katty-posdeley1595739847 Katty Posdeley

Este es el tercer libro de la saga La teoría del caos, para leer el primero debes buscar Les Routes entre mis historias, el segundo es Efekt domino. Una vuelta en el tiempo, secretos desmenuzados, almas descuartizadas, fragmentos de las personas que solían o deseaban llegar a ser. Connor se siente perdido, ¿quiénes son las victimas y quién el victimario? Umi se siente desolada. Oficiales de Ipagnam toman control total sobre Odimor, de ahora en más, pretender esclarecer la oscuridad. Portada realizada por Ailen Sacco con recursos gráficos de Freepik.


Drama Todo público.

#realismo-magico #sagas
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Capítulo 1: Es progresar a la idealidad

Variaciones en condiciones iniciales iguales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro, imposibilitando su predicción.

11 de Octubre, 2021

19:54 PM - Casa de Sergio

Una puñalada de la persona que amas al mismo tiempo que un desconocido te muestra la luz, un microrrelato que perdura años, un beso de despedida para alguien que no volverás a ver y una lágrima de felicidad, son efímeros. El cambio donde los sueños descansan es progresar a la idealidad entre la miseria.

Entre una completa homogeneidad verosímil, Connor se levanta abruptamente del suelo donde estaba sentado junto a Liz y Ramiro dentro de la habitación de Umi. No puede mirarlos, abandona a sus amigos, los ve como aliados del enemigo envuelto en un sentimiento cognoscitivo. Siente cada rincón de su cuerpo temblar como la tierra al ser golpeada por un meteoro. Perdón. Baja las escaleras con pasos tan pesados que retumba en toda la casa. Quiere alejarse de ese lugar lo más pronto posible, su corazón palpita a una velocidad tan grande que apenas es consciente de cada latido. En el interior de la habitación, Liz llora mares, mientras grita que lo siente. Ramiro se acerca a ella y la abraza con lágrimas sobresalientes de sus ojos, mojando sus pestañas. Perdón.

A la deriva, dentro de sí, Connor se siente aturdido, está completamente agitado, suspira dos veces por segundo, incrementa el aire que entra y expulsa. Toma la perilla de la puerta principal y sale de la casa, queriendo huir, escapar, que sea un mal sueño y despertar entre los brazos de ella, Umi. Que sus amigos no le oculten nada, que no sean los verdugos del planeta, que los demonios en su cabeza no se apoderen de sus nervios, pero está pasando, los sentimientos necesitan independencia. Vivir en un lugar sin ser gobernados por una Junta que acorrala y repele, o te vuelve cómplice, está pasando.

Desde el sofá de su sala, Sergio lo ve bajar la escalera, pálido, y salir de la casa con prisa bajo una mirada perdida, intentando comprender. Sale detrás de él con ímpetu. María y Erin esperan en el interior, mirándose la una a la otra, como un consuelo.

—¡Oye! —exclama Sergio intentando detener a Connor, ve que olvida la puerta abierta y corre a él, lo sujeta del brazo pero este se lo quita de encima con violencia, está sumamente perturbado— Tranquilo Connor, escúchame.

—¡No! —grita sujetando su cabeza.

El melodrama en conjunto con sus pensamientos distorsionados hace girar todo, mira sus pies, están quietos, pero el panorama se tuerce, nuevamente, una y otra vez, la distorsión de lo que es y lo que creía, una dicotomía. Aprieta su cabello con fuerza entre sus dedos, observa en diversas direcciones. Busca sensatez bajo las estrellas que hace unos minutos brillaban imbatibles. Inhala y exhala continuamente, intenta procesar el exceso de información, un sonido punzante y risas alineadas atraviesan su pensar. El aire de verano es pesado, quiere desaparecer.

—Sé que estás alterado, Connor. —extiende sus brazos frente a él en son de paz, planea contenerlo pero se mantiene al margen— Entiendo lo confundido que debes estar, te entiendo.

—¡No! ¡Eres un maldito mentiroso, Sergio! Y todos ustedes...

Observa las casas, piensa en el pueblo entero a punto de derramar lágrimas, gritando desde el fondo de su corazón con su interior hecho trizas, rememora las risas y miradas penetrantes, los secretos fluyen arrancando su piel, dejando su pasión en carne viva. Ahora ve la realidad con ojos húmedos y disidencia en su psiquis.

—¡¿Qué mierda les pasa a todos ustedes?! ¡Están locos! Cómo pudieron… hacerle eso a ella…

En su cabeza prevalece la imagen de Umi, fantasea con lo dicho anteriormente por Ramiro, los imagina haciéndole daño, dejándola repleta de sangre en el suelo y riéndose de ella con protervia, los sonidos se intensifican en su cabeza provocando una repercusión aguda que hiere. Ve un cartel pegado a un poste, se acerca respirando con rudeza, lo arranca. Es la foto de una chica, con letras en mayúscula, FALTA EMILSE, la ira contenida explota.

—Es la… presidenta del centro de estudiantes de Complici… ¡Malditos enfermos! ¡Ustedes deberían estar presos!

—¡Connor, basta! Tienes que calmarte, te van a oír todos y se supone que no podemos hablar de eso.

—¡Me importa una soberana mierda de lo que se pueda hablar! —voltea a Sergio— ¡Si van a secuestrarme o algo así por decirlo, que lo hagan pero no seré parte de esto! ¿Tienes idea lo que es para mí? Enterarme que cada persona que conocí en este maldito lugar me mintió… ¿Cómo pudieron? —suspira enérgicamente— Todo este tiempo diciéndome que no hablara con Umi, que era peligrosa, obligándome a no meterme, cuando tenía que alejarme de ustedes.

—Escúchame, Connor. —musita quebrándose— Estoy seguro de lo que estás pensando, pero te juro que nunca creímos que todo iba a terminar así.

—¿Qué se sintió? —interrumpe cortante.

—¿Eh? ¿Qué cosa?

—Ver a Umi cubierta de alcohol y no preocuparte por encontrar a quienes lo hicieron, —retiene sus lágrimas mientras saca sus sentimientos, pero Sergio ha comenzado a llorar mientras recuerda esos momentos— o peor aún, saber quiénes fueron y no preocuparte por que reciban su merecido, siquiera un castigo burdo como me lo hacen a mí y a ella cada vez que nos defendemos… Respóndeme, ¿qué sentiste al verla llena de sangre y dejarla volver a su casa sin saber qué pasó? Dime porque no entiendo, —se acerca a paso firme a Sergio, jadea— ¿qué sientes al saber que uno de tus hijos lastimó a otro de gravedad y su novia la abandonó con el brazo dislocado en la escalera? ¿Cómo pudiste dejar que vuelva a ese basurero que llaman escuela después de verla tirada en el suelo con un brazo salido de lugar, después de que incendiaron, rompieron y robaron sus pertenencias, y por poco a ella? Después que fue amenazada por esos, y por ti, al obligarla a firmar algo que atenta contra la ley… ¡CONTÉSTAME!

—¡¿Qué quieres que te diga?! Basta por favor…

Este padre de familia en simulación, se quiebra como nunca lo hizo, solloza con fuerza. Siente sus entrañas retorcerse dentro de él y náuseas extremas. Recuerda el olor a sangre de Sasha, y el de Umi, el inmenso aroma metálico y el color rubí pintando su camisa blanca, volviéndola desechable. La pesadumbre en él se agrava, la culpa elimina su seriedad, llora como un niño.

—¡Lo siento! ¡Lo siento tanto! Sé que hice mal y no tengo excusa, pero, ¿qué hubieras hecho tú? Me amenazaron con lastimar a María, no te pido que nos perdones pero sí que entiendas… Estamos haciendo lo posible por rehacer nuestras vidas.

—¡¿Por eso preferiste que lastimaran a Umi?! —grita sin control, suda frío— ¡¿Ustedes quieren rehacer sus vidas?! ¿Creen que adoptarla y hacerse sus amigos es suficiente para ser buenas personas? En lo que a mí concierne son una mierda… —la mirada de ira es profana e intensa— Eres de lo peor Sergio, maldigo cada momento en que te admiré y quería ser como tú… Eres un corrupto, una basura, espero que pagues cada una de las cosas que hiciste, y que permitiste que pasaran.

Perforando el corazón de Sergio cuyo lamento es interminable y lo expulsa sin cesar, exhalando entre lágrimas y ahogándose con ellas, Connor se va corriendo de esa casa que veía como un segundo hogar, ahora es extraño, desconocido. Siente que la felicidad obtenida fue una mentira. Las personas que lo hacían sentir aceptado, son el alma en pena de un recuerdo. Perdóname. Sergio deja caer su cuerpo en medio de la calle vacía y llora a gritos. Desde dentro de la casa, María y Erin oyen los alaridos, sus corazones se estremecen ante la agonía.

20:02 PM - Casa de Carlos

En la noche especialmente tibia, Carlos reposa en su casa junto a Félix, están en la cama de su habitación por ver una película, cuando de golpe, suena el celular de Carlos. En un principio lo ignora mientras acaricia el cabello de su novio y se ven a los ojos diciéndose cuánto se aman. El aura del momento es armónico, pero al ver que se trata de su amigo, no duda en contestar.

El día había sido atareado, Umi apareció después de estar cuatro meses en algún lugar, y ocurrió el trágico escenario en el hospital. Era la oportunidad perfecta de ambos para despabilarse, pero el romance en el aire del cuarto, se vuelve turbio. Al leer el mensaje de Connor, no lo puede creer, la piel de Carlos se tensa y su vello se encrespa, siente un escalofrío recorrer su cuerpo, lo hace temblar sin parar. Alarmado, salta de la cama, el pánico arrulla la sangre que recorre sus vasos.

—¿Qué pasa? —pregunta Félix al verlo tieso, Carlos contesta entre dientes aumentando su tono a medida que habla, se desespera.

—Él lo sabe… Lo sabe.

—¿Qué? ¿Quién sabe qué?

—Oh, no… —camina simultáneamente por la habitación sujetando su cabeza y titubeando— No puede ser, él lo sabe, ¿qué voy a hacer?

—¡Ey! —se levanta de la cama y lo detiene— Calma, respira… y dime qué pasó.

—Él lo sabe, —dice con voz entrecortada— Connor sabe todo… lo de Sasha... lo de Umi… lo de mí. Quiere verme en el Puente Georinku ahora.

—Rayos, no, demonios… —el silencio de la casa es profano, tanto Carlos como Félix están mareados, con dolor de cabeza prominente como si los hubieran golpeado y vaguedad en sus ideas— Tendrás que ir, aclarar las cosas… y, decirle lo del viaje.

—¿Cómo?

—Sé sincero, tenle paciencia, ponte en su lugar, no debe ser fácil. Quizás te juzgue, te grite y hasta te insulte, pero, si es tu amigo se resolverá.

—No… —unas lágrimas salen de sus ojos que están completamente rojos— Si yo me enterara que él te hizo daño, como yo se lo hice a Umi, jamás se lo perdonaría. ¿Puedes ir a tu casa? Mañana o en otro momento veremos la película, ¿sí?

Una despedida relativamente corta entre ambos los separa por hoy. Félix se dirige a su casa pero antes se desvía a un bar, necesita un trago de algo candente siendo un momento por demás subjetivo. Carlos va al encuentro con un enorme envoltorio de un metro por cincuenta centímetros.

20:31 PM - Puente Georinku

Desenredar los hilos del pasado puede lastimar tus dedos. Sintiendo sus sentidos corrompidos en esta noche hermosa pero horrible, donde los pájaros cantan pero lloran, las flores esparcen sus perfumes pero huelen a sangre, Connor espera a Carlos en el puente. Toca la barra de seguridad, está congelada, sus manos sobre el hierro están heladas. Mira el río que corre debajo con fluidez, crónica, las piedras no lo detienen. La luna se refleja sobre el agua como un espejo, todo está en calma pero sumergido en desastre, es caótico. Siente el afán profundo de dejarse conmover y llorar a gritos, mostrar el dolor que lleva adentro, pero no, aún no es tiempo.

Ve a su amigo llegar en la solitaria noche, justo con la expresión que pensó encontrarlo. Ambos, enojo, tristeza. El presente corta las muñecas de la razón. Carlos se detiene a dos metros de su amigo, siente que va a querer golpearlo. Deja a un lado el envoltorio negro e intenta hablar pacíficamente. Sabe que no tiene excusa pero no quiere perder a su amigo. Se miran fijo unos segundos sin decir una palabra. Perdóname. Connor aprieta su puño para que la furia no lo haga hacer algo que después lamente. Viendo el estado en que está, Carlos se decide a hablar aceptando lo que pase, con su voz suave como un algodón a punto de ser partido.

—En serio quería decírtelo.

—¿Por qué no lo hiciste?

—No podía, nadie podía decírtelo Connor… Y no sabía cómo... no encontraba palabras.

—¿Es eso o sabías que te iba a querer matar cuando lo sepa? Porque realmente no creo que haya palabras justas para decirme que casi matas a mi novia, y no me vengas con que no era mi novia en ese momento porque es una persona... —señala con el dedo bruscamente— y tú estuviste a punto de matarla. —se acerca sigiloso a Carlos— Sabías que me gustaba, sabías lo que sentía y me ocultaste todo este tiempo lo que pasó, no conforme con eso me dijiste que me alejara de ella, cuando el monstruo eras tú, ¿por qué? ¿Cómo puedes? ¿Eh? ¿Cómo puedes dormir sabiendo que estuviste a punto de prender fuego a alguien?

—¡No lo hago! No lo hago… ¿Bien? —las lágrimas provenientes del rostro de Carlos emergen y ruedan hasta su mentón en su rostro fruncido, es fácil decir palabras vacías, distinto a las palabras retorcidas de dolor que previenen desde el interior, cuestan— No duermo de día, ni tampoco de noche, ¿por qué crees que tengo estas ojeras? ¿Por qué crees que soy así? De esta manera... No siempre fui así de depresivo... pero cada vez que cierro los ojos veo sangre, veo a mis padres golpeándome, a mi papá manoseando mi cuerpo, a Umi cubierta de alcohol, indefensa, con esas grandes llamas rozándola, —suspira atragantado por el llanto— agradezco tanto que no la hayan tocado y me siento horrible por haberme ido, en lugar de asegurarme que esté bien, corrí, y no puedo dejar de pensar lo decepcionado que estaría Sasha, no la cuidé, en cambio la lastimé… somos tan egoístas, todos, —resopla, el aire parece no entibiarse al entrar en su cuerpo, todo es demasiado frío— pensamos en nuestro sufrimiento sin entender que el otro está igual o peor, incluso si está mejor, ninguno tiene el derecho de menospreciar los sentimientos ajenos, tan solo ella lo entendió.

—Al menos entendiste que ella no merecía lo que le hicieron, tú tampoco Carlos, no te juzgo por eso.

—Pero yo sí, y lo haré por el resto de mi vida. Que me hayan hecho lo que me hicieron, no justifica que yo se lo haga a alguien más. Quiero que tengas esto, —ofrece el envoltorio negro— dáselo a ella. Si tan solo algo hubiese sido diferente… Pero no es el momento... me voy a ir de aquí.

—¿Te vas? —se acerca y sujeta el objeto oculto bajo un manto de plástico negro.

—Sí, van a exponer mis pinturas en la ciudad y a presentarme como artista nuevo, voy a vivir allí junto a Félix en el departamento que era de mis padres. Además tengo que testificar en el juicio contra ellos, trabajaré en una galería de arte.

—Me alegro por ti, y por mí, porque eso lo hará más fácil, le daré esto a Umi, pero no quiero volver a verte… ni que te acerques a ella, —una mirada es intensa mientras la otra se desvía— no sé cómo pudo perdonarte semejante atrocidad, pero yo no lo haré.

—Por favor… —jadea intentando contener la melancolía.

—No digas más, la llamaste salvaje en frente mío pero te estabas describiendo a ti mismo, eres una de las personas más despreciables que conocí, me engañaste todo este tiempo poniéndome en su contra y no lo lograste, ¿cómo puedes llamarte su amigo?

—Créeme que si hubiera mejor manera de remediar lo que hice, lo haría, pero es gracias a ti, si tú no hubieras aparecido yo jamás habría recapacitado.

Antes de retirarse, Connor extrae el manto negro sobre el objeto que Carlos le dio, lo que yace, es una pintura de Umi y las demás muchachas que vio en las fotos que le mostró Ramiro, sus antiguas amigas. El trazo perfecto sobre cada una marcando el momento único revive lo que no puede volver, la guerra de pintura en clase de arte. Connor suspira y piensa dos veces antes de decirlo, mira a su mejor amigo declarado un extraño, pero intenta volver.

—Todavía puedes hacer algo…

—Lo que sea, ¿qué quieres?

—Esto no significa que te perdono, pero es un comienzo… ¿Sigues en contacto con estas chicas?

Dejando ir a Carlos, terminan la conversación sembrando el suspenso en sus planes futuros. Te ruego que me disculpes. Quizás es la última vez que se vean, es el adiós, un trago amargo con exceso de ácido, sin una partícula de la relación anterior, ni una molécula de querer, se separan. Connor vuelve caminando a su casa, únicamente para dejar la pintura. Pero al salir otra vez a la calle se lleva con él una fotografía que tenía guardada entre álbumes.

Concluyendo con ello, se pone su casco y en la mano lleva otro, sube a su motocicleta, va en busca de Umi. Piensa en el dolor de cada persona y cómo ese sentimiento nos hace lastimar a los demás. Puede escuchar un piano mientras maneja despacio para no ocasionar un accidente en su estado, su corazón todavía late como si fuera a explotar, se contrae y expulsa sangre hacia el resto del cuerpo como si recién estuviera aprendiendo a hacerlo. Su piel arde como si hubiera sido picado por un enjambre de abejas, aunque, el dolor externo no se compara con el interno, y no sanan igual, si es que sanan. Pero en el camino deshabitado, se cruza a Félix, detiene la motocicleta abruptamente frente a él haciéndolo detenerse en medio de la calle. Se baja infructuoso tirando los cascos al suelo y enfrentándolo con cólera.

—Eres un ser despreciable, ¿lo sabías?

—¿Connor? —pone su mano frente a sus ojos, la intensa luz de la motocicleta apenas lo deja ver, está ebrio, partía del bar rumbo a su casa, se acerca a Connor con los ojos llorosos y tambaleando. Jamás había visto a Félix en ese estado— Supongo que ya hablaste con Carlos… Bueno yo, no tengo nada para decirte, sigue con lo tuyo.

—Debería molerte a golpes ahora mismo, —levanta la voz con furia— debí hacerlo con él también, debería con todos.

—Demonios, mírate, —ríe inescrupuloso— si a alguien le tuviera que pedir disculpas no es precisamente a ti, ¿eres la justicia, el vengador o algo así?

—No me provoques, o lo lamentarás, —respira hondo— tú viste cómo le aventaron latas y no te importó, te acercaste a ser su amigo dándole consejos y apoyándola después de haberle clavado un puñal, ¿hay alguna razón para que seas tan imbécil?

—Oye, más respeto con tus mayores, —trastabilla al hablar— eres un bruto ignorante.

—¿Qué? —pierde la comprensión, sujeta a Félix por la remera, lo arrincona contra la pared y lo levanta a unos centímetros del suelo fácilmente por sus diferencias de altura y contextura— ¿Quieres que te deje irreconocible?

—Cálmate, me estás malentendiendo, lo lamento Connor, pero… —respira con dificultad, su rostro se vuelve rojo— son cosas que ya pasaron.

—¡¿Y eso qué?! ¡¿Dices que como ya pasó hay que olvidarlo?!

—No, pero no puedo revertir lo que hice, me siento terrible, ya me ves. Yo también extraño a Sasha, no te imaginas cuánto, el vacío que dejó fue muy grande, yo lo vi muerto en el suelo, y vi en lo que se convirtió mi mejor amiga… —menciona cada palabra entrecortada, se ha quebrado— Ruth, ella era el sol de verano y se convirtió en nieve… Ya no nos hablamos, no me justifico para nada, soy una persona horrible, pero nadie está exento de pecados... Quiero morir… —solloza con intensidad— porque lo único que me queda es vivir con ello, y seguir.

—¡No te estoy entendiendo nada! —lo sacude— ¿Estás arrepentido o no? —lo aprieta más fuerte— Tú estabas ahí, ¡y no hiciste nada!

—Exactamente… ¿qué parte no entiendes? A veces no hacer nada… significa hacerlo todo.

Al oír esas palabras, Connor suelta a Félix por un recuerdo que cruza su cerebro como un rayo, resplandece y quema. Lo siento. Suspirando profundamente, lo ve y Félix a él, un intercambio de miradas con significados variantes, la oscuridad enmarca un glosario sobre ellos, su pedagogía, sus culpas, se extienden y minimizan como los días pasan y los recuerdos quedan. Félix vuelve a hablar secando sus lágrimas y frotando su nariz enrojecida.

—Lo siento, Cláudio golpeaba a Ruth... muchas veces, incluso le dejó severas marcas, piel abierta y sangrando… Yo la aconsejaba pero ella no quería que me meta, la acompañé al médico cuando abortó también pero… no hice nada, jamás hice nada creyendo que estaba bien no meterme, que tendría menos culpa pero es lo mismo, merezco que me pegues hasta matarme.

¿Dónde estaba ahora la sonrisa tan característica de Félix? Hundida en algún lugar donde tiró esos recuerdos que ahora salen a flote y hieren. Connor piensa en su propio pasado, y sufrimiento, no puede volver a mirar a Félix a la cara. Caminando hacia la motocicleta, recoge los cascos, coloca uno en su cabeza y mete la mano en el otro. Dándole la espalda a Félix, recita unas últimas palabras subiéndose.

—Si hay un lugar donde cumplir un castigo… te veré ahí.

Los ojos húmedos de Félix no pueden contener las lágrimas, ve irse a Connor mientras llora entre el aroma de la gasolina y algo de humo que sale del caño de escape. Se siente desdichado, ruega perdón en su mente a un pasado que no volverá. Asegura en su alma, que romper una copa y te corte la lengua, es entender la fragilidad de la vida.

20:33 PM - Casa de Sergio

Volviendo a su casa con una lírica inamovible en sus oídos, Umi llega con los pies descalzos luego de que las sensibles ojotas se rompieran por el camino. Escucha solo el sonido de los insectos tras visitar a Sasha en el aniversario de su muerte, han pasado dos años desde ese trágico día, que algunos pudieron superar, y otros se conformaron con ocultar. Se abraza a su preciada campera.

El día se esconde en las sombras pero el frío no inmuta, la noche es extraña, tibia pero en momentos se congela. Había pasado meses deseando olvidar lo vivido, a sus padres, este pueblo, a sus amigas, y cuando lo logró tenía la certeza de que estaba olvidando algo sumamente importante. Varias veces mientras estaba en la casa de la señora Erin se decía a sí misma que quizás es mejor no recordar, no saber, no obstante, ahora ve con claridad. Como en un lago de agua dulce sin profanar, la importancia de la memoria, y que no podemos escapar de nuestro pasado, jamás es mejor no saber. Dispara a sus puntos débiles. Las vidas se entrelazan y los caminos se cruzan, ¿por cuánto tiempo sería así? Nacemos y conocemos a las personas que estamos destinados a cruzarnos, sin importar cuánto tarde.

Umi abre la puerta principal y se adentra para terminar lo que inició, en este momento le preocupa Connor y cómo se tomó todo el asunto, pero lo enfrentará con la cabeza en alto. Los secretos se disuelven y desaparecen.

Pero al entrar ve el terrible escenario, Connor se fue, Ramiro y Liz están llorando desconsolados mirando fotos viejas, es un desastre. Sergio la recibe preocupado porque no volvía, afirma que Connor reaccionó justo como lo esperaban e incluso peor. Umi aún tiene la ropa con la que trabajaba junto a la señora Erin en Ocañydorp, y su remera rota luego de cortarse con aquella rama. El exterior es lo de menos en este momento crítico, necesita ver a Connor. Sube a su habitación solo para buscar zapatos, toma unos y los calza, ignora a Liz y Ramiro mientras suspira, y sale en busca de él.

En el instante en que toca la puerta principal, es detenida por Sergio. Sin embargo, Umi se ha fortalecido, y no permitirá volver a sentar cabeza en épocas de abatimiento.

—No creo que debas ir tras él. Está muy molesto y con toda razón. Nunca lo vi tan violento como recién.

—¿Qué insinúas? ¿Qué en el estado que está podría golpearme?

—Escúchame, Umi…

—No, tú escúchame Sergio, no me quieras controlar, ¿cómo puedes pensar así de él después de todo? Si hay alguien a quien debo evitar no es precisamente a Connor, sino a ti —las palabras en exceso rudas de Umi, lastiman a Sergio, ve perder el amor en los ojos de ella, y el respeto en la mirada de todos.

—Toma, mi amor, —dice María acercándose a Umi con una campera polar talla grande— ve, pero ten mucho cuidado, te espero aquí.

—Gracias María, —toma la campera— adiós.

El sonido de la puerta cerrándose crea hipotéticamente una llama en el medio del hielo, es difícil e inaudito. Umi deja un paradigma ambiguo en un nido de amor hecho con ramas secas, así se siente la casa.

La señora Erin se recostó en el sofá y duerme profundamente, cobijada con una frazada sobre ella. María y Sergio están a solas en una casa poblada que se siente vacía, extraña, habitada por conocidos erráticos que revuelven el pasado y lloran el presente. Ve a su esposo con una mirada petulante, solo una vez lo miró con impotencia y resignación, pero ahora, está decidida, va a liberar sus angustias profundas. El recelo de una advertencia que derrocaron para ignorar.

—María, yo…

—No lo intentes, guarda tus palabras, no vas a lograr esta vez que me ponga de tu lado, las cosas fueron demasiado lejos. Si fui tu excusa para que le hagan daño a Umi, me abstengo del amor que te tengo.

Las lágrimas no emergen de los ojos de ella, solo de los de él. María se siente inminente, que nada la puede parar, decidida e indomable. Pone un freno a los desarmes mientras Peluche hace alaridos suaves, como si llorara en voz baja por lo que presencia, una familia desuniéndose.

—He sido un mal esposo, un mal padre, y un mal consejero, ¿verdad?

—Umi es mi hija, desde antes de firmar esos papeles. Casi la pierdo físicamente por tus estupideces, este mundo necesita más amor y menos muertes, ahora… no voy a perderla psicológicamente por ti. Si hay una razón por la que aún no te pedí el divorcio es porque te amo con locura, pero si ella se aleja de nosotros por tu culpa, no quiero volver a verte.

Sin una gota de sarcasmo ni ojos húmedos, María mencionó cada palabra como una corriente eléctrica. Camina a su habitación dejando a Sergio boquiabierto con el corazón destrozado. Peluche permanece recostado en el piso junto a la señora Erin, observa a sus amos con tristeza épica, puede entender lo que pasa pero no comunicarse o consolar. Ya no intenta comer a la intrusa mariposa, la tiene sobre su cabeza como acompañante y espía. Abre y cierra sus alas acomplejada por el espectáculo desgarrador.

En el horizonte negro, se ven nubes provenientes del este, parece que el cielo también quiere llorar. Una vez afuera, Umi suspira mientras suelta el picaporte. Piensa los lugares posibles donde puede encontrar a Connor, pero el remolino de ideas no sigue su curso por una luz intermitente que parpadea a su lado. Achicando los ojos, coloca su palma extendida frente a su cara y observa en dirección a ese resplandor blanco. Titila como una estrella solitaria, se prende y se apaga a unos metros de ella. Es lo más brillante en la oscuridad de la noche. Cuando el destello se detiene, Umi siente su corazón latir con fiereza y los nervios ponerse en su contra volviéndola torpe, alegría y calor, una sensación que sintió muchas veces, y cada una de ellas, al verlo a él.

Connor está apoyado sobre su motocicleta y los cascos en el suelo, ha estado esperando. Ambos poseen una expresión difícil de descifrar, no saben qué piensa el otro. No hay sonrisas. Pero sin dudarlo, bajo la luz zafiro de la luna y las calles mudas, los colores vuelven a estar vivos, incluso los tristes, el cielo ya no es descolorido. Connor abandona el disfraz de buscapleitos y camina con sigilo a ella, de igual modo, Umi tiene confianza, realiza cada paso temiendo lo peor, pero al verlo acercarse acelerando el paso, está segura. Abandona la máscara de chica ruda y corre a los brazos de él, en cada paso lamenta haberlo olvidado y agradece haberlo conocido. Connor tampoco se abstiene, corre para estrecharla entre sus brazos y no volver a soltarla.

La mariposa observa desde el interior de la casa posada sobre el cristal de la ventana. Y como si no importara nada, como si el tiempo perdido hubieran sido segundos, una prueba, porque nada puede salir mal ahora que se ven, ahora que están juntos, Connor y Umi le cortan las alas al tiempo, se reencuentran con el abrazo más grande y puro que pueden darse. Recuerdan la noche que se volvieron novios. El calor de sus cuerpos se trenza en el tierno beso esperado entre la tempestad, sus labios se tocan con intensidad, sus manos se entrelazan y sus anillos rojos se rozan. El sentimiento del uno al otro, completamente correspondido, crece y es más bello que cualquier color. Suspiran aliviados sin soltarse, el beso terminó pero se niegan a que el abrazo llegue a su fin. Connor acaricia suavemente la cabeza de Umi, y ella no pretende soltarlo con sus manos alrededor de su cadera, levemente cambia de posición, las coloca sobre su pecho. Mirándose a los ojos. Es el momento de ser sinceros y dejar atrás el silencio. Dedican una sonrisa al otro tomando sus rostros con gentileza.

—Estaba tan asustada, creía que me ibas a odiar.

—¿Lo dices en serio? —acaricia su mejilla— No podrías gustarme más, tú, tu fuerza, tu valentía, eres la persona que me hace soñar despierto, no lo dudé un segundo y estuve en lo correcto.

—¿De verdad? —traga saliva, suspira con emoción— Bueno… si el mundo se detuviera, contigo a mi lado, tengo la fuerza para que vuelva a girar —se sonroja y oculta su rostro con sus manos.

—¿Cuándo dejarás de hacer eso?

—Lo siento, —ríe suavemente bajando sus manos— me pongo nerviosa.

—Eres tan hermosa, —Umi aparta la mirada con una sonrisa verdadera, Connor provoca algo muy fuerte en ella, y ella en él, la situación caótica a su alrededor hace que pongan los pies sobre la tierra en este reencuentro tan esperado. Acariciando el rostro de su amada, tiene el valor de decir lo que piensa, únicamente, quiere estar con ella— vayámonos de esta mierda.

—¿Qué? ¿A dónde?

—Donde quieras, por unas horas, esto es una locura. Quiero olvidarme de todos por un rato y solamente quererte, vamos a algún lugar donde estemos nosotros, sin nadie más, fuera de este infierno.

—Connor, la última vez que nos escapamos no salió nada bien.

—Lo sé, pero… necesito salir de aquí, contigo. Pero tampoco quiero obligarte, ¿qué dices? —caminando hacia su motocicleta, toma uno de los cascos y lo acerca a Umi mientras sostiene el otro en su mano— Puede ser donde tú quieras.

El viento se escucha como lluvia, de repente se detiene, luego sigue con ferocidad, y vuelve a detenerse, es impredecible. Umi suspira un momento, ahogándose con el aire hasta que siente colapsar sus pulmones, se deja llevar por sus pensamientos, ve a Connor mientras se acerca. Sujeta el casco y sonríe.

—¿Irías conmigo al fin del mundo?

28 de Febrero de 2021 a las 22:33 0 Reporte Insertar Seguir historia
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