arosales Alvaro Rosales Riffo

Cuatro amigos, unidos por la amistad y una pasión extrema por el rock y el metal, inician el sueño de convertirse en grandes estrellas creando un singular grupo, cuyo nombre los llevará a tocar las puertas del cielo, pero también las del infierno, llevando consigo obstáculos difíciles, fracasos y conflictos personales, para finalmente elegir entre dos cosas: La fama o la amistad.


No-ficción Sólo para mayores de 18.

#música #amor #amistad #metal #rock
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I.-

“Los Diablos de Conce City”. Una de las bandas legendarias más grandes de la historia de nuestra música, recordados solo por los miles de fanáticos no poperos que recorren el enorme circuito underground por el que se mueven los verdaderos rockeros, no esos que se venden al mercado para parecer mariquitas frente a la televisión y a las redes sociales diciendo que son representantes del rock puro, sino de aquellos que de acuerdo a sus convicciones, principios, ideales y sueños, son capaces de permanecer en la escena musical por mucho tiempo, no con publicidad ni contratos gigantes, sino con lo que mejor saben hacer, tocar buena música y complacer a las exigentes masas, siempre dispuestas a apoyar cuando el mérito sea el suficiente.

A lo largo de casi 10 años de intenso trabajo, sus integrantes han marcado tendencia en el rock, con un guitarrista ácido de heavy metal puro, una hermosa y sensual baterista que con el toque de sus platillos y bombos hace reventar los cimientos del escenario, con una bajista que rompe los esquemas con sus imponentes solos y rebeldía juvenil, y finalmente, su vocalista, una imponente voz, capaz de desgarrar sus cuerdas vocales con el fin de lograr el mejor agudo al estilo de Fredy Mercury, de revolucionar a las masas, de llegar hasta el infinito y después…

— ¡Oye oye! ¿En serio tienes que enaltecerte tanto?

— ¡No es justo, nosotros también queremos algún halago en tu relato!

— ¡Ya chicas por favor! ¡Solo le estoy poniendo algo de emoción!

— Pues no deberías viejo, haces que quedemos como zonzos.

— ¡Ay está bien, ya entendí!

¡Vaya! Esto de contar historias estando mis amigos y compañeros de banda presentes es un lío tremendo. Así es, tal y como se habrán dado cuenta, los mencionados Diablos, somos nosotros. Criticados, enjuiciados, tildados de terroristas por nuestro gobierno, de incitadores a la violencia por la sociedad, de satánicos por los cristianos y de rebeldes sin futuro por nuestras familias, quisimos cambiar el mundo… a la usanza de los humanos sin ataduras, ni doctrinas, ni ideologías, ni nada por el estilo. Solo de la forma como lo sabíamos hacer, con música, letras duras y fuertes, y lo más importante, puro rock y metaaaaaaaal… o al menos eso creíamos que se podía hacer.

Pero la realidad terminó siendo más fuerte que nuestras propias fantasías. Y aunque logramos el éxito que tanto queríamos, el mundo se nos fue en contra nuestra por el simple hecho de lograr la fama y, hasta cierto punto, una buena fortuna. Pero como es que llegamos al punto de ser tan famosos, y al mismo tiempo, tan vapuleados a la vez.

Algunos dirán que nos lo merecíamos por ambiciosos, otros por mala pata, pero solo nosotros cuatro sabemos muy bien el porqué de estar en el ojo mismo del huracán…

— Por culpa tuya corazón.

— ¡Cami! ¡No digas eso!

— ¡Pero si es verdad, fuiste tú quien nos metió en este embrollo!

— Cuanta verdad hay en eso.

¡Ay está bien! Como decían las chicas, sí, en efecto, fui yo el responsable de terminar entre la espada y la pared, tanto en lo artístico como en lo mundano. Por dármelas de chistosito, Hans, Cami y Kat, mis más cercanos amigos, hermanos y compañeros de banda, estamos ahora en la disyuntiva de saber si permaneceremos unidos hasta el final, o sencilla y simplemente irnos cada uno por su cuenta, especialmente el primero, quien ya estaba con cara de psicópata desalmado al más puro estilo del Hezbolláh.

— Y ya voy para Isis. —Decía este.

— ¿Quieres dejar de interrumpirme? —Le pedí con malestar.

— Ya corazón, Hans solo está jugando contigo… aunque me sorprende que lo haga ahora. —Decía Cami intentando calmarme, a la par que miraba a su bestfriend con despecho.

Como decía… esa era nuestra situación actual, una de tantas circunstancias desfavorables por las cuales tendríamos que volver a salir, con lo mejor de nuestros talentos. Sin embargo, no siempre fue así que los cuatro terminamos peleando por pequeñeces como estas. En otra época las cosas eran muy diferentes y nuestra amistad empezó como cualquier otra, aunque con un denominador común: La música.

Así es como empieza nuestra historia, hace tan solo 10 años.

— ¡Pero Alvaro, qué cursi! —Exclamó de pronto Kat.

— ¡Kat! —Dije yo molesto.

— ¡Qué! Solo decía.

Bueno, exceptuando esta particular interrupción de mi compañera bajista, o sea Kat, todo comenzó cuando yo, el susodicho ya mencionado, estaba cursando mis sólidos estudios de Derecho por aquellos años. El Alvaro de esa época era un simple chico flaco, enclenque, carente de corpulencia y agallas que solo se dedicaba a una sola cosa: Estudiar… y agradar a otros. Lo primero, sin problemas, pero lo segundo, ese si era un problema.

La vida universitaria era… como decirlo… difícil, sobre todo en esa facultad donde la palabra amistad era reemplazada por interés financiero y corporativo, o sea, si tus intenciones no representaban una equivalencia de prestaciones económicas, no servía para nada. Así que por ello tuve que adaptarme a esa enorme selva de egoísmo y tratos comerciales disfrazados de buenas intenciones.

En esa circunstancia fue cuando vi por primera vez a tres particulares chicos: Un hombre y dos hermosas mujeres. El varón era flaco y alto, medio robusto de físico, tez blanca, de cabellos negros medio cortos medio largos y barba frondosa de turco. Una de las mujeres era muy chica, tenía el pelo corto y negro, unos enormes ojos como bolitas y cachetona de cara. Pero la más singular de este grupo era la otra mujer, una hermosa chica de cabellos negros y largos, de contextura flaca, un poco más alta que la anterior y más baja que el varón. Tenía unos hermosos ojos como los de una golondrina y un rostro dulce y tierno, además de tener un físico admirable, con hermosas curvas en los costados y unas piernas atléticas. Desde el momento que la vi, ella cautivó mi corazón profundamente, pues su mirada y su presencia eran de por sí extraordinarias. En ese instante supe enseguida que debía hacerme amigo de ellos tres a como diera lugar.

Desafortunadamente, la facultad no me permitió llegar a eso, por culpa de los compañeros de siempre, preguntando tonterías y cosas sin sentido… por plata.

Pasó el tiempo y de pronto ellos tres, desaparecieron. No los vi más por la Facultad y eso me causó algo de desazón en un principio. La tristeza de no ver más a aquella bella mujer de cabellos negros y ojos preciosos era algo con lo que no podía lidiar por mucho tiempo, y como tenía fama de ser catete y poco paciente, decidí buscarlos por mi cuenta… eso sí, lejos de mis compañeros de carrera.

Así que contra todo pronóstico fui en busca de mis tres predestinados. Usé todos los métodos de investigación que había aprendido en mis estudios para buscarlos, recurrí a tretas secretas para encontrar pistas, e incluso tomé prestadas pruebas falsas… no mentira, eso fue una exageración. En realidad solo pregunté cuadra por cuadra si conocían a estos tres individuos.

Al principio fue algo difícil, ya que encontrar a tres chicos era casi como encontrar tres agujas perdidas en un inmenso pajar, que era Conce City, y además porque la gente de aquí no es de tener mucha paciencia al preguntarles sobre desconocidos, pero no me rendí, perseveré y perseveré una y mil veces, recorriendo cuadra por cuadra, mientras consumía chocolates y bebidas para mantenerme alimentado… hasta que llegado el atardecer, la cosa se complicó.

— ¡No puede ser! ¿DONDE ESTAN ESOS TRES? —Gritaba en medio de la desesperación.

De pronto, sin darme cuenta, un anciano barrendero que estaba circulando por allí me preguntó por mi reacción. Le conté que estaba buscando a un trío de compañeros que estudiaban en la misma universidad a la que iba, y acto seguido, me respondió.

— ¡Conozco a esos tres chicos! ¡El otro día vinieron a comer salchipapas a un local cercano y les pregunté qué hacían además de estudiar! Me respondieron que eran músicos y tocaban en un lugar llamado “Irish Pub”.

— ¿En serio? ¿Y dónde queda ese local? —Pregunté al instante.

— A unas cuadras de aquí, atravesando el parque que está allá. —Me indicó con el dedo hacia donde debía ir—. Ellos casi siempre van a ese pub.

— ¡Muchas gracias señor!

Así, disponiendo ya de todos los antecedentes y con el corazón en un puño por la alegría de saber el paradero de mis predestinados, me dispuse a partir, yendo en dirección al mencionado sitio.

Cuando finalmente llegué, me encontré con que en efecto se trataba de un inmueble con fachada irlandesa, al más puro estilo de los pubs británicos, con una enorme puerta de madera de roble en la entrada, y algunas terrazas al exterior, donde se veían muchas personas tomando cerveza, piscolas y demás tragos.

Entré al lugar, y bajando unas escaleras, di con el subterráneo que albergaba una enorme cantidad de personas, más o menos unas 40 o 50 personas, estaba lleno, repleto de fanáticos que se la pasaban en la algarabía de las charlas, los chistes, las risas fuertes, tomar cerveza al estilo Stone Cold y una agradable música celta ambiental, con sonidos de violines y flautas, muy característico de los irlandeses.

Al fondo de toda esa aglomeración de gente, estaba un mediano escenario, con muchos instrumentos musicales puestos y preparados para un posible concierto, mientras que por el costado izquierdo había una enorme barra, donde se servían los tragos, las tablas y algunos platos preparados, como sanguches y empanadas. Al parecer había mucha expectación por un número musical que iba a presentarse en un rato más. Con mucha curiosidad, me instalé en un asiento de la barra para pedir un sanguche y un trago mientras preguntaba por los músicos que saldrían a escena.

— Son un trío de chicos que tocan casi siempre heavy metal del tipo escandinavo. Se hacen llamar los Nordish. —Me respondió uno de los garzones.

— ¿Los Nordish? —Pregunté medio extrañado por el nombre del grupo.

— Sí. La mayoría aquí no entiende el porqué de esa denominación. Según el guitarrista, es porque desciende de sangre nórdica y sus compañeras son valkirias, qué se yo…

Me reí a carcajadas con lo mencionado por aquel. ¿Sangre nórdica? La verdad es que me parecía algo gracioso, y… no tan gracioso a la vez. En fin, me quedé sentado allí hasta que salieron al escenario los susodichos.

En efecto, eran los mismos que había visto en la Facultad hace tiempo, solo que en vez de sus habituales vestimentas, estaban totalmente cambiados. El guitarrista vestía un polerón negro con pantalones negros y artilugios metálicos, la bajista, que era la de menor tamaño del trío, estaba con una polera escotada y unos jeans rotos en las rodillas, además de brazaletes hechos de plata y un particular tatuaje en el brazo derecho con forma de un gato negro metalero. Pero de quien más me sorprendí… fue con la baterista. La misma chica de la cual me había enamorado al instante por su particular y dulce sonrisa, su físico y sus lindos ojos, ahora estaba delineada de negro, vestida con una sensual falda negra, unas botas negras oscuras y una polera del mismo tono, sin mangas, además de tener un sensual tatuaje en su espalda que decía: “Love me”. Era como si estuviera viendo a otra persona totalmente distinta.

Junto a ellos los acompañaba otro chico, totalmente desconocido para mí, quien aparentemente era el vocalista del grupo. Era medio flaco, con pinta de chulo y vestía cosas de metalero, pero se le veía desaliñado, desastrado, y por no decirlo… desganado.

La gente comenzó a aplaudirlos al verlos salir a escena, y de inmediato comenzaron a sonar los instrumentos eléctricos. Junto al cuarteto se encontraban otros tres músicos de apoyo, dos hombres y una mujer, que tocaban el teclado, el violín y la flauta, respectivamente. Pero los principales eran los primeros, quienes sortear las inclemencias del sonido, comenzaron a tocar.

Fue ella quien dio el vamos con la batería, al mismo tiempo que la más pequeña tocaba el bajo y el guitarrista comenzaba a distorsionar el auricular para después lanzar un potente solo. El concierto había comenzado y el público estaba vuelto loco, todos se creían metaleros, hasta yo, que disfrutaba de los primeros instantes.

Todo bien hasta que el vocalista comenzó a cantar, y ahí vino el desastre. No sé si era por los nervios o por la mala ecualización del sonido, pero el chico interpretaba la letra con desidia y poco entusiasmo, a tal punto que no se le entendía nada, además de estar muy apático y enojado todo el tiempo, cosa que al público le pareció extraño y al mismo tiempo muy desagradable.

Las pifias comenzaron a salir de la nada y los abucheos se sintieron constantes, ya cuando se dieron cuenta todos no solo de la mala disposición del vocalista, sino de sus constantes errores y desafinaciones, tanto así que incluso el guitarrista y la bajista tuvieron que cubrir los problemas de su compañero con sus talentos para que no se dieran cuenta los presentes, cosa que al final no resultó.

Después de ese mal momento tuvo que salir el dueño del local pidiendo disculpas a todos por la situación y los músicos regresaron al backstage, molestos enormemente con su vocalista. Fue en ese punto que decidí echar un vistazo, colándome silenciosamente por la parte de atrás mientras todos seguían abucheando al grupo y gritando como desenfrenados: ¡DEVUELVAN LA PLATA!

Cuando logré acceder al backstage, escuché la fuerte discusión de los chicos.

— ¡Estúpido! ¿En qué demonios estabas pensando? ¡Arruinaste todo el concierto! —Dijo furioso el guitarrista.

— Realmente estamos muy decepcionados por tu desempeño, ni siquiera pensaste en el público. —Se sumó a las críticas la hermosa baterista.

— Da lo mismo, yo solo canto porque me pagan. —Respondía con disidia el energúmeno.

— ¿QUE? —Gritaba furiosa la pequeña bajista—. ¡Esto no es un hobby al que puedes ir y venir cuando se te da la gana, aquí todos somos serios y arriesgamos nuestras horas de estudio para ensayar y preparar estos conciertos, así que no me vengas con esas payasadas!

— Y qué… yo no estudio como ustedes para ser abogados truchos, vivo del día a día. Además… ustedes me obligaron a cantar heavy metal, y la verdad… es que prefiero más el reguetón o el trap, no ésta porquería de música.

— ¡AHORA SI TE MATO! —Exclamó furiosa la bajista al escuchar esas palabras, a lo que el guitarrista la contuvo.

— ¡Cálmate Kat, no te rebajes a su nivel!

— ¡Suéltame Hans, lo voy a moler a golpes!

— ¡Cómo si tu fueras a golpearme, ratoncita!

— ¡Oye, no le faltes el respeto a mi amiga, discúlpate con ella ahora! —Le llamó la atención la hermosa baterista.

— ¡Cállate, no escucho a mujeres como tú! —Respondió el energúmeno faltándole el respeto.

En eso la chica le respondió con un fuerte puñetazo al rostro, derribándolo al instante, para sorpresa de sus compañeros, y mía también. El susodicho se levantó enfurecido por aquella acción y la confrontó de mala forma.

— ¡Qué te pasa! —Le gritó como enajenado el sujeto.

En eso el guitarrista se le colocó enfrente y lo agarró del cuello para darle una buena bofetada en la cara, a lo que el vocalista se defendió con sus manos, empezando un violento forcejeo, a lo que intervinieron la bajista y los músicos de apoyo, con el propósito de separarlos.

— ¡Basta los dos! —Decía ella—. ¡Hans, déjalo, no vale la pena!

En eso el vocalista empujó a este último, para después propinarle una patada en la pierna a la bajista, causando la ira de la baterista, quien se le tiró encima como una pantera en celo, usando sus uñas para lastimar al primero a modo de represalia.

— ¡Cami! —Exclamó de pronto la bajista.

Y de pronto, no sé cómo, el energúmeno jaló a la chica de sus lindos cabellos negros y la lanzó contra el suelo, lastimándola severamente. Ahí fue cuando me enfurecí, pues mientras observaba la situación escondido de ellos, al ver como aquel infeliz dejaba herida a la mujer de mis sueños, me hirvió la sangre con toda intensidad, por lo que mi hora había llegado para ser un héroe.

— ¡Ahora verás princesita! —Exclamó furioso el matón.

Y justo cuando este la iba a golpear… ¡Bam! Un brazo detuvo su accionar. Había aparecido yo, en medio de ambos, deteniendo con mi zurda el puño de aquel sujeto, sorprendiendo así a todos los presentes.

El energúmeno quedó anonadado, no se explicaba como detuve su actuar, pero sí que recibió un letal golpe al estómago de mi puño, ya que como estaba molesto por lo que le había hecho a la joven baterista, no tuve empacho en lastimarlo con todas mis fuerzas para que no volviera a intentarlo. Eso bastó para que, al caer de bruces al suelo, los guardias del pub lo tomaran y lo sacaran a patadas del local, evitando así más problemas de los ya causados.

Para cuando la trifulca acabó, las cosas se calmaron un poco, y en eso aprovecho de acercarme a la hermosa baterista, de la cual sentía cosas fuertes en mi panza, para ayudarla a levantarse.

— ¿Estás bien? —Le pregunté mientras le tendía la mano.

— Sí. —Me respondió ella muy abrumada, a la vez que se ponía de pie.

De pronto, nuestras miradas se conectaron. Sus ojos eran hermosos y su rostro era tan dulce y bello que mi corazón no paraba de latir al contemplarla tan de cerca. Me sentí enamorado a primera vista, y ella no paraba de sonreír con ternura por mi gesto de heroísmo, eso hasta que se metió su amiga la bajista a poner orden.

— ¡A ver a ver! ¿Qué estás haciendo tú aquí? —Me preguntó desconfiada la joven.

— Bueno, yo… —Intenté responderle.

— ¿No sabes que este sitio es solo para los músicos? —Me interrumpió ella con otra pregunta.

— Calma Katy, este chico salvó a Cami de ser agredida por aquel sujeto, así que no hay por qué ser malo con él. —Decía el guitarrista calmando las aguas.

— ¡Pero Hans! —Exclamó furiosa la chica.

— ¡Katy, no seas mala con él! De no haber sido por su intervención, el idiota de Cato me habría golpeado. Desde un principio les dije a ti y a Hans que no era una buena idea tenerlo de vocalista. —Reclamó de pronto la hermosa baterista.

— Pero Cami… tú también estabas de acuerdo con ello, ¿O no? —Preguntó con insidia su compañero.

— ¡Pero si te dije que no, grandísimo idiota! —Exclamó la chica golpeándole la panza al guitarrista.

Me dio mucha risa escuchar como discutían los tres. Era un grupo bastante particular con personalidades muy diferentes, pero se notaba en ellos una amistad muy fuerte y con mucha confianza, además de que me agradaban aquellos dos… y bueno, especialmente la chica de mis sueños, pero de todas maneras, parecían un trío muy confiable.

Sin embargo, en algo tenía razón aquella chica llamada Kat, el backstage no era para cualquiera y si no me iba pronto de allí, las cosas se complicarían aún más, por lo que lentamente comencé a retirarme mientras el grupito seguía discutiendo que hacer ahora que ya no tenían vocalista.

— Chicos… —Intervino de pronto el dueño del pub—. Lamento interrumpirlos pero… la gente pagó por ver un espectáculo y si no consiguen un vocalista pronto, tendré que pedirles que se vayan de aquí sin derecho a cover ni a nada, como acordamos.

— ¿Qué? ¿Hablas en serio? —Reaccioné sorprendido al escuchar eso.

Por supuesto que el trío de chicos me miró con desprecio por decir aquellas palabras, ya que no era de mi incumbencia.

— Lo siento… —Dije después agachando el rostro.

— Esto es malo Hans, necesitamos buscar a alguien que reemplace al tarado de Cato en la banda o nos echarán de aquí. —Decía la hermosa baterista.

— Pero donde encontraremos a otro vocalista. —Agregó con lamento Kat.

— Oigan… —Decía, pero fui ignorado.

— No hay problema chicas, yo supliré la falta de Cato y cantaré las letras. —Afirmó con seguridad el guitarrista llamado Hans.

— Gordo, como guitarrista eres seco, pero como cantante no eres muy pulcro que digamos. —Decía con burla la baterista.

— Cierto, además que acostumbras desafinar mucho cuando cantas muy agudo, así que no te conviene hacer el ridículo en el escenario. —Mencionaba Kat con desdén.

— ¡Oigan…! —Exclamé insistente, siendo ignorado por completo de nuevo.

— ¡Claro que no chicas! ¡Recuerden que llevo sangre nórdica y la música vive en mí! —Exclamó con soberbia Hans.

— ¡Ay por favor Hans! —Reaccionó de pronto Kat—. Eso de que eres nórdico es solo el pretexto ideal tuyo para llamarnos TheNordish.

— ¡Sí, y más encima ese nombre es horrible! —Opinó con molestia la chica de mis sueños, o sea, Cami.

— Pues no me importa, cantaré de todos modos, aunque no les guste la idea a ambas. —Insistió con tozudez Hans.

— ¡OIGAN! —Grité con todas mis fuerzas.

— ¡QUE! —Reaccionaron los tres al mismo tiempo.

— Yo creo que las chicas tienen razón, y con todo respeto pero… no cantas muy bien que digamos. —Manifesté por fin mi humilde opinión.

— ¿Lo ves? Hasta este chico se dio cuenta de tu pobre técnica vocal. —Dijo Kat mofándose de su compañero.

— ¡Oye, quienquiera que seas! Te agradezco que hayas ayudado a Cami pero los tres tenemos un compromiso serio con este público, así que déjanos hacer nuestro trabajo y consíguenos un vocalista pronto. —Dijo Hans dándome órdenes como un capitán.

— ¡Pues aquí lo tienes!

En eso los tres se sorprendieron por lo que dije, especialmente Hans, quien no entendía nada de lo que había mencionado, haciéndose literalmente el tonto.

— ¿Qué acabas de decir? —Preguntó este con incredulidad.

— Lo que oíste. —Respondí con firmeza.

— ¿Acaso es una broma? Porque si es así, te digo altiro que no tiene nada de graciosa.

— No es ninguna broma. Hablo muy en serio.

— Espera… ¿Sabes cantar? —Preguntó asombrada Cami.

— Pues claro… desde que era un niño. —Respondí con dulzura.

— Awww que tierno.

— Oye viejo, escucha… este es un grupo serio de metal, no un concurso de talentos. No sacas nada con ser un buen cantante si no tienes voz de rockero y pinta de auténtico metalero. —Decía Hans poniendo duras condiciones.

— Eso no es un problema, Katy y yo podemos arreglar un poco al chico nuevo. —Agregó Cami.

— ¿Amiga, hablas en serio? —Preguntó sorprendida su compañera.

— Aun así, dudo mucho que puedas cantar, así que con mi voz bastará. —Insistió testarudo Hans.

— ¿Crees que no puedo cantar en tu grupo? ¡Pues entonces te desafío! —Dije con furia retando a Hans.

— Muy bien novato, tú lo pediste.

En ese instante Hans comenzó a inhalar aire y a lanzar frente a mí un potente solo de voz, engrosando sus cuerdas vocales y soltando un juego de sílabas que sonaban más o menos así:

—“Yioooooooooooooooooohyeeeeeeieeeeeeeeeeoooooooouuuuuuuuuuu, Yeah”

— Vaya, eso no estuvo mal. —Dije asombrado.

— A ver si puedes superar eso novato. —Me desafío con rudeza Hans.

— Ok.

En eso me coloqué en posición, mientras las chicas y también los músicos de apoyo de la banda de Hans estaban expectantes por mi improvisación. Solté mis hombros, inhalé aire, estiré un poco el cuello para distender mis cuerdas vocales y acto seguido:

—“YEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEH” “AAAAAAAAAAOOOOOOOOOOOOOO” “Woooohoooooouuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu” “YEAH”

Mi solo terminó siendo muy potente, agudísimo y con mucha afinación, dejando sorprendidas tanto a Cami como a Kat, y especialmente Hans, quién quedó boquiabierto con el resultado, al igual que los otros tres músicos, quienes aplaudieron entusiasmados por aquello.

En ese instante me sentí halagado por aquello, ya que era la primera vez que revelaba mi talento más oculto que tenía, pues nadie sabía… hasta ahora, que podía cantar, y con ese tono tan agudo y fuerte.

— Eso fue increíble. —Dijo la flautista del grupo.

— No me imaginé nunca que tuvieras esa voz, te felicito. —Halagó el tecladista mis dotes de voz.

— ¡Gracias! ¡No fue nada, en serio! —Exclamé medio nervioso y sonrojado a la vez.

— Este chico es asombroso. Con el completamos el grupo. —Afirmó Kat con euforia.

— ¿En serio? —Preguntó sorprendido Hans.

— ¡Pues claro! —Exclamaba Cami—. Además, él me agrada…

Sonreí al instante cuando la baterista dijo esas palabras y acto seguido me sonrojé, al mismo tiempo que ella también, pues estaba algo nerviosa también cuando las mencionó. En eso Hans se acercó para estrechar mi mano en señal de felicitaciones.

— Acepto mi derrota con honor. Eres un potente cantante de tomo y lomo. —

— ¡Oye no es para tanto! Solo fue un duelo de voces, eso es común en los cantantes. —Respondí con mucha calma.

— Pues… me parece bien.

— ¡Oigan! ¿Van a salir a tocar o qué? —Insistió el dueño del pub con molestia.

— ¡Ya vamos! —Respondía Hans, para después dirigirse a mí—. ¿Has estado alguna vez en una banda?

— Pues la verdad… no. —Respondí con honestidad.

— Ahora tendrás tu oportunidad. Demuéstranos en vivo lo que sabes hacer, novato.

— Claro.

De esa forma, como si de un buen augurio se tratara, terminé integrándome a la banda de aquellos tres chicos, a quienes tenía deseos de conocer en persona y que, sin darme cuenta de las circunstancias, acabé formando parte de algo mucho más increíble de lo que pensaba, pues al saltar directo hacia el escenario del Irish Pub, la multitud, a pesar de los abucheos iniciales, comenzó a aplaudir nuevamente para que los chicos tocaran de nuevo, con la diferencia que esta vez yo sería el nuevo frontman de la banda.

— Por cierto… —Intervino Hans antes de empezar a tocar—. No te pregunté el nombre.

— Alvaro. —Respondí.

— Yo soy Hans. —Se presentó informalmente, indicando con el dedo al resto—. Ella es Katy, en el bajo. Y ella es Cami, en la batería.

— Mucho gusto. —Dijo la hermosa baterista.

— Igualmente. —Respondí.

Kat fue la única que no dijo nada porque solo respondió con el símbolo de los dos dedos en la mano, ya que era de pocas palabras. Así es como finalmente conocí a aquellos tres predestinados a los cuales soñaba con frecuentar desde la Facultad donde estudiaba. Lo mejor de todo era que ahora se daría la primera impresión por medio de la música, con los instrumentos listos y por sobre todo, con la belleza inconfundible de aquella hermosa baterista metalera de cabellos y ojos negros, de quien había quedado más que imprimado por su encanto, además de ser rockera claro.

Aquel concierto en el Irish Pub fue el principio de nuestra gran amistad.

20 de Marzo de 2021 a las 01:26 0 Reporte Insertar Seguir historia
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