shiori_taekook Shiori

La oscuridad se cierne sobre Corea del Sur. Pero no siempre proviene de donde lo esperamos.


Fanfiction Bandas/Cantantes Sólo para mayores de 18.

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Vidas sin nombres

"La muerte no muere y por lo tanto en la muerte está la inmortalidad"

R. Panikkar
.....................


Es inquietante. Pararse frente al espejo, tratar de recordar ¿Tenía labios gruesos? ¿Ojos grandes? ¿Con doble párpado? ¿Sin? ¿Negros? ¿Era lindo? ¿Lucía como un idiota? ¿Cómo un nerd? Ya no me encuentro en ninguno, voy al baño, vuelvo a la habitación. No. No estoy en ningún espejo. ¿Por qué algo tan mínimo me perturbaría? Considerando todos los otros cambios, éste puede ser el menos importante. Pero saber que ya no podré mirarme a los ojos hace que me sienta inseguro. No verme de cuerpo entero.

Observo con detenimiento mis manos. Las venas, que antes eran azules, desparecieron. Me toco el rostro para recordarme. Soy joven. Soy joven y permaneceré joven por los siglos de los siglos.


—O no.


—¿O no?.


Me estremece saber que puede escucharme sin que hable ¿O solo adivina?


—¿Qué?.


—Somos inmortales, claro, solo si no dejas que la muerte te encuentre.


Debo haber puesto una cara absurda, porque deslizó una pequeña sonrisa. Es hermoso. Tiene un brillo pálido que nace desde un lugar indefinido de su cuerpo. Sus anchos y rojos labios me dicen que comió recientemente. De mí. Desde luego.


—Olvida todos esos mitos de cazavampiros, estacas y etcétera. Solo un vampiro puede matarte, te arrancará la cabeza… y jugará con ella hasta que se canse, solo mantente alejado de los problemas.


Mantenerme alejado de los problemas. Presiento que se dice, pero no se hace tan fácil.



Sigo parado en la que, supongo, es mi habitación. Un papel tapiz floreado despegándose, una triste cama de una plaza, pilas de revistas para adultos sobre ella, junto a cajas de comida vacía. Empiezo a entender por qué razón elegí esta vida. O muerte. O cosa intermedia.



¿Cómo? ¿Cómo debo hacer?.



—Más bien es lo que no debes hacer. Sé cuidadoso Jungkook. No te excedas. El placer puede sobrepasarte y nuestra sociedad castiga cruelmente a los que no pueden controlarse. En cuanto a los niños…



—¿Matamos niños?.



Un silencio extenso se instala junto a nosotros. Siento la ridiculez de mi pregunta, pero no quiero retractarme.



Niños…



Se mira las uñas. Es tan pulcro, como si nada de lo terrenal pudiera rozarlo. No hay smog, o polvo amarillo arruinando su cutis, su pelo negro apenas se mueve.



Bebemos sangre, Jungkook —dice con tranquilidad, cruzando unas muy, muy, muy largas piernas —. Considérate parte de una especie nueva. Como los humanos se alimentan de otros mamíferos, nosotros nos alimentamos de humanos. Simple. Te acostumbrarás ¡No pongas esa cara Jungkookie! No es necesario que mates a nadie, solo tienes que saber cuándo detenerte. Es la prueba que deberás pasar una y otra vez, cuándo detenerte.



Presiento que esas palabras replicarán en mí toda la noche, como la campana de una iglesia llamando a sus feligreses, sin que nadie acuda.

Se acerca a la ventana. No escucho sus pasos. Levita. Eso creo. Las cortinas se mueven con la propiedad de una película de terror. Los ruidos nocturnos llegan con una cierta tonalidad. Entre nostálgicos y angustiantes. Veo retazos del edificio contrario. Imagino las vidas normales dentro de cada departamento. Ninguna es la mía.



—¿Sabré? ¿Sabré cuándo detenerme?.



—No me decepciones o negaré que eres mi criatura.



Al verlo pararse sobre el marco, dispuesto a saltar, mi voz sale chillona.


¡Seokjin!.


Cuando, ¡oh mierda!, cuando se da vuelta sé que algo malo pasa. Las pupilas le estallan dentro de los ojos y se vuelven negros, completamente negros. Me aterran. Intento retroceder, pero en un parpadeo ya está encima de mí. Es más alto. Es más fuerte. No tiene olor, no tiene…

alma.



—¿Cómo sabes mi nombre?.


Muevo la cabeza sin saber qué palabra es la que debo decir. En definitiva, no dejo de ser un recién nacido, y…


—¿Recuerdas? Dime Jungkookie ¿recuerdas algo de tu vida humana?.


—¡No!.


—¿Entonces cómo sabes mi nombre?.

—Solo… lo adiviné, es todo. Créeme ¡No sé quién soy! ¡No sé quién soy!.


Y esa no sería la primera de mis mentiras.


-----


A él claramente le gustaría mudarse.



Hace cálculos para sacar de sus gastos lo innecesario y se da cuenta de que solo come frugalmente y paga impuestos. Pone una cifra irrisoria en la calculadora, es decir su sueldo, y luego resta, resta, resta, hasta que desaparece por completo.



Supo ser un pueblerino adolescente, ingenuo, con la esperanza puesta en Seúl, en sus oportunidades de progreso.


El plan era de una simpleza popular: trabajar y estudiar. Ayudar a su familia.


—Así es como sale adelante la gente honesta —le había dicho su appa—, La que no descansa, la que se levanta por la madrugada y llega por la noche a su casa. La que no conoce los domingos, ni los feriados. Sin quejas, sin enfermedad, ni cansancio. El que no se sacrifica, que no espere nada de la fortuna.



Cinco años apenas subsistiendo lo desmentían.


¡Y vaya si se ha esforzado!

La convicción es un perro flaco. Tiene sarna. Se muere a un costado del camino, desahuciado y… es cierto, la autocompasión solo acelera la enfermedad.



Se lava los dientes con fuerza. El dentista es un privilegio que no podría pagarse, así que los cuida con fervor. Son las cinco de la mañana. El calor se apodera con lentitud del cemento, repta por entre el tráfico y se mete en los subtes y los comercios. Por suerte, su micro departamento es frío. Sin importar la estación. Siempre es frío.



No alcanzará a desayunar, así que toma su bolso y corre al ascensor, rogando porque funcione. No hay nada, absolutamente nada que justifique llegar tarde. En menos de tres minutos alcanza la calle y se une al ganado que, cabizbajo, concentrado en sus teléfonos, se arrea a sí mismo hacia los túneles.



Recién es martes.



Mueve la cabeza de un costado a otro y sus huesos suenan a madera podrida resquebrajándose.



Se comprará un té helado en el camino y con eso aguantará hasta el mediodía. Debería cambiar de trabajo. Aún no es fin de mes y le quedan menos de unos 30.000 wones en el bolsillo. No ha pagado la luz. Lo último, realmente lo último que le falta, es quedarse sin electricidad. A oscuras.



El vidrio del subte en movimiento le devuelve un rostro que se va chupando a sí mismo.



Debería dejar la universidad.



Debería muchas cosas. Pero solo quiere dormir.



Siempre se pregunta si eso es el responsable de todas sus penurias. Pero sus penurias, debía reconocer, comenzaron mucho antes.


--------------



Tengo doscientos veintisiete días.



Ya no vivo. Permanezco.



Cuando abrí los ojos, luego de todo ese proceso de mutación repulsiva, una cara pálida se prendió en el fondo de la habitación. Parpadeé, pues la penumbra me había parecido más amable. Los olores me llegaron confusos. Parecían despertar al unísono y violentarme, potentes, arcaicos, venidos de cloacas, bosques y océanos distantes.



Él era… difícil de describir. La hipnosis de su mirada me retuvo un tiempo. Una infinidad de mensajes encriptados parecían girar a millones de revoluciones en su interior y cada uno de estos eran vórtices por donde caer sin regreso.



Clavé las uñas en las baldosas y traté de levantarme un par de veces. Me desesperaba la idea de que ese frío en el centro del pecho fuera constante. Pero ¿saben qué? No solo fue constante, fue expansivo. Y el invierno se apoderó de mis extremidades. Cada partecita de mí, es hielo. No hay sabor, no hay olor,


no hay color.



—Ahora luces como Lucifer… Tienes su cara al menos. Dime ¿Serás el nuevo Lucifer? ¿O me decepcionarás?.



Aún no lo sé, Jung, aún no lo sé. La decepción me resulta como las otras emociones humanas… difíciles. Yo solo siento hambre. Hambre con todo el cuerpo.



Seúl en una ciudad superpoblada.



Mucho alimento disponible. Andan por ahí con sus venas llenas de un precioso líquido que deseo. Mi lengua sale por entre mis dientes, capaz de sentirla.



Pero no solo se trata de sangre: es la adrenalina y la satisfacción de la caza. Es el envoltorio, el aroma que desprende la piel cuando están felices, cuando están excitados o cuando tienen miedo...



Me acostumbré a observar desde las terrazas. Pequeñas cabecitas con prisa. Yo ya no tengo prisa. Tengo mucho tiempo para mí. Tengo mucho tiempo y mucho mí. Mí es algo extraño. Ingrávido. Lejos del piso y de los ruidos mundanales.



¿Comí ayer?



Sí.



Fui durante un tiempo detrás de su trajecito corto de colegiala y su mochila llena de muñequitos que seguían el compás de su bamboleo. Varias noches, las suficientes como para saber que, en realidad, el uniforme solo lo usaba de noche, porque no estudiaba. Porque el fetiche le ayudaba en su trabajo.


Ella no obtiene placer en lo que hace.



Paga la renta y la comida, apenas.



Fue fácil convertirla en mi proveedora.



No es la única, pero es la que menos teme.



Su sangre es agria, sin embargo.



Es sangre triste.



Alguien golpea la puerta. Me muevo lento, olfateando el aire, para saber quién es.



A veces la comida hace delivery.


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Me manejo alrededor de este departamento en el que desperté convertido en murciélago. Una baticueva deprimente. En realidad, es el hogar de un joven que nunca está aquí. No nos cruzamos, porque mi rutina es nocturna y si me ve alguna vez, finge no hacerlo. En sus francos, duerme las 24 horas. Y yo duermo a su lado. Cosas más raras se han visto.



Podría ocupar un sitio abandonado, pero esas cosas no existen en el corazón de la ciudad. Todas las madrigueras, por muy insalubres que sean, tienen habitantes. Y, debo reconocer, necesito que alguien se encargue de limpiar el polvo y cambiar las sábanas. Alguien que riegue el malvón y alimente al gato callejero que se planta cada noche a reclamar lo suyo.



Me gusta pensar que no estoy solo.



Pero lo estoy.



Salgo ni bien puedo. Las luces de Seúl son tan potentes que no me queda lugar para extrañar al sol. Quisiera ir hacia otras zonas menos pobladas, con menos personas desesperadas por conseguir dinero, comprar cosas, y ascender en un trabajo que odian, tan vertiginosamente, que me escupen fuera del torbellino. Pero tengo presente el consejo de SeokJin. Alejarse podría significar tirar mi inmortalidad al tacho. ¿En qué momento quise vivir para siempre? ¿Para qué? ¿Tuve un propósito? ¿Una razón? ¿Qué sentido tiene si no puedo recordarlo?



No sé si mi nombre humano fue Jungkook o me bautizaron una vez convertido.



Tantas horas, sin nada particularmente interesante por hacer, te convierten en un filósofo. Es inevitable.



Llevo 75 días siendo esto.



Llevo 0 víctimas fatales. A lo sumo, hospitalizadas o con anemia. Debes saber cuándo parar es un mantra que los protege y me protege. Descubrí que soy compatible con la sangre tipo Rh positivo, que los hombres solitarios son más dóciles, que las mujeres pueden llevar gas pimienta dentro de sus bolsos, que la policía nos ve y calla, que los medios nos ven, pero pasan de largo.



Lo que más me molesta, sin embargo, es que no puedo ir a dónde quiera. No al menos hasta que sepa cómo moverme en la ciudad.



Cuando transgredo los límites imaginarios soy cuidadoso y, ni bien me llegan las vibraciones de otro como yo, retrocedo. Debo respetar la edad del renacido. Es algo muy propio de nuestra cultura. No varía en esta especie. Más nuevo eres, más debes inclinarte, o, en este caso, retroceder.



Hay un par de lugares a los que regreso con insistencia. Uno de ellos es el puente Mapo. Prefiero los domingos por la madrugada o los días festivos. Voy a contar suicidas. Me gusta pensar, sentado sobre las barandas, mientras se vuelven pequeñitos y desaparecen. Pienso en sus razones para acortar lo que yo extendí indefinidamente. ¿Por qué?



El otro lugar al que vuelvo es él.



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Sean todos/as bienvenidos/as a esta nueva historia pensada para un concurso. En vista de que no escribo para consumo popular, desistí. Sepan que en todos mis relatos, trato de ser respetuosa con mis amados/as lectores y también fiel a mi espíritu.

No voy a venderme por más lecturas. No lo vale 💜

28 de Febrero de 2021 a las 11:02 5 Reporte Insertar Seguir historia
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Daniela Celines Daniela Celines
Amé este nuevo fic,€res muy original. Haa!! me encanta. Super buena todas tus obras son preciosas y amo todo tu concepto. Espero la actualización!!!
March 01, 2021, 19:45
Mariel Fernández Mariel Fernández
Yo muy enamorada de tus historias 🥺💜💜
March 01, 2021, 01:25
Alejandra Calderón Alejandra Calderón
Acabo de despertar y vi la notificación! Y antes de agradecer por un nuevo día aquí estoy leyéndote... Eres una gran escritora , en particular, yo te admiro mucho y cualquier cosa que escribas ahí estaré. Estoy muy felíz de este nuevo viaje contigo... Gracias! 💜💜💜💜💜💜💜
February 28, 2021, 13:48
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