athanatoi51614398843 Athanatoi

Una chica ciega tiene un accidente con una chica con gran poder e impunidad, Sin embargo, no será el final de su vida. Pierde completamente el miedo al adentrarse en el interior del corazón de esta villana.



Ficción adolescente No para niños menores de 13. © Reservados por el autor.

#¿Drama? #Chica-ciega #romance
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Ojos Silenciados

Esperé por mucho tiempo el evento de este fin de semana, no puedo soportar por mucho más, la presión energética en mi pecho. Tendría que hacer algo para acelerar los días, tal vez si se lo pido a los profesores podríamos irnos antes en estos días. Me la pasaría en la cama, dormida, esperando a que pasen las horas. Es lo mejor que se me ocurre para todo.

Una chica rubia camina con una bandeja de metal en sus manos, sobre ella un tazón de sopa, un pan y algunas galletas. La comida de hoy fue una porquería, en esta escuela tendríamos que estar comiendo como reyes, al menos, yo tendría que estar comiendo como una reina.

— Hey – Comienzo señalando a la chica rubia, su mirada espantada se fija en mí – No olvides tu lugar, nueva – Menciono mientras ella asiente con la cabeza. No puedo creer lo rápido que olvidan las cosas estos. Ni siquiera tendríamos que compartir el mismo comedor. Tengo que estar en uno más pequeño y con asientos confortantes.

— Estaba asiéndose la tonta – Menciona Ada, una de mis mejores amigas – Hay que castigarla de nuevo. Propongo que le hagamos pasar un mal rato –

— No puede haberse olvidado – Comienzo – Su lugar, tiene que comer en el pasillo. Como todos los nuevos, siempre fue así y siempre será así. Pero tienes razón, hay que castigarla –

— ¿Alguna idea? – Pregunta Testi, otra de mis amigas, su tez morena resalta con el color cenizas de su cabello. Es envidiable, aunque no para mí.

— Pienso. Conseguir su número telefónico y ponerlo en carteles, que ofrece favores sexuales, por todo el sitio –

— Es anticuado – Responde Testi – Hay que tirarle pintura, manchar su ropa. Estas ratitas no podrán comprar más ropa, solo así aprenderán –

— Es cierto ¿Te acuerdas de la enana? Manchamos sus zapatillas y vino por tres meses en ojotas. Qué horror – Se lo merecía, intentó ponerse a mi nivel. Creyéndose poder cambiar las reglas de la institución. Lo cierto es que las reglas existen y, las Divas, siempre triunfamos.

— Es buena la idea. Pero debe ser una pintura que manche, tal vez tirarle vino con lavandina – Comenta Ada.

— ¿Lavandina? Seré feliz si le cae en los ojos – Sonrío malévolamente.

— ¿Ya tienen pareja para este fin de semana? – Pregunta Ada sacando el celular de entre sus pechos — ¿Adivinen con quién iré? Con el defensor del equipo de la escuela –

— ¿El grandote de un metro noventa? – No puedo creer que Testi vaya a salir con esa mole. Pero siempre le gustaron los altos y no hay nadie más alto que él.

— Así es. Voy a comprobar si es verdad lo que dicen de él –

— En mi lugar, pienso invitar a – En ese momento no puedo continuar hablando, recibo el impacto espontaneo de un manto ardiente, cubriendo mi espalda, mi brazo y mi rostro. El calor me obliga a gritar de dolor, al comienzo siento unas risas, pero ellas se detienen.

— ¿Quién fue? – Grito poniéndome de pie, observo como mi ropa está completamente manchada.

— No fue mi – Comienza una voz entre susurros – Culpa, me tropecé con algo — Termina con un tenue susurro igual que antes.

— Acabas de cavar tu propia tumba – Camino hasta la chica de pelo corto negro, vistiendo el mismo uniforme que todas. Una camisa blanca y una pollera gris. Podemos usar más ropa aparte del uniforme, no es el caso de ella, pero sí el mío. Tenía una chaqueta que jamás podrá si quiera tocar y mis zapatos venían de Italia. Ya no sirven.

— Lo siento –

— ¿Lo sientes? – Grito con fervor — ¿Lo sientes? Ahora Si vas a sentirlo – Vuelvo a gritar para levantarla del suelo, sujeto sus brazos con fuerza, su flequillo es completamente extenso, llega hasta la mitad de su nariz.

— Mátala – Grita Testi – Esas botas ya no se consiguen – El odio en mi interior explora hacia mis brazos, llevo mi mano hasta su cuello y aprieto con fuerza.

— Tú no comerás jamás en la cocina, ni en el pasillo. No quiero cruzarte ¡Vas a comer en el maldito baño! Y si te veo, vas a lamentarlo – Su voz se convierte en un pequeño gemido apagado de afirmación –¡Cualquiera que hable con ella será castigado! No quiero que se le acerquen – Poder. Eso tengo en esta escuela. Eso consiguió el dinero de mi familia. Poder sobre todos – Desde ahora en adelante estás sola —

— Sí – Menciona mientras libero su cuello – Como siempre – Vuelve a murmurar cayendo al suelo.

— La sacó barata – Comenta Ada – Te estás ablandando – Disiento con la cabeza, entonces giro todo mi cuerpo con fuerza.

— ¿Dónde está mi bastón? – Su sorda voz detiene la energía de mi pierna hacia su estómago, freno mi pie arrastrando la punta sobre el suelo y logro evitar golpearla.

Veo sus manos torpes chapotear sobre los restos de la sopa en el suelo, sus dedos con curitas viajan torpemente, con suma cautela, en una distancia desconocida para ellos. En la distancia, por debajo de una mesa, se encuentra un bastón blanco con la punta Rosa.

Me agacho sobre el suelo, coloco las rodillas sobre la sopa, ahora fría, y comienzo a medio arrastrarme hasta la mesa, extiendo mi brazo y tomo el bastón con mi mano.

— Ray – Menciono haciendo que su rostro se levante. Nuevamente una voz sorda se convierte en un gemido de afirmación de su garganta.

— Rómpelo –

— No, por favor. No puedo tener otro –

— Solo así aprenderá, recuérdalo —

— ¿Desde cuándo ustedes me dan ordenes? – Levanto la voz, pero solo termino extendiendo el bastón en dirección de la chica de flequillo largo. Ray – Ten – Su mano se eleva en un espacio desconocido, no hay nada para palpar en el aire y mucho menos una forma de guiarse para llegar hasta mí. Por lo que termino llevando el bastón blanco, con la punta rosa y su nombre grabado, hasta su mano.

— Gracias por no romperlo, juro tratar de que no me veas hasta que terminé la escuela – Su voz susurra como en un llanto ahogado.

— Bien – Menciono poniéndome de pie, elevo la mirada por unos chicos en la mesa de al lado. Me gustaría saber cuál de ellos le metió la traba a una chica ciega.

El sonido del timbre denota el final de la hora de almorzar. Solo quedan un par de horas para que termine este día y queden dos días más para el evento. Beberé hasta no saber ni en dónde estoy.

15 de Junio de 2021 a las 16:21 0 Reporte Insertar Seguir historia
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