karla-kassapian1613139143 Karla Kassapian

La desdichada vida del Capitán Tristán toma un rumbo diferente cuando expulsado de su propio barco, emprende una aventura inimaginable en compañía de un joven noble, un grumete y un grupo de gitanos que le hará regresar la esperanza de volver a ver a su hermano.


Aventura No para niños menores de 13.

#romance #drama #piratas #magia #fantasía #aventura #amistad #hermandad #acción #historia-original
1
357 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todas las semanas
tiempo de lectura
AA Compartir

El río Mantris

Lloviznaba, común en las aguas pantanosas del río Mantris de la isla Dominio, común al igual que la espesa neblina que nunca se disipa independientemente de la estación que fuera y que difumina las formas, dificultando la visibilidad de sus visitantes. El Imber había llegado allí después de un mes entero de viaje, el cual no se comparaba para nada con los dos años que su tripulación estuvo navegando guiada por un objetivo en específico del capitán. Si fuera por ellos, estarían en esos momentos tras naves mercantes para asaltar y llenar sus vacíos depósitos de mercancía que pudieran vender para llenar sus bolsillos de dinero. Después se gastarían la fortuna recolectada en bebida, comida y mujeres; algunos apostarían su parte en el juego con la esperanza de incrementar su ganancia. Esa era la vida de un pirata, sin preocupaciones ni obligaciones, aprovechar el hoy por no saber lo que pueda deparar el mañana. Pero el Capitán Tristán parecía haber olvidado quién era desde hace tres años cuando se convirtió en comandante de el Imber a la temprana edad de veintitrés años. Todos recordaban ese día con amargura, unos más que otros, muchas vidas se perdieron en el enfrentamiento contra el pirata más temible de todos los mares, incluyendo la del Capitán Henrick quien comandó el Imber por más de veinte años tras heredarlo de su padre. Éste al no tener descendencia, la dejó manos de quien él consideró más apto. Se creía que sería al primer oficial, Vince, pero a pesar de ser competente en su labor y guiar con eficiencia a la tripulación, era un hombre demasiado impulsivo y violento. Henrick temía que si dejaba su nao a su completo mando, ésta terminaría en el fondo del mar echa pedazos. Por lo tanto, su opción más viable era Tristán, ese muchacho que recogió a muy temprana edad cuando se encontraba perdido en la vida junto a su pequeño hermano Casper, aquel al cual le abrió las puertas hacia la vida pirata y quien demostró ser un gran marinero tras todas sus enseñanzas. Desde el primer día que lo vio, tuvo un buen presentimiento con él y estuvo en lo correcto hasta el último día de su vida. Para Tristán, el Capitán Henrick fue un mentor y un padre, si estaba vivo era gracias a él. Le dio comida, ropa, un hogar y una vida de la que siempre había temido pero que descubrió que no era tan mala como había escuchado.

Pero los planes del Capitán Henrick para el futuro de su nave no fue de agrado para el resto de la tripulación quienes no aceptaban al nuevo comandante del navío, más no exteriorizaban lo que pensaban por respeto al difunto a quien siempre sirvieron lealmente. Todos estaban de acuerdo que Tristán era demasiado joven para tal responsabilidad, no lo creían capaz de guiarlos y ese pensamiento se había venido reforzando más y más desde que al Capitán se le metió una sola idea en la cabeza que no pararía de perseguir hasta conseguirla. Por eso estaban en isla Dominio, antiguo asentamiento pirata antes de ser brutalmente exterminado por el emperador Gideon, gobernante de los cuatro reinos que conforman el imperio de Jade. Algunos sobrevivientes permanecieron en la isla y volvieron a levantar sus hogares y hacer prosperar lo mejor que pudieron sus tierras. Entre los pocos habitantes se encontraba Melo, que pronto recibiría una visita.

—¿Será que ese tal Melo logrará hacer entrar en razón al capitán y quitarle de la cabeza esa insólita idea que tiene?— comentó, sin esperar respuesta, uno de los piratas a dos de sus compañeros con quien jugaba una partida de cartas.

Uno se encogió de hombros al tiempo que ponía unas cartas sobre el cajón de madera que usaban como mesa y el otro sí tomó la palabra.

—Rezo todos los días para que sea así — miró hacia atrás en dirección al castillo de popa donde el capitán se encontraba tras la rueda del timón. Escupió a un lado, esgrimiendo una mueca de desprecio y volvió su vista al frente — Como odio a ese muchachito.

—Shh, te puede escuchar.

—Que escuche, no me interesa — alzó más la voz — Durante estos últimos años pudimos habernos llenado de riquezas asaltando navíos, buscando tesoros ¿Pero qué hicimos? Perseguimos un objetivo que a nadie aquí le interesa, sólo a ese...

—¿A ese qué?— se escuchó desde lo alto. Tristán no se había hecho oídos sordos al discurso del pirata, sabía muy bien lo que pensaban de él pero no le importaba, él era el capitán y era quien decidía qué hacer o no hacer en el Imber —Te hice una pregunta, Barto— se cruzó de brazos en espera por una respuesta.

La poca actividad en cubierta cesó como si el tiempo se hubiera detenido por obra de un maleficio. Todos los ojos se posaron sobre el pirata Barto, quien desafiaba con la mirada a Tristán y cuando se puso de pie, no hicieron falta palabras para explicar la tensión que se género en cubierta. El ambiente se llenó de expectativas, los piratas se preguntaban qué pasaría ¿Barto se atrevería a enfrentar al Capitán? A pesar de que Tristán era un hombre joven de rasgos delicados, a diferencia del resto de la tripulación cuyas hilera de dientes estaban curtidas como un pergamino viejo, si es que quedaba alguno en sus bocas, les faltaba un ojo o algún dedo y la mugre ya formaba parte de sus cuerpos como una nueva capa de piel, sabía imponer respeto con su metro ochenta y cinco de altura y hombros anchos, incluso antes de ser Capitán había forjado una reputación sólida y quien se metía con él debía atenerse a las consecuencias. Por esa razón, nadie se había atrevido a cuestionarlo durante sus tres años de mandato. Barto sería el primero en enfrentarlo y aunque estaba determinado, las rodillas le temblaron al momento en que Tristán bajó las escaleras del castillo de popa para plantarse frente a él. El veterano pirata se vio obligado a levantar la cabeza para poder mirarlo a los ojos e imprimió una expresión dura en su rostro lleno de cicatrices.

—Puedes decir todo lo que quieras, no tengas miedo — dijo Tristán.

—¿Miedo yo de ti? Por favor — rió para sí.

—Entonces habla ya y no me hagas perder el tiempo— endureció sus rasgos.

—Sí, voy a hablar — inspiró hondo antes de continuar y le dio una rápida mirada a sus compañeros que los miraban expectantes — Estamos cansados de esto, de esta misión a la que estamos amarrados por capricho tuyo. Hemos perdido tiempo, un tiempo que podemos emplear para hacer otras cosas, como por ejemplo, cosas de piratas— dijo con un sentido burlesco por la obviedad — Pero parece que a ti se te ha olvidado lo que somos, lo que eres, y en lugar de llenarnos de riquezas, perseguimos un insólito objetivo por nada ¿Sabes por qué? Porque no podrás tener a tu hermano de vuelta ¡Él está muerto y los muertos no reviven, debes aceptarlo de una buena vez!— la prisa con la que habló le dejó sin aliento y le secó la boca. Tomó aire y relamió sus labios. Dio un paso atrás sin demostrar cobardía, pero el cambio de expresión de Tristán le envió una señal de alerta.

La mirada del Capitán se ensombreció, no dijo nada, sólo observaba a Barto fijamente quien esperaba una respuesta y estaba preparado para cualquier reacción que tuviera Tristán. El muchacho se acercó al pirata lo más que la distancia le permitió, el hombre flaqueó al inicio pero enseguida volvió a ponerse firme. Su Capitán podía ser más alto y fuerte pero él era más experimentado y audaz y no podía doblegarse ante a quien considera un niño. La tensión en el ambiente se fue tensando más y más, los otros piratas tenían el corazón en la boca y apostaban a que Barto terminaría en las contaminadas aguas del río Mantris. Aquellos que se jugaron unas monedas por ello, estaban cercanos a ganarlas cuando Tristán alzó al viejo pirata, tirando del cuello de su camisa mugrienta y lo llevó contra la borda, dejando la mitad de su cuerpo hacia afuera.

—Tienes dos opciones, retractarte de tus palabras o nadar en este río asqueroso infestado de alimañas que no dudarán un segundo en devorante, y si es que pueden sacar algo de carne de tu cuerpo huesudo.

—No me retractaré— frunció el ceño — Eso es lo que pensamos todos aquí, somos quince contra uno.

Tristán miró por encima de su hombro al resto de la tripulación que se sintió intimidada ante su fría mirada. Barto esperaba que alguno lo apoyara y secundara su confesión pero lo que hicieron fue permanecer en silencio y verse las caras entre ellos.

—Montón de cobardes— espetó Barto.

—Parece que ellos son más inteligentes que tú — Tristán volvió su atención al pirata — Te daré otra oportunidad. Rogar o nadar por tu vida.

—Vete al diablo.

El capitán asintió, teniendo clara la decisión de Barto y sin titubear, lo soltó, dejando que la gravedad hiciera su trabajo. El hombre se hundió como una piedra en la verdosa agua y volvió a resurgir gritando maldiciones contra el capitán. Algunos de los otros piratas se asomaron por la borda y tenían intenciones de ayudarlo a subir pero Tristán lo prohibió y les ordenó que volvieran a sus labores, mandato que acataron de inmediato. El muchacho regresó tras el timón y entornó los ojos para enfocar la mirada y tratar de ver alguna cosa a través de la neblina. Entonces, el viento comenzó a azotar con más fuerza, revolviendo las melenas grasientas y mojadas de los piratas y golpeando con fiereza las velas. Las aguas del río se alborotaron como si un cardumen de pirañas se estuvieran dando un banquete, lo cual se reflejó en el violento movimiento de la nave, y la llovizna se convirtió en una tempestad. Tristán nunca había estado en esa isla y no sabía si ese repentino cambio de clima era común del lugar pero no parecía normal y el resto de la tripulación pensaba lo mismo.

—¡Ricen las velas y ajusten el ángulo, no dejen que el barco se vuelque!— gritó Tristán al tiempo que ceñía al Imber para navegar contra la fuerza del viento.

Sus hombres se pusieron manos a la obra enseguida y lograron controlar el navío lo mejor que pudieron contra la tempestad. Sin embargo, el revuelto río continuaba golpeando el casco con fuerza, el agua se alzaba y saltaba a cantidades por encima de estribor y babor a la cubierta, chocando contra los piratas que se esforzaban en mantener la velas en el ángulo correcto. Por su parte, el Capitán con sus manos fuertemente adheridas a la rueda del timón y los pies clavados al suelo para mantener el equilibrio, hacía todo lo posible para usar el viento a su favor y hacer avanzar el barco a barlovento.

—¡Capitán!— el primer oficial acudió al castillo de proa —Hay que soltar el ancla, la corriente podría estarnos dirigiendo a una catarata.

—El río atraviesa la isla y desemboca en el mar, no hay cataratas ¿No viste el mapa? —Inquirió con socarronería — Y si soltamos el ancla no aguantará fija en las piedras del fondo, la fuerza del agua podría arrancarla y será peor para nosotros. Hay que continuar el rumbo — miró a Vince — No es una tormenta normal, te diste cuenta. Algo la está provocando.

—¡Capitán!— gritó un pirata desde cubierta — ¡CAPITÁN!— alzó la voz para hacerse escuchar en medio de la mezcla de ruidos producidos por el viento y el azote del agua.

Tristán y Vince miraron abajo hacia la cubierta y abrieron los ojos con sorpresa al ver lo que allí había. Los piratas lo rodeaban, manteniendo una distancia prudencial. Algunos quedaron paralizados del miedo, otros rezaban y se persignaban innumerables veces y pocos lo miraban con fascinación. Una figura espectral, que parecía estar formada por la neblina que los rodeaba, se encontraba de pie en medio de la cubierta con actitud pacífica y observaba al Capitán con intenciones de hablar, o esa fue la impresión que dio. Tristán abandonó su puesto, dejando a cargo a su primer oficial, y bajó a cubierta sin sentir temor alguno para encarar a ese ser. Se trataba de un anciano de cabello largo enmarañado, vestía con una túnica de tela gruesa que lo hacía ver más robusto de lo que era y de su cuello colgaban varios collares de cuentas. Lo examinó con la mirada antes de hablar.

—¿Quién eres?— preguntó con recelo.

—Soy guardián de esta isla y ustedes, enemigos de piratas, no son bienvenidos aquí— contestó el anciano con una voz profunda pero calmada.

—¿Enemigos de piratas? Nosotros somos piratas.

—Hace quince años, muchas vidas se perdieron en este lugar, nosotros fuimos convocados para proteger la isla desde ese entonces y no permitiremos que muera uno más de los nuestros.

De todo lo que dijo, el "nosotros" fue lo que llamó la atención de Tristán y al mirar a su alrededor, vio más figuras vaporosas flotando en el agua rodeando el barco. Volvió su atención al anciano cuando continuó hablando.

—Será mejor que se vayan de aquí o tendrán que enfrentar nuestra furia— amenazó con voz serena.

—No estoy entendiendo por qué hacen esto contra nosotros. Sólo venimos a visitar a alguien, a Melo, no sé si lo conozcas. Venimos en paz, no queremos causar ningún inconveniente a la isla o a sus habitantes.

El anciano miró en dirección a babor y caminó hacia la borda. Tristán lo siguió aunque éste no se lo pidió y vio cómo algo estaba surgiendo del agua. La cabeza de Barto de pronto apareció, seguida de sus hombros y enseguida volvió a hundirse; resurgió una vez más y levantó los brazos, agitándose con ímpetu en un esfuerzo por mantenerse a flote en el río revuelto y suplicando por ayuda.

—¿No me dirás que hacen todo esto sólo porque lancé a ese inútil por la borda? — observó con incredulidad.

—Como te dije, no permitiremos que esta isla caiga uno más de los nuestros. Sálvalo y detendremos la tormenta.

—¿Y por qué no lo salvas tú si te importa tanto su vida?— espetó y le dio la espalda para regresar a popa.

La nave se sacudió violentamente, quienes estaban con la guardia baja cayeron al suelo y Tristán se sostuvo de la baranda de la escalera que conduce al castillo de popa. Miró atrás y fue sorprendido por el espectro que se acercó a toda velocidad a él y lo alzó del suelo, sosteniéndolo del cuello. La presión que hacía se sentía auténtica, como si se tratara de una persona de carne y hueso pero cuando el muchacho quiso coger su brazo para soltarlo, no pudo tocarlo, era como si intentara agarrar el aire con las manos.

—Sé por qué está aquí, siento una profunda pena en tu interior— el rostro del espectro había cambiado, se había llenado de más líneas de expresión y su tono de voz ahora era frío. A Tristán lo invadió un profundo temor — No conseguirás lo que quieres, pierdes tu tiempo aquí.

—Suéltame y acaba con esta tormenta, te lo ordeno.

—Tú no eres nadie para darme órdenes, muchacho altanero.

—¡Capitán, haga algo!— gritó uno de sus hombres— ¡Si esto sigue aquí moriremos todos!

El orgullo no permitía que Tristán hiciera lo correcto por el bien de su tripulación y su barco. El anciano apretó más su cuello al verlo reacio a escuchar a sus hombres y el chico sintió como le aplastaba la tráquea y el aire se cortaba. Cerró los ojos por pocos segundos y al volver a abrirlos le envolvió el terror. El rostro del espectro cambió nuevamente, ahora su piel era tersa y joven, su cabello corto y liso sus ojos reflejaban tristeza y decepción.

—Estoy decepcionado de ti — le dijo.

—¡No! ¡Basta! ¡No hagas esto!— gritó desesperado — ¡Detente por favor!

El anciano lo soltó y cayó en cubierta de rodillas.

—Lo siento, lo siento — levantó la mirada, el anciano volvía a ser el mismo —¡Lancen un cabo y ayuden a Barto a subir!— ordenó sin despegar los ojos del espectro.

El anciano quedó convencido con la decisión que el capitán tomó y sin hacer ni decir más, se desvaneció mezclándose con el viento y la lluvia. Tristán se puso de pie y mientras los demás se ocupaban de ayudar al desdichado que luchaba por su vida en el agua, se retiró a su camarote. Inspiró profundo para espantar el miedo y fue sustituido por indignación. No le importaba quién fuera ese anciano, si era un sabio y protector de la isla ¿Cómo se atrevía a manipularlo de esa manera, utilizando el rostro de su hermano? ¿Cómo sabía de él en primer lugar? Que alguien se atreviera a irrespetar su memoria era imperdonable, peor que lo utilizaran para conseguir un objetivo personal. La herida que dejó su perdida era profunda, no creía que fuera posible cerrarla y que pronunciaran tan sólo su nombre tocaban su fibra sensible. Sólo había una manera de apaciguar su pena y al mismo tiempo cumplir la última promesa que le hizo a su hermano, por ello estuvo por dos años navegando en busca de la solución hasta que encontró una posible que se encontraba en esa isla.

El bamboleo de la nave fue aminorando poco a poco y la penumbra que tiñó las paredes, pisos y techos del navío, menguó bajo los primeros rayos del sol del día. La cálida luz, que atravesó los empañados cristales del ventanal del camarote, acariciaron el helado cuerpo del joven pirata y la sensación resultó tan agradable que olvidó los disgustos que hace rato alteraron sus sentidos. Inhaló y exhaló lentamente, disfrutando de la calma después de la tormenta; se acercó a su armario donde buscó una toalla y ropa seca y tomándose su tiempo, secó su cuerpo y cambió sus prendas empapadas. Se sentó al frente de la cama donde el sol caía de lleno y continuaba brindándole con su calor la energía que le hacía falta para volver a salir y encarar a su tripulación. Sabía que debían estar disgustados, lo culparían por haber despertado la furia de los guardianes de la isla ¿Pero cómo iba a saber que había una maldición? No concebía que hayan armado tal tempestad sólo por lanzar a un pirata enclenque por la borda.

Salió a cubierta atrayendo la atención de todos que guardaron silencio al verlo. Los ojos del Capitán fueron directo a Barto que se hallaba sentado en una caja de madera a modo de banco mientras recobraba el aliento tras su agitado episodio en el río. El hombre alzó la cabeza y le dirigió una mirada iracunda que enseguida evadió y continuó al castillo de proa. Ahora que la neblina se había disipado y la luz del día iluminaba el camino, pudo ver a lo lejos, antes de que el río doblara a la izquierda, una ensenada rodeada de árboles que sobresalían de las rocosas montañas que servían de paredes para el río. Divisó el humo que se levantaba por encima de la vegetación, señal que habían llegado por fin a territorio habitado, y gritó la orden de continuar con el mismo curso. Ya que navegaban a sotavento, el viento hinchaba las velas en la dirección correcta y los empujaba con facilidad hacia adelante.

12 de Febrero de 2021 a las 14:19 5 Reporte Insertar Seguir historia
2
Leer el siguiente capítulo El fin de la esperanza

Comenta algo

Publica!
Andréss Navas Andréss Navas
¡Hola! Vengo de paso por tu historia para verificarla, ¡y vaya que pinta muy bien! Las historias verificadas abarcan un público mayor en nuestra plataforma, por eso nos aseguramos de que sea presentado con la mejor calidad posible. Aspectos valorados en esta revisión: -Raya (guión largo) en lugar de guión. -Buena estructura en los diálogos. -Ortografía, gramática y puntuación. ¡Felicidades! Saludos y un fuerte abrazo. Andrés N. Embajador.
April 05, 2021, 06:50

  • Karla Kassapian Karla Kassapian
    Hola!! Vaya!, no esperaba esto, mil gracias!!! :D April 16, 2021, 15:07
robustories robustories
Hola y bienvenida a Inkspired. El inicio de tu historia me pareció intrigante sobre todo por las interacciones de Tristan con el anciano y todo lo que representa esa escena con Barto tanto demostrando las acciones del capitán como sus repercusiones en el inicio de la aventura, aun así hay dos cosas por mejorar, primero una regla general de escritura y es que para los diálogos no se usa el guión corto sino el guión largo (—). La reacción del protagonista ante la imagen de su hermano me intrigo, pero lo mismo no ocurre cuando mencionas al capitan Hendrick ya que cuentas pero no muestras en escenas el porque de la admiración que le tenían a parte de otros datos sueltos al inicio que podrían descubrirse con conversaciones o escenas. Igual es una historia que siento inicia por buen camino.
February 12, 2021, 15:38

  • Karla Kassapian Karla Kassapian
    Hola! muchas gracias por tu comentario! Sé que hay muchas cosas que debo mejorar, siempre he escrito fanfics, ahorita es que estoy comenzando con historias originales en plan de novelas y de verdad aprecio mucho lo que me dices :D Hay uno que otros datos sueltos que se irá revelando en futuros capítulos. Lo del guión largo, nunca he logrado ponerlo en mi teclado, presiono las teclas para sacarlo pero no pasa nada xD February 12, 2021, 16:20
  • robustories robustories
    Con el guión largo lo que hice fue copiarlo de internet, lo pegue en un escrito y de ahí en adelante lo pasó a lo que voy a ir escirbiendo por eso es que uso mucho ctrl c y ctrl v para copiar y pegar ese guión. Y respecto a lo otro me alegra que pases de hacer fanfics a crear tus propias historias. February 12, 2021, 18:01
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 18 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión