ryztal Angel Fernandez

La prostituta de la mente es un enigma. ¿Será una alerta de esquizofrenia o es un ente como dicta la leyenda urbana? Nadie lo sabe, pero este relato basado en la experiencia del único testigo, nos ayudará a conocer su rara forma de actuar en sujetos frustrados sexualmente.


Erótico Sólo para mayores de 18.
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Prostituta de la mente

En el quicio de la puerta permanezco, sigo atento a la escena que se desarrolla ante mí.

Un hombre está teniendo sexo con mi mujer.

Ellos continúan. Ella está oscilando, botando sus pechos turgentes, mandíbula abierta, ojos obcecados. Disfruta con la lengua afuera, jadeando. Apoya las manos en la rodilla del hombre, mueve su pelvis adelante y atrás, eufórica, emitiendo gemebundos que jamás había tenido conmigo. El hombre goza inflando el pecho, su pene erecto atravesando la cavidad húmeda. Detallo el correr de un líquido blanquecino dividiendo sus testículos. No eyaculó, es mi pareja que está al punto de la excitación máxima. Él la detiene poniendo las manos en la cadera, acomoda los pies flexionándolos, su turno de martillar con su pelvis las nalgas de mi mujer, sonando mientras su pene entra y sale a una velocidad animal. Ella gime sin parar y se entrega en éxtasis a los brazos de aquel desconocido para mí. Da una nalgada marcando los dedos, abre las nalgas metiendo su dedo índice en el ano con brutalidad y las arremetidas aumentan. Ella jadea y jadea, el rostro hundido en el cuello de él, sintiendo su calor.

Me retiro bajando las escaleras, tomo del perchero la chaqueta. Abandono la casa sin mirar atrás con las imágenes vívidas del líquido blanco que expulsaba ella. Sus gemidos aún atormentan mi mente. Absortos no me vieron, aunque su consciencia sabía que yo estaba allí, su instinto sexual predomina, aquel instinto en el que no hay sistema de valores ni un límite moral que valga. Ella me fue infiel, pero durante el sexo no lo sabe, mientras siga siendo penetrada olvidando mi existencia por los minutos efímeros, no le importa, es su ser primitivo quien pedía a gritos el goce de un orgasmo que su novio no pudo darle, el que jamás le podré dar y un amante sí.

Las calles están concurridas de gente, me escabullo entre la muchedumbre. Es invierno, debería sentir frío, pero aunque veo el hálito blanco como aquel líquido, expulsado de mi boca, no siento frío, padezco un frío diferente: soledad.

No pienso volver, no quiero regresar, deseo vagar por la sociedad en busca de un propósito. Espero en la parada un autobús. Me uno a la fila, muevo mis pies al compás monótono, pago el pasaje con las pocas monedas que tenía reservadas. No pregunto a dónde va. ¿Debería importar? Quiero ir lejos, muy lejos de todo.

Una señora se sienta a mi lado. Me observa con preocupación pero no dice nada. Estoy llorando, lo sé, no hace falta saber el motivo. Muchas personas lloran en la calle, mucha gente que transita tiene problemas a nuestro lado, cada quien tiene sus asuntos. Los pasajeros de un autobús sumidos en sus líneas de vida trazada tienen a dónde ir. Yo no.

La señora hace un amago por hablar, pero calla al instante. Hacen varias paradas, el autobús va quedando vacío. Mi asiento a un lado está ausente, la señora se marchó.

Llegará a su casa, hablará con sus hijos o marido, dirá que vio un hombre llorando, pero no quiso preguntar. Le hubiera contestado que encontré a mi mujer con otro hombre teniendo sexo. Ella se limitaría a consolarme y yo en sentirme liberado de una confesión que cumplió con el morbo de una persona.

Cierro los ojos, regreso al quicio de la puerta, los contemplo teniendo sexo, pusilánimes en medir las consecuencias de las emociones en alguien, creyendo que el mundo gira para su disfrute.

Confiaba en ella, nunca había creído que haría algo así en nuestro hogar, en el sitio donde sembramos nuestras metas, compartiendo la cama donde dormimos por años, compartiendo «una vida». Ahora mancillado el universo que constituimos por el deseo, la naturaleza del sexo.

Supongo que quería, aburrida de mí, del mismo cuerpo, buscar alguien activo que hiciera experimentar caminos obstruidos en su alma. Pudo hablarlo, pudo decirlo, sin embargo decidió actuar y entregarse al placer. No la culpo, obedeció su anhelo corporal, no pudo hablarlo antes conmigo y descargó la energía reprimida, las ansias de sentir un pene diferente dentro de su vagina cálida.

—Joven, es la última parada —dijo el chófer estacionando en algún sitio.

Bajé agradeciéndole, no sé por qué. Tanteo la billetera y entrego el dinero. Eran nuestros ahorros, me disponía a retornar del banco para avisarle que dejé la identificación sobre la mesa.

La noche cayó, el velo lunar tenue desciende por los rascacielos de la magnificencia citadina. Brillan las estrellas que admiraba junto a ella, dedicándole constelaciones en el techo del hogar. Camino sin rumbo, no dirijo la palabra a nadie «desconocido». Soy un rostro sin nombre para la mente de los seres nocturnos.

Capta mi atención una mujer de muslos prominentes, trasero hinchado, minifalda negra haciendo juego con las mayas que forman rombos en su epidermis; rostro jovial empolvado, cejas postizas, cabello al estilo de los ochentas. Tiene accesorios que poco me importan, no dejaba de ver sus piernas apetecibles a la vista. Ella me ve, sé lo que es, una trabajadora social. Tengo dinero, puedo acostarme con ella y pagar por sexo, reemplazar el recuerdo de mi mujer dedicándome a satisfacer otro hueco.

Un deseo bestial se apoderó de mí, me resisto pero quiero hacerlo, es difícil frenar este impulso. Quiero penetrarla, estar dentro de una vagina suplente, alimentar los nervios de mi glande, encontrar un propósito a este cuerpo ultrajado de emociones, doliente por la soledad profunda, abandono y traición que carcome mi alma.

Movido fuera de sí, me acerqué.

—Buenas noches, caballero. —Su voz cortés, amable y suave me produjo una erección tan solo imaginar mi miembro en su garganta.

—Buenas noches —respondí—. Quiero saber el precio de la hora.

—Puedo dedicarte una noche solo por hoy, tienes una cara bonita —dijo y su rostro me pareció más joven de lo normal al sonreír.

—¿No debo pagar?

—Hablaremos del precio después, sígame.

Anduvimos hasta parar en un hotel de pocas luces y habitaciones baratas. El recepcionista con camiseta, mascando un tabaco, oliendo el café del vaso de plástico, aceptó de buen grado el pago. Nos dio jabones, dos paños y un condón. Encendió el televisor, un pequeño aparato en el rincón del aparador, presenciando un partido de fútbol y comiendo en una bandeja el pastico que a mi parecer es recalentado.

Subimos las escaleras del tugurio hasta el primer piso. Abrí la puerta para inspeccionar la estancia. Una cama de fundas verdes encima de la base de cemento, televisor en la esquina, aire acondicionado antiguo y una puerta que conduce al baño.

La joven se sienta en el borde de la cama, conecta su mirada conmigo y de pronto, mi vista se torna borrosa por un segundo, después vuelvo a la normalidad y me acerco. No hallo explicación para la sensación, pero las ganas animales se esfumaron de improviso. Me siento como un pánfilo a su lado, ella pone la mano en mi pierna, tiene la vista al suelo. Muerde un labio pintado de rojo y me mira de hito en hito. Olvidé encender la luz de la habitación al cerrar la puerta, pero la penumbra del sitio es suficiente para ver la mitad de su rostro bañado en la luz amarilla degradada sobre su maquillaje.

—Cualquiera pudiera haberte matado allá fuera —comentó.

—No sé lo que hago —confesé, mis lágrimas salen naturalmente—. Encontré a mi esposa con otro, disfrutaba como nunca antes lo había hecho.

Ella suspiró, apretó mi pierna.

—Hiciste lo correcto en irte, alejarte de alguien que no te merece —dijo con un tono de voz lánguido—. Yo también encontré a mi novio con una chica, la penetraba en la cocina del apartamento. Él se fijó en mí, pero no le importó, «no era él» en aquel entonces. Su pene rodeado de bello púbico, tensaba los muslos de la chica.

—¿Seguimos siendo humanos al tener sexo? —pregunté.

Se rio por lo bajo, su mano se dirigió a mi entrepierna.

—No, dejamos de serlo para manifestar nuestro «verdadero ser». En el sexo nos convertimos en animales y olvidamos lo que el otro puede sentir cuando el deseo supera el amor. Solamente disfrutamos del uno y del otro, gozamos del placer natural que brindan los cuerpos —explicó.

Como una pantera desabrochó la correa del pantalón. Extrajo mi pene con mano experta y lo introdujo en sus labios, después rozaba su lengua que acaricia las venas marcadas del miembro. Succiona sin masturbar, sube y baja deslizando los labios, lubricando la piel con su saliva.

Enlacé sus pelos entre mis dedos, empujé hacia el fondo. No emitió una queja como mi pareja, tenía todo mi falo dentro de la boca de una ignota prostituta sin chistar. Ella cierra los ojos, manando baba de la barbilla. La fotografía sensual me excitó, con ambas manos y el movimiento de la pelvis entierro, saco, entierro, saco… Ella resopla, sus dedos escurridizos masajean su clítoris. Me vino a la mente la imagen de mi pareja y cegado de cólera, continué la relación salvaje. Su garganta se agranda cuando llega mi órgano allí, parece una rana. Suena viscoso seguido del regurgitar transparente, una combinación del líquido proveniente del esófago y los fluidos de mi pene, añadiendo la baba abundante reflejando la luz de la penumbra sobre sus senos. Sus ojos cristalinos me ven, mi pene late simulando un cuerno omnipotente.

Me gusta hacerle lo que no pude hacerle a mi pareja. Lo intuye, lo huele, su vagina está latente de tenerme adentro y yo quiero ser uno con ella. Empujándome, retira la falda. El vello púbico afeitado, una reluciente piel nívea, un clítoris sobresaliente, lubricado… Divino… No me aguanto.

Hundo las manos en sus caderas, sediento lamo la ambrosía de su sexo. Ella gime tocándose los pezones. Como una cobra muevo la lengua, rápida, sagaz. Recorro buscando el agujero mojado, la tumbo con fiereza, ofuscado lamo su clítoris, escupo, masturbo y meto mi lengua exploradora en su caverna. Retorciéndose al son de la yema de los dedos frotar su punto orgásmico, sabía lo que necesitaba para alcanzar el placer. Retiré toda ropa que tenía, desnudo y sin condón, penetré traspasando su consciencia. Volteó los ojos e hizo un arco con el cuerpo, expulsó un alarido de placer intenso, sostuvo la manta creando pliegos. Pasó sencillo, estaba acostumbrada a tener sexo, no sé su frecuencia, pero eso me excitó más, saber que tuvo sexo varias veces con alguien, su vagina preparada para que otro deposite el semen como un banco.

Fricción, es el término para describir la bruma que rodea el acto sexual. La unión de dos almas que abandonan la mente y se desatan el animal dormido. Me yergo tomando las piernas, llevándolas a mis hombros, penetro escaso de compasión, embistiéndola con unción. Su flácida piel dibuja ondas con cada impacto recibido, sus pechos basculan. Acelero aunque me esté cansando, pero acelero aún más, impelido por una voracidad que destroza mi razón y segrega las hormonas en el cerebro.

La actividad frenética hizo que me olvidara de mi nombre, dejé atrás la identidad impuesta por la sociedad. Escupo su cuerpo, penetro acumulando fuerzas y liberándolas. Cambiamos de posición, pero siempre controlando la gata. En cuatro patas se posa, introduzco el pulgar en el ano ignorando la contracción natural de su cuerpo, acaricio la vagina lubricada con el glande y comienzo a penetrar. Repito el movimiento, sumando nalgadas que pueden atravesar las paredes por el sonido del choque.

Empapado del sudor ajeno. A punto estoy de eyacular, quiero que trague mi semen. Extraigo el falo, la giro con violencia, ensarto dentro su boca y descargo toda la capacidad de mis testículos en ella.

Cuando me tiro cansado a un lado tratando de tomar aire. Siento una especie de tira gelatinosa entre mis nalgas. Al abrir los ojos, un placer máximo vuelve a levantar mi pene, grito de emoción. Una extraña pulsación anal expresa en mi cuerpo un sinfín de estadillos caóticos. Ladeo la cabeza. Ella tiene los ojos negros y se ríe pero no escucho su risa. Brota el semen junto a un espumarajo anormal de su mandíbula trémula.

—Yo no terminé —dijo con una voz gruesa y gutural con un toque femenino.

Tiene una lengua de longitud incontable. Agarra mi cuello, es ella quien me tiene sodomizado, sumiso en esta cama con su lengua fluida dentro de mí. Se monta y cabalga en el pene. Su vagina es mucho más amplia y de pronto se contrae y mi pene es succionado por una rara aspiradora. Me asfixia, relaja la mano para que respire y acto seguido vuelve asfixiarme. No me importa, si muero, moriré feliz en este infierno.

No puedo respirar, estoy demasiado caliente, denoto la salida de la sangre y el placer se convierte en un dolor cáustico que en lo soportable. Recuerdo a mi mujer con el otro, pongo los ojos en blanco, no sé qué me pasa, experimento un desdoblamiento, quiero eyacular, pero no puedo. Convulsiono, me mantengo cuerdo, pero ella sigue violándome. La intensidad de un león hambriento devorando un ser humano en el coliseo romano.

¿Dónde estoy? ¿Por qué hago esto? ¿Es una venganza fútil? Actué como ella y como el hombre. Liberé mi deseo sexual y encontré el castigo del gozo deliberado.

Expelo un aullido estridente. Eyaculé pensamientos, alma, sentidos, emociones, recuerdos. El mundo se borra a mi alrededor, cierro los ojos antes de volver a juntar mis piezas rotas.

—¿Qué eres? —pregunté.

—La prostituta de la mente —responde.

—¿Por qué haces esto?

—Me suicidé en este hotel, misma habitación y cama donde estás tú. Aquí encontré a mi novio teniendo sexo en el baño, reventando las vísceras de la mujer con su verga. Después de mi muerte cerraron el hotel, pero mi espíritu se quedó. Cada noche espero encontrar hombres desdichados con su vida sexual y abrir su mente mancillando sus cuerpos y almas en el coito.

»Es la única manera de ayudarlos a sanar sus heridas, heridas que otras mujeres hicieron. No busco reñir a los hombres, yo instigo a que se encuentren a sí mismos en el erotismo. También lo hago con mujeres despechadas. Imaginarás la cantidad de jóvenes y adultos con quienes me acosté, salvé sus vidas. Soy un espíritu poco usual en el plano astral, la mayoría se basan en conceptos abstractos de la consciencia proterva.

»Por mi lado me da igual lo que hagas después de aquí, pero no serás el mismo de ahora en adelante. Verás el sexo de una manera distinta, no como un medio de escape e enlaces emocionales, si no, como un derecho vital de nuestro ser primitivo.

»Regresa a casa, saluda a tu novia y despídela. Ella no merece estar contigo y tú debes dedicarte a disfrutar del placer de la individualidad hasta saber gozar del placer nupcial. La sexualidad no alimenta el amor. Estaré contigo hasta que lo entiendas.


Desperté en una habitación abandonada. Ventanas tapadas con tablones de madera, escapando rayos de luces doradas provenientes del alba. Estoy vestido, no estoy desnudo. Me levanto y estiro el cuerpo sin complicaciones. ¿Fue real? ¿La prostituta de la mente existe? Negando las cavilaciones al tema, desciendo los escalones, la recepción rodeada de telarañas. Mis pulmones absorbiendo la humedad casi tangente del sitio. El polvillo vuela alrededor del trasluz de un resquicio en la puerta.

Cruzo la calle y espero en la parada. Deposito unas monedas en el autobús de retorno a casa.

Abro la puerta de la morada, me apoyo en el quicio luego de subir las escaleras. Desnuda con el semen seco en la vagina, mira al techo sumida en sus pensamientos con las manos en el vientre. Me acuesto a un lado retirando los zapatos.

—Te fui infiel —confesó con voz monótona.

—Te quiero lejos de mi vida —dije cortante.

—Lo hizo mejor que tú y me complace cuanto pida por esta boca —comentó y abrió la boca en mi dirección.

—¿Y por qué sigues aquí? —pregunté sin verla.

—Él tiene una familia, prefiere a su familia que a mí —contestó impertérrita.

—¿Es motivo para seguir a mi lado? Comprende, no quiero tenerte aquí y no siento nada por ti, estoy vacío por dentro, necesito buscar consciencias para reestablecer mi espíritu. —Una lágrima cae a un costado. Es mi lágrima.

—Si me voy, no volveré más —objetó.

—Él se fue, yo me fui y regresé, tú te irás. El amor y el sexo no se limita a una sola persona. Lloré en un autobús, una prostituta de la mente mantuvo sexo conmigo, disfruté pero al pensar en ti, era imposible, me concentraba en acabarle a aquella mujer por venganza. Eyacular significa mucho para un hombre y para la mujer.

»Tuve sentimientos encontrados, allané mi consciencia convergiendo con el ser animal. Tomé decisiones y una de estas decisiones es tu partida. Entendí que el sexo más que una demostración, es el vínculo de dos almas, estar dentro del cuerpo del otro compartiendo el secreto de la realidad escondida en nuestro inconsciente, desencadenando un arcón sumergido en la oscuridad. Cuando acabamos, experimentamos el escaldar de aquel arcón abierto, poniendo las cadenas, ardiendo las manos. Diversas sensaciones se sienten, no estamos conscientes de ellas, pero el amor juega un papel: cegarnos. —Aclaro la garganta.

»Yo vivía cegado por el amor que compartía contigo, no interpretaba tus conductas, condiciones y contacto corporal. Volvimos costumbre una necesidad vital de nuestro cuerpo, aburriéndonos. ¿Es justo cuándo el deseo es vaporizado? —Ella parece reflexionar—, no, no lo es, pero para la ley universal sí lo es. Nos quedamos con las mentes que nos acostumbramos a vivir y no con sus órganos.

»La personalidad del ser humano cambia constantemente y la persona que amamos no es la misma que ayer, debemos adaptarnos a su medio y a su vez, ella a nosotros. Recordar que el apego afectivo en exceso es una enfermedad y ningún humano racional es totalmente indispensable para el otro.

Culminado el discurso que jamás pensé que diría, tragué saliva. Ella se levantó, se vistió y escuché sus pasos alejarse, luego la puerta chillando los goznes y cerrándose. Se fue. La sensación de vacío es una bestia que respira en mi nuca.

Voy a la cocina, hiervo un huevo, sirvo una tostada con mermelada, reviso el buzón, no hay correos interesantes. Obtengo el periódico en la escalinata de la casa. Leo las noticias mientras desayuno, conectándome con los sucesos, ampliando mi visión periférica de la sociedad. El gusano de la cotidianidad regresa a su puesto poco a poco, pero el vacío que respiro es álgido.

Durante los meses siguientes permanecí inquieto. Trabajaba con normalidad, pero unas pesadillas comenzaron a asaltarme. La prostituta de la mente invocaba un pene de su vagina, me voltea y penetraba. En ocasiones habían pesadillas en donde yo la penetraba, eran pesadillas lúcidas, nítidas y palpables, regresábamos a la habitación del hotel.

Un día en el trabajo tropecé con una chica guapa, metro sesenta, pechos redondos, pantalones ajustados a sus nalgas perfectas. Nos miramos con lascivia y en la noche pagué un hotel. Tuvimos sexo hasta el amanecer. Ella no se conformaba con una noche y yo tampoco. Al salir del trabajo teníamos sexo, no me importaba dejar el sueldo en el hotel. Empecé a comer poco, adelgacé y las pesadillas incrementaban el realismo.

La prostituta de la mente mantenía discursos extenuantes durante el sexo. La penetraba con frenesí en flor de loto, su vagina sonaba la melodía de la succión y los fluidos al chocar salpicaban.

—Tememos del abandono, necesitamos ser amados para caminar en el terreno de los años. Somos niños en pos de la aceptación de la multitud que nos rodea. Sedientos de afecto, vagamos más allá de nuestra zona de confort tratando de traer un «alguien» que revitalice nuestros cascarones rotos por culpa de la basura de los actos de quienes creímos amar.

»Nos engañamos, nos tumbamos encima de ese «alguien» conectando nuestra alma con la suya, metiéndonos su pensamiento, preñándonos con sus ideas, olvidando lo perecedero del amor. Convertimos la palabra «sufrimiento» en «costumbre» y la palabra «amor» en «dependencia».

»La primacía de las emociones reprimidas ahondan en la proliferación del sexo. Hombre y mujer, mujer y mujer, hombre con hombre. Da igual los animales que se junten, recrean una escena vulgar y truculenta, enalteciendo el gozo, desplegando un abanico de anhelos reprimidos, cumpliendo lo que sus padres transfigurados en ellos no les hicieron. Un amor proyectado de la infancia en sujetos anudados a los miembros sexuales.

Me detengo, no poseo voluntad, soy su títere. Giramos y hay gente, mucha gente sentada masturbándose delante de una pantalla. En la pantalla estamos nosotros, espiados por una cámara oculta. Cambiamos de posición, ella superpone su vagina en mi rostro mientras estoy acostado, una mujer del público se voltea, es la chica del trabajo. Introduce el falo en la boca e inicia la faena, yo devoro la vagina de la prostituta de la mente.

—Emulamos el afecto a través de la «puerta cerrada». La abrimos al tocarnos evaporando el agua de la creatividad y vemos en el cerebro lo que pide nuestro sexo. Fervientemente lo ansiamos, al no tenerlo cerca mejor fantasearlo. Alimentamos la morbosidad haciendo radiografías de las personas que queremos penetrar o nos penetren. Cerramos esa puerta con llave, las herramientas son las manos, nos conducimos a explorar parajes de gustos que la sociedad regula en nuestra sexualidad. Escapamos de la realidad —en la pantalla surgen vídeos de adolescentes teniendo sexo en un salón, la profesora está amarrada a la silla con una cinta plástica sellando sus labios, horrorizada de la escena— creando una alternativa al afecto.

»En las etapas de gestación del deseo primitivo en la adolescencia, miramos y miramos, complaciendo la vista, deleitándonos con el inicio de lo que no se detendrá. Nuestra droga es la naturaleza del sexo y como jóvenes novicios, asociamos el tamaño de la figura del padre con la grandeza de quienes deseamos que ensarten su miembro en nosotras. Los hombres asocian la prohibición del primer amor inalcanzable con la madre a la penetración con el sexo opuesto. La unión que desesperados hallan en otra al desprenderse del vientre materno, siendo separardos de un pezón, regresan a su niñez en los brazos de otra madre.

»Qué más da un pene de un metro, resulta falaz los que critican las fantasías de las adolescentes al querer un vigor paterno dentro de ellas simbolizando el «placer orgásmico» de sus anhelos. Entre más alto, más poder y sensación de seguridad tendrán, grueso, digno de una diosa precoz.

Mi pene crece, crece tanto que se ahoga la chica, las mujeres vienen a lamerlo entre todas, luchando por la adquisición de un pene gigante.

—Cuando cae el telón de enlazar «tamaño» con «placer», arden en dolor suplicante —dijo la prostituta de la mente y chasqueó los dedos, se puso a un lado a contemplar lo generado.

Treinta centímetros me otorgó, traté de penetrarlas pero no podía, ellas adoloridas gritaban angustiadas, pero la prostituta de la mente, sádica y vil, me obligó hasta acabarles. Presencié la sangre desgarrando sus paredes desérticas. Cerré los ojos, no quiero ver. Ella me los abre metiendo la lengua alargada en el ano.

—El animal no mide las consecuencias cuando se enfrenta a la consciencia. —Cambia la voz a la gruesa y gutural—. Debemos establecer parámetros a los humanos, reducir el sexo eufórico en dosis antes de perderse en un laberinto del que jamás saldrá. Un hombre de cultura olvida su providencia al despojarse de su ropa y acudir a su sombra encadenada.

»Una idea absurda es pensar que la «poca actividad sexual» es aburrido en vidas ajenas. No todo en el sendero de los años gira entorno del sexo. Podemos disfrutar de placeres mayores que ocasionan orgasmos más intensos. El amor sin sexo basado en constituciones sentimentales donde el apego no es indispensable, es uno de ellos. Un amor tierno, unificado y lejos de la alimentación banal.

»Alcanzar el tipo de amor explicado no es imposible, basta con dejar el sexo a un segundo plano. Debemos enamorarnos de la mente donde reside el corazón de la persona amada. Convertimos «corazón» en « sentimientos».

Eyaculé a la última mujer que quedó convulsionando con el semen saliendo de su vagina.

Desperté agitado. La mujer con quien tenía sexo se marchó. Me miré durante unos segundos en el espejo del techo. Veo un ser humano abandonado a las costumbres bárbaras. Llevé las manos al rostro y lloré. No podía dejar de llorar y sentir un ardor profundo en el interior.

La sexualidad no alimenta al amor.

Durante la desconfiguración de mi «YO», reunificando las piezas de este cascarón, recibo la pintura macabra del espejo. Delgado, barba, cabello graso y un lado de la cama, «vacío».

Pongo la yema de los dedos en la ventana. Contemplo la vida cotidiana de la mañana. ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Tener sexo con una desconocida, embriagarme de placer hasta revivir el «vacío». No había calado sus discursos lo suficiente hasta que soñé esa monstruosa obra onírica y no pude negar la razón. Sea real o no, la prostituta de la mente acierta.

En casa reviso el correo y encuentro una revista de la universidad. Me llamó la atención la portada. Leí el contenido y me enteré sobre el suicido de una estudiante despechada. La fotografía coincide con los rasgos de la prostituta de la mente. Me detengo en seco en medio de la cocina. Indudablemente es ella. Había muerto despechada, producto de una depresión silenciosa por amar al hombre equivocado. Es gracioso, muy gracioso. Me rio tendido en la silla, dejando la revista en la mesa. El artículo refiere una leyenda urbana sobre su espectro en un hotel y quienes la ven y tienen relaciones sexuales con ella, tendrán múltiples pesadillas atroces hasta suicidarse para librarse del tormento. Pero, el motivo del suicido es la depresión, en su caso y en los casos que ella trata, hombres, mujeres, jóvenes… El vacío… Es aquel vacío afectivo que evoluciona entre más sexo tengas y despiertes en el mismo maldito mundo, el mundo que forjas mediante el vacío.

Ningún ser humano puede vivir sin afecto.

Preparé tres tostadas, herví dos huevos, serví café y me forcé a comer. Un apetito furibundo se abrió al probar el primer bocado. Sentí un placer indomable al probar cada comida… ¿Orgasmo alimenticio? Suena estúpido, me rio de la palabra, pero, olvidaba la sensación de comer, el sabor de la comida y el llenar de tu estómago. Es cierto, el ser humano es insatisfecho por todo, pero una mente moldeada a entender las virtudes que ofrece el andar en la tierra, se sentirá satisfecha.

¿Cuántas personas se sienten agonizantes por no recibir la atención deseada? El amor no sana las enfermedades psíquicas, solo las retrasa o las entierra, cuando florecen, empeoran.

Llamé con urgencia un compañero psicólogo después de desayunar y lavarme bien el cabello. Acordamos los horarios de las citas en su consultorio y el pago respectivo.

Durante los días de trabajo, estudio y terapia, no soñé con la prostituta de la mente. Una noche me masturbaba por ella, aunque en las fantasías la veía, en sueños no regresó.

La chica aceptó un empleo como camarera en un restaurante frente al trabajo de oficina. Nosotros actuamos como dos desconocidos y el deseo jamás se avivó. Una experiencia más del montón en el plano de la vida sexual.

Engordé un poco, decidí hacer ejercicio. Conocí una espectacular chica en el gimnasio. Rubia, ojos azulados, cara de modelo de redes sociales, piernas promedio pero tonificadas, pechos abultados, labios carnosos y siempre pintados de rojo, resaltando su piel. Conectamos de inmediato, sin embargo, no conectamos por atracción. Fue difícil la conexión por muy rápida que se dio. Ella era reacia con los hombres y caminaba tal cual una pasarela con aquel garbo afrodisíaco. Hablamos por casualidad, una charla superficial durante el trote en la maquina. Profundizamos en temas de superación personal y allí no pudimos dejar de conversar.

Los sueños con la prostituta de la mente, volvieron. Esta vez no eran pesadillas y el lugar era extraño. Una mesa con un jarrón, una rosa muerta reposa dentro. Dos vasos de agua a cada lado. Alrededor, el universo es cinético como una lámpara de lava, fusionando colores como si estuviéramos dentro de un caleidoscopio. Saca un cigarrillo entre sus senos y los enciende con un chasquido. Mantiene la sensualidad en sus gestos.

—Quisiera que el hombre apartara su atención en ver a la mujer como una pretensión sexual. Caen en un error, piensan tenerla porque la dominan sexualmente, es estúpido.

»La mujer no debería vincularse con cualquier animal sin antes entender su propio anhelo carnal. Se convierten en la sombra de su pareja, terminan por derrochar afecto agradeciendo el poder de sus amantes. No deberías sorprenderte, una sombra luchando con una sombra por seguir disfrutando del poder del hombre. Es irracional y te bastará saber cuántas mujeres se enfrentan a sus camaradas.

»¿Sabes? Nacimos de un vientre a otro vientre. El mundo se convierte en la nueva conexión desde el nacimiento. No hemos visto ni a nuestra madre y sentimos placer en chupar, palpar, explorar nuestro cuerpo. Somos un único órgano durante la infancia. La inocencia infantil esconde demasiado trasfondos de la psicología, suficientes para determinar el origen primitivo y narciso.

Bebe un vaso de agua, me hace un gesto cordial y yo bebo del agua que no sabe a nada, absolutamente a nada. Dicen que el agua no tiene sabor, pero al probar esta agua, replico contra tal afirmación.

—Eres una prostituta, ¿cómo puedes hablar tan intelectualmente? —pregunto.

Emite una carcajada sonora. Da una calada profunda y expulsa el humo.

—Leíste en una revista sobre mi suicidio, morí siendo una estudiante, pero eso no retira tu concepto. ¿Crees que las prostitutas son todas analfabetas? Hay mujeres prostituyéndose por motivos que ahondando en el tema daría para escribir un libro especificando la razones de cada prostituta.

»Yo soy una prostituta de la mente, me follo tu mente con mis discursos sobre la sexualidad e intento ayudarte a superar el vacío, convirtiéndote en un ser autónomo de afecto.

»La libertad afectiva no existe sin apego —encogió los hombros—, pero podemos vivir apegados a otras sensaciones que nos produzcan bienestar, no solamente el sexo. Comiste, engordaste un poco, te bañas a menudo. ¿No te das cuenta? Un hombre sin cultura es enfermo y la adicción al sexo, trae la consecuencia de la separación de la humanidad a su estado natural, tapando los conflictos que debe resolver. Ambos conductos de la neurosis.

»Equilibrar es correcto, una vida sexual plena estableciendo los límites en la puerta. No interpretes que al hablar de adictos al sexo, me refiero a personas bárbaras por mencionar tu caso aislado. Hay gente que conserva un mejor aspecto de lo que opinas, niegan incluso tener un defecto personal a trabajar y como el gran número de adictos, no lo aceptan.

El cigarrillo parece nunca consumirse, ingrávido entre sus dedos.

—¿Qué carajos estudiabas para hablar así? —Estoy atónito por sus argumentos.

—Psicología. —Enarcó la ceja y esbozó una sonrisa, chupó el cigarrillo y se tragó el humo—. Una estudiante de psicología se suicidó y su espíritu es una prostituta de mentes. Irónico y surrealista, ¿no?

—Es lo más inverosímil que me ha pasado —comento.

—Lo mejor ocurre en nuestra vida cuanto más imposible resulte —dijo—. A veces tenía sexo por obligación, abría las piernas y mi novio en aquel entonces, dejaba de ser. Me dolía, pero pese a mis muecas de dolor, el seguía penetrándome. Le decía que se detuviera y eso no lo detenía, lo impelía a penetrarme más fuerte. Su rostro se bifurcaba en la de un monstruo y luego de eyacular, me pedía perdón.

—No lo merecía.

Ella ahogó una risa.

—Me entregaba por satisfacerlo y ya sabrás el vacío que generó en mí. Una madre satisfaciendo a su hijo —expresó con la voz baja—. Nunca debemos ver a nuestras parejas como un padre o una madre. Ocasionará conflictos inimaginables cuando uno de los dos niños se vuelva exigente a la figura.

»La chicas que aman a hombres débiles emocionalmente y apuestos en el físico. Drogadictos, alcohólicos, enfermos. Ellas los aman porque despiertan la sexualidad y el instinto maternal, compenetrados hacen una fatal combinación. Ofuscadas por salvar a su hijo adoptivo del abismo, adquiriendo un altruismo egoísta que reclamará el amor del hijo como precio. ¿Es amor realmente? Te entregas como mujer y te olvidas como mujer, al concluir la historia el hijo adoptivo regresa a la espera o en pos de la madre y la chica repite el ciclo o se aprende del error.

—Reaccionaste tarde, pero sin apoyo no hubiera repensado estos temas —dije—. Necesitaba una prostituta de la mente y por alguna razón inherente, existes. —Di un toque a mi frente.

—El apoyo es un empujón, la mejoría está en ti. —Caviló por unos segundos, el cigarrillo desapareció—. Encontraste a alguien adecuada.

—Aún estamos conociéndonos.

—Comprobarás mi predicción —afirmó de pie.

Yo también me levanté de la silla. Se acercó y me besó despacio. Sus labios saben a frambuesa. Viajó mi tacto a su espalda desnuda, bajándola hasta el límite de sus nalgas. Sentí un calor suave y distinto, unas montañas abultadas y suaves conectadas a mis pezones endurecidos. Un movimiento de sirena expelido de su goce complace el vals de nuestras lenguas extranjeras, cruzando la frontera de los labios para juntas bailar. Es extraño percibir el erotismo de esta forma, de una manera mágica y extrasensorial.

Se agachó, comenzó a succionar el glande para endurecer el falo. Gemí, pero un gemido grueso, no podía dejar de expresar la satisfacción de estos nuevos sentidos. Acaricié su cabello mordiendo mis labios, froté el resto del pene con su lengua por medio de la fricción placentera. Extraje y un hilo de saliva se dibujó en el aire a centímetros del mentón de ella y mi miembro. Se apoyó en la mesa mostrándome su vagina húmeda, la penetré, deslizando con tanta suavidad y lentitud que creí venirme. La sensación me recorría en cada rincón del cuerpo, estremeciéndome. Mis manos por instinto se engancharon a su cadera. No la embestí, sucedió muy pero muy lento.

—El erotismo es la armonía del amor sensual y la sexualidad. Los sentidos desbloqueados del inconsciente se encuentran alineados con las sensaciones de la consciencia. Ya el sexo no es una necesidad fisiológica, es una manifestación de las emociones espirituales para demostrar la unión entre dos seres vivos, dos animales racionales. —Agarró sus senos y se entregó a mi pene, contrayendo la vagina harta lubricada—. ¡Cógeme!

Procedí a cumplir su deseo. Tomé el cabello y lo envolví en mi muñeca. La acometí enconado y pareciendo un toro encolerizado. Ella gemía sin parar y yo la seguía penetrando con brutal fuerza, una fuerza nunca antes conocida. Después de sacarlo, la tiré al piso y culminamos el acto sexual en la posición del misionero. Al sentir su venida, lo extraje a tiempo y un líquido bañó mi abdomen. Me apresuré por masturbarme en su rostro y eyacularle en la cara, aunque el chorro llegó hasta sus senos, escurriéndose el semen por el valle.

Me levanté empapado en sudor con el semen en los calzones. Fui al baño. En la regadera un alivio relajó mis músculos al sentir el agua fría. ¿Volveré a soñar con ella?

Con los años aprendí que se había marchado. La prostituta de la mente, no regresó. Su predicción acertó, terminé por mantener una relación con la chica del gimnasio. Estaba por graduarme de la universidad cuando me asaltó la duda de viajar al hotel abandonado a la misma hora, quería saber sobre el paradero de la prostituta de la mente.

Puse un audífono en mi oído en el autobús y me senté a hipnotizar mi existencia con el paisaje movedizo de la ciudad. A mi lado, en el asiento libre, acudió la señora de aquella vez que me observó llorar. Prestó especial atención a mi semblante, le devolví la mirada.

—Eres el joven que lloraba —comentó.

—No tengo motivos para volver a llorar —respondí.

—¿Por qué llorabas?

—Mi antigua pareja tenía sexo con otro hombre.

—¡Qué descarada! —exclamó alarmada luego de tomar una bocanada de impresión.

Conversamos, le narré sobre mi evolución y experiencia sin mencionar a la prostituta de la mente hasta que nos despedimos. Ella se tenía que bajar, yo debía seguir en la ruta. Llegué hasta el final. Descendí y vi que el hotel había sido demolido. No volvería a verla y mi intención era agradecerle por hallar un sentido a mi sexualidad.

Me casé con la chica del gimnasio. Años lejos de mi juventud, a veces rememoro los discursos de la prostituta y sonrío. Era una ocurrencia tener una prostituta en la mente hablando de sexo. Cuestiono en ocasiones su verosimilitud.

Investigué en la universidad a fondo el paradero de la tumba de la prostituta de la mente. Tampoco tuve éxito, más por el hecho de desconocer su nombre. Los estudiantes acérrimos a la leyenda urbana también lo desconocían. Un infructuoso intento de agradecer a lo que tal vez fue un producto de la mente bastante lúcido.

No sé si era del todo real o eran episodios de un futuro trastorno. Pero, los sueños trataban de resolver el conflicto de la sexualidad en mi interior. Sin embargo, todo inició en el hotel y no hay nadie comprobable que haya sido víctima del espíritu de la prostituta de la mente. Resultó una etapa de mi vida curiosa con positivos avances. Dejé las sesiones con el psicólogo, pues, ya no tenía nada nuevo en que trabajar y mi enfoque estaría encaminado a cincelar mi familia en un futuro.

De toda esta experiencia plasmada en mi memoria, me quedaron recuerdos gratos de la intelectualidad de la prostituta, lecciones para entender mejor el crecimiento y florecer sexual de mis hijos, comprenderme y entender las necesidades de mi pareja. El hombre parece estar condenado a ver a la mujer como un objeto sexual, una especie de avaricia infantil que solamente debe tener el macho y no otros, un pensamiento generador de posesiones, perversidad y afectividad dañina. Quizá si se entendiera mejor el significado del erotismo durante una temprana edad, en la que el mundo empieza a descolorarse, pudiéramos construir senderos al bienestar individual y transferirlos a nuestras parejas. Pero es necesaria las aplicación de los acontecimientos para aprender, necesitamos sufrir para evolucionar.

Concluyo con las palabras anteriormente dichas. Desearía haber podido agradecerle a la prostituta por tan valiosos momentos. Cuando llega la vejez, se recuerdan los amores que convirtieron nuestras vidas en ferias anímicas.


18 de Febrero de 2021 a las 19:38 4 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Angel Fernandez Escritor y fotógrafo venezonalo. Nací en Carabobo, Puerto Cabello. Tengo 23 años. Me dedico a mejorar en la escritura y mantener la meta de representar a Venezuela junto a otros escritores noveles en la literatura del siglo XXI. Todas mis obras están registradas en Safecreative.

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El príncipe  Borjas El príncipe Borjas
La historia me encantó, las reflexiones; disfrute cada segundo leyéndola; no tengo palabras, es increíble que puedan coexistir tantos géneros y se proyecten innumerables emociones en mí al leer; el libro está plagado de sentimientos; me parece una obra maestra. Esta historia me ha hecho ver el sexo y el amor de una forma completamente opuesta a la que tenía, y es muy gracioso que una prostituta de la mente te folle en tu mente y haga cambiar todo lo que creías real y correcto hasta ahora. Es tan increíble y alucinante la forma en que la prostituta nos demuestra lo sabia que es a la vez que se deja condenar por sus deseos carnales; primero nos da una enseñanza sobre el amor, los comportamientos correctos; y sabios consejos sobre como vivir y luego súbitamente está cogiendo como un conejo, que se ha dejado condenar, al acceder atarse la soga al cuello, y dejando la silla caer y cuando se ahoga sabe que está llegando su próximo orgasmo. Mientras se hunde en su libido y tiene sexo salvaje ya nos enseñó algo nuevo y es tan difícil juzgarla por la vulnerabilidad que porta y deja ver, así que en lo personal solo cierro la boca y trago mis reproches leyendo como es fornicada. El cambio del protagonista fue lento pero al pasar los años y casarse, sanó una parte mínima de su dolor y está aprendiendo que es amar y que el sexo no tiene que estar vinculado con demostrar afecto; lo de enamorarse de la mente es algo tan acertado para mí, y la vida es complicada porque el sexo es como las piernas, no podemos caminar sin ellas y si usásemos las manos en su lugar sería hacer trampa, ya que caminar se debe hacer indiscutiblemente con las piernas y al hacerlo con las manos se transforma en una broma estúpida. El tema a reflexionar en mi opinión sería ¿Cómo amar sin dejar qué el instinto animal y cabernario nos consuma y poder entregar amor sin unir nuestros cuerpos? Es que es una pregunta tan difícil que hasta siento que no tendrá respuesta, el amor u afecto que uno siente por la familia o amigos es tan distinto a el amor que se puede sentir por una pareja, diferenciándose por el libido involucrado, ya que si las diferencias se apartasen y las relaciones se pusiesen de igual a igual habría incesto y eso está mal pero ¿por qué está mal? Creo que por la traición a la moral y respeto que uno está obligado a sentir por la familia que te acoge y cuida, y a mis ojos sería sumamente asqueroso ya que el sexo es la máxima unión que uno puede tener con otro ser humano y hasta tener ese nivel de unión con la madre que te parió es aterrador, ¿por qué? Daré las respuestas más simples en mi mente: no es natural ya que la msdre no puede ser profanada de esa forma; no hay atracción; la veo como un modelo a seguir y admiro y si cedo a la aberración y solo la fornico, todo mi mundo se vendría abajo. Creo que si en algún momento llegó a amar a alguien no podría unirme a esa persona, porque en mi mente el sexo no es puro, obviamente es una necesidad apremiante en especial para las personas jóvenes, pero yo no creo poder amar y ver con los mismos ojos a alguien que grita como un cerdo degollado mientras se viene a causa de que llegó al clímax. En fin, a mis 19 años, es lo que pienso pero quizá con la edad y más madurez emocional pueda dejar de verlo de esa manera; al final los humanos defecamos; miccionamos; dormimos y somos tan salvajes como cualquier especie sin domesticar, la única diferencia es nuestra inteligencia, las emociones que muchas veces desafían a la razón y nos llevan a hacer cosas que no haríamos si no nos ganara el sentimentalismo. La prostituta de la mente se folló mi mente; no me salen las palabras y sé que este comentario quizá ni sea el mejor que pudiste haber recibido pero desde lo más sincero de mi corazón te digo que me encantó la historia y la enseñanza a amarse y poder cultivar nuestra almas y alejarnos de la ignorancia que succiona por completo y traga nuestros cuerpos al estar sintiendo placeres mundanos... En fin, este es uno de los mejores libros que he leído, leeré otros de tu autoría en caso de que existan, fue muy hermosa tu historia y me va a dejar pensando por unas horas en la vida.
March 26, 2021, 23:38

  • Angel Fernandez Angel Fernandez
    Este es el comentario que me hizo llorar. Pero mis lágrimas anegadas es un símbolo de felicidad y sentimentalismo, algo muy propio del romántico, pues, Andersen no sale de mi alma todavía. Ya es la cuarta vez que leo el comentario, no puedo evitar esbozar una sonrisa con los labios al saber que este relato te gustó. Me siento realizado como escritor y con mayor ánimo de mejorar los manuscritos. Respondiendo a la pregunta, existe el sexo tántrico, siendo difícil de dominar, se logra el orgasmo sin penetración. Haré un hincapié en el tema de la juventud; Schopenhauer en «el arte de sobrevivir», explica que nuestros cuarenta años de existencia es el texto y los demás años, es la etapa de leerlo y reposar, algo comprobable en los libros de Yasunari Kawabata. Por el momento no estoy publicando tanto, este mes me dediqué a centrarme en convocatorias. Te puedo recomendar leer los otros, estás invitado a explorar mis hijos. March 29, 2021, 07:32
  • Angel Fernandez Angel Fernandez
    Agradezco un montón la reseña y tu apoyo. Comentando la desfiguración maternal, no estás errado, es correcto lo que piensas, está en nuestros valores humanos. Claro, si preguntamos a la naturaleza, no le importa y allí se encuentra la diferencia. La humanidad es el compendio de limitaciones de nuestras conductas indebidas que son más bien, naturales. Si analizamos la licantropía —siendo esta una enfermedad mental—, encontraremos una tergiversación del ser humano, entrando a su animalidad en una fase compleja de dicha manifestación psíquica, volviéndote antropófago. Los mismo ocurre cuando meditamos sobre los gul o ghoul, de la mitología árabe, apareciendo en las mil y una noches, humanos expresados como demonios caníbales. Entonces, los famosos demonios existen como énfasis de recordar nuestra conducta, marcando al inconsciente colectivo. Jung había dicho que demasiada bestialidad desfigura al hombre. No estaba equivocado, es la realidad de la sombra que reprimimos por el bien social. March 29, 2021, 07:42
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