juditfv Judit FV

Un muchacho llamado Noah es perseguido por alguien y para poder distraerles se mete en un edificio, pero lo que no esperaba al doblar una esquina era meterse en un mundo totalmente diferente, un mundo donde él es otra persona con un poder extraño. Él decide buscar la respuesta de este hecho por si solo, para ello inicia una aventura donde conocerá a personas que le ayudaran... ¿Podrá volver a su mundo o definitivamente se quedará estancado allí dentro?


Fantasía Épico Todo público.

#dos-mundos #mundosalternativos #anime #yionis #poderes-extraños #poderes #zulek #reinoZulek #novela #fantasia #reinos #332 #batallas-epicas
0
135 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todas las semanas
tiempo de lectura
AA Compartir

CAPÍTULO 1: Un mundo nuevo

Mi respiración se encontraba alterada y un sudor frio recorría mi frente. ¿Por qué tenía que suceder esto? Todo mi cuerpo se encontraba agitado, la adrenalina pasaba por mis venas y en mis oídos solo escuchaba las pisadas que hacía.


Apoyé mi espalda en la pared para intentar controlar mis pulsaciones, observé de reojo la esquina del callejón, donde solo podía ver oscuridad.


— Vamos... — dirigí mi mano a gran velocidad hacia el bolsillo para coger el teléfono — Vamos... — toqueteé mi móvil para pedir ayuda, pero mis dedos no me lo permitían.

— Noooah. — apoyé mi cabeza en el muro mientras observaba con pánico al frente. En ese momento un gran golpe se escuchó por la calle — ¡Noah! — gritó.


Me mantuve en silencio intentando no hacer ningún ruido, observé a mi alrededor intentando encontrar una salida, pero solo podía ver una que iba hacia una puerta. Joder, joder. No paraba de repetir una y otra vez la misma palabra en mi mente.


Trague saliva antes de iniciar mi carrera hacia esa puerta, ni si quiera observe hacia atrás, tenía demasiado miedo para hacerlo.


Porque tenía que ser yo, porque tenía que ser el más débil de clase y porque mis compañeros me persiguen. Mi cuerpo hacía tiempo que aprendió a huir o a ser golpeado.


— ¡Por ahí! — escuche esa voz que hacía meses se burlaba de mí.


Abrí la puerta lo más rápido que pude y me adentré en ese edificio. El sudor recorría cada rincón de mi rostro mientras mi respiración se entrecortaba. Las pisadas retumbaban en mis oídos, si me detuviera ahora todo habría sido en vano.


— ¡Jodeeeer! — grité con todas mis fuerzas mientras giraba la esquina del edificio.


Cerré los párpados mientras mi fatiga ya comenzaba a aparecer. En ese momento un silencio me envolvió mientras un viento movía con gran fuerza mi cabello y alzaba mi camiseta. Abrí mis párpados y pude contemplar a primera vista el color azul, desvié mi vista hacia un lado y en ese momento mi corazón se paró. Me encontraba cayendo del cielo sin saber el motivo.


Con la fuerza con la que caía hizo que mi cuerpo se volteará haciendo que mi mirada se dirigiera hacia el suelo.


— ¡Aaaaaaaaaah! — grité con todas mis fuerzas mientras veía más cerca el suelo — ¡Nooooo! — me tapé con mis brazos mi cara, pensaba que haciendo eso la caída iba a ser menos dolorosa o mortal.


Volví a cerrar mis párpados para notar el suelo y así no ver como ultima cosa la hierba verde del campo, pero el impacto nunca llegó. Abrí lentamente mis párpados, me sorprendí al verme flotar a varios centímetros del suelo y en segundos caí tocando por fin el suelo.


Apoyé mis manos en la hierba para levantarme a gran velocidad, observé a mi alrededor alterado, pero a la vez sorprendido.


— ¡¿Do-do-dónde estoy?! — bajé mi mirada hacia mi ropa, me encontraba vestido con una camiseta blanca y unos pantalones negros — ¿Por-por qué estoy vestido así? — miré mis manos primero las palmas y después los dorsos — ¿Y esta cicatriz? — pasé mis dedos mientras lo observaba extrañado.


— ¡Lei! — escuché un gritó viniendo de mi alrededor.


Me di la vuelta para mirar el horizonte, mis pulsaciones seguían en aumento. El cielo se encontraba despejado y donde el sol brillaba en su total intensidad.


— Lei. — noté una mano en mi hombro.


Me sobresalte retrocediendo varios pasos de la persona que se encontraba en frente de mí. Me miraba sorprendido por el comportamiento que había tenido.


— Lei, ¿Te encuentras bien? — su mirada recorrió todo mi cuerpo.


— ¿Le-Lei? — pregunté mientras lo observaba, era un chico de entre dieciséis y dieciocho años, su pelo era de un tono marrón claro, vestía bastante formal, pero el traje era antiguo — ¿Dónde estoy? — le señale — ¿Y quién eres?


— Te estas quedando conmigo ¿Verdad? — lo dijo con un tono sarcástico — Porque... Somos amigos desde hace años. — mi mirada se dirigió hacia sus ojos que tenían un tono amarillento. — Soy Jun.


— Yo... Yo no me llamo Lei. — negué con mi cabeza — Me llamo Noah. — señale a mi alrededor — ¡Y he caído desde el cielo! — alce la voz.


— Ya te dije que entrenar hasta muy tarde te iba a perjudicar, pero nunca pensé que te golpearías la cabeza con esa espada de madera tuya. — señaló el árbol que se encontraba detrás de él, cerca de ese árbol se encontraba una chaqueta marrón claro y una espada apoyada en el tronco — Hay que ir adentro, el discurso de la princesa va a comenzar ya. — se dio la vuelta para comenzar a caminar.


— ¡Espera! — corrí para colocarme en frente de él — ¿Dónde estoy? — volví a preguntar.


— ¿Enserio no te estas quedando conmigo? — me miró extrañado.


— Dime qué lugar es este. — apoye mis manos en sus hombros.


— Es el reino Zulek, el reino donde naciste y te criaste.


— No... — susurré mientras descendía mis manos — Yo soy de un país de Europa... — comenzó a reírse tras mi respuesta.


— No existe ningún reino llamado... ¿Europa? — acercó su mano hacia mi hombro para empezar a golpearlo ligeramente — Pareces otra persona. — se alejó de mi para coger mi chaqueta y mi espada — Pero seguramente te ha pasado esto por entrenar. — me las ofreció.


— ¡Ya te lo he dicho no soy ese tal Lei! — alce la voz mientras me señalaba.


— Lo que tu digaaaas. — lo dijo con voz burlona mientras acercaba mis cosas hacia mi pecho para que no tuviera otra opción que cogerlas — Vamos, no me quiero perder el discurso.


Comenzó a caminar, lo miraba mientras se alejaba de mí. Volví a mirar a mi alrededor, pero todo lo que observaba parecía tan real que era difícil de no creerlo.


— ¡Lei, vamos! — miré rápidamente hacia él, con su mano me hacía gestos para que fuera.


Me apresuré para posicionarme a su lado, observaba asombrado mi alrededor mientras me ponía la chaqueta después, me coloqué la espada en el cinturón.


— ¿Podrías decirme más cosas sobre mí? — desvió su mirada hacia mí — Es para poder recordar las cosas. — sonreí nerviosamente.


— Al menos recordaras a tu hermano. ¿Verdad?


— ¿Her-hermano? — pasé mi mano por mi nuca — Cla—claro.


— No lo recuerdas... — negó con la cabeza.


— No... — mostré mis manos con iniciativa — Pero dime como se llamaba e iré a verlo.


— Lei... Tu hermano Daiki fue arrestado por la guardia real hace dos años.


— ¿Cómo? — le miraba con ojos como platos — ¿Por qué?


— Se saltó la ley del reino.


Desvíe mi mirada hacia el frente para visualizar un gran muro de piedra, me fascinaba cada detalle de este mundo, pasamos las puertas de hierro para adentrarnos en el reino. Estar viviendo una época de esta forma hacía que poco a poco me cautivará, observaba a mi alrededor, cada puesto que se encontraba en la calle, las personas que pasaban con su ropa antigua parecían reales.


— Entrenaba para salvarlo... —— lo dije en voz baja mientras desviaba mi vista hacia el suelo.


— Si... — golpeó mi espalda ligeramente haciendo que alzará mi mirada hacia él brevemente — Querías hacerte más fuerte para lograr entrar en el castillo.


Pasamos cerca de una tienda y al momento me paré, desvíe a gran velocidad mi mirada hacia el escaparate y me acerque rápidamente para apoyar ambas manos en ella.


— ¡¿Este soy yo?! — grité.


Tenía el pelo de color blanco, pero con algunos reflejos de un color más oscuro, mis ojos eran bastante expresivos y de un color marrón claro. Había una buena combinación con el color de pelo y el color de mi ropa. Me aparté brevemente mientras observaba mi reflejo en el cristal, toqué mi cara y mi pelo e inmediatamente el pendiente que tenía en una de mis orejas.


— ¿Qué haces? — desvíe mi mirada rápidamente hacia Jun.


— Nada, nada. — repetí la palabra un par de veces mientras observaba de reojo el escaparate.


— Vaaamos. — me volvió a sujetar de mi brazo para empujarme y así, seguir con la caminata.


Anduvimos un buen rato por la calle, yo estaba alucinando con cada cosa que veía, incluso seguía sorprendido por mi aspecto, no tenía nada que ver con mi verdadero yo.


— Ya habrá empezado. — aceleró sus zancadas para aproximarse al barullo de gente que había.


Le seguí por detrás mientras nos hacíamos hueco por la muchedumbre hasta qué por fin, pudimos ver lo que la gente observaba. Nos posicionamos delante de las primeras personas y mi mirada de sorpresa se fijó en los guardias reales, pero la que me ganó fue una chica; Vestía con unos pantalones negros y una chaquetilla blanca con unas líneas rojas que recorrían desde los hombros hasta las mangas.


Su pelo era largo de un color castaño claro y su mirada era fría, no dejaba de mirar a las personas que se encontraban mirándola hasta que se fijó en mí.


— Oye... — golpeó disimuladamente mi brazo — Te está mirando la princesa... — me lo dijo en voz baja.


— No me había dado cuenta... ¿Sabes? — lo dije irónicamente — Porque tiene una mirada como si quisiera matarme. — miré de reojo a Jun.


— Te abalanzaste hacia ella hace un par de días. — se mantuvo en silencio un par de segundos — Al no recordar ese momento te beneficia...


— ¡¿Qué?! — grité mientras me giraba para mirarle. A raíz de ese grito la muchedumbre de mi alrededor comenzó a murmurar — Perdón... — me di la vuelta mientras hacía varias reverencias como disculpa.


— Lei... — escuché mi supuesto nombre viniendo de Jun y me di la vuelta.


Mi respiración se paró en el acto, observaba el rostro de la princesa a varios centímetros de distancia, trague saliva mientras un sudor empezó a caer por mi frente. Nuestras miradas se fijaron en cada uno mientras ella solo se aclaraba la garganta.


— Acabas de interrumpir un discurso muy importante. — aunque tuviera una mirada fría su voz era dulce. Su mano estaba sujetando el mango de la espada que se encontraba en su funda.


— Me disculpo por cortar su discurso. — ella solo recorría su mirada por todo mi rostro hasta finalizar otra vez en mis ojos.


— Que no vuelva a pasar. — me lo dijo con seriedad.


Me observó por última vez mis ojos para después, darse la vuelta y comenzar a caminar. Mi mirada no podía desviarla de ella en ningún momento.


— Me disculpo por el comportamiento que tuvo el verdadero Lei, abalanzarse sobre una princesa... — bajé mi mirada mientras negaba con la cabeza.


— El... — alcé mi mirada porque escuché como susurraba algo — ¡El verdadero Lei! — gritó mientras desenfundaba la espada, se giró a gran velocidad haciendo que su delicado cabello se moviera, me apuntó con ella y pude notar la punta de la espada en mi garganta.


— ¿Se abalanzó hacia la princesa? — comencé a escuchar murmullos viniendo desde detrás de mí. — ¿Están saliendo?


— No, no, no. — moví rápidamente mis manos negándome — So-solo quería disculparme por ese malentendido.


— ¡Princesa Kata! — desvié mi mirada hacia detrás de ella, un guardia la había llamado mientras se acomodaba mejor la espada.


— Acabas de hundir mi reputación... — lo susurró, pero lo pude escuchar — Miserable. — bajó su espada para guardarla y volvió a darse la vuelta para volver a caminar hacia su lugar de inicio.


— Miserable... — lo dije en voz baja mientras apretaba mis puños — ¡No soy ningún miserable! — volvió su rostro para mirarme.


¿Qué hago? Esa era la pregunta que me rondaba por la cabeza, yo no soy así, yo me callo las cosas e intento pasar desapercibido.


— ¡Osas gritar a la princesa! — el guardia me observaba con ira mientras empezaba a acercarse, hasta que pasó cerca de la princesa y ella lo paró, colocando su mano en su armadura.


— ¡Crees que al tener esta etiqueta de princesa te da derecho a menospreciar a los demás! — noté un breve pinchazo en el ojo derecho — ¡Sé que detrás de esa mirada fría hay un corazón cálido! — aproxime mi mano para taparme el ojo — Joder...


— ¿Acaba de declararse? — volví a escuchar cómo la gente cuchicheaba a mi alrededor — ¿Él es pobre?


— Nos vamos... — cuando escuché su voz alcé mi vista dejándome de tapar el ojo.


Ella seguía quieta observándome hasta que su mirada se dirigió hacia mis ojos, ahí es cuando sus facciones cambiaron para mirarme sorprendida. Me di la vuelta a gran velocidad para salir corriendo, empuje como pude a las personas para hacerme hueco y salir lo antes posible.


Corrí por toda la calle mientras mi respiración se aceleraba, volvía a tener esa sensación de angustia en mi cuerpo. Poco a poco iba bajando las revoluciones hasta llegar hasta el punto de pararme para coger aliento.


— Porque me ha mirado así... — me incline para apoyar ambas manos en mis rodillas. Miré brevemente el suelo para después, desviar mi mirada hacia la izquierda para observar el escaparate de una tienda — Que... — me acerqué lentamente mientras miraba mi reflejo sorprendido — Que soy... — apoye una mano en el cristal.


Uno de mis ojos había cambiado de color, era de un tono azul eléctrico y no desaparecía. Aproximé mi mano hacia mi rostro, pasaba mis dedos por el contorno del ojo intentando sacar una explicación lógica.


— Lei. — me mantuve sin responderle hasta decidir qué hacer — Lei... — cerré el párpado y así, mirarlo.


— Hola. — sonreí nerviosamente.


— ¿Qué le pasa a tu ojo? — me miró extrañado.


— Na-nada. — me tapé el ojo con la mano — Me olvidé de preguntarte por mis padres...


— Tu... — respiró profundamente — Tu madre murió. — mi respiración se aceleró tras la respuesta.


— ¿Mi padre?


— Os abandonó a tu hermano y a ti cuando erais pequeños.


— Necesito respuestas. — lo dije mientras apretaba con mis yemas de los dedos la piel de mi rostro — Solo pido eso.


— Desde hace horas te comportas muy extraño.


— ¡Te lo he dicho! — separé mi mano para dejar de ocultar mi ojo — ¡No soy de aquí! — grite con todas mis fuerzas.


— ¿Tu ojo? — me observaba sorprendido.


— No sé cómo ha sucedido esto. — señale con ira mi ojo — Me enfade que me llamará miserable y mi ojo cambió. — descendí lentamente mi mano mientras volvía a posar mi mirada en él — Es mejor que me alejé de aquí. — retrocedí lentamente — Necesito que me digas donde se fue mi padre.


— No lo sé... — negó con la cabeza — Pero... Sé quién puede saberlo.


— ¡¿Quien?! — alcé la voz, al momento miré detrás de él se podía ver cómo la gente volvía del discurso.


— Una señora que trabajaba para tu padre, si no recuerdo mal... — me puse la capucha de mi chaqueta para ocultar mi rostro — Creo que se quedó con la casa vuestra cuando os mudasteis.


— ¿Dónde está esa casa? — pregunte con curiosidad.


Se volteó para mirar hacia detrás, señaló toda la recta de la calle y comenzó a explicarme donde tenía que dirigirme.


— Si sigues toda esta calle recta, cuando llegues al final del todo solo tendrás que pasar por un callejón, te encontrarás varias casas, tendrás que ir a la que está más alejada.


— De acuerdo. — empecé a caminar dejándole atrás.


— ¡Oye!


— ¡Gracias! — volví mi mirada hacia él mientras le mostraba una mano con forma de agradecimiento.


Caminé por la calle mientras observaba a mi alrededor, por el momento tenía que ocultar este extraño ojo. Pasé justo por el lado donde anteriormente la princesa se encontraba haciendo el discurso, en que pensaba el verdadero Lei abalanzándose hacia la princesa, mientras lo pensaba iba negándolo con la cabeza.


— Y si ellos son... — me paré en seco en la calle mientras poco a poco iba ruborizándome — No, no. — repetí mientras zarandeaba mi cabeza — Imposible.


Las calles eran amplias y los edificios de piedra que se encontraban a su alrededor eran bastante pequeños, cada uno tenía un toque diferente a los demás. Tenía curiosidad de cómo era la antigua casa de Lei, sería grande o pequeña. Nunca he querido etiquetar a una persona como pobre o rica, ya que cada persona aporta algo al mundo, da igual si es directamente o indirectamente.


Llegué hasta el final de la calle como dijo Jun, desvié mi mirada hacia mi derecha, ahí se encontraba el callejo, un callejón bastante solitario incluso si había la luz del sol. Me adentré en el con confianza, sabía que iría a un lugar donde podrían decirme la dirección hacia una persona que podría darme respuestas.


Al llegar al final del recorrido pude ver distintas casas separadas, pero hubo una que estaba más aun, se encontraba aislada de las demás. Me acerque lentamente hacia la puerta, cuando me coloque en frente elevé mi mano para tocar a la puerta. Solo esperaba que alguien se encontrase dentro.


Me mantuve quieto mientras observaba a mi alrededor, mi mirada se dirigía hacia las otras casas hasta que, en una, pude ver la figura de una persona mirándome, al momento, cerró rápidamente la ventana.


Observe extrañado esa ventana hasta que la puerta de enfrente de mí se abrió, mostrándome a una mujer de mediana edad, su cabello era corto de un color negro canoso, me miraba sonrientemente.


— ¿Le puedo ayudar joven? — preguntó mientras desviaba varios segundos su mirada de mí.


— Busco a una persona... — me aclaré la garganta — Hace un tiempo mi padre, mi hermano y yo vivimos aquí. Una persona cercana a mi padre compró esta casa.


— ¿Lei? — lo dijo sorprendida — ¡¿Eres tú?! — sujetó mis hombros con rapidez haciendo que la capucha que llevaba puesta se cayera.


— Si... — me tapé rápidamente mi ojo — ¿Po-podemos hablar dentro?


— Cla-claro... — me miraba desconcertada mientras me ofrecía entrar.


Entre rápidamente mientras volvía a colocarme la capucha, caminé hacia el comedor. La parte interior de la casa era amplia; Muebles de madera, accesorios encima de algunos de ellos, un lugar bastante acogedor.


— ¿Te seguían? — me di la vuelta para mirarla.


— No, no. — repetí mientras mostraba mis manos en forma de negación — Solo quiero que me ayudes a saber la dirección donde se fue mi padre.


— ¿Dónde está tu hermano? — caminó lentamente hacia mí, su voz transmitía preocupación.


— Mi-mi hermano está... — me rasque la nunca — Bueno... — trague saliva mientras pensaba una excusa.


— A mí no me mientes. — agarró mi hombro mientras que con la otra mano me volvía a apartar la capucha — Trabaje muchos años con tu padre y se cuándo mentís. — me tapé rápidamente mi ojo — ¡¿Qué te pasa en el ojo?! — alzó la voz.


— Mi-mi ojo cambió de color... — baje mi mirada hacia el suelo.


— ¿Cómo?


— Me enfadé y grité a la princesa... — descendí lentamente mi mano donde ocultaba mi ojo para mostrárselo — Y mi ojo se puso de un color azul. — la miré.


— ¡Gri-gritaste a la princesa! — me observaba sorprendida, pero a la vez se encontraba alterada — ¿Por-porque lo has hecho? — retrocedió para colocar su mano en la frente — La has gritado... — la miraba extrañado mientras susurraba cosas — Te van a coger...


— Mi ojo. — eleve ambas manos para señalarlo — Es azul.


— No mientas de esta forma. — me mira mientras inclinaba su rostro — Tu ojo está bien. — me señala brevemente.


— ¡¿Qué?! — camine a gran velocidad hacia el espejo más cercano. Apoyé ambas manos en el mueble para mirar con gran determinación, mi ojo había vuelto a la normalidad — Como puede ser... — lo dije en voz baja mientras aproximaba mi mano para pasar mis yemas por el contorno del ojo.


Cruce mis brazos en el mueble para apoyar mi frente en ellos, todo lo que estaba pasando no tenía sentido, ni si quiera me dio tiempo a preguntarle su nombre, al pensar en eso mi inquietud aumentó.


— Perdón... Pero... — levante mi rostro para mirarla nuevamente — ¿Cuál es tu nombre?


— ¿Mi-mi nombre? — aceleró su paso para acercarse a mí, me sujetó del rostro y me miró fijamente — Tú no eres Lei... ¿Quién eres? — sujetó mis mejillas para comenzar a moverlas haciéndome daño.


— So...Soy Noah. — lo dije entrecortado.


— ¿Noah? — preguntó mientras estiraba más fuerte — No entiendo esto.


— Aaah. — me quejé y al momento me soltó — Yo me pregunto lo mismo. — me frote ambas mejillas — Por eso quiero encontrar al padre de Lei, él podría saber algo.


— Él no sabrá nada. — me lo dijo fríamente — Tendrías que buscar a Akiro.


— ¿Akiro? — la observe sorprendido — ¿Cómo sabes que él me podría ayudar?


— Él hace años ayudaba a la gente denominada Yionis, gente que por una rara razón logran tener extraños poderes.


— Yio... ¿Qué? — alce una ceja extrañado — ¿Poderes?


— Pero lo que es sorprendente, es que el poder que has logrado tener ha sido cambiarte de cuerpo.


— Espera, espera. — la interrumpí — ¡¿A eso se le considera un poder?! — alce mi voz — No podía tener otra cosa, no sé... Controlar el fuego, hacerme invisible. — suspire mientras acercaba mi mano hacia mi frente.


— Akiro lo sabrá. — se alejó de mí para dirigirse hacia uno de los muebles del comedor, abrió rápidamente un cajón y rebuscó en el.


— ¿Ella podrá devolverme a mi mundo? — la observaba con curiosidad mientras indagaba por el cajón.


— Él debería de poder decirte las respuestas. — sacó un papel para dejarlo encima del mueble — Con esto... — cogió rápidamente el papel y me lo acercó — Deberías de llegar al él.


— ¿Cómo sabes todo esto?


— Porque el padre del Lei era un Yioni, por eso tuvo que huir. — la miré desconcertado — Si ambos hubieran seguido con él en este reino, podrían haber muerto los tres. — me ofreció el papel — Yo trabaje junto a él para encontrar algo para que se quedará, pero lo único factible era Akiro.


— En este reino... ¿Los mataban?


— Si... Hay muchos aun en nuestro alrededor, pero lo único que pueden hacer es callarse. — me sujetó del hombro — Aunque no sepa quién eres, intenta ocultar lo que eres. — asentía con mi cabeza, pero lo único que me venía a la mente era todas esas veces que dije que no era el verdadero — Ve a él lo antes posible.


— Va-vale. — apretó con más intensidad mi hombro antes de soltarme.


Iba enrollando el papel mientras caminaba hacia la puerta, ella me acompañaba detrás de mí, sujetó el pomo de la puerta. Me di la vuelta para mirarla mientras me lo guardaba en el bolsillo de la chaqueta.


— Gracias.


— Por cierto, me llamo Marta. — me sonrió.


— Agradezco a Marta por ayudarme. — le devolví la sonrisa — Traeré a Lei sano y salvo. — ella solo asintió. Me di la vuelta para caminar hacia el callejón.


— ¡Cuídate! — escuche como alzaba la voz.


— ¡Sí! — elevé una de mis manos para despedirme.


Anduve por el callejón mientras me colocaba mejor la chaqueta, no había estado tanto tiempo en esa casa ya que el sol seguía iluminando con gran intensidad las calles. Cruce la esquina para volver al paseo, la gente seguía yendo de un lado para otro. Desvié mi mirada hacia un grupo de personas. ¿Serán Yionis? Eso era lo que me preguntaba ahora mismo.


Acerqué mi mano hacia el bolsillo para sujetar el papel y así, pegarle un vistazo. Era una especie de mapa donde tenía en la parte derecha una circulo. Busque el nombre del reino donde me encontraba. Mierda. El reino se encontraba en la otra esquina del papel.


— Tengo que caminar demasiado. — suspiré mientras desviaba mi mirada hacia el frente.


En ese momento a gran velocidad alguien sujetó el mapa llevándoselo con el, salí corriendo detrás, podía ver una figura de un niño pequeño con una capucha puesta. Me sorprendía como podía llevarla puesta y que no se le cayera en ningún momento. Zarandeé mi cabeza.


— Como puedo pensar en eso... — lo susurré mientras mi respiración ya empezaba a entrecortarse.


Poco a poco veía como se alejaba, aunque daba mi mejor esfuerzo en intentar pillarlo, pero no llegaba. Cruzó la esquina hacia otro callejón, esta era mi oportunidad.


Me hice hueco por las personas, aunque algunas las empuje ligeramente, hasta que doble la esquina, de repente me choque de bruces con alguien y caímos al suelo.


— Mierda... — me queje mientras apoyaba ambas manos en el suelo — ¿Estas bien? — me inclinaba mientras aproximaba una mano hacia mi nuca — ¡¿Pri-princesa?! — alce la voz haciendo que se moviera ligeramente.


Observaba asombrado su rostro angelical, sus párpados cerrados, tenía que admitir que tenía unas pestañas bastante largas. Se quejaba mientras elevaba su mano hacia su cabeza.


— Ten más... — abrió sus párpados — Cuidado... — me miró sorprendida.


— Hola. — sonreí.


Cambió bruscamente sus facciones para mirarme con enfado. En ese momento recordé porque había salido corriendo hacia aquí, desvié mi mirada hacia el frente para observar el final del callejón, daba hacia otra calle.


— Apártate de encima de mí. — notaba como nos envolvía una tensión que era sofocante.


— Lo-lo siento. — me aparté rápidamente de encima e inmediatamente mostré mi mano para ayudarla — Me permite ayudarla. — se levantó por su propio pie — De acuerdo. — pasé mi mano por la frente para pensar mientras miraba el callejón — Me encantaría charlar con una princesa tan guapa... — la observé y pude ver como se ruborizaba — Pero tengo que irme. — sonreí por última vez antes de volver a correr.


— ¿Buscas esto? — al escucharla me paré en seco para volver mi vista hacia ella — ¿De dónde has sacado este mapa? — sujetaba un papel mientras lo miraba con determinación.


— De una amiga... — caminé hacia ella para cogerlo — Lo necesito... — antes de que pudiera cogerlo lo apartó.


— Mientes. — me miró de reojo.


— No lo hago. — volví acercar mi mano, pero inmediatamente lo volvió a apartar.


— ¿Por qué quieres ir hacia este lugar?


— Aunque seas una princesa, esto no te incumbe. — moví rápidamente mi mano para quitarle el papel de las manos.


— Cuando a una persona se le cambia el color de su ojo repentinamente... — caminó para posicionarse enfrente de mí — Es bastante sospechoso ¿No crees? — acercó su mano hacia su barbilla para mostrar un rostro pensativo — Y siendo la princesa de este reino... — caminó hacia mi lentamente — Hace que me importe.


— Bu-bueno. — rasque mi nuca mientras reía nerviosamente — Es una lentilla.


— ¿Lenti...lla? — me miró extrañada.


Me tape rápidamente mi boca. Mierda. En esta época aún no habían inventado las lentillas, lo que le acababa de decir era completamente nuevo para ella. Me aclaré la garganta mientras desviaba mi mirada.


— Me estas mintiendo... — retrocedí al ver que cada vez se encontraba más cerca de mí — Hace tiempo que no veía a alguien así. — toqué mi espalda en la pared, observé como aproximaba su mano y con sus dedos tocó el contorno del ojo — Eres un Yionis. ¿Verdad?


Demasiado cerca. Me repetía una y otra vez mientras me ruborizaba al ver su rostro tan cerca de mí.


— Cerca... — lo dije en voz baja, haciendo que ella me mirara extrañada, al momento, se separó de mí mientras tosía brevemente.


— Lo siento... — lo dijo tan bajo que apenas lo escuché.


— Si fuera un Yioni. — me acerqué a ella — ¿Me matarías? — ahora las tornas habían cambiado, ahora era ella quien retrocedía hacia la pared. Me miraba sorprendida — Me parece asombroso que no les tengas miedo... — aproxime mi mano hacia su rostro — Sabiendo que hace tiempo los matabais porque pensabais que eran malos. — tragó saliva mientras su mirada transmitía temor — No confiaré en la realeza.


— ¡Princesa Kata! — ambos volvimos nuestras miradas hacia la esquina del callejón.


— Adiós... — susurré mientras me separaba de ella, guardé el mapa en el bolsillo de la chaqueta antes de retomar mi carrera por el callejón.


— Espe...


— Princesa estas aquí.


Me coloqué la capucha, no eche la mirada hacia atrás porque sabía que podría pasar. Tenía que salir del reino lo antes posible, ya que al saber la princesa mi presencia en estas calles podía llamar a los guardias y hacer una búsqueda para encontrarme.

1 de Marzo de 2021 a las 18:09 1 Reporte Insertar Seguir historia
0
Leer el siguiente capítulo CAPÍTULO 2: El bosque de la bestia

Comenta algo

Publica!
sebastián pulido sebastián pulido
Primero que nada, deberías haber comenzado con un prólogo. Segundo, cometiste un par de errores con los guiones, las comas y los puntos. No sabes diferenciar el guión de lista del guion del escritos o guión largo. Si vas a seguir con una idea después del guion el signo de puntuación va después del guión, no antes. Tercero, saltos demasiado bruscos. Tus transiciones entre acciones y escenas son demasiado forzados, debes ser más suave. Necesitas investigar más sobre los métodos de escritura y recursos literarios, en especial sobre el tiempo, el espacio y la puntuación Cuarto, tiempo de publicación. Publicas un capitulo cada 10 días, pero tus capítulos tienen alrededor de 20 páginas (puedo saberlo por el tiempo de lectura, es una página por minutos). Si sigues así tendrás problemas con los plazos. Quinto, si te molesta mi comentario, lo siento por ti. Todos los escritores necesitamos de esas criticas constructivas para mejorar. Eso es todo, que tengas un buen días.
May 20, 2021, 16:09
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 26 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión