aj_taro Javiera G. Pavez

Tras un desafortunado incidente, Isabella una joven quien está a punto de empezar su primer año de universidad conoce a Irene, una mujer diez años mayor que ella. Después de este encuentro una infinidad de situaciones y sentimientos inesperados empezarán a formarse entre ellas dos.


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El Comienzo

Era una fría mañana para un día de verano, aunque con escasas nubes por lo que el sol calentaba lo suficiente, faltando escasos minutos para ser mediodía, por la ventana de la habitación de Isabella se colaba un rayo de luz el cual le daba justo a sus ojos. La muchacha se despertó por la cálida sensación que se posaba en su rostro.

Se quedó recostada contemplando el techo de su habitación por alrededor de cinco minutos sin ningún pensamiento en particular, hasta que el sonido de su teléfono celular la hizo salir de su transe. Estiró su brazo para alcanzar el artefacto que se encontraba en el velador junto a su cama.

Respondió sin siquiera darle una mirada para ver quien llamaba.

–¿Diga? –su voz ronca dejaba a relucir que acababa de despertar.

Hubo una pequeña pausa antes de que obtuviera respuesta.

–No me digas que te desperté –la voz al otro lado de la línea denotaba un tono irritado–. ¿Qué hora crees que es?.

Isabella aún no completamente despierta no respondió hasta que lentamente le volvió a la mente la conversación que tuvo con su amiga la noche anterior, habían decidido salir juntas ese día para celebrar nuevamente el comienzo de su vida universitaria. La cual empezaba el lunes de la semana siguiente.

–¡¿Te volviste a dormir?! –Isabella podía decir claramente que su amiga estaba enojada.

–¡Ah! ¡Lo siento! Me visto y salgo, para que me perdones te compraré algo dulce.

–¡Más te vale!.

Dicho esto se cortó la llamada, Isabella se vistió lo más rápido que pudo, por suerte había dejado su atuendo preparado la noche anterior. Era una polera blanca de tirantes, un short de mezclilla holgado y por último se colocó sus zapatillas blancas con plataforma, aunque ella ya era bastante alta puesto que medía un metro setenta centímetros igualmente le gustaba usar ese estilo de zapatillas.

Ordenó su cabello mirándose en el espejo que tenía junto a su escritorio y se colocó su perfume favorito, era una esencia floral liviana con un toque cítrico; agarró su cartera y guardó su teléfono celular antes de salir. Decidió ir a pie en lugar de esperar por el autobús ya que no estaba acostumbrada a usarlo, pasados los treinta minutos la muchacha ya iba caminando por la Avenida Principal cuando se percató de que los pasos que provenían detrás de ella sonaban cada vez más cerca, haciendo ruido de forma más intensa a cada segundo.

Se dijo a sí misma que se estaba imaginando cosas intentando tranquilizar sus nervios, no obstante, en ese mismo instante sintió unas manos grandes y fuertes empujarla hacia un callejón por el cual acababa de pasar. La chica chocó contra la pared de concreto, raspó sus manos en un intento de proteger su rostro. Se volteó para encontrarse con un hombre bastante alto, tenía una gran cicatriz en la mejilla derecha, fue a lo único que la joven pudo enfocar su atención. El hombre le gritaba con una gran intensidad para que le entregase sus pertenencias de valor, pero Isabella sólo entendía incoherencias. El asaltante cada vez más exasperado levantó su brazo derecho para darle un golpe en la cara a la muchacha pensando que con eso ella soltaría su bolso y finalmente podría irse de allí con su botín; sin embargo, antes de poder efectuar el golpe escuchó un sonido eléctrico detrás de él. Cuando volteó hacia atrás vio una mujer con una blusa blanca, pantalones negros ajustados y unos tacones negros altos; pero, lo que más le llamó la atención o mejor dicho lo que le aterró, fue ver en sus manos una macana eléctrica.

En el momento en que sus miradas se encontraron, él se dio cuenta de algo, al ver los ojos de aquella mujer él supo en un instante que ella si utilizaría su arma, no lo asustaría y ya. Sino que en verdad lo utilizaría en él. Ante aquel pensamiento su cuerpo reaccionó antes que él, al darse cuenta ya se encontraba corriendo en la dirección opuesta, deseando no volver a encontrarse con aquella loca, nunca más.

Isabella, quien seguía esperando con los ojos cerrados al darse cuenta de que iba a ser golpeada soltó un chillido cuando una mano se posó en su hombro, intentó correr; pero, dos manos más delgadas y pequeñas que las que la habían empujado a aquel callejón la estaban agarrando por los hombros, una voz suave y dulce la intentaba tranquilizar.

–Ya todo está bien, tranquila.

Isabella se quedó mirando a la mujer frente a ella con asombro y mucha admiración al darse cuenta que la había salvado de aquel horrible y aterrador hombre, antes de que pudiera evitarlo las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, rápidamente llegaron los sollozos. Se había quebrado por completo, no podía mantener la compostura lo cual era algo bastante raro en ella, aunque completamente entendible después del susto que había vivido.

Unos brazos cálidos la rodearon, sintió el calor del cuerpo de aquella mujer, pudo oler su perfume. Era dulce, se le vino a la mente la esencia de vainilla y el aroma a coco que se fusionaban de una manera completamente perfecta. Una mano suavemente comenzó a acariciar su cabeza, ese pequeño gesto logró calmarla, después de un momento se alejó lentamente de la extraña.

La miró detenidamente, se dijo a sí misma que quería recordar todo de ella por pequeño que fuese. La mujer tenía el cabello tan negro como una noche de invierno, era lacio y le llegaba a los hombros. Su piel era tan blanca que se asemejaba a la nieve, sus cejas no eran ni muy gruesas ni muy delgadas. Sus ojos color avellana le hicieron pensar que eran los más hermosos que había visto, en cuanto a su nariz, era delgada y respingada. Sus labios fue lo que más se destacó, eran de un rojo matte intenso el cual tenía un bello contraste con su pálida piel. Se veía mayor que Isabella pero la chica no supo decir del todo bien su edad, tenía un estilo bastante elegante, sintió admiración por la forma en que se mostraba a sí misma.

Cuando vio sus manos pálidas notó un artefacto extraño de color negro en ellas.

–¿Qué es eso? –preguntó la chica mirando el artefacto con gran curiosidad.

La mujer miró en la dirección donde estaba puesta la vista de Isabella.

–¡Ah! –pareció haber olvidado el siquiera estar sosteniendo el objeto, pero se explicó rápidamente–. Es una macana eléctrica, la tengo conmigo por protección personal. La verdad es que nunca la he usado pero sirvió para asustar a aquel sujeto.

Isabella pudo apreciar un leve sonrojo que apareció en las mejillas de la mujer, en ese momento recordó que aún no le agradecía por haberla salvado.

–Muchas gracias por salvarme, ¿cómo puedo agradecerle?.

Eso tomó por sorpresa a la mujer quien respondió con una tierna sonrisa.

–No te preocupes, no hay nada que agradecer.

–Pero…

La muchacha no alcanzó a terminar de hablar cuando la mujer levantó su brazo izquierdo sobresaltándose al ver la hora en su reloj. Dudó sobre si debía irse o no, no creía que fuese buena idea dejar sola a la chica, no obstante, quería terminar pronto con el asunto que le estaba esperando. Al final se decidió a acompañar a la muchacha que por su apariencia parecía estar en la preparatoria, la cual probablemente siga muerta de miedo después de lo que acababa de vivir.

–¿Ibas a algún lugar cerca? –le preguntó a la joven sonando completamente amable.

–Sí, iba camino a juntarme con una amiga. A unos diez minutos de aquí.

–¿Quieres que te acompañe hasta allá?.

La pregunta hizo que Isabella sintiera una ligera punzada en su pecho, no se dio cuenta del leve rubor que apareció en su rostro. Era la primera vez que experimentaba aquella sensación.

La miró y asintió.

–¡Vamos, entonces! –le hizo un leve asentimiento con la cabeza para que la muchacha la siguiera.

Comenzaron a caminar en silencio, hacia el punto de encuentro donde estaba esperando ya algo irritada la amiga de Isabella. Después de cinco minutos de caminata en silencio la mujer sintió que debía empezar la conversación.

–¿Cómo te llamas? Yo me llamo Irene.

–Isabella –la muchacha se quedó mirando a la mujer por un momento debatiendo internamente lo que llevaba pensando los pasados cinco minutos–. Hay un lugar en el que debes estar, ¿verdad?.

–Yo… sí, pero está bien –Irene le dio una sonrisa para tranquilizarla; pero, la joven pudo ver que no era completamente honesta, estaba tan acostumbrada a estar rodeada de adultos que ya sabía cuando uno le mentía.

–Ve, yo ya estoy bien. –se repitió a sí misma que sólo quedaban cinco minutos para llegar al punto de encuentro, que no habría problema.

–¿Segura? –aún estaba preocupada, ni siquiera ella misma entendía el por qué se preocupaba tanto por esta chica que acababa de conocer. Normalmente se habría alejado al verificar que ella se encontraba bien y hubiera seguido su camino, aunque por alguna razón ese no era el caso.

–Sí, yo estaré bien. Además, puedo ver que es algo importante.

Irene miró detenidamente el rostro de la muchacha buscando cualquier indicio de duda, por primera vez desde que la encontró en el callejón pudo apreciar la belleza que irradiaba. Tenía el cabello rubio oscuro, le llegaba hasta la cintura. Su piel era blanca aunque no tan pálida como la misma Irene, sus ojos eran de un marrón claro casi grisáceo heredados de su madre. Su nariz delgada y pequeña, sus labios eran de un rosado carmesí. Notó un gran sonrojo en las mejillas de Isabella, lo cual encontró adorable. Al no encontrar rastro de duda alguna en el rostro de la chica decidió volver por donde se dirigía, se despidió y se fue.

2 de Marzo de 2021 a las 14:02 2 Reporte Insertar Seguir historia
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ASHLEYCOLT 777 ASHLEYCOLT 777
Un gran comienzo me ha gustado mucho, gracias por publicarlo.

  • Javiera G. Pavez Javiera G. Pavez
    Que bueno que te haya gustado, gracias por las buenas vibras 😁💫 4 weeks ago
~

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