loganpenn1989 Logan Penn

Ronald se queda solo en casa, y gracias a un video, sus miedos empiezan a incrementarse entre la oscuridad que lo rodea. El extraño lo acecha en media de toda aquella soledad.


Horror Sólo para mayores de 18.
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Su padre, llamado Antonio, se lo quedó mirando a la entrada de la puerta con un bolso en la mano derecha. Ronald no era consciente que estaba lloviendo afuera, mucho menos, de la presencia de su padre. Se encontraba con la vista puesta en el teléfono, escuchando al youtuber con su monólogo cómico, el cual, no le causaba la mínima gracia (Ya había visto ese vídeo 10 veces) pero lo entretenía. Ronald tenía 14 años, nada alto y mucho menos algo que resalte como un adolescente realmente atractivo; un chico común. No tenía grandes experiencias con chicas, y aunque su número de amigos era realmente reducido, en los juegos online, era un personaje realmente popular.

Era una persona alejada de la vida real, le gustaba lo ficticio, y le complacía saber que tenía mucho tiempo para pasarlo ahí, porque su padre ya se iba a trabajar.

-No te olvides de cerrar la llave del gas cuando te vayas a dormir -dijo su padre cerrando las persianas de la ventana -. No te olvides de dejar la alarma para que despiertes mañana para ir a la escuela.

Ronald no se despegaba del teléfono.

Antonio se acercó y se lo arrebató, observó la pantalla y lo miró a él.

-Ni siquiera este tipo es divertido.

-Realmente los viejos no entiende el mundo del internet. -comentó Ronald socarronamente-. Especialmente tú, papá.

-Realmente lo entiendo; incluso estoy suscrito a unos cuantos canales, pero...¡¿Este?! Jamás.

Ronald negó con la cabeza y se encogió de hombros.

-Ahora todo es subjetivo.

-Sí, sí, sí. Es mejor que te duermas temprano. Y no veas mucha pornografía de noche, es malo.

Ronald le dio una mirada de incomodidad. Siendo un adolescente, la pornografía era como la bebida para un alcohólico, así que a veces, no podía evitar mirarla, pues la misma le producía una serie de sensaciones agradables y sensacionales. Pero en el momento en que su padre dijo eso, no pudo evitar sentirse incómodo, pues consideraba eso como algo ilegal y pervertido, y mucho peor si su padre sabía que la veía.

-Tranquilo muchacho, yo también fui un chiquillo.

Los pasos de su padre se alejaron hacía la sala. Se detuvieron, y de nuevo se reanudaron en el sonido de una puerta al abrirse, para terminar en el sonido de un motor de motocicleta.

Ronald se quedó quieto, observando por la ventana como su padre se alejaba con la motocicleta por la Av. Ferreira. Su padre era guardia, viudo y con una actitud un poco más amigable de lo que era él; pues Antonio podía lograr una conversación muy fluida con un extraño en el momento de conocerlo, algo que él carecía, ya que esa fluidez que hablaba su padre en frente de alguien, Ronald solo la lograba con unos de sus amigos más íntimos, y con su padre mismo. Ronald observó como su padre viraba por la sexta, en un cruce y desaparecía. Se volvió a sentar en la silla, con una sensación de pesadez en el pecho y tristeza, a veces quería evitarla, pero era algo de él, y sabía que amaba a su padre, y saberlo lo hacía más humano. En momentos como esos también recordaba a su madre, la cual, pasó muchos meses enferma para terminar por desaparecer entre las sabanas de la cama de su habitación. Ronald no se cansaba de comparar que la muerte de su madre, fue tan similar como el procedimiento de una flor al marchitarse.

Siguió navegando por YouTube; vio unos cuantos videos de risas y de futbol, ya que Ronald era un aficionado al deporte. Le llamaba mucho la atención, pues consideraba todo lo relacionado, hasta goles, gambetas y pases, como algo técnico; algo que merece ser pensado antes de realizarse.

Se puso de pie y se estiró. Se llevó las manos a los ojos; los tenía cansados, y por un momento vio muchas estrellas flotando y parpadeando en frente de él.

En ese momento la pantalla de su celular se encendió dando un tono de mensaje. Ronald ya no quería ver más el teléfono por un buen tiempo, pero la curiosidad hizo que levantara el mismo y viera el mensaje.

Era su amigo Xavier que por un texto le decía que había conseguido el número de Dayana, la chica más bonita de la escuela. El mensaje terminaba con una cara de felicidad, e informarle que le había hablado de él, y Dayana había mostrado gran interés.

Dejó el celular aún lado de la computadora de su escritorio. En ese momento volvió a sentir el calor en el pecho, pero el mismo era diferente, era como un fuego, pues se trataba de otro sentimiento.

27 de Marzo de 2021 a las 02:17 0 Reporte Insertar Seguir historia
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