mariaelenaarias7 María Elena

"No me conmueven tus lágrimas de dolor ¿Será que contigo murió mi corazón?"


Cuento Todo público.

#princesa #amorperdido #romance
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LA PRINCESA DE HIELO

Había llegado a tal extremo que no pudo resistirlo más. Lo amaba con cada fibra de su ser, desde que lo vió aquella tarde gris de otoño.

Sin embargo nada resultó ser como lo pensó. Creyó que siguiendo los cánones tradicionales podría conquistarlo, pero pronto descubrió que estaba equivocada. Él era alguien diferente, solitario y misterioso.

Había entrado a trabajar en su mansión solo para estar más cerca suyo. Deseaba saber más sobre quién le hubo robado el corazón.

Cuando entró a esa misteriosa vivienda, que desde fuera parecía abandonada, su asombro la dejó sin palabras.
El jardín estaba abandonado, las esculturas que lo decoraban estaban envueltas con musgos y enredaderas. El polvo las envolvía a todas y cada una de ellas. La piscina se veía deteriorada, su agua, verde musgo, resaltaba el deterioro del lugar.

Al subir las escaleras su corazón pareció enloquecer debido a la ansiedad. Al fin vería algo suyo, algo más íntimo.

El mayordomo que la guiaba era ser una especie de ente sin vida ya que no solo estaba pálido sino que su mirada parecía perdida, vacía.

No importaba cuántas preguntas hiciera, él no respondería ninguna de ellas. Como si no entendiese sus palabras.
El interior de la mansión no era tan diferente del exterior, solo que allí la oscuridad reinaba por doquier. Los muebles poseían los destellos de una belleza antigüa, perdida en el tiempo. El mayordomo recién habló cuando llegaron a la sala central.
- Espere aquí - Su voz sonaba como de ultratumba.

Mientras lo esperaba contemplaba el lugar, cubierto de polvo y telarañas por doquier. Se preguntó cómo alguien podía vivir en un lugar así. Pero su voz la alejó de esas meditaciones. Parado en el entrepiso permanecía envuelto entre las sombras. Solo podía ver su silueta más no su rostro.
– ¿Cree estar capacitada para este trabajo? – Volvió a preguntarle fríamente.
– Por supuesto.
– Eso veremos.
A partir de ese momento ella debía ocuparse de la contabilidad. Periódicamente hacía un informe para él sobre la evolución de su trabajo.

De eso hacía varios meses. Si bien no pudo entablar una charla amigable, sino solo formales, pudo descubrir algunos detalles de su pasado. Pero el muro que él hubo construído alrededor suyo era impenetrable.
La tristeza era su continua compañía al parecer ya que ella jamás lo había visto sonreír. ¿Por qué?

Solo tres almas habitaban ese lugar: ella, el mayordomo y él. Y por lo visto el mayordomo era quien se ocupaba de los demás quehaceres.

La soledad y el olvido reinaban allí. No era de extrañar que la tristeza sea su compañía. Ese sitio deprimía a cualquiera.
Cierta noche se armó de valor y se dirigió hacia el sector donde él pasaba matando el tiempo. Se decía que el mundo era de los osados ¿Cierto? Estaba por averiguarlo.

Al acercarse a la biblioteca, sitio donde él solía pasar, pudo verlo. De espalda a la puerta observaba algo que ella no alcanzaba a distinguir. Su silueta otra vez ¿Qué expresión tendría su rostro?
Repentinamente empezó a sentir frío, mucho frío.

La temperatura descendía más y más, aunque a él parecía no afectarle. Pero ella estaba tiritando. Miró por la ventana y para su asombro el sol seguía allí ¿Qué estaba ocurriendo?
Ferozmente él exclamó
– ¿Sigues aquí? Vete – luego volteó para mirarla con furia mientras repetía – ¡Vete!

Corría rumbo a las escaleras en busca de un lugar seguro donde pueda volver a sentir el calor. ¿Qué había sido eso? ¿Por qué ese frío intenso tan repentino? ¿Qué ocultaba él? El resto del día la pasó sumergida en los números, así se olvidaba de esa horrible y helada sensación.
Esa noche, en su habitación meditaba. "¿Por qué? ¿Acaso el amor era así de insensible? ¿Tan frío y solitario?". La angustia se adueñó de ella. Solitaria frialdad. Ella no quería sentirse así. El amor tenía que ser diferente, algo mágico que ardía en uno. No podía haberse equivocado tanto. No era posible.

Después de ese encuentro en la biblioteca, ella no pudo dejar de sentir ese molesto frío. Por más que se parase bajo el sol, la estrella de fuego no lograba penetrarla, ya no podía envolverla. Por las noches prendía la chimenea de su habitación pero era inútil. Todos sus músculos estaban entumecidos.
Esa tarde cuando le tocó llevarle su informe, él se mostró particularmente diferente. La miró con una leve sonrisa le bastó para hacerla vibrar. No obstante ese molesto frío seguía atormentandola.
– ¿Destemplada? –Preguntó él.
– Un poco – respondió sin saber qué más agregar.
Sus miradas se cruzaron y por unos instantes se fusionaron. Para ella fue como tocar el cielo con las manos. Pero él, pareció angustiado y desvío la mirada. Volvía a encerrarse endureciendo su rostro.
– Puede retirarse.
Sin responder nada ella se alejó del despacho de él, sintiendo que el frío iba en contínuo aumento.

Sola en su cuarto mientras se envolvía con una de las colchas que allí había, empezó a masticar los fósforos. Tenía que recuperar el calor ya que ese frío comenzaba a congelar su alma misma.
Se pasó varias horas masticando fósforos para tragarlos después.

Los días transcurrían sin cambios ni alteraciones. Ella empezaba a acostumbrarse al frío aunque seguía molestándola.

Su patrón comenzaba a ser algo inalcanzable. Pero ¿Debía resignarse a ello? ¿Renunciar a su amor? Eso significaría perder el último vestigio de calor que aún le quedaba en su cuerpo y en su alma.
Desesperada optó por tomar medidas drásticas.
Se dirigió, decidida, a la biblioteca. Buscaría respuestas de una vez por todas.
El lugar estaba vacío, él no se encontraba allí. Se adentró temblando por el frío. Exploró el lugar sintiendo la presencia de él allí. Increíble. Su aroma impregnaba la sala al completo. Sus ojos se centraron en un cuaderno, tapa blanda aterciopelado, color azul titulado "Diario".

¿Podría ser que las respuestas a sus preguntas se encuentren allí? Solo lo sabría si lo leía. Con sus entumecidos dedos abrió el Diario de él y empezó a leer:

"El hielo habita en mí, formando parte de mí propia esencia. Es mí poder, mí fortaleza y mí eterna maldición. No puedo amar ni tampoco ser amado porque el hielo, celoso huésped de mí ser, congela a toda criatura que se adueñe de mis sentimientos. Alejandola de mí por siempre.
Me ha convertido en un eterno vagabundo que vaga sin rumbo por el mundo, con el recuerdo de aquella que tuvo la osadía de desafiar al hielo robándose mí corazón para pagar un altísimo precio tiempo después. Congelada de por vida sin poder sentir nuevamente la llama del amor ni el calor de los sentimientos.
Ese es el destino de quienes se atreven a acercarse a mí helada alma oscura. Maldito por los siglos de los siglos, solo puedo contemplar la vida desde el interior de esta prisión de hielo".

Dejó caer el Diario mientras el hielo acababa con su último destello de calor interior. Él entró en ese momento, solo para verla una vez más convertirse en la Princesa De Hielo. No lo miró, ya no le importaba hacerlo.
– Esa es mí maldición y mí castigo – decía con voz quebrada – Verte siglo tras siglo cómo te transformas en la Princesa de Hielo. – Las lágrimas humedecían su rostro – Te amé y aún te amo...pero no pude y no podré salvarte del hielo...mí amada princesa.

Ella sin mirarlo ni oírlo se alejó de allí. Sentimientos tales como el amor no existían ya en su interior. Solo tenía un único pensamiento:
" No me conmueven tus lágrimas de dolor ¿Será que contigo murió mí corazón?

15 de Octubre de 2021 a las 03:44 2 Reporte Insertar Seguir historia
6
Fin

Conoce al autor

María Elena Me gusta leer y amo escribir. Mis géneros favoritos son la fantasía, el terror, el suspenso, los fanfic y el romance.

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Maria Ramirez Maria Ramirez
WOW, que terrible maldición. Me quedé helada, no me lo esperaba lo de la maldición y cuando leía el diario pensé que se convertiría en hielo, literalmente. Final que me dejó congelada de la sorpresa y muy triste porque nunca podrán estar juntos expresando su amor por el otro.
May 02, 2021, 07:14
Henry Uriel Henry Uriel
Impactante
March 12, 2021, 22:52
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