marcel-kavlazco1614121250 Marcel Kavlazco

Kiel Malkasten tiene 24 años y una vida tranquila en el pequeño pueblo de Montgomery. Su vida tambalea y pierde el rumbo cuando una nueva familia de extranjeros llega y se instala en el bosque. Y con ellos llegará el caos, la tragedia, y la resolución de un amor destinado.


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1. Sobre el pasto.

Montgomery es un pequeño pueblo, no podría llamarlo ciudad. Apenas tenemos un cine, dos talleres mecánicos, cuatro restaurantes, tres iglesias, cero hospitales, seis tiendas de conveniencia, una biblioteca, un colegio para cada nivel educativo, una estación de bomberos, y una estación de policía, en realidad es un pueblo pequeño. Puedes salir y recorrer caminando la ciudad de punta a punta en menos de 6 horas sin problema. El tráfico tampoco es una molestia, jamás encontraras filas largas y jamás tendrás que esperar por un lugar de aparcamiento. Es muy probable que al salir a recorrer la ciudad te encuentres a tus amigos en el camino, aún sin ser esa tu intención.

Yo: Kiel Malkasten, nací, crecí, y seguramente moriré en Montgomery, así lo pensé siempre, y no tengo problema con ello. Muchas personas se van del pueblo, dicen que es demasiado pequeño, que no es lo suficientemente atractivo, que jamás podrán encontrarse a sí mismos en un lugar tan pequeño. Mi madre fue una de esas personas, no pude entenderla en aquel entonces, y ahora tampoco quiero culparla, ella jamás perteneció a las pequeñas ciudades, a los pueblos olvidados en medio de la nada, jamás pudo encontrar su lugar entre los habitantes, simplemente fue así.

Era domingo, casi todo el pueblo estaba en la primera misa del día, mi padre me había permitido faltar a ese ritual dominical que ambos compartíamos desde casi siempre. El único día que podíamos desayunar juntos era el domingo, ir a misa y después de eso iríamos al cine o a comer alguna porción de waffles o panckes, un par de bromas, hablar de algún partido de fútbol, y de nuestra semana.
Yo le diría que no estoy entusiasmado por el período de exámenes, que mi maestra sigue fumando mientras nos explica cómo su ex-esposo se llevó su juventud, su auto y su perro french poddle, que he aprobado todas las clases hasta ahora y que durante vacaciones planeo ayudarle en el restaurante.
Pero este domingo no será así, mi mejor amigo Julián se mudará a una ciudad vecina, más grande y más ruidosa. Han promovido a su padre y por fin... por fin podrá salir de Montgomery, la verdad es que Julián siempre soñó con una gran ciudad, es un soñador irrevocable... un joven pequeño con grandes sueños de grandes ciudades. Me alegro por él y por su familia, pero algo dentro duele mucho.

Apenas llego a la central de autobuses y allí están todos: Jessica la novia de Julián desde 4to grado llora desconsolada, su hermano y amigo nuestro Christopher intenta calmarla mientras ayuda al padre de Julián con las maletas, también están la madre y hermanos pequeños de Julián. Él se acerca al verme y me da un abrazo, nada propio de nosotros, pero la situación parece ameritarlo. No es una noticia nueva o inesperada, su padre estuvo buscando por años esta oportunidad, y sabíamos tarde o temprano que lo conseguiría.

— Creí que no llegarías a tiempo, maldito bastardo. — al fin afloja y termina el abrazo entre nosotros.
— No podría faltar a tu despedida, aunque no fue tan fácil llegar en bicicleta hasta aquí.

Jessica y Chris se acercan y los cuatro nos damos nuestro último abrazo grupal. La despedida fue rápida y aparentemente indolora, el resto del día transcurrió como cualquier otro domingo. Y no fue hasta la noche que comencé a echar de menos a Julián, pensaba en lo increíblemente falso que se sentía pensar en no encontrarme más con él en cualquier rincón del pueblo. Ese pensamiento llenaba mi mente mientras intentaba resolver mi tarea de química, sin duda el día de mañana sería mucho más extraño no encontrarlo en el comedor o en las clases de español y biología, que era las que compartíamos.

Mi padre interrumpió desde la puerta de mi habitación.
— Hey.
— Hey, ¿Cómo estuvo la misa?
— Lo mismo de siempre: no debes robar, nada de mentiras y todos arderemos en el infierno. — se sentó sobre la cama a mis espaldas.
— Eso suena horrible.
— ¿Cómo estuvo lo de Julián?
— Lo mismo de siempre: un abrazo, un hasta luego con sabor a un hasta nunca.
— Eso... suena horrible también.
— Lo echaré de menos. — y no mentía, y mi voz tampoco mentía al decirlo porque sonaba incompleta. Julián había sido mi mejor amigo por mucho tiempo, y fue mi único amigo por mucho mucho más tiempo.
— Estarás bien, ya harás nuevos amigos, con suerte el próximo año podrás largarte de aquí y no mirar atrás.
— Si, tal vez.
— Podrías empezar por acercarte al nuevo chico, el hijo de la familia que se ha mudado. Hoy se presentaron durante la misa, parecen ser... amables. Son nuevos en el país y seguro que no les vendría mal hacerse de algunos amigos. — se puso de pie y se estiró hasta que su cuello hizo un chasquido singular. — te concedo el permiso para hacerte de algún nuevo amigo. — dijo mientras salía de mi habitación y cerraba la puerta detrás.

Esa noche fue fría, como lo eran todas las noches durante el invierno, el otoño y la primavera en Montgomery. Terminé mi tarea y me eché sobre la cama aún con la ropa de día puesta, no tenía la intención de dormir aún, y en realidad tampoco sentía sueño, pero poco a poco me quedé dormido.

Las vacaciones de invierno comenzaron apenas dos semanas después de la despedida de Julián, todos los días nos mandábamos textos, no había mucho que contar en realidad, pero era bueno saber que a la distancia teníamos una amistad. Christopher también me habló de los extranjeros recién llegados, estábamos en el comedor cuando me expuso la noticia.

— Mi viejo me dijo que pasaron por el taller a pedir indicaciones. Eran 5 personas, una familia común: padre, madre, hijos... — me dijo, mientras retiraba las rebanas de tomate de su sándwich.
— Mi padre dijo que se presentaron al pueblo durante la misa.
— Deben ser algún tipo de riquillos con negocios turbios.
— ¿Negocios turbios?
— Si... ¿por qué otra razón alguien vendría a este lugar si no es para ocultarse o perderse por completo del mapa? — bueno, él tenía un punto a su favor.
— Quizá querían salir del ruido de las grandes ciudades...
— Por favor Kiel, ¿No puedes tener algo de imaginación?

Las casas en Montgomery eran relativamente pocas, y no se acostumbraba construirse cercanas las unas a otras. Había también un bosque que rodeaba por completo el pueblo entero, un bosque espeso y amplio, pero indefenso la mayor parte del año. Aunque de vez en cuando se escuchaba de alguna pobre persona extraviada.
Mi casa, la casa de mis padres, y anteriormente la casa de mis abuelos y de sus propios abuelos, se posicionaba colindante al bosque. El abuelo de mi abuelo había sido dueño por muchos años de un próspero negocio de carne de alce, mismos animales que él cazaba dentro del bosque, y así fue por algunas generaciones, ahora mi padre solo es propietario de un restaurante que ofrece hamburguesas y café todo el día, waffles y panckes con huevos y jugo de naranja durante la mañana, y pastel de frutas o tarta de chocolate solo los fines de semana. El lugar no estaba en su mejor momento, pero eso nos había mantenido toda la vida.

Caminaba a casa como cada tarde al regresar de las clases, durante el descanso había tomado el almuerzo con Jessica y Chris, habíamos planeado una videollamada con Julián, pero la mala señal del WIFI no nos lo había permitido, nos habíamos conformado con ver su imagen congelada y escuchar su voz distorsionada.
El invierno comenzaba a doler en los huesos, y las primeras nevadas se hacían presentes mostrando los primeros copos de nieve. Mi padre trabajaría hasta tarde, y yo tenía planeado, después de comer y ducharme: ir a echarle una mano en el restaurante.

El restaurante no tenía nombre, el exterior sólo lo adornaba un letrero de neón que anunciaba comidas corridas durante las 24 horas — una antigua verdad que ahora sólo era una mentira.
Era una construcción de décadas, con un acabado algo deteriorado por el paso natural del tiempo y el descuido del hombre, pero podría estar mucho peor. Por dentro era como cualquier otro restaurante de paso; había una barra con banquitos que se podían girar, una TV colgada a la pared que solo transmitía unos 4 canales, las ventanas siempre estaban limpias, dos meseras y un mesero que rotaban turnos, dos ayudantes que hacían de cocineros y lavatrastes si era necesario. Luego estaba mi papá que pasaba la mayor parte de su tiempo en la oficina revisando cuentas y buscando la manera de manejar el lugar sin venirse abajo, lo había tenido difícil desde que mamá se marchó. Yo cubría el turno nocturno algunas noches, era un turno aburrido, no había muchos clientes después de las 10:00 p.m. pero esa misma soledad hacía que el turno pareciera estirarse eternamente hasta el amanecer.

— Llegas justo a tiempo guapo. — me dijo Isabella mientras me servía una taza de café y un donut con glaseado de caramelo.
— Vengo a hacerte algo de compañía.
— ¿En serio? Yo creí que venias a por el viejo gruñón de allá atrás, es una lástima que no sea así. — señaló en dirección a la oficina de mi padre.
— Mejor suerte para la próxima. — terminé mi bocadillo nocturno y pasé directo a la cocina. — ¿En qué puedo ayudarla mi querida dama?
— ¡Por fin un caballero de verdad! Podrías comenzar por limpiar las mesas.

El turno nocturno era solitario, pero durante invierno esa soledad se acentuaba aún más, la nieve caía lentamente y el lugar estaba completamente vacío, hace más de dos horas que el último cliente había salido. Isabella estaba hablando por teléfono con su hija en una de las mesas del lugar, mi padre continuaba en su oficina sin haber salido en absoluto, y yo aproveche el momento de distracción para tomar las bolsas de basura y deshacerme de ellas en el contenedor, y claro, fumar un poco para entrar en calor.
Un mal hábito que adopte de mi madre, quien fumaba sin parar.
Las luces de un auto iluminaron parte del lugar y pensé en entrar lo antes posible para atender a quien sea que fuera el conductor. Al ser un pueblo pequeño, era fácil reconocer los vehículos de los pobladores, este auto era nuevo para mí, tal vez no era el modelo más reciente del mercado, pero se acercaba mucho, lucía bien cuidado y reluciente a la luz nocturna, nada habitual por la zona.

Cuando entre de nuevo Isabella ya estaba tomando la orden.
4 donuts.
1 orden de patatas fritas.
3 cafés sin leche.
1 café con leche.
2 hamburguesas con doble carne.
1 ensalada.

— ¡Oh! Disculpe, no servimos ensalada. — le explicó Isabella al hombre frente a ella.

Era un hombre alto, de cuarenta y tantos, cercano a la edad de mi padre probablemente, tenía una barba arreglada y corta que dejaba ver pocas canas sobre ella, de cabello pelirrojo igual que la barba, y ojos casi ambarinos, una pequeña cicatriz realmente delgada atravesaba sobre el arco de su nariz. Seguramente algún accidente en el trabajo la habría causado.

— Oh. ¿En serio? Discúlpeme, solo leí el menú y me dejé llevar. — señaló sobre el menú viejo en una de las paredes del lugar. Su acento lo delataba de manera obvia.
— ¡Anda! ¡Usted debe ser de la familia que acaba de mudarse! Lo noté por su acento, tengo buen ojo para ello. — Isabella le guiñó el ojo mientras lo escaneaba con la mirada.
— Ese menú es viejo, ya no servimos ensalada. — le dije yo mientras salía de la cocina y colocaba servilletas de papel en las mesas — le pido una disculpa, creo que es hora de tachar esa opción... —.
— Esta bien, me las arreglaré con el resto de la orden.
— Enseguida — me dirigí a la cocina a lavarme y preparar las hamburguesas, mientras escuchaba como Isabella comenzaba a servir el café junto con una conversación casi forzada con el pobre hombre.

— ¿Vienen del norte? ¡Anda! Jamás he estado allá, pero escuché que era muy frío.
— Lo es. Esperamos ser buenos vecinos y poder encajar bien en este hermoso pueblo. — dijo él, mientras tomaba su comida y le extendía una tarjeta plateada a Isabella.
— ¿Encajar en Montgomery? Por supuesto, es un lugar aburrido, pero si pueden lidiar con eso... no tendrán problema alguno. ¿Cierto Kiel? ¿¡Este lugar es de lo más aburrido!? — me preguntó Isabella mientras le entregaba el ticket de su compra.
— A mí me gusta, es un lugar... tranquilo, Isabella.
— Isabella y Kiel... ¿Cierto? Han sido muy amables, muchas gracias por su servicio tan atento. Me llamo Roger y realmente ha sido un placer ser atendido por un par de jóvenes tan animados.
— ¡Oh guapo! por favor ni lo menciones. — de nuevo un guiño de parte de Isabella que ni siquiera pareció tener importancia frente a Roger quien sonrió amablemente y salió por la puerta sin decir más.

Las luces del auto alejándose me alertaron que la comidilla por parte de Isabella estaba apuntó de comenzar. Esa costumbre tan suya de opinar sobre los clientes cuando ya no estaban a la vista, a veces eran comentarios divertidos, casi siempre indefensos, y parecía aminorar el aburrimiento, más tratándose del turno nocturno.

— Hey Kiel, ¿No te pareció raro?
— ¿Raro?... Me pareció muy amable. Habla de una manera extraña, pero debe ser porque no es de aquí.
— Es guapo, ¿no? Guapo y raro... No es mi tipo.
— Es seguramente al menos 20 años mayor que tú.
— Guapo y raro... Guapo y raro... No es mi tipo definitivamente. — repitió para ella misma.
— Y seguramente CA-SA-DO.
— ¡Oh! Eso sí que sería terrible.
— Deja de acosar a los clientes o no volverán a venir.
— ¡Eso también sería terrible!

Durante el camino a casa mi padre preguntó por la razón de la sonrisa que adornó el rostro de Isabella el resto del turno, yo le conté sobre Roger y su inesperada y amable personalidad a pesar de ser un hombre de apariencia imponente.

— ¿Roger? Si, creo que ese fue uno de los nombres al presentarse durante misa, ya sabes que no soy bueno prestando atención.
— Parece que le agradó a Isabella, y él se miraba divertido con ella, seguramente volverá.
— Eso es bueno. ¿Y qué te pareció a ti?
— Fue... Amable, las personas de la ciudad son extrañas, exigentes a veces, pero él fue amable todo el tiempo.
— Cierto, pero ellos no vienen de alguna ciudad, dijeron que se mudaron de un pueblo pequeño al norte del país... Creo que fue así como lo describieron.
— ¿Por qué se mudarían a otro pueblo solitario como este?
— Puede a ver muchas razones... quizá les gusta la privacidad, son amantes de la naturaleza... o algo así.

Y desde el bosque se levantó un suspiro hondo y bestial en forma de aullido, primero uno y después en coro se sumaron más y más, ahogando la noche intentando alcanzar ser oídos por la luna.

24 de Febrero de 2021 a las 02:02 0 Reporte Insertar Seguir historia
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