamaba e insistía en inclulcarle.



Su madre, sin embargo, sí sabía leer y escribir, pero eso fue gracias a que su fallecido abuelo le había enseñado años antes de que él llegara a este mundo. En su casa, ella había guardado los libros del abuelo y los había leído para él. Le había enseñado ya a leer desde que empezó a formar frases de más de tres palabras. También escribía. Había escuchado a su madre ufanarse con orgullo de su nivel de conocimientos a tan corta edad frente a las otras madres del pueblo, quienes mortificadas le confiaban de su angustia por tener hijos tontos u orates que ni siquiera hablaban correctamente aun doblándole la edad a él.

De esta manera, continuó indagando en los libros del abuelo para aumentar su conocimiento.

Con el paso de los meses, como resultado de ser constantes en sus lecturas aprendió de temas variados... Aunque por desgracia, no halló respuesta a aquella duda que seguía causándole desazón.




~•~


Uno de esos días, mientras su Em salía a recolectar hierbas curativas al bosque cerca, él se aburrió de leer de los libros que le había facilitado para aprender a leer las estrellas y decidió buscar una nueva actividad, entonces se coló a hurtadillas en el cuartito donde ella dormía. Ahí, estaban celosamente guardados en baúles los ejemplares que le había prohibido.

Su madre olvidó que la curiosidad de un niño reside gran parte en su fascinación por descubrir el mundo, por aprender cosas nuevas. Olvidó además la parte restante, tal vez la más peligrosa: Que dicha curiosidad, se vuelve acuciante cuando hay prohibiciones de por medio...

Como todo niño ávido de conocimiento devoró con esmero los "ejemplares prohibidos", a sabiendas de que tenía el tiempo medido para leer a solas.

Aprendió mucho. Mucho. De temas que estaba seguro que si se enteraba su madre, le entregaría sin pensar al cura del pueblo para que lo disciplinaran en un monasterio.

Nunca debió tener acceso a ese conocimiento a tan corta edad. A ese conocimiento que incluso está prohibido a los hombres devotos que tienen control sobre su libre albedrío.

Sin embargo, cuando el destino de cada ser está marcado desde el inicio del tiempo, el mismo destino se encarga de mover los hilos para que la voluntad del universo sea cumplida...



27 de Octubre de 2021 a las 22:52 0 Reporte Insertar Seguir historia
2
Leer el siguiente capítulo ll.

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 5 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión