ilamarz 𝙼𝚢 𝚕𝚊𝚖𝚒𝚔

《Hay veces en las que pensamos que nuestra vida es perfecta estando como está. Pero, lo que no sabemos, es que aún no estamos preparados para nuestro verdadero destino. Un lujoso bar, muy famoso entre las bocas de las personas, es adueñado por uno de los hombres más ricos en todo Seúl. Se dice, que el hombre es el diablo mismo, pues cada favor que le pides, es un alma más que se apuesta. Gracias a la existencia de este ser, JiMin no tiene otra opción más que dar su propia alma para recuperar a su mejor amigo. Si la policía no hará nada para tenerlo de vuelta, él definitivamente no piensa quedarse sentado.》 🍷 YoonMin // KookTae 🍷 Pareja secundaria: NamHwa 🍷 Inspirada en la serie "Lucifer" 🎶 Se recomienda discreción [ Secuestro, homosexualidad, drogas, trata de personas, etc ] 🎶 Todos los derechos reservados. No copias ni adaptaciones 💰 En caso de haber algún error o incoherencia, tener la libertad de comentarlo --ɪʟᴀᴍ


Fanfiction Series/Doramas/Novelas Sólo para mayores de 18.

#tratadepersonas #policia #secuestro #drogas #lgbt #hoseok #seokjin #hwasa #taehyung #namjoon #jungkook #jimin #yoongi #alcohol #armas
10
785 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los sábados
tiempo de lectura
AA Compartir

00¡

[ Parte 1 ]


Era uno de esos días muy importantes, desesperantes y arriesgados para ambos jóvenes. El hecho de trabajar casi toda la semana en un lujoso lugar para mayores de edad en donde podías gastar tu dinero con la esperanza de ganar más de lo que apuestas, no significaba que sus vidas serían las mejores. Claro que vivían felices estando como estaban, pero sus labores en aquel lugar, no eran los mejores.

Cualquiera diría que trabajar en un casino era increíble por lo que hacías y lo que ganabas. Sin embargo, ellos dos no estaban muy de acuerdo con eso.

¿Por qué era importante y arriesgado trabajar aquel día? Bueno, simple. Debían encargarse de que cada centavo de millones de dinero que el casino ganaba en toda la semana fuera entregado al departamento de contabilidad, sano y salvo.

Ambas puertas del camión fueron cerradas cuando el de cabellos castaños salió de la parte trasera, sacudiendo sus manos en señal de que el trabajo estaba a punto de ser terminado por ese día.

—Seiscientos noventa y ocho, seiscientos noventa y nueve y... máximo tenemos cuatro mil setecientos millones dentro del camión. —El de cabellos color coral bajó las hojas en aquella tabla donde se encontraba cada registro del dinero. —Al parecer ganaron poco esta semana.

—Mmh... Si no mal recuerdo, el mes pasado se ganó casi a seis mil, ¿no es así?

—Probablemente fue por la fiesta que tuvo uno de los grandes, en el sitio.

—Tienes razón... Bien. Hora de llevar todo este manjar a su respectivo hogar y volver a casa. Es el último encargo. —El menor por meses sonrió, dándole un par de palmadas a la espalda de su mejor amigo.

—Oye, Tae. —Habló en cuanto ambos se encontraban ya dentro del camión, y se aseguraban de que los guardias igual. —¿Qué quieres cenar esta noche? Pensaba hacer estofado de cerdo y arroz, pero quería preguntar primero.

—Minnie, sabes que amo tu comida. Cualquier cosa estaría bien. —TaeHyung abrochó su cinturón, listo para empezar su viaje al edificio del jefe de sus jefes. —Te ayudaría con el quehacer, pero, como el esposo, creo que mejor descansaré. —Tomó sus manos tras su nuca cuando el camión arrancó, posicionándose de forma cómoda mientras su geométrica sonrisa aparecía.

—Estás tonto. Vives también ahí, así que me ayudarás a limpiar al menos la cocina.

—Ah, me alegra saber que no negaste que fuese tu esposo. —Se enderezó y soltó sus manos, girándose de manera en que su mejor amigo pudiera darle un suave manotazo en la frente. —De acuerdo, de acuerdo. Todo por hacer feliz a mi esposa. —Pellizcó suavemente la mejilla ajena, sin distraer la concentración en la vista al frente del mayor.

—No soy tu esposa. Y si lo fuera, preferiría que me llamaras por mi sexo. Gracias.

TaeHyung sonrió divertido.

Sabía lo mucho que le encantaba molestarle con cualquier cosa, ya sea grande o pequeña. Pero simplemente no podía enojarse con aquel joven amante de las travesuras. Era su todo, su vida entera, era su alma gemela. Lo adoraba tanto que realmente enloquecería si alguna vez llegara a perderlo.

Ambos llevaban conociéndose desde casi toda su existencia. Pudo haber momentos en los que estuvieron separados por un tiempo, como viajes familiares, clases en diferentes escuelas o turnos, discusiones entre sus padres que les impedían verse porque los adultos no se los permitían; pero nada de eso los detuvo para seguir con su hermosa y envidiable amistad.

Sí, hubo ocasiones en las que ambos discutían hasta el punto de no querer dirigirse la palabra. Pero los mejores amigos se perdonaban sin importar qué tan estúpido había sido el problema.

Su amistad era tan grande que ninguno necesitaba de una pareja de la cual depender. Se tenían el uno al otro, y no necesitaban nada más de ese mundo. Su amistad era tan grande, que incluso ambos se casarían si el destino simplemente decidiera ya no darles un amor ajeno al de ellos.

Esa era su amistad.

Ambos habían provenido de familias de niveles medios, no eran ricos ni mucho menos pobres, pero habían sido felices durante su infancia. Ya que habían conseguido la mayoría de edad, decidieron ir a estudiar a la gran y lujosa ciudad de Seúl, donde cualquier sueño podría hacerse realidad con mucho esfuerzo y dedicación. ¿Cómo llegaron a terminar en un casino sin tener un puesto del cual sentirse orgullosos? Bueno, no es tan complicado de responder. Simplemente no tenían el dinero suficiente para entrar juntos a la universidad deseada.

Pero...

Todo lo maravilloso acabó tan repentina e inesperadamente.

Sé que soy el único que puede hacer que pases un momento muy especial~ —Resonaban las tres maravillosas voces de los que se encontraban en la parte de enfrente del camión. Llegando así la parte favorita de ambos jóvenes. —Ahora mismo estamos en la colina Hannam, en el pueblo. Mirando la luna desde la colina. Tú y yo~ —Ambos se señalaron. —La colina en el pueblo~ Uno al lado del otro, mirando la-

Un sonido y movimientos bruscos comenzaron a escucharse y sentirse en la parte de atrás del camión, donde todo el dinero se encontraba. Y no se habían preocupado demasiado, sabían que se hallaban dos soldados ahí dentro que se aseguraban de que los billetes y monedas se encontraran en perfecto estado. No obstante, los ruidos eran más desesperantes y tenebrosos. Había chillidos y gritos de parte de los hombres, además de ese algo que los atormentaba.

JiMin estacionó el transporte junto a una banqueta, frente a una tienda de regalos. TaeHyung le avisó al de coloridos cabellos que esperara en su sitio mientras él iba a revisar. El mayor esperó paciente a su compañero de vida, bajando el volumen de la radio para tener en alerta su sentido del oído.

El de cabellos oscuros, había tomado las llaves para poder abrir el cerrojo de las puertas traseras, viendo cómo el camión se sacudía de forma extraña debido a los bruscos movimientos de los hombres. Decidiendo abrir ya las puertas, un par de mapaches salieron disparados hacia la calle, sobresaltando a Kim por no haberlo esperado.

—¿Qué hacían esos animales ahí dentro? —Cuestionó, viéndose superior a los hombres por su tono y gesto facial. —¿Esos son... —Observó con atención cómo aquellos animales corrían sin piedad. —los mapaches de la señora Kang?

—N-No sabemos. —Contestó uno de ellos, con la mano en su pecho y su arma contra su abdomen.

—Ya estaban dentro cuando nos dimos cuenta. —Continuó el más alto, de pie contra un costado del interior.

—Genial, lo que faltaba. Se pondrá muy furiosa cuando se entere... Ahora. Tengo que revisar que todo esté en orden de nuevo. —Resopló el menor, revisando en el suelo que no hubiese ni un solo billete volando por ahí. —¡Mira! —Tomó el par de billetes que habían salido arrastrados cuando los animales corrieron. —¿Tienen idea de lo que puede costar un billete de estos en sus sueldos?

—Sentimos no habernos comportado, joven Kim. —Ambos se enderezaron haciendo una reverencia después de haber bajado del transporte.

—Cómo sea. Hagan guardia mientras hago una revisión. —Entró al transporte con ayuda de los hombres tras guardar las llaves en su bolsillo, cerrando un poco la puerta para no llamar mucho la atención.

Ambos hombres se mantuvieron en guardia, cada uno a los lados de las puertas, asegurándose de que nada ni nadie se entrometiera en el trabajo del joven Kim.

Park se hallaba revisando su teléfono, mirando de momentos a los espejos retrovisores para hacerse creer que todo estaba bien.

Aunque no tuviera idea de lo que estaba a punto de pasar.

En un segundo que había despegado la vista del espejo a su izquierda, se dio cuenta de cómo uno de los guardias caía de golpe al suelo, causando que tanto Park como el otro hombre se alarmaran. Bajó del camión tras desabrocharse el cinturón y ponerle seguro a las puertas, acelerando el paso hasta aquel hombre.

—E-Ey. —Se puso de rodillas junto a él, cayendo sentado del susto al percatarse del charco de sangre bajo la cabeza de aquel. —¿P-Pero qué-

—¿Qué pasa, JiMinie? —Preguntó TaeHyung, aún concentrado en la lista del montón de dinero que tenía en sus manos.

El de cabello coral dirigió la mirada hacia al otro hombre, quien se encontraba en las mismas condiciones. Su respiración se cortaba por el miedo. —Están muertos...

—¿JiMin? —Las puertas del camión fueron cerradas con brusquedad, sobresaltando al de cabellos oscuros, quien se giró enseguida para acercarse a la puerta y golpearla. —¡Ey! Abre la puerta.

—¡Tae! —Sus intenciones de levantarse y ayudarlo se vieron detenidas por los brazos de un extraño que lo forzaba a mantenerse quieto y callado.

La gente a su alrededor los observaban con temor, gritando y alejándose lo más rápido posible para no quedar entrometidos en un lío como aquel. Había gente que llamaba a la policía de manera discreta, contando lo que veían sus ojos estupefactos al escuchar los gritos de alguien dentro del transporte desesperado por salir a ayudar a su compañero de vida, y al joven de cabellos coloridos tratando de zafarse.

—¡JiMin! No es gracioso. Abre la puerta.

—¡TaeHyu-

—¡Que te calles, mierda! —Espetó uno de los enmascarados, congelando las acciones del encerrado. —¿Qué haremos con éste?

—Sólo déjalo. Ya tenemos el gordo. No nos sirve.

Estaba muerto de pánico, sentía sus ojos arder del llanto aproximándose, sus piernas temblaban mientras sus manos intentaban sacarse de encima las fuertes manos del desconocido. Y cuando vio a su contrario prepararse para darle un golpe en el estómago, comenzó a llorar, soltando los brazos ajenos para sostener su estómago y cayendo al suelo cuando fue liberado. Comenzó a toser, haciéndose bolita en el suelo, intentando detener el dolor.

¿Qué estaba pasando?

Le incrustaron una patada en la misma área, recibiendo otra en la parte inferior de la espalda.

Algo no estaba para nada bien.

—¡J-JiMin!

—TaeHyunggie...

Mierda.

Un último intento de levantarse, antes de ver por última vez una bota estrellándose contra su cara, desmayándose por la sacudida y el dolor que le había causado.


[ 💸 ]


Su vista comenzaba a regularse conforme abría sus ojos, moviendo poco a poco cada parte de su cuerpo, reaccionando por fin tras un tiempo de sólo siesta.

Movió su cabeza de un lado a otro, observando a su alrededor para averiguar dónde se encontraba. Y se trataba de una habitación, colores blanco y verde desbotado, se encontraban unos asientos y máquinas. Parecía ser una habitación de hospital... Y ahora que podía ver con más claridad, se sentó rápidamente al darse cuenta que efectivamente era una, recibiendo una presión dolorosa por aquel brusco movimiento.

—JiMin.

Su cabeza giró automáticamente a su izquierda donde se hallaba un joven más grande que él, uno de sus amigos de los cuales apreciaba mucho.

—¿Q-Qué hago aquí? —Tocó su frente, sintiendo un punzón y una venda que le cubría. El castaño lo ayudó a sentarse cómodamente, diciéndole que en un momento regresaría, pues iría a llamar a la enfermera.

Los otros dos volvieron a la habitación, el castaño sentándose en la misma silla mientras la enfermera revisaba los estados del paciente; sacando una pequeña linterna, apuntó a los ojos del de cabello coral. —Hola, cielo. ¿Cómo te encuentras?

—Me duele todo. —La luz calaba en sus pupilas, cegándolo un poco cuando por fin se retiró.

—Al parecer tuviste un accidente muy feo. —Anotó sus observaciones en un pequeño cuadernito. —¿Recuerdas algo? ¿Sabes quién es él? —Apuntó con la mirada al otro joven.

—S-Sí. —Volvió a él, recibiendo una de sus dulces sonrisas. —Es HoSeok, un amigo mío desde... secundaria.

—Bueno, JiMin. Está todo bien contigo. Y a pesar de que tu rostro y torso hayan sufrido algunas contusiones, no hay nada más de qué preocuparse.

—JiMin, ¿qué fue lo que pasó? ¿La policía llegó y lo único que vio fue un trío de hombres heridos en la calle. —Habló HoSeok, mirándose preocupado por el estado de su amigo.

—Yo... no lo sé. —Bajó la mirada, viendo sus manos como si fueran a darle una respuesta. —Estábamos de camino al departamento cuando nos detuvimos para ver algo en la parte de atrás del camión, así que TaeHyung se- —Ya había recordado qué había pasado.

—¿De qué hablas? Ni el camión ni TaeHyung estaban ahí.

—Ay, dios mío. —Sostuvo su cabeza, comenzando con una acelerada respiración. —Se llevaron a Tae. —Masculló.

—¿Que?

—D-Debo salir de aquí. Debo... —Nuevamente entró en pánico, comenzando a quitarse las cosas de encima, desconectando los tubos de sus brazos y nariz para poder bajarse.

—No. Espera. —El castaño se puso de pie, intentando detener los movimientos rápidos de su amigo, mientras la enfermera le seguía.

—Debo encontrar a TaeHyung. Está en peligro, él-

—JiMin, debes descansar primero.

—¡No! ¡Tengo que buscar a TaeHyung!


[ 💸 ]


—¡Estoy MUY decepcionado!

—Señor Bang, yo-

—No quiero escuchar ni una sola palabra, JiMin. Esto es una desgracia, un desastre, ¡un completo desastre! —Azotó sus manos contra el escritorio, sobresaltando al joven ya sano. —Tenían sólo una tarea. ¡Una! Y ni siquiera eso lograron hacer. ¿¡Tienes alguna maldita idea de cuánto dinero fue lo que perdiste!?

—P-Pero. TaeHyung-

—¡TaeHyung también es un irresponsable, un completo bueno para nada, al igual que TÚ! Y lo peor, es que ni siquiera se presentó a esto. Estoy seguro de que su supuesta amistad está metida en esto. —Su voz en alto mostraba cuán enojado se encontraba.

Habían pasado unas semanas cuando pasó aquel incidente en la ciudad. JiMin estaba tan desesperado, tan angustiado, no tenía idea de qué hacer, por dónde empezar, cómo controlar los nervios y la inquietud que tenía por querer encontrarlo; incluso, las ojeras bajo sus ojos mostraban los días en los que no pudo conciliar el sueño por temer de alguna pesadilla donde su amigo sufría, lejos de él. Sin embargo, su jefe lo llamó para recibir su castigo por lo sucedido.

—E-Entiendo lo molesto que se encuentra, jefe. Pero en serio. TaeHyung-

—¿Es que no comprendes, Park? —Sonrió con sorna, inclinándose un poco hacia la dirección de su empleado. —¡PERDIERON MILLONES DE DINERO! —El grito incluso pudo haberse escuchado hasta el otro lado de la ciudad. —No me importa lo que te haya pasado. Mi trabajo es esencial y el tuyo lo era más, de cierto modo. —Se cruzó de brazos, enderezándose. —¿Cómo recuperarás todo ese dinero, JiMin?

—Señor, con todo respeto. Mi mejor amigo es más importante y-

—¡Oh, por supuesto! —Soltó una carcajada con clara falsedad. —Dudo que le importe a tu amigo sabiendo que estás solamente tú aquí presente. Dime dónde está, eh. Dime.

—Yo... No lo sé.

—Mmh... Qué extraño. Pues avísale a Kim que esto también va para él: —Acomodó sus gafas sobre el puente de su nariz. —No recibirán la paga de esta semana, ni de la siguiente, ni la de nunca.

—U-Usted... —El pánico volvía a apoderarse de él. Era claro que pasaría, pero no quería creerlo.

—Sí. Están. Despedidos.

Dejó caer su espalda en el respaldo de la silla donde se encontraba, mirando el suelo, alucinando.

—Sal de aquí. ¡No quiero ver a ninguno de ustedes dos cerca de mis casinos nunca más! Al menos que piensen pagar todos esos millones de won.

—S-Señor Bang-

—¡Largo de aquí! —Golpeó el mueble con su mano hecha puño. —¡Ahora!

Levantándose de un solo movimiento, sus ojos amenazaron con llorar frente a su jefe- ex jefe. Y así se dio la vuelta, con el destino a su casa.

—Y pensar en que los subiría de puesto. Qué completo error.


[ 💸 ]


—Esto me está volviendo loco, hyung. No soporto estar un minuto más sin hacer nada ¡mientras TaeHyung está allá afuera con unos malditos extraños!

—JiMin, relájate. La policía se debe estar encargando de la situación.

—¡Ya pasaron casi tres semanas y no han dicho nada! —Paró su caminata en círculos para mirarle. —Llamé a la estación de policía y me avisaron que siguen trabajando en ello.

—Seguramente tienen más trabajos que hacer, JiMinnie. Estoy seguro de que podrán encontrarlo.

—¿Y si no lo encuentran? —Su garganta picó, comenzando a morder las orillas de sus uñas nuevamente. —¿Y si lo encuentran... muerto? —Cayó de rodillas al suelo, alarmando a su acompañante que se puso de pie y se colocó a su lado. —N-No sé qué es lo que haría si ya no lo vuelvo a ver. No quiero que le pase nada. Todo esto es mi culpa, yo-

—No, JiMinnie. Esto no es culpa tuya. —HoSeok abrazó su cabeza, acariciando sus cabellos para intentar calmarle. —Nadie tenía idea de lo que pasaría, ¿sí? No tienes que culparte de esto.

—Yo debería estar en su lugar. No él. Él es una buena persona, debería estar a salvo con nosotros. —Tapó su rostro, empezando su llanto y aferrándose a los brazos de su mayor.

HoSeok necesitaba que su amigo mantuviera la calma o terminaría haciendo una estupidez. Tenía que pensar en algo que pudiera ayudarlo a resolver todo esto. Y sabía que había algo que aún no recordaba y que probablemente serviría mucho.

—Si tan sólo hubiese algo o alguien que hiciera milagros... Pudiera encontrar a TaeTae.

—¡Eso es!

JiMin detuvo sus lamentos, levantando la mirada poco a poco para ver la expresión de su hyung. —¿Q-Qué cosa?

—Existe alguien que pudiera ayudarnos.

—¿E-En serio? —Lo tomó de los hombros. —¿Quién? Dígame quién es. Haré lo que sea si es necesario. No me importa de qué se trate, mientras encuentre a TaeHyung sano y salvo, lo haré.

—S-Sí. Realmente no recuerdo cómo se llama. —JiMin bajó la cabeza, tratando de evitar las ganas de golpearle. —Pero sé a quién requerir para esto.

—¡No haga tanto drama y escúpalo! —Lo sacudió ligeramente.

—Es dueño de varios hoteles y bares en Seúl.

—¿Seúl? —Estaba al otro lado del país, le tomaría horas llegar hasta allá.

—Le llaman el diablo...

—Jamás había escuchado de él.

—¿¡No!? —Sí que estaba sorprendido. —Bueno, tengo un amigo que ha interactuado con él. Le llamaré y le diré que me dé su dirección. —Tomó su teléfono, comenzando a buscar el contacto de su amigo.

—¿Por qué le dicen así?

—Mmh... Había escuchado que puedes pedirle el favor que desees, y él lo cumplirá en un instante por algo a cambio. Es como hacer pactos con el diablo, ya sabes, esas cosas raras de fuego, almas y sangre. —Le dio un escalofrío, colocando su aparato en su oreja. —Pero esto no es fantasía, claro.

—¿Significa que puedo pedirle ayuda y él me dirá dónde está? —El castaño asintió. —¿¡Y qué espera para llamarle!?

—Es lo que hago, ¿no ves? —El timbre de la llamada acabó, en señal de que finalmente contestaba. —Hey, JungHong. Me preguntaba si recordabas al diablo. —Miró a JiMin y asintió para él en confirmación de la respuesta de su amigo. —¿Podrías decirme cómo contactarme con él?

Oh, Hobi. No puedes contactarte con él. Debes ir con él. Es fácil, no te preocupes. Te enviaré su dirección de todas formas.

—Muchas gracias, viejo. Te debo una.

Suerte, amigo.

14 de Febrero de 2021 a las 05:29 0 Reporte Insertar Seguir historia
2
Leer el siguiente capítulo 00¡

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 5 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión