britzberg Gisselle Martínez

En busca de aclarar su mente y sus ideas sobre los conflictos matrimoniales por los cuales atravesaba, Oğuzhan Berli llega a Londres y en uno de sus últimos días en la ciudad, sale a pasear y explorar los alrededores, esperando absolutamente nada nuevo que saltara la barrera de lo monótono y común ante sus ojos. Sin embargo aquel último escaparate acabaría llevándolo hasta un nuevo amor, uno de forma totalmente inesperada, en forma de obsesión hacia un ser de alma maravillosa que a su vez cargaba consigo una vida perturbada y autodestructiva. Su nombre era Agatha Martins. Una escritora exitosa que prefería vivir en el absoluto anonimato de su labor, una mujer sencilla, cansada de la vida. Una persona que buscaba imperiosamente huir del mundo entero y por sobre todo de un amor llamado Edward Hans. Un actor famoso, consagrado en su profesión, un hombre casado al cual ella amaba mucho. El mismo que correspondía con intensidad a sus sentimientos pero de una manera indeseada y dolorosa. Berli, ciegamente enamorado de Agatha, intentará salvarla de su abismo, alejándola de Hans y de la ciudad a la cual él consideraba una absoluta Perdición. Dejándose arrastrar por las turbias olas de sus sentimientos, intentará con persistencia ganarse sus afectos con las esperanzas que permitieran amarla.


Drama Sólo para mayores de 18.

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¿QUIÉN ES ELLA?

A mis casi 44 años de edad creí haberlo conseguido todo en la vida a raíz del éxito en mi profesión. Gané suficiente dinero, viajé, conocí hermosas mujeres y creí ser feliz, creí haber amado con profundidad. Creí que ya nada me haría falta en mi existencia pero acabaría dándome cuenta de cuán equivocado estaba.

Mi nombre es Oğuzhan Berli, actor de teatro, telenovelas y cine en mi país natal, Turquía pero ésta historia comienza en uno de mis esporádicos días libres como un simple vagabundo guiado por el viento con un bolso en la espalda y una cámara en mano.

Me casé a los 37 años con Nergis Kundakçi, una gran actriz y maravillosa mujer a quien conocí y de quien me enamoré profundamente durante el rodaje de una telenovela. Fuimos muy felices y nos amamos mucho en verdad o al menos eso creímos los dos hasta que los años fueron desgastando aquel mutuo sentimiento debido a incontables motivos.

Su excesivo trabajo y el mío hicieron que de algún modo nuestra relación acabará enfriándose sin muchos reparos. No tuvimos hijos y pienso que si quizás los hubiésemos tenido, las cosas habrían sido distintas en nuestro matrimonio. Quien sabe pero lo único cierto fue que nuestro amor, nunca echó semillas que dieran frutos y lentamente se abrió un abismo entre ambos que acabó llevándonos lentamente por caminos separados.

Pese a los problemas matrimoniales por los cuales atravesábamos constantemente, ella se negaba rotundamente al divorcio pues mantenía la esperanza de que pudiéramos superar aquellos malos momentos y volver a ser lo que fuimos alguna vez. Yo también lo deseaba y estaba dispuesto a intentarlo, sin embargo no conté con que mi corazón volvería a ser invadido por un nuevo sentimiento, una obsesión, un nuevo amor, una nueva e inesperada pasión.

En uno de mis esporádicos viajes, fui a Inglaterra (Londres para ser exacto) como simple turista y mientras tomaba unas cuantas fotografías, la vi. Tuve ante mis ojos al ser más especial que jamás había visto antes, una pequeña dama tan hermosa y delicada cual una auténtica muñeca de porcelana, de esas reliquias milenarias que solo se hallaban de una en un millón en las casas de antigüedades.

No sé cómo pero llegué hasta un desfile de mascotas en Hyde Park, esos eventos donde las personas llevaban a sus perros, gatos, llevaban donaciones y los organizadores promovían la adopción de animalitos abandonados y rescatados. En ese lugar, la conocí a ella, rodeada de unos cuantos perritos que la tenían encantada y en compañía de un sujeto que por la forma en que se comportaba con ella, parecía ser alguien bastante cercano a sus afectos.

A aquel hombre yo lo conocía, su nombre era Edward Hans, un actor muy famoso y reconocido en Hollywood, no así a ella quien aparte de ser un absoluto encanto, desconocía por completo, de quien pudiera tratarse.

Para postularse a la lista de adoptantes, las personas debían formar una fila a la cual me metí sin pensarlo dos veces, todo con tal de llegar hasta ella, poder verla más de cerca, hablarla y oír su voz.

Quien hacía las anotaciones de los formularios era aquel actor, junto a otros conocidos y no tanto, pero esos a mí no me importaban. Yo deseaba hablar con aquella dama y al llegar mi turno en la fila, fue lo que hice.

— ¡Quiero adoptar un gato! —Dije observándola únicamente a ella—

— Debes llenar un formulario de adopción —Aclaró aquel actor pasándome una hoja y un lápiz—

Fue lo que hice y lo devolví de inmediato.

— ¿Turquía? ¿Piensas adoptar una mascota, viviendo tan lejos? —Dijo el sujeto observando la hoja—

— Así es... ¿Algún problema con eso? Lo llevaré conmigo a mi casa.

— En realidad no es problema alguno —Dijo observándola a ella quien seguía sin decir nada—

Al cabo de unas cuantas gestiones más ya pude escoger un gato para adoptar pero lo más importante para mí, finalmente me acercaría hasta ella y oiría su voz.

Los gatitos estaban en una jaula vigilada por aquella preciosa de alguna galaxia desconocida y yo me acerque a tomar uno para llevármelo a conmigo.

— Lo cuidaré muy bien, te lo prometo.

— Bien, porque si no lo haces estarás metido en problemas —Habló finalmente dibujando en su rostro una frágil sonrisa— De todos modos no comprendo porque quieres adoptar un gato si Turquía es el país de los gatos —Acotó dejándome completamente hechizado—

— ¿Nos vamos a almorzar? —Irrumpió de inmediato aquel actor, besando su mejilla, rompiendo mi encanto y dejándome sin más oportunidades de seguir hablando con ella— Ron y Marie quedarán a cargo —Recalcó—

Ella, sin aceptar pero tampoco sin negarse, acabó dejando a sus gatitos a cargo de otra persona y se fue con él. Pese a eso yo no iba a rendirme ni mucho menos resignarme a no volver a verla y los seguí entonces sin que se percataran y llegué hasta un hotel donde al parecer ambos se hospedaban. Posteriormente volví al mío para dejar allí al gatito y retornar.

Mi intención no era quedar como un lunático obsesivo, solo deseaba saber un poco más sobre ella. Al menos su nombre.

Ellos habían quedado en ir a almorzar juntos y no supe si lo hicieron. Quizás sí pero una mujer llegó minutos después que, yo y en recepción preguntó por Edward Hans quién acabó bajando para marcharse con ella.

— Disculpe... Me gustaría hablar con la persona que subió con Edward Hans —Le dije al recepcionista del hotel—

— ¿Con que propósito?

— Sobre un gato —Respondí con reacción inmediata— Estuve en la feria esta mañana y adopté un gato pero necesito corregir algunos datos del formulario.

— La Srta. Martins pidió no ser molestada, además se irá dentro de poco. Ya solicitó su cancelación.

Con lo que me dijo aquel recepcionista, decidí entonces no insistir y aguardar con calma a que ella bajara y aproximadamente media hora más tarde, volví a verla detrás de uno de los botones que llevaba su maleta hasta el taxi que había pedido.

Cuando abordó finalmente, salí tras ella pidiendo al taxista que no se marchara aun pues yo iba a abordar también.

— Señor, este taxi está ocupado —Dijo el taxista—

— Lo sé.

Ella no dijo nada en principio, solo quedó observándome con extrañeza hasta que le pedí al taxista que me llevara antes hasta el hotel donde yo me hospedaba.

— ¡Disculpa! Yo tengo un vuelo que sale en media hora —Me advirtió ella dejando entrever sus ojos irritados cuál si hubiesen acabado de echar lágrimas.

— Solo quiero recoger mis maletas y también a mi gato.

— ¿Lo dejaste solito? —Preguntó dejándome en claro que ella no me había olvidado—

— No lo dejé solito, le pedí a una de las camareras que lo vigilara.

— Podrías llamar a otro taxi.

— Solo será un momento. ¡Por favor!

— ¿Qué hacemos, Señorita? —Preguntó el taxista—

— ¿Dónde queda tu hotel? — Me preguntó ella—

— Aquí cerca... No tardaré, te lo prometo.

Ante mi persistencia, ella acabó accediendo y al llegar al hotel, uno de los botones ya se encontraba aguardándome con mis pertenecías, a petición mía. Guardó mis maletas en la aguantera del taxi, tomé la jaula de mi gato y partimos rumbo al aeropuerto.

— ¿Ves? No perderemos nuestro vuelo.

— ¿A dónde irás? —Preguntó acariciando al gato desde la jaula—

— No lo sé. Dímelo tú.

— ¿De qué hablas?

— ¿A dónde iremos?

— Yo, a la ciudad de la perdición, luego con suerte, volveré a casa.

— Peki! —Fue todo lo que me nació decir ante aquellas expresiones suyas sin tener la más pálida idea sobre que lugar era ese—


"DÉJAME AMARTE"

Registro: 2009115308153

Gisselle Martínez by Britzbeg ©®

10 de Febrero de 2021 a las 23:33 0 Reporte Insertar Seguir historia
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