Cuento corto
0
199 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

El metro

Cuando uno sube a un vagón de metro, te percatas de que no eres el único que ha tenido esa misma idea tan descabellada. Desplazarse mediante transporte publico puede parecer común para cualquier persona, pero para mi siempre me ha parecido una manera sencilla de mover un objeto de un lugar a otro. Otro de las particularidades que tiene es que puedes observar a quienes te rodean, para evaluar (o analizar, según como se mire) el comportamiento de tales pasajeros. Por eso, al observar la pareja que estaba al lado mío, no pude por menos escuchar su conversación. Aunque no preste mucho atención, si que puedo decir (sin riesgo a equivocarme), que hablaban sobre un tema sumamente absurdo, empalagoso, y si me afilas mucho, cursi. Un tema sobre sentimentalismo reciproco entre individuos y hartamente conocido como el amor. Palabra horrible y sin ningún tipo de matiz, que en más de una ocasión me dieron ganas de vomitar. Palabras absurdamente simples como: “te quiero”, “te amo más que a mi vida”, y frases tan empalagosas como incoherentes pululaban de la boca de uno y otro interlocutor, seguido de algún besito casto y puro en la comisura de sus labios. Hay que decir que el mozo (u hombre maduro, ya que la cantidad de arrugas que atestiguaban su rostro, hacían una tarea difícilmente de precisar) no era ninguna belleza, digamos que tenia poco atractivo físico (ya que esa peca en la nariz le confería un aspecto del todo poco agraciado), por otra parte ella, tampoco se quedaba corta, entrada en carnes y en años y de ojos camaleónicos, no eran la típica foto de pareja que les gustaría quedar registrado en las revistas del corazón. No es de extrañar que mas de un pasajero girara la cabeza al ver que la pareja, pasaba de lo besuqueos ruidosos (supongo que con la introducción del órgano musculoso y movible conocido como lengua en el orificio facial conocido como boca) a cosas mas impúdicas y lascivas. Una mano por debajo de la falda (prenda algo larga pero estimulante a la hora de hacer un magreo con todas las de la ley), hizo dar un pequeño grito (aun teniendo en cuenta que sus cuerdas vocales estaban obstruidas por la lengua de su acompañante) de la damisela dando a los concurrida audiencia la espera de momentos mas picantes y pudorosos. Pero tal situación no se iba a llevar a cabo, ya que en ese instante de turbación, me desperté de ese ensueño típico de una mente calenturienta.

17 de Febrero de 2021 a las 11:00 0 Reporte Insertar Seguir historia
0
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~