mary_ere Eréndida Alfaro

Cuando la vida te arrebata todo, hasta las ganas de vivir, es entonces cuando te das cuenta que no queda nada más que seguir.


Drama Sólo para mayores de 18.

#muerte #venganza #tragedia #amor-y-odio #chik-lit
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1. EL ADIÓS QUE MÁS DUELE

—Las cosas no pueden quedarse así —dije ahogada en llanto—. No puedes solo decir que no puedes hacer nada y bajar los brazos frente a mí. No puedes decirme que solo lo acepte y pretender que haré tal cosa, simplemente no puedes. No puede ser así.


Mientras lo decía, lágrimas corrían por mis mejillas, mis puños sin fuerza dejaban de golpear el fuerte pecho de quien frente a mí se encontraba y mis piernas fallaban en su labor de sostenerme en pie.


Solo era una persona obstruyendo mi paso a esa habitación donde yacía inerte el más fuerte dolor que golpearía mi alma. Solo era una persona a la que mis oídos podían atender y que me ofrecía solo duras palabras. Solo era una persona y yo no podía hacer nada, pues a ese punto no tenía fuerzas para seguir peleando. Además, yo ya había perdido, y había perdido mucho más de lo que había apostado.


» Déjame pasar, Doc —pedí—... déjame verle por última vez... por favor...


De rodillas suplicaba con la vista empañada en lágrimas que, arrastradas por la gravedad, se fundían con un asfalto manchado de sangre, de una sangre que sabía no recuperaría jamás, tal como mis dolorosas lágrimas.


» Por favor, Doc... déjame pasar... por favor...


—Lo lamento —se disculpó intentando abrazarme—, no va a gustarte lo que verías, así que...


—¿Y crees que no lo sé? —pregunté interrumpiéndole, apartando sus manos para que no me abrazara—. Yo sé que no va a gustarme... aún no lo veo y ya lo odio... pero... necesito verlo... necesito verlo, por favor... por favor...


Unas suplicas apenas audibles, a punto de perder la esperanza, fueron escuchadas y fueron accedidas por la persona que yo menos esperaba.


—Deja que lo vea, Doc —permitió el coronel Jean—. Si es lo que necesita para cerrar la boca de una buena vez, déjale pasar.


Ni siquiera alcancé a pensar nada, ni siquiera pude sorprenderme al saber que la ayuda llegaba de lo más inesperado porque, justo en ese momento, no podía sentir nada más allá del dolor que embriagaba mi alma.


No recuerdo haber dicho gracias, pero recuerdo su respuesta claramente, una respuesta que descubría un destino atado antes de coincidir. Pero, en ese momento, eso no importaba. En ese momento solo podía mirar el dolor que me partía el alma en tantos cachos que no veía posibilidad de volver a juntarles.


» No agradezcas la justicia —dijo—. Es justo que dos grandes héroes tengan su último adiós cara a cara. Además, aunque ninguno de los dos sonreirá, ambos podrán quedar en paz. Y esto no cambia nada, ni siquiera el hecho de que él jamás volverá a ti.


«Esto no cambia nada, ni siquiera el hecho de que él jamás volverá a mi» ¡Cómo si no lo supiera, los muertos no regresan, como si no lo supiera!


Yo estaba perdiéndolo todo. No, yo ya lo había perdido todo, incluso las esperanzas, todo, incluso las ganas de vivir.


¡¿Que eso no cambia nada?! Eso lo cambiaba todo, pero era solo para mí, así que no podía decir que no entendía lo que él decía. Por mucho que la corporación perdiera podía reemplazarlo, y por mucho que a mí me doliera debía seguir peleando, hasta el final, un final que esperaba ocurriera pronto.


Doc se apartó de mi camino y, como pude, me puse en pie para llegar a mi objetivo.

Cada paso que daba me abandonaba el valor, cada paso que daba apretaba mi corazón. El dolor en mi pecho era tan fuerte que suplicaba a la vida no me abandonara antes de poder verle, antes de llegar a sus brazos, antes de dar mi último adiós a la persona que más amaba en el mundo.


» ¿Para qué suplicas por algo que no quieres hacer?


La pregunta de Jean me hizo darme cuenta que solo estaba aferrada a una puerta que no soñaba siquiera con intentar abrir.


—¿Cómo querría hacer esto? —pregunté— ¡¿Cómo?! Él está muerto detrás de esta puerta y, aunque tengo que cerciorarme que es él... aunque tengo que verlo con mis propios ojos... no quiero verlo... me niego a aceptarlo... una vez que abra esta puerta no habrá marcha atrás, será lo último... y no quiero que termine... no de esta forma...


Mis manos no dejaban de temblar, como hacía el resto de mi cuerpo. Los espasmos eran de tal grado que mi columna ya no tenía fuerza para enderezarse. Se sentía como que podría morir, como aquella vez que casi morí congelada en una misión de invierno donde quede atrapada en una cueva por algunos días.


Aquella vez, adolorida, supliqué por una vida. Y ahora lo hacía de nuevo. La diferencia yacía en que la vida por la que hoy suplicaba no era la mía. Aquella vez, cuando me rendí, solo pedí "Termina de una vez con esto". No sé a quién hablaba entonces, pero estaba segura de que alguien escucharía.


Ahora sabía para quien eran esas palabras que hacían eco en mi cabeza «termina de una vez con esto» Y, aunque no quería que terminara, yo no podía hacer más que seguir adelante.


Terminé abriendo la puerta con una estúpida esperanza, con el más profundo deseo de encontrar lo que no estaba esperando, con las ganas de verlo sonreír y decir que fue una broma. Yo le habría perdonado, con todo el corazón lo habría hecho. Pero esta vez las cosas no saldrían a mi favor, esta vez el destino lo había sellado sin consultarme.


Delante de una puerta abierta me quedé helada, la imagen que frente a mi aparecía era más de lo que esperaba, mucho más.


Mientras me derrumbaba cerca del cuerpo que en una bolsa plástica yacía en el suelo, no dejaba de poner repetidamente en palabras mi incredulidad.


» No es verdad... no es cierto... es mentira... tú no estás muerto... no puedes estarlo... no puedes dejarme... no puedes... —decía.


Era tan irreal como un sueño y tan real como una pesadilla. No, ni siquiera era eso, era solo la realidad apareciendo ante mis ojos, unos ojos que no podían ver más que lagrimas caer.


» ¿En qué estabas pensando? —pregunté para quien ya no contestaría—. Ni siquiera era tu trabajo... tu trabajo era estar conmigo... hacerme feliz... no romperme el alma... no arrancarme el corazón... eso no era...


Lloré destrozada.


» ¿Por qué tú?... Cualquiera hubiera estado bien... No me importaría que alguien muriera si no fueras tú... Tú no, por favor... Tú no...


Mientras murmuraba entre sollozos y lágrimas tan crueles palabras, abordaba en mi mente la última transmisión, la transmisión en que mis preguntas fueron contestadas, pero de las cuales exigía otra respuesta.



FLASHBACK

—¿Por qué tú? No es tu deber. Regresa y pensaremos algo nuevo. No tienes que hacerlo, no lo hagas. Si no vuelves yo... yo... voy a morir...


—No lo harás, las personas aprenden a seguir aun después del dolor, crecen con él y se hacen más fuertes.


—¿Me estás dando una lección de vida?... Te juro que haré cien mil líneas si regresas... lo aprenderé a palos, si así lo deseas... solo vuelve... por favor...


—Yo no haría tal cosa solo por darte una lección, no te causaría tal dolor solo porque aprendieras algo... Contéstame, ¿preferirías que le pasara a alguien más?


—Por supuesto...


—¿Aún si tiene una familia?


—Tú tienes una familia... ¡Yo soy tu familia!


—Sigues siendo una egoísta, y lamentablemente es una de las razones por las que te amo.


—Si me amas, regresa, no me hagas esto, no me hagas esto... Maldición, sigues siendo un irresponsable.


—Y sé que por eso me amas.


—¿Cómo puedes decirme todo esto con una sonrisa en la cara?


—Porque es una sonrisa mía lo único que quiero que recuerdes cuando pienses en mí y nuestro adiós.


—No... no... no... regresa... regresa... lo arreglaremos de alguna forma... por favor.


—Oye, linda... Te amo.


—Y yo te detesto... con la misma intensidad que te amo...


—Adiós.


—No cortes la transmisión, no la cortes, maldita sea... Contéstame... ¡Contéstame!...

FIN DE FLASHBACK



Lo siguiente que supe fue que el lugar donde él se encontraba se hacía añicos. Una fuerte explosión acababa con la vida del que yo amaba. El solo recordarlo me volvía a dejar sin aliento.


» Eres tan estúpido ¡¿cómo me haces esto?!...


Arrodillada, como si suplicara algo que sabía no sucedería, llorando, como implorando algo que no pasaría, aferrada a un sueño vano y una felicidad pérdida, escuché a Doc decir lo que no necesitaba escuchar, más palabras que no quería oír.


—Ahora es un héroe, tal como siempre soñó.


—Te equivocas —refuté a mi hermano, que intentaba inútilmente darme consuelo—. Ahora es solo un cadáver, carne putrefacta que no vale nada, por eso la enterraremos, porque justo ahora, este héroe, solo apesta.


Me levanté molesta de aquel frío suelo. La rabia me invadía, me quemaba las entrañas, unas entrañas que con gusto me arrancaría para terminar con ese dolor. Pero no era momento de eso, antes de darle alcance me restaban un par de cosas que hacer.


A partir de ese momento viviría para la venganza y, después de arrancarle la vida a quien me había arrebatado todo, yo aprendería a cocinar, tal como le había prometido cuando me propuso matrimonio. Esas eran las dos cosas para las que dejaba mi vida, para una venganza y una promesa, después de eso moriría, solo después de lograr ambas.


—No seas injusta, vives para lo mismo, ¿que no? —preguntó Doc intentando abrazarme.


—Te equivocas —repetí golpeando las manos de mi hermano para que no me tocaran. Recién había recuperado el temple, no permitiría que nada me derrumbara de nuevo—. Yo vivía para él, y ahora que no está no tengo razón para seguir aquí... me voy a casa.


Ante la atónita mirada de mi hermano salí de la habitación sin trastabillar, con el suficiente coraje en el rostro para que no se atreviera a decir ni una palabra más. Él me conocía bien, sabía que una vez que decidía algo nada me haría cambiar de opinión, al menos no en ese momento.


"La más grande misión en la historia de la conspiración, luchábamos por libertad, por lograr una vida tranquila y en paz."


Qué estúpidos que éramos, soñando imposibles, como niños.


¡Ganamos!


Fue lo que proclamaron. Ahora éramos héroes. Las fanfarrias y condecoraciones no se harían esperar. Pero las medallas de honor al valor y al sacrificio a ninguno de los dos nos serviría para nada, pues él, bajo tierra, no podría presumirlas y yo, yo no quería que se me felicitara por haber perdido lo que más amaba en la vida. Yo solo quería morir, pero no podía, ni siquiera eso podía. Yo solo podía llorar y repetir: —Maldición.

23 de Marzo de 2021 a las 18:21 0 Reporte Insertar Seguir historia
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