u16143310641614331064 Juan Carlos Domínguez Garza

Al morir, Valyka se enfrenta a Dios. Él le permite regresar para vengarse, pero antes tendrá que comerse su hígado para dotarla de un poder especial. Cuando regresa, se da cuenta de que el mundo sigue siendo igual de cruel y despiadado. Pero ahora habrá a quien deba proteger.


Fantasía Fantasía oscura Sólo para mayores de 18.

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Capítulo 1. Dioses y lagartijas

Todo a su alrededor era sangre. El hombre al que le entregó su corazón murió extendiendo el brazo, intentando alcanzarla con sus dedos. También murió su padre, quien se negó a pelear tantas veces, y que ahora descansaba sobre la tierra negra. Todos en su grupo fueron asesinados. Sería este páramo en llamas, antesala del volcán Erus, el último escenario que Valyka Siyeira viera en esa vida.

Sin un brazo y con el vientre herido a profundidad no había salvación. El dios Aranel, señor de la oscuridad y del fuego, se acercó solemne. Arrastraba aquella espada de la que había toda clase de leyendas en cuanto reino existía.

—¿De qué sirvió, Valyka, la Santa, esta incursión suicida? ¿De qué sirvió declararme tantos años la guerra y mermar mis filas, si acabaste como acaban todos los mortales de esta tierra?

Se agachó para tomar la barbilla de la mujer con su mano y ver a través de aquellos ojos color jade.

—Dime, Esperanza de Aro, ¿por qué tu espada se quebró si estuviste toda la vida del lado de la luz y la justicia?

Valyka apretó la quijada y lo retó iracunda con la mirada. Él sonrió. Era hermoso e imponente como cualquier otro dios.

—Voy a vengarme —dijo la mujer.

—No. No lo harás.

—Se acabará la era de los dioses, Aranel.

El señor de la oscuridad soltó el rostro de Valyka y miró a su alrededor. Puso su atención en los cadáveres que lo rodeaban.

—Estoy cansado… cansado de ti y de todos ustedes. Sigo creyendo que no los necesitamos.

Aranel puso su pie descalzo sobre la cabeza de la mujer. Ella gritó y trató de elevar la mirada, pero no pudo. Y tras un poco de esfuerzo, el pie del dios Aranel topó con la tierra quemada.


Valyka sintió como si se desprendiera. Como si estuviera cayendo. Luego se vio flotando en un espacio negro donde podían verse todas las estrellas. No había un arriba ni un abajo. Tampoco tiempo. Sabía que ya no estaba en el mundo de los vivos. Entonces vio delante de sí a un niño de ropas gastadas, con el cabello mal cortado y con la cara sucia. Sólo por la mirada tranquila y severa del niño, Valyka supo quién era.

—¿Por qué no nos ayudaste, gran señor de los dioses? ¿No era tu tarea salvar a los hombres, a los que fuimos creados por una orden tuya?

El niño sonrió con cierta malicia. No abrió la boca, pero ella lo escuchó.

—Yo no domino. Yo creo. Lo demás he decidido que no esté a mi alcance.

—¿Entonces somos libres de morir también a manos de tus hermanos? ¿No es injusto que ellos sean seres inmortales y nos detesten? ¿No somos entonces huérfanos inútiles en contra del poder devastador de los tuyos? ¿Para qué fuimos creados?

El niño dejó de sonreír.

—Tampoco quiero decidir sobre mis hermanos porque yo lo he creado todo, incluso a ellos. Primero a ellos cuando sentí soledad. Luego a ustedes cuando sentí amor.

—¿No sientes dolor al vernos sufrir?

—No puedo sentir dolor. Cuando decidí ser, también decidí que fuera todo poderoso, amo y esclavo sólo mío, por lo tanto, no puedo sentir dolor.

—¿Y compasión?

—No entiendes. Los hice mortales por esa razón. No como a mis hermanos, que sufren más en su eternidad. Yo puedo sentir compasión porque los amo y porque ustedes son débiles.

—¿Entonces el dolor y la injusticia te son indiferentes?

—Claro que me son indiferentes. Para ti, que no conoces nada, crees que eso lo es todo. Pero cuando te unas a mí, como fue en un principio, sabrás que eso de lo que hablas es insignificante. Conmigo nada falta porque lo hay todo. Aunque recuerdes, nada de lo que has vivido tendrá importancia cuando vuelvas a mí. Ven a mí. Aquí yacen todos los que amaste y están en paz.

—No quiero volver a ti.

—Pensé que entre todos tú me entenderías —dijo el niño—. Pensé que te había dado un regalo. Pero fuiste tú quien decidió ir a pelear contra uno de mis hermanos sabiendo que no podrías ganar. Pudiste quedarte con los tuyos y vivir un amanecer diferente. Te regalé dones y grandes pensamientos. Pudiste haber fundado un reino donde fueras feliz. Pero no lo hiciste.

—No somos libres. No mientras existan los dioses.

—Nosotros existiremos siempre. ¿Quieres matar a los dioses para ser libre?

—Tus hermanos viven entre nosotros para lastimarnos. Quiero matarlos a todos.

—Eso es una grave falta —dijo el niño y se quedó en silencio, viéndola inmóvil.

—¿Qué harás conmigo? —preguntó Valyka.

El niño bajó la mirada. Pensó en silencio y luego observó hacia un punto lejano. Poco a poco una sonrisa fue abriéndose en su rostro hasta que su expresión fue completamente distinta a la que había mantenido; ahora parecía divertirse de manera siniestra en lo que fuera que estuviera viendo. Algo lo impresionaba cada vez más. Algo lo cautivaba. Abruptamente regresó al momento en que hablaba con Valyka y la observó maravillado.

—No te haré parte de mí ahora. Cuando naciste puse mis ojos en ti. Y si lo deseas, te permitiré la libertad que anhelas. Pero tienes prohibido usar mi poder para matar a mis hermanos.

—Entonces préstanos tu poder para defendernos de ellos.

—Come mi hígado.

La mujer no entendió el significado de aquellas palabras.

—Ven a mí y come mi hígado. Te daré lo que quieres y regresarás, así que ven y hazlo.

Valyka avanzó con cierta inseguridad sobre el infinito espacio debajo de ella.

—Pero habrá que equilibrar el deseo con la ofrenda —dijo el niño cuando ella estuvo cerca.

—¿Qué quieres?

—Para regresar tendrás que quitarle su lugar a alguien. Estarás en el cuerpo de una niña pequeña que no ha hecho daño a nadie. Ellis es su nombre. Vivirás en su cuerpo si quieres volver. Pero eso implica negarle la vida.

Valyka se detuvo.

—¿Vas a matarla para tomar su cuerpo, mi amada hija?

—¿Hay otra manera?

—No —contestó el niño sonriendo.

—¿Podré hablar con ella?

—No ocuparán el mismo cuerpo. No sabrás lo que Ellis sienta hacia ti, pero ella sí sabrá que fuiste tú quien le negó la vida.

Valyka se hincó para estar a la altura del niño. El niño se levantó la ropa para ofrecerle su costado. La piel fina y limpia esperaba. Valyka cerró los ojos mientras se acercó.

—Dile que me imponga un castigo y cúmplelo —dijo antes de abrir la boca y morder.

La sangre escurría y chorreaba sobre un suelo invisible. El niño sonreía como un padre orgulloso y acariciaba el cabello de Valyka, mientras ella seguía comiendo como una bestia hambrienta.

Sentía la flácida carne pasar por su garganta. El sabor a hierro. Lentamente su entorno comenzó a desaparecer y aquella carne que masticaba se deshacía en humo. Luego escuchó sonidos de calle, de personas gritando y corriendo; le llegó el olor a tierra seca y la sed en la garganta. Y al final, un golpe en la cara que la hizo despertar de nuevo en el mundo.

Estaba en una calle donde la sombra y la basura reinaban. No podía mover las manos porque alguien la sujetaba. Frente a ella, un hombre. Uno tan grande como no había visto nunca. Tenía su rostro muy cerca del suyo y bufaba como un animal. Ella no tenía la fuerza para soltarse, y aquella mole de carne y huesos le oprimía y le impedía cerrar las piernas. Ella llevaba un vestido pobre y desgastado. Se giró para no oler la respiración del hombre, y tuvo la intención de gritar o llorar, pero supo que nada de eso tendría efecto. Se quedó quieta pensando mientras el hombre seguía sobre ella y ahora le lamía el cuello. Sin embargo, Valyka, aún en ese momento tuvo a su alcance lo que le pareció un océano de conocimiento: a todos los recuerdos de su vida anterior.

Ella volvió en sí. El dolor se volvió real y repentino. Todas las sensaciones regresaron como una ola feroz. Trató de guardar la calma y pensar con claridad. Pero dolía y todos los sonidos del mundo la aturdieron. Con esfuerzo logró susurrar un nombre. “Valiria Alza”.

El grito de un ave en el cielo fue la voz más amada para Valyka. Con su vuelo en caída, silbando como una flecha, un halcón arrancó un pedazo del cuello del hombre y el tajo fue profundo y desgarrador. El hombre apenas sabía lo que había ocurrido cuando se tapó la herida con las dos manos y su sangre salía a borbotones, ahogándolo. Sus últimos pasos fueron de pánico, con el pantalón en el suelo y los ojos desorbitados. Se recargó en la pared con intenciones de llegar a la calle, a pedir ayuda, pero no pudo. Su mano manchó la pared. Al final cayó sobre sus rodillas como un gigante herido, y ella lo alcanzó para verlo con rabia mientras azotaba sin vida.

Mientras lo observaba tirado, regando la tierra con lo último de sangre que le quedaba, escuchó pasos detrás. Cuando se giró, se encontró con la mirada de desprecio de una mujer con la cara sucia y el cabello enmarañado. A pesar de su estado, era una mujer bonita de unos treinta años. No sintió peligro con esa mujer. En cambio, supo por instinto que era su familia. La mujer observó al hombre muerto y abofeteó a Valyka. Luego la jaló por las calles con tanta violencia como pudo.

Llegaron a una casa. El techo, por dentro, tenía agujeros por donde entraba polvo y lluvia. La mujer fue a sentarse frente a una chimenea y echó un leño para reavivar el fuego. Valyka se quedó parada en medio del cuarto y esperó.

—Cámbiate —dijo la mujer.

Valyka entró en una habitación. Había baldes con agua limpia y ropa tirada en un rincón. Se desnudó en la soledad y mojó un trapo para pasarlo sobre su piel. Sus ojos se cristalizaron. Miró hacia arriba, aguantando el llanto, y mordió su puño con tanta fuerza que lo hizo sangrar. Se quedó ahí como una hermosa estatua, sangrando, con la piel brillante.

Cuando salió de la habitación, la mujer seguía donde mismo, dándole la espalda. Valyka se acercó a la chimenea y lanzó la ropa sucia al fuego.

—Ahora que no está tu padre, no puedo cuidar de las dos.

—Yo me voy —contestó Valyka.

La mujer por primera vez la miró sin rabia, pero aún indiferente.

—Ya no eres ella.

Valyka vio las flamas consumir la tela sucia. Luego salió de la casa, dejando a la mujer sola con el fuego.

Vio la calle polvorienta. Mendigos recargados en las paredes, algunos sin extremidades, pedían limosna a otros que caminaban. Nadie sonreía. Pero en aquellos rostros tampoco había odio o tristeza. Incluso los heridos o los enfermos no parecían expresar su sufrimiento. Incluso los que tenían hambre miraban con atención el suelo, buscando migajas, pero sin desesperación.

“Esta gente ha muerto ya. Sólo esperan”.

Valyka anduvo horas en las calles tratando de marcar un mapa mental, partiendo desde aquel callejón oscuro. Por las letras en los tableros de las tiendas supo que estaba en la provincia de Lutero, al sur del reino Novo Alis. El cartano era uno de los tantos idiomas que dominaba por los viajes de su vida anterior.

Sitió hambre poco antes del anochecer. Lo primero era conseguir comida; lo segundo, buscar un sitio para pasar la noche. Regresó a donde había visto tabernas. Era la parte más rescatable de ese barrio. Valyka fue hacia las partes traseras en busca de desperdicios que pudiera comer. Ahí el olor a basura y a podredumbre eran casi insoportables. Atrás había más personas que en el frente de las tabernas, donde las sillas y mesas de madera estaban casi vacías.

La gente se amontonaba y esperaba que los más violentos, los que estaban al frente, terminaran de rebuscar entre los desperdicios. Valyka quiso asomarse entre el tumulto, pero la mujer que estaba delante de ella la miró con furia y la aventó. Le enseñó los dientes amarillos y los ojos histéricos antes de volver a su lugar, a alzar la cabeza para ver si faltaba menos. Valyka se golpeó con una tabla en la cabeza, pero no se sobresaltó. Se quedó ahí, viendo detenidamente a la mujer que se alejaba.

Supo que ir a la parte de atrás de la taberna sería lo mismo o peor. Por eso pensó en otro plan. Aun con sus cortas piernas y brazos, pudo subir fácilmente por un árbol al lado de una casa. En el techo sus pasos fueron silenciosos. Fue saltando de techo en techo hasta que se alejó de las zonas más alumbradas.

—Félida Cata —dijo y cerró los ojos.

Cuando los abrió parecían los de un felino. Sentada en la esquina de un techo, cobijada por la oscuridad, atendió cualquier sonido que sobresaliera, cualquier movimiento, cualquier paso. Pero no tuvo éxito y decidió cambiar de lugar. Y no fue hasta la media noche que encontró eso que buscaba.

Un niño avanzaba entre los rincones, cuidándose, llevando en una bolsa abrazada pegada a su pecho. Valyka lo siguió saltando silenciosamente entre los tejados. El niño rodeó varias veces en vez de seguir recto, esquivando lugares iluminados o grupos de otras personas.

Al final de su camino llegó a las afueras. El niño echó la última mirada hacia atrás antes de meterse entre unos escombros, y Valyka vio que eran los restos de una capilla. Bajó de un salto y, tras un parpadeo, sus ojos volvieron a la normalidad.

Se agachó para atravesar las tablas y las rocas como lo había hecho el niño. El pasadizo era incómodo y no había señal de que alguien habitara adentro, pero luego de seguir algunos metros, se encontró con una habitación oscura donde bien podría vivir un puñado de personas. El olor le hizo saber que habían apagado las veladoras un instante antes. El silencio era artificial. Supo que estaba rodeada de miradas.

Una tabla cayó del techo hacia ella. La esquivó por un centímetro. Luego escuchó el grito de un niño que trataba de golpearla aprovechando la distracción, pero Valyka dio un paso hacia atrás y lo empujó, haciéndolo chocar contra unas maderas. Se giró y notó que había otros esperando para atacarla. Otros dos varones y dos niñas. El primero que la había atacado se levantó de prisa y volvió a hacerlo, sin embargo, el resultado fue el mismo.

—¿Quién eres? —preguntó una de las otras niñas, la más alta del grupo.

—No quiero pelear. Sólo tengo hambre.

El primero que peleó contra ella se levantó y se sacudió la ropa.

—Prende las velas, Beila, si ella quisiera nos quitaría toda la comida. —Luego se dirigió a Valyka—. ¿Dónde aprendiste a pelear?

—Yo no peleé.

—Bueno. Enséñame a hacer eso que hiciste.

Beila encendió las veladoras. Era la niña más alta del grupo. Valyka observó a cada uno. Ninguno pasaba los doce años. Uno de los niños desvió la mirada con gesto de vergüenza. El primero con el que peleó parecía ser el líder. No parecía fuerte ni grande, pero tenía un aire de arrogancia en la mirada, y al mirarle las manos, Valyka supo que estaba acostumbrado a las peleas.

—Tulio, haz la cena y pon algo para ella —dijo el líder y el más pequeño de los varones lo obedeció—. Y tú, ¿cómo te llamas?

—Valyka.

Todos le pusieron atención.

—Como la Santa…

Antes de contestar pensó unos segundos. Aunque dijera que era la misma, nadie le creería. Pero no era opción renunciar a su nombre. Miró hacia abajo mientras los demás esperaban su respuesta.

—No. Me llamo Valyka Ellis.

—Yo me llamo Rey. Si escuchas que me dicen “Rey de las lagartijas” no les hagas caso. Son estúpidos. Todos son estúpidos allá afuera.

—No debes decir esa palabra —dijo Tulio, cuando recogió la bolsa con la que había llegado Rey.

—¿Por qué de las lagartijas? —preguntó Valyka.

Rey sonrió. Le dijo que fuera con él y se acercaron a Tulio. En el centro del cuarto había preparado todo para una fogata pequeña. Los demás trajeron varitas de madera y esperaron a que Rey vaciara la bolsa en el suelo. Cuando la abrieron, salió una docena de lagartijas muertas, aplastadas. Rey esperó orgulloso la reacción de Valyka.

Ella vio sorprendida cómo cada quien sabía qué hacer. Tomaban una lagartija y la empalaban para luego ponerla cerca del fuego que inició Rey, mientras ella seguía parada sin poder decir una palabra sobre el festín que le estaba esperando.

18 de Marzo de 2021 a las 06:05 3 Reporte Insertar Seguir historia
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Leer el siguiente capítulo Capítulo 2. Los tesoros del cielo y la noche.

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Ana Palindrómica Ana Palindrómica
¡Quiero seguir a esa pandilla de niños y sentirme uno de ellos!
April 03, 2021, 02:09

Juan Carlos Domínguez Garza Juan Carlos Domínguez Garza
Muchas gracias a todos los que lleguen hasta acá. Espero les haya gustado el primer capítulo de esta historia que a mí me gusta tanto!
March 18, 2021, 06:41
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