browner12 Frank V.Browner

Cuarto ciclo de Helys. La llegada de los rastreadores no trae buenas nuevas para el rey Brader de Erbani. Las tropas de Gorkj avanzan hacia Lincabur, frontera natural con el reino negro. La Ciudadela se prepara para la inminente guerra. Al mismo tiempo, el pacto con sus antiguos aliados ha quedado relegado al olvido, ahora las alianzas son frágiles y están movidas por la sed de poder. Mientras tanto, los maestros del fuego y el yunque recorren el Naciente buscando el metal necesario para crear una de las armas que portará el Árasin, como vaticinaron los augurios. Mientras tanto, una extraña compañía se mezcla con los refugiados que llegaron a la capital del reino para cumplir una misión crucial. En los territorios del naciente las cicatrices del pasado son profundas y cada gota de sangre será necesaria para defender la libertad.


Fantasía Épico No para niños menores de 13. © Este manuscrito está registrado en el Registro de la Propiedad Intelectual y protegido legalmente. Gracias por respetar su autoría.

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CUERVOS Y AJENJO


FRAGMENTO DEL CÓDICE DE ASTHAN
De los Narachs y los Gurouls.

"Cuando los hombres llegaron a estas tierras, otros eran sus pobladores. Si bien su apariencia, ponía de manifiesto nuestro parentesco, ellos poseían el poder de la palabra y por ello los llamamos esrrims, señores. Pronto les rendimos vasallaje y férreas alianzas se establecieron entre nuestras razas.

Los esrrims siempre lucharon contra los gurouls, los espíritus oscuros. Invisibles a cualquier criatura viviente, solo la penetrante visión de los señores podía contemplarlos en toda su vileza. Confinados en el viento, deseaban por encima de todo caminar sobre la tierra. Sin embargo solo el cuerpo de un esrrim podía albergarlos durante un breve tiempo, después el desdichado se corrompía hasta la muerte. Los señores combatieron durante centurias contra los gurouls que casi los llevaron a la extinción. Muchos grandes señores se perdieron en la era de Vayúm Gu, del viento oscuro, hasta que Alkín del linaje de los Aridelos, descubrió el nombre secreto de tan viles criaturas, custodiado por una gran bestia en las entrañas de la tierra, y los esrrims los doblegaron con el poder de la palabra. Aunque, solo en apariencia, pues los gurouls dominaban el arte de la premonición y sabían que otros estaban por llegar para cumplir sus designios, con esta esperanza se replegaron a las montañas del Abismo donde el viento nunca dejó de soplar."

.......





Año 820 del cuarto ciclo de Helys.

Reino de Erbani. Ciudadela.


Brader luchaba contra la angustia que se abría paso en su interior y amenazaba con engullirlo. Abajo las olas rompían con fuerza a los pies del acantilado, horadando la piedra que sustentaba la fortaleza igual que las horas lo hacían con su ánimo.

Su esposa, Alana, se removió inquieta en el lecho.

—¿Qué sombra cruza vuestros pensamientos, mi señor?

La pregunta lo trajo de vuelta de sus tribulaciones y se alejó del ventanal. Alana lo observaba enmarcada por sus largos cabellos virtiado* como una aparición divina.

—¿Cuánto tiempo había pasado desde que la vio por primera vez junto al trono de Tizziri?—se preguntó.

Por un momento, regresó a aquella noche de festejos en Niraín, la ciudad brillante. La compra de un centenar de purasangres al viejo rey Ayoré, lo habían llevado hasta la corte de Tizziri. Alta y espigada, como son los tidussi, Alana había cruzado el salón y se había inclinado ante ellos con la gracia de un felino. Desde aquel instante, quedó hechizado por su elegancia y ya no pudo separarse de ella.

—Y a partir de entonces, comenzaron mis desgracias —pensó con una sonrisa.

—Mi señor ¿podría revelar a esta humilde esposa, el motivo de la chanza?

Brader sonrió y la abrazó con ternura.

—Estaba recordando nuestra peculiar fiesta de compromiso y lo arruinada que quedaron mis mejores galas.

—¿Y no recordáis lo presuntuoso que fuisteis? —replicó Alana, alzando una de sus finas cejas— Todos os advirtieron que era necesaria la coraza. Ahora, ya sabéis que las mujeres de Tizziri manejamos el hierro tan bien como los hombres.

Brader soltó una ronca carcajada.

—Mi señora, ambos sabemos que cuando nuestras miradas se cruzaron en aquel salón, el mundo comenzó a arder —le susurró al oído— ¿Era necesaria la contienda?

Su esposa se deshizo del abrazo y se levantó cubriendo despacio su desnudez. Sus ojos brillaron con picardía.

—Como bien sabéis, es costumbre de mis gentes que la mujer rete a sus pretendientes para valorar su fortaleza.

El rey se levantó del lecho y la atrapó entre sus brazos.

—Asumo que he superado el reto con creces ¿O tenéis alguna queja al respecto? —le susurró Brader besándola en el cuello.

Alana se arqueó complacida preparada para la réplica, pero unos golpes en la puerta hicieron que se separaran en el acto.

—¡Adelante! —ordenó Brader.

—Señor, perdonad mi atrevimiento, por molestaros a estas horas. Han regresado los oteadores.

—Muy bien, llevadlos a la gran sala.

El mayordomo real se inclinó en señal de respeto y se marchó.

Alana contempló a su esposo mientras se preparaba para la recepción. Siempre le había gustado la austeridad y mesura de Brader. El reino era un fiel reflejo de su persona y por ello, se sentía orgullosa de que la hubiera elegido para compartir su importante carga.

—He de bajar —le dijo mientras se ajustaba el manto.

Ella asintió y Brader se acercó para rozar sus labios con una muda promesa, antes de salir. Cuando sus pasos se perdieron, Alana se encaminó hacia los aposentos de sus hijos. La casa del rey permanecía en silencio mientras el amanecer teñía los cielos de púrpura. Sus pies desnudos avanzaron por las frías losas hasta detenerse frente al ventanal del norte. Una bandada de cuervos se perdía hacia el paso de Jorox. Frunció el ceño con disgusto y se apresuró por el corredor.

En el gran salón, el rastreador polvoriento y cansado se inclinó ante el rey de Erbani.

—Señor, están a menos de tres días del paso ¡Esa maldita tierra de Gorkj se ha vaciado por completo y toda su escoria se encamina hacia aquí!

El hombre se tambaleó presa del cansancio y la furia.

—Tomad asiento y bebed —le dijo, haciendo una señal para que lo socorriesen.

El pobre hombre obedeció y bebió con avidez la copa que le ofreció un sirviente.

—¿Qué ha ocurrido con los otros? —interrogó Brader.

—Mis compañeros dieron sus vidas para que yo trajese estas aciagas nuevas. ¡Qué la sagrada madre los tenga en su seno! Soy mensajero de muerte, mi señor.

Brader se levantó de su asiento y se acercó hasta el rastreador.

—Decidme todo lo que alcanzaron a ver vuestros ojos.

En la cámara de sus hijos, Alana daba vueltas por la habitación haciendo y deshaciendo.

—¡Losián, Biurb despertad!

—¿Qué ocurre madre? —preguntó somnoliento el futuro rey de Erbani.

Alana contempló a su hijo Losián y sus labios se curvaron en una tenue sonrisa. Cada vez que lo miraba, sentía un secreto orgullo por su primogénito. Ya se vislumbraba en él a un gran guerrero. Sin embargo, aquella mañana, con el cabello revuelto y sus enormes ojos azules, solo parecía un pícaro doncel con ínfulas de cortesano.

—¡Prestad ayuda a vuestro hermano! —le ordenó Alana— Cuando regrese, tenéis que estar preparados.

A continuación, se inclinó sobre su hijo menor llamado Biurb y acarició sus desordenados rizos.

—Vais a emprender un viaje repleto de aventuras —le dijo con ternura—. Conoceréis a mis parientes en Tizziri.

Biurb saltó del lecho y corrió hacia sus vestimentas.

—¿Es cierto madre? ¿Podré traer mi propio purasangre? —gritó el joven príncipe, entusiasmado.

La reina asintió y tragó el nudo que se le había formado en la garganta.

—¿Has oído Losián? ¡Vamos a Nairín!

Horas más tarde, Suwan, regidor de la Ciudadela, permanecía de pie junto al mapa de Erbani desplegado sobre la mesa de los Reyes. Tallada por el primer rey de Erbani, en ella permanecían grabados los nombres de todos sus soberanos desde la creación de la Fortaleza o Nido de Piedra como la llamaban los erbaneses. Alrededor estaban situados el capitán de la guardia, el almirante de la flota de Erbani, los prohombres de la Ciudadela y los dos hombres de confianza del rey; Lo- Ashvah, mando supremo de la caballería, llamado por todos Lou y Alewih, hermanastro del rey y mando supremo de la infantería, llamado Dardo por su destreza con el arco. Sin embargo, el pueblo lo llamaba el mestizo gher por su parentesco con esta raza.

Suwan era la primera vez que lo tenía tan cerca y no podía dejar de observarlo. Alewih tenía sus extraños ojos verdes clavados en el mapa. Su frente estaba marcada por intrincados relieves dorados que le daban el aspecto de un primitivo dios, sus pómulos eran tan marcados como las fieras de las llanuras y sus cabellos tan negros como la brea. Suwan permanecía tan absorto en su escrutinio, que no se había percatado que todos los ojos estaban puestos en él, hasta que fue demasiado tarde.

—¡Regidor! —tronó la voz del rey en la sala— ¿Tanto le fascina el jefe de infantería?

Suwan miró con espanto a su señor, sin saber qué decir.

—¡Os he preguntado si el pasadizo que conduce a la llanura norte es transitable para un escuadrón de hombres!

—Mi, mi, mi señor, disculpe mi torpeza —balbuceó enrojecido hasta la raíz del cabello—. Está cegado por la maleza que las fuertes lluvias han arrastrado este invierno.

—¡Disponed de los hombres necesarios y que sea transitable para mañana!—gruñó el monarca— ¡No tenemos tiempo que perder!

Suwan asintió con un movimiento de cabeza para no disgustar de nuevo a su señor.

Alewih levantó la vista de la mesa y sintió lástima por el pobre hombre. Sabía que había estado observándolo fascinado, como todos los narachs* que se cruzaban en su camino. Por mucho tiempo que hubiese pasado, desde que el viejo rey Drustan lo trajese de las Tierras Baldías y lo tratase como a un hijo, las gentes de aquel reino siempre lo verían como alguien extraño y diferente.

Terminada la asamblea, todos salieron y solo quedaron junto a Brader, Alewih y Lo- Ashvah.

—Una moneda de virtio* por vuestros pensamientos —dijo Lou con aire resuelto.

—Necesitamos más hombres para hacer frente a las hordas de Gorkj. He enviado emisarios a Tizziri, pero no ha llegado respuesta. Tengo un mal presentimiento sobre Niraín —dijo Brader con aire sombrío.

—Hay hombres más allá de estos muros —señaló Alewih, con la vista clavada en el ventanal.

—Sí, pero no han acudido al pacto de Sangre —replicó Brader con dureza.

Alewih sabía que su hermanastro era orgulloso y los últimos acontecimientos habían abierto una brecha entre ellos. En la corte, era conocida su oposición a la decisión real de cerrar las puertas de la Ciudadela a los refugiados que la estela de muerte de Gorkj iba dejando a su paso.

Dardo se apartó del ventanal donde sombras azuladas comenzaban a cubrir las montañas de Lincabur y se volvió para encarar a Brader.

—No me refiero a vuestros vanos acuerdos entre reyes sedientos de poder. Me refiero a hombres sin patria, hombres que desean la libertad y por ello, se han arrastrado hasta vuestra puerta junto a lo que queda de sus familias.

Brader lo miró desafiante. Alewih pensó que nunca habían estado tan alejados. Era solo un niño asustado cuando llegó a la Ciudadela y Brader había sido su único apoyo en un lugar donde todos lo rechazaban.

—Vamos, camaradas, echemos agua al fuego —intervino Lou, cortando el tenso silencio—. Los enemigos son taimados y parece que han traspasado estos muros, para sembrar la discordia.

El rey resopló y se dejó caer sobre un sillón junto al fuego.

—Pese a la dureza de sus palabras, Alewih está en lo cierto —continuó Lou, acariciando su rubicunda barba—. Seguro que hay corazones dispuestos a vengar a los suyos y creedme, no encontraréis mejor soldado en el campo de batalla que un hombre lleno de odio. Podemos enviar a todas las mujeres y niños que no estén en edad de combatir en los barcos hacia Meríon. El regente del reino de las islas está sujeto al pacto, no podrá negar el derecho de asilo.

Brader se levantó y paseó por la estancia como un animal acorralado.

— ¿Podéis acaso comprender la pesada carga que es mirar más allá de estos muros? —preguntó airado— Cada vez que contemplo un nuevo amanecer, mi honor se desgarra. La llegada de la mañana trae nuevas almas a las puertas de la Ciudadela desde que comenzó esta pesadilla. Más, ¿no se debe un rey a su pueblo por encima de todo? ¿Cómo podemos acoger a tan elevado número, sin poner en peligro a nuestras gentes?

Alewih se acercó a su hermano y posó una mano en su hombro.

—Ahora, es tiempo de enderezar lo torcido, hermano. Romped las cadenas del deber y escuchad a vuestro corazón —le exhortó Alewih— .Esas gentes tienen derecho a morir como hombres libres y no como ganado para el matadero ante vuestras puertas. Abridlas y ofreced refugio a esas pobres almas.

—Debéis hacedlo sin tardanza —se unió Lou— .Convocad a la batalla, encended la bravura en el pecho de esos hombres que se amontonan fuera de vuestras murallas y no encontraréis mejores lealtades.

Los ojos grises de Brader brillaron con resolución.

—Tenéis razón, he permanecido ciego, ante un porvenir que a todos se nos avecina incierto. ¡Abriremos nuestra villa a todo el que quiera empuñar el hierro!

Fuera de la Ciudadela, Alana cabalgaba junto a sus hijos, rodeada de su escolta personal, fieles y leales tizzienses que, después de sus esponsalias* la habían seguido a su nuevo reino.

Sus pensamientos estaban puestos en las últimas horas junto a Brader.

« Alana, me sois más preciada que mi vida, debéis embarcar con nuestros hijos hacia Meríon ¿Qué serán de ellos, sin vuestra guía? No podría perdonarme que algo os ocurriera» , le había susurrado entre apasionados besos.

«No os dejaré en esta batalla. Sois mío y soy vuestra, así lo juramos ante la sagrada Madre. Bailaremos juntos con las espadas, aunque sea por última vez. No me pidáis que os abandone».

Alana sintió tal congoja en el pecho, que pensó que se le partiría en mil pedazos. Nunca le perdonaría la deslealtad de sus actos, pero no podía consentir que sus hijos llegasen a Meríon. Sabía que el regente de Elrrodan tenía alma de lobo. No entregaría a los herederos de la casa Boreán a sus fauces sedientas de poder. Tizziri no había caído, lo sentía en su corazón. El rey Ayoré acogería su descendencia y les daría protección.

—Mi señora, estamos entrado en Villaolmos —dijo uno de los soldados.

La reina asintió y desmontó. Sus hijos la imitaron.

—Recordad lo pactado, nos veremos en breve —dijo envolviendo sus palabras en una confianza que no sentía.

—Losián, hijo te entrego el anillo de mis ancestros. El rey de Tizziri reconocerá vuestro linaje cuando lo vea. Rinde honor a tu estirpe y cuida siempre de tu hermano.

La reina besó la frente de su primogénito, que permanecía con los ojos clavados en el suelo.

—Madre... —murmuró Losián.

Alana esbozó la más triste de las sonrisas y miró a su pequeño.

—Biurb, obedece a tu hermano y...

La pena ahogó sus palabras y conteniendo sus lágrimas, los abrazó con fuerza. Los hijos de la casa Tidussi no mostraban flaqueza. Por ello, la reina rompió el abrazo, se tragó su pesar y subió a su montura.

—Cado, a vos os entrego mi sangre —dijo al capitán de su guardia—,proteged a mis hijos y, decid a mis parientes, que hice honor a mis ancestros.

—Así sea, mi señora —acató el guerrero, inclinando su cabeza.

Alana volvió su caballo y al galope, desapareció en la noche.

En los días siguientes, las nuevas sobre la llegada del ejército de Gorkj habían sacudido todos los rincones de la Ciudadela que bullía en una actividad frenética. El puerto era un hervidero de almas dispuestas a conseguir un pasaje hacia Meríon, el reino de las tres islas. Erbanenses y refugiados competían doblando el precio, en una carrera que acababa a golpes y donde la guardia tenía que intervenir para que no degenerase en una revuelta de la población. En la calle de las fraguas el rítmico timbre del martillo sobre el yunque continuaba sin descanso para obtener todo tipo de espadas, cascos, corazas y armaduras ante la inminente guerra. En los arrabales se había reclutado a todo tipo de marineros borrachos, pendencieros y un sin fin de desarrapados con la misión de dejar transitables los túneles del norte y otras labores de avituallamiento de la Ciudadela.

En el campo de entrenamiento, Alewih observaba a los hombres que habían elegido unirse a las filas de Erbani. No eran soldados sino granjeros y artesanos, huidos de los pueblos masacrados al paso de Gorkj. Su falta de tino la suplían con coraje y en sus ojos había hambre de venganza. Sin embargo, su confianza estaba puesta en lo que quedaba del pueblo mencey, los llamados guerreros de las montañas. Su caudillo, Moray, el rojo, había jurado lealtad a Brader después de beber ambos de la misma copa para sellar la alianza entre ambos pueblos, como era costumbre entre los hombres del este. Los menceys eran maestros en la lucha con skers* y tan veloces como fieros. Serían los que combatirían a campo abierto y frenarían las primeras hordas de Gorkj. Alewih se acercó hasta un guerrero de gran estatura y largas trenzas. Luchaba contra dos jóvenes que se arrinconaban bajo sus escudos, evitando sus envites. El gigante paró sus golpes.

—¡Salid de debajo de esas rodelas! ¡Parecéis ratoncillos de campo en vez de guerreros de las montañas! —les rugió— ¡Aficionados! ¡Niños de pecho! ¡Eso es lo único que tengo! —clamó a los cielos, antes de estrechar el antebrazo de Alewih a modo de saludo— Isar*, me complace volver a veros, aunque sea en estas aciagas horas.

Un chico le trajo un odre de agua al mencey que bebió con avidez.

—Siempre es un honor recibir a vuestro pueblo entre nuestros muros. Lamento mucho vuestro infortunio Korbis, que Inanaki* guíe las almas de los que cayeron hasta el círculo de vuestro pueblo.

Los ojos pardos del guerrero se oscurecieron y sus puños se cerraron hasta que los nudillos blanquearon.

—¡Esos malnacidos atacaron de noche! Apenas pudimos poner a salvo a nuestras mujeres y niños en los refugios. Fue una masacre.

Korbis miró sus pies antes de levantar la vista y fijarla en Alewih.

Los rumores son ciertos Isar, están malditos —dijo con rotundidad.

Dardo desvió la mirada hacia el campo de entrenamiento donde los hombres se afanaban en la lucha.

—En estos días, hay muchos rumores corriendo por los caminos. El enemigo desea que creamos en ellos. Fortalece su causa.

_Isar, mis ojos saben de la oscuridad y el mal que nos atacó. Mis palabras son veraces.

El canto metálico de espadas llenó el incómodo silencio que siguió a la declaración de Korbis. Los hombres combatían y golpeaban los escudos alrededor de ellos.

—Mi pueblo es valiente. Si hemos de morir en la llanura, al pie de las montañas de Lincabur, que así sea —dijo Korbis con tono áspero—, pero sería de necios subestimar la naturaleza del enemigo al que nos enfrentamos. Me ha alegrado veros de nuevo, Isar.

Y con una inclinación de cabeza, el mencey regresó al entrenamiento.

Alewih lo vio alejarse y prosiguió su vigilancia sobre los reclutas, sopesando las palabras de Korbis. Al fondo del campo divisó un grupo que se mantenía apartado del resto. Combatían entre ellos con largas lanzas y sus cuerpos se movían, esquivando al adversario, con gran velocidad y precisión. Se acercó, atrapado por la pericia de los contrincantes. Jamás había visto semejante lucha entre narachs, ya que carecían de la agilidad y velocidad de su pueblo, los ghers. Las ropas oscuras y holgadas de los luchadores facilitaban los movimientos fluidos y armónicos. Parecían estar en algún tipo de trance, pues nada alteraba su determinación.

—¿Habíais visto algo semejante, alguna vez? —le preguntó Lou que se había acercado hasta él.

Alewih,atrapado por el baile de las lanzas, no respondió. Uno de los contrincantes, apunto de ser abatido, saltó hacia atrás, superando los tres codos de altura y se posó con la gracia de un pájaro sobre un muro cercano. Desde allí, arremetió de nuevo contra su oponente y así continuaron hasta que la lanza de uno de ellos voló por los cielos y se clavó en tierra. El vencedor llevaba embozado el rostro y era más pequeño que su adversario. Alewih, perdido en esa apreciación, no vio como el vencido hacía volar dos cuchillas de metal que el pequeño luchador desvió con pericia en dos veloces movimientos del palo.

—Duan, habéis sido vencido —proclamó un enjuto guerrero que supervisaba el entrenamiento.

Los luchadores se saludaron entre sí con una inclinación de cabeza y se alejaron.

—Buenas tengáis, grandes guerreros. Vuestros logros os preceden —dijo el guerrero al mando volviéndose hacia ellos con una reverencia— . Mi nombre es Rulkmi y soy el jefe de esta compañía que ha aceptado unirse a las filas del gran rey de Erbani.

Alewih conjeturó que provenía de más allá de las aguas del Circa. Su piel era oscura, al igual que la de algunos de sus hombres y sus cabellos estaban rapados hasta el nacimiento.

—En estos días inciertos, es bien recibido todo brazo capaz de empuñar un arma. Además, vuestro hogar está muy alejado de estas tierras, apreciamos doblemente vuestra diligencia a prestarnos ayuda.

El extranjero sonrió.

—Somos guerreros de fortuna que nos dirigíamos hacía Tizziri. El rey Ayoré reclamó nuestros servicios hace dos lunas. El avance del ejército de Gorkj, nos ha dejado atrapados en la frontera.

Rulkmi guardó silencio, meditando sus siguientes palabras.

—Como ha observado mi señor, somos muy discretos.

—Sois espías —reconoció Lou.

—Si me permite señor, somos más que eso. Nos infiltramos en las líneas enemigas y también luchamos en el campo de batalla. Somos el brazo invisible del ejército.

—Un brazo cuya fidelidad la guía el virtio —replicó Alewih—. Si bien en estos momentos, quizás encontremos manos capaces bajo efímeras lealtades.

Alewih no esperó respuesta y se alejó hacia otro grupo de entrenamiento.

—Me disculpo por mi amigo —dijo Lou—, me temo que su corazón descansa en nobles ideales que le han enfrentado en estos últimos tiempos a su propio rey y hermano.

El mercenario llamado Rulkmi asintió con una sonrisa.

—Toda diestra que se levante contra el ejército negro es bien recibida en Erbani y veo que no os falta pericia en el combate —apuntó el jefe de caballería.

El pequeño contrincante se había acercado hasta ellos. Continuaba con el rostro embozado. Lou observó con asombro la juventud de sus ojos, lo cual le provocó una sonora carcajada.

—¡Por la sagrada Madre! Este intrépido guerrero es sólo un niño. Me gustaría conocer su nombre.

Rulkmi se interpuso entre él y el chico.

—El joven ha sido bendecido para su labor, mi señor, privado del habla desde su más tierna infancia, fue reclutado para nuestra causa.

—Y bendecido también con una velocidad y destreza asombrosa —dijo Lou—. Decidme ¿es igual de diestro a lomos de un caballo?

—Sí mi señor, nuestros hombres son entrenados para combatir bajo cualquier circunstancia.

Lo-Ashvash dio un paso adelante hasta verse reflejado en los grandes y oscuros ojos de Rulkmi.

—Cuando era niño, mi padre, un hombre instruido en múltiples conocimientos, solía contarnos historias del tiempo en que los esrrims tenían tratos con los hombres. Es extraño, recordar esas historias al ver combatir a vuestros guerreros —confesó Lou—, casi he oído a mi padre narrando los grandes combates de los maestros del culto de Belián.

El viento amainó y los pendones y penachos de las lanzas quedaron quietos, como si esperasen la respuesta del jefe de los espías.

—No conozco esas historias, mi señor —negó Rulkmi fija su mirada de ónice—, como bien habéis dicho, solo un hombre sabio puede conocer esas cosas y nosotros somos gentes humildes. Nuestro arte en la lucha es el reflejo del tesón y constancia.

Lou dio un paso atrás y miró a su alrededor como si todo cobrase vida de nuevo, el viento arremolinó los gallardetes en las almenas y los hombres seguían entrechocando el hierro y gruñendo por el esfuerzo.

—Guardad fuerzas para el día de la batalla, mi buen Rulkmi— dijo finalmente y se despidió con un gesto de cabeza.

—¿Creéis que sospecha algo? —preguntó Rulkmi al joven embozado.

— Cree que conocemos algunas formas de combate del culto de Belián, pero está lejos de la verdad. Debemos evitar llamar la atención hasta que descubramos que está ocurriendo. He visto bandadas de cuervos arremolinarse en las torres y el ajenjo ha tomado los muros de la villa como si quisiera echarlos abajo, no son buenos augurios, debemos estar preparados.



______________________


GLOSARIO:


VIRTIADO: Referente al tono de cabellos de color trigueño por su semejanza al virtio metal de tono amarillento y brillante muy apreciado por su nobleza y gran valor en las tierras del Naciente.

NARACHS: Término para designar a los hombres por las razas primitivas de las tierras del Naciente.

ESPONSALIAS: Unión sagrada de un hombre y una mujer ante un elegido de la Sagrada Madre para proclamar su pertenencia y amor ante el mundo.

SKER: Hachas de guerra de doble filo.

ISAR: Palabra utilizada por el pueblo mencey como tratamientos de cortesía o respeto o para designar a hombres que se distinguen por su condición noble.

INANAKI: Nombre antiguo de la sagrada madre utilizado por el pueblo Gher.

DROSA:Medida utilizada en las tierras del Este para determinar la distancia equivalente a la legua en otros lugares.

ELSEKS: Tropa de élite de Gorkj, sanguinarios guerreros que teñían sus dientes con la sangre del enemigo y arrastraban negras leyendas a su paso.


19 de Marzo de 2021 a las 18:16 10 Reporte Insertar Seguir historia
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J. F. S. Cortés J. F. S. Cortés
¡Excelente escrito! Lo leeré porque me atrapó la historia, muy del estilo medieval.

  • Frank V.Browner Frank V.Browner
    Hola J.F.S, muchísimas gracias, primero por leer mi narración y segundo por tus amables comentarios. Espero que disfrutes de la lectura de los siguientes capítulos y si te apetece me dejes tus impresiones. Un gran saludo, Nos leemos. 2 weeks ago
Humberto Miser Humberto Miser
Esta muy bien, gran trabajo, seguiré leyendo más desde que me sea posible, un saludo

  • Frank V.Browner Frank V.Browner
    Muchas gracias Humberto por pasarte para ver mi trabajo, espero que te siga gustando y seguir recibiendo tus comentarios. Un saludo, nos leemos 👌 2 weeks ago
Frank V.Browner Frank V.Browner
Muchísimas gracias por seguirme y por tu apoyo👌
March 20, 2021, 19:05
DS David Saez
Hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo!!!! Esperando que saques más!!!!
March 20, 2021, 14:10
Frank V.Browner Frank V.Browner
Muchas gracias por tus amables comentarios y por darle una oportunidad a esta historia. Voy a tener en cuenta lo que me comentas sobre la necesidad de claridad en la terminología. Muchísimas gracias por la aportación para mejorarlo.👌
March 19, 2021, 10:11
Kai Proyects Kai Proyects
Magnifico. Siendo sincero, me he perdido un poco. Muchísima terminología. Pero no equivocarse, ¡eso es lo mejor! Hacia mucho que no me sumergía en una épica como las de antes y no he quedado decepcionado. Gran descubrimiento y ¡Muchas gracias por compartirlo! Aquí tienes un lector :)
March 19, 2021, 04:35
David Ruiz David Ruiz
Me ha gustado mucho, comienzo prometedor, esperando más capítulos
March 16, 2021, 09:15

  • Frank V.Browner Frank V.Browner
    Muchas gracias por tu apoyo y por leer esta historia. March 16, 2021, 14:53
~

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LAS TIERRAS DEL NACIENTE
LAS TIERRAS DEL NACIENTE

Más allá del horizonte sobre las aguas, en el momento en que el sol desaparece sobre el océano y solo queda un luminoso resquicio esmeralda, puede el ojo experto y conocedor distinguir, tan solo por un instante, las brumosas costas de los territorios del Naciente, donde el astro rey comenzará una nueva singladura. Leer más sobre LAS TIERRAS DEL NACIENTE.