letskpopthis Alicia Letskpopthis

Liv siempre ha soñado con trabajar en el cine, así que cuando consigue un trabajo como auxiliar de cámara en la nueva película de Bong Joon Ho, no puede creerse su suerte. Sin embargo, a su novio Hui no le entusiasma tanto la idea de que vaya a pasar tres meses fuera de casa. Liv intentará que su relación no se vaya a pique, pero tampoco podrá evitar maravillarse por el mundo del cine, y las personas que conocerá en él. *Disclaimer: todos los personajes de este fic son ficticios.


Fanfiction Bandas/Cantantes Sólo para mayores de 18.

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Capítulo 1: Blue Is The Warmest Colour


Liv abrió los ojos, sobresaltada por el sonido de la alarma. Desubicada, tanteó la mesita de noche unos segundos y por fin dio con su teléfono. Se quedó mirándolo con un ojo medio abierto y frunció el ceño al ver la hora: las cinco de la mañana. Resopló, apagándola con un movimiento del pulgar y volvió a dejar el móvil en la mesita.

Acto seguido, se incorporó y se sentó en el borde de la cama para evitar quedarse dormida y se quedó un rato así, dándose un tiempo para espabilarse lo mínimo que necesitaba para ser persona. Estaba totalmente agotada, no había dormido prácticamente nada entre los nervios del primer día y la discusión con Hui. Encendió la lámpara de la mesita de noche y se dio la vuelta para mirarlo.

La alarma no lo había despertado y seguía durmiendo profundamente, todavía desnudo bajo las sábanas, tumbado boca arriba y con los brazos a ambos lados del cuerpo. El tono azulado de su pelo casi no se percibía con esa luz, pero sí el tono canela de su piel y el rojizo de sus labios carnosos. Se quedó mirándolo unos segundos más, pensándose si despertarlo ya, pero al final decidió dejarlo dormir un poco más mientras se preparaba.

Las frases que se habían dicho la noche anterior seguían resonando en su cabeza cuando entró al baño y se vio reflejada en el espejo.

"- Es una oportunidad única, Hui, muy poca gente puede trabajar con el señor Bong, y menos ahora.

- Es que sigo sin entender cómo decides algo así sin consultarme.

- ¿Perdona? ¿Ahora te tengo que pedir permiso para trabajar?"

Liv tragó saliva y cogió el peine para adecentarse el flequillo recto y desenredarse los mechones ondulados que le caían por los hombros. El degradado que se había hecho hace unos meses había empezado a desvanecerse, pero seguía viéndose el contraste entre el castaño oscuro de sus raíces y el tono miel de sus puntas. Dejó el peine y empezó a cepillarse los dientes.

"- No seas absurda, sabes a qué me refiero. Son tres meses en las montañas, no es como si fueras a rodar en Gangnam.

- Trabajar en el cine es mi sueño, Hui, ya lo sabes... Y esto no es solo cine, ¡es una película de Bong Joon Ho! No sé... Pensaba que precisamente tú lo entenderías.

- ¡Como si es del mismísimo Scorsese! ¿Cómo voy a entender que me dejes tirado así? ¿Es que no te importo una mierda?

- ¿Qué estás diciendo? ¡Claro que me importas!"

Escupió en el lavabo la pasta de dientes sobrante y se limpió la boca con la toalla. Se quitó el pijama y la ropa interior y se quedó mirando la ropa que había dejado preparada la noche anterior: unos vaqueros grises y una camiseta y una sudadera negra. Una sonrisa triste se dibujó en sus labios.

"- ¿Pero por qué lo ves todo tan negro? ¿Por qué no puedes alegrarte por mí? Yo me alegraría por ti si estuviera en tu lugar...

- Vaya, lo siento, pero quizás sea porque pensaba que el que vinieras a vivir a Corea significaba que estarías conmigo, no que me abandonarías a la primera de cambio."

Liv frunció el ceño, contemplando su rostro en el espejo. Sus ojos marrones oscuro estaban enmarcados por unas grandes ojeras que delataban su cansancio. Suspiró y cogió el maquillaje para intentar darse un poco de vida.

"- Claro que quiero estar contigo. Pero también tengo que pensar en mí, Hui. Eso no significa que te quiera menos, ni que te esté abandonando.

- Ya. Aquí la verdad es que podrías haberte contentado con el trabajo en mi serie. Pero está claro que tienes otras prioridades..."

Se contempló de nuevo en el espejo con el maquillaje ya aplicado y aunque la mejoría era evidente, decidió que era mejor recogerse el pelo en una coleta para tener un aspecto más compuesto el primer día, aunque llegara hecha un desastre a la localización después de pasar tantas horas en el autobús.

"- En esa serie me tratan como una mierda y lo sabes. Esto es algo que llevo mucho tiempo queriendo hacer, incluso antes de venirme a Corea. Incluso antes de conocerte a ti.

- Vaya, entonces lo tenías todo planeado, ¿eh? Sabías que en España no ibas a ningún lado, me conociste y viste la oportunidad perfecta: "Voy a camelarme a este gilipollas, que seguro que me lleva a Corea con él ¡y oye, a verlas venir!" Después de mí, ¿cuál es el siguiente paso, Liv?, ¿tirarte al puñetero Bong Joon Ho?"

Liv rodeó con sus dedos alargados los bordes del lavabo y respiró con fuerza. Aquello había sido la gota que colmaba el vaso. Lo que pasó a continuación le vino a la cabeza como una consecución de flashes.

Su intento de salir del piso. La mano de Hui agarrándole del brazo. Sus brazos rodeándola por la espalda y apretándola contra él. Su voz temblorosa en su oído: "No lo he dicho en serio, no sé por qué he dicho eso, Liv, por favor..."

Recordaba haber sentido toda la rabia expandiéndose por su cuerpo y, aun así, cuando momentos después la giró lentamente, apoyándola contra la puerta, y le pidió que le besara, cogiéndola de la cintura para atraerla a él, solo pudo aguantar uno segundos de tener sus labios tan cerca de los suyos antes de ceder. No podía negarle nada cuando se acercaba a ella y la tocaba de esa manera. Siempre había sido así.

Solo que esa había sido la última de la larga lista de discusiones que habían tenido ese mes. Y últimamente, no era raro que no llegaran a ningún tipo de acuerdo y arreglasen las cosas haciendo el amor. Y aquella noche no había sido diferente.

Aunque esta vez, cuando Hui le devolvió el beso, sí que recobró la sensatez por un momento y lo apartó golpeándole en el pecho, enfadada con él, pero también con ella misma por no saber negarse a él. Y si bien eso había sorprendido a Hui en un primer momento, no evitó que volviera a besarla y la llevara a la cama. Allí se repitió el modus operandi al que habían empezado a acostumbrarse.

No era bonito... Se mordían sin cuidado, se agarraban el uno al otro con desasosiego y casi tirria; cambiaban posturas no por darse más placer, sino por imponerse el uno al otro, para demostrar el efecto que tenían sobre el otro, llevándose al límite y retirándose en el último segundo solo para ver la necesidad absoluta en los ojos del otro. No había ni rastro del cariño infinito con el que se tocaban antes. Solo deseo, entrelazado con angustia y desesperación.

No, no era bonito. Era un juego retorcido que sí, le daba placer, pero también sacaba a relucir una parte de él y una parte de ella que le inquietaba. Liv procuraba no pensar demasiado en ello porque le erizaba la piel. Además, la razón de su discusión seguía latente: él no soportaba la idea de que hubiera aceptado ese trabajo de ensueño y aquella idea la entristecía, pero estaba determinada a hacerlo igualmente.

Mientras, en el dormitorio, Hui empezaba a desperezarse y extendió el brazo aún con los ojos cerrados para acariciar a su novia, pero su mano solo dio con el colchón vacío. Abrió los ojos asustado, contemplando la cama totalmente vacía a la luz de la pequeña lamparita de noche. "¿Se ha ido sin despedirse?", pensó incorporándose de golpe. Entonces, oyó unos ruidos en el baño y la puerta se abrió. El chico suspiró al ver a Liv.

- Por un momento, pensaba que te habías ido sin despedirte -dijo, llevándose la mano al pecho, como para calmar los latidos de su corazón.

Ella se quedó parada en el sitio, observándolo con los ojos muy abiertos.

- ¿Cómo iba a irme sin despedirme? Solo quería que durmieras el máximo tiempo posible, es muy pronto todavía.

- Bobadas, voy a prepararte el desayuno -dijo, apresurándose a levantarse, dejando ver su cuerpo completamente desnudo.

Se acercó a Liv, pensando que saborear sus labios le quitaría la sensación amarga que tenía todavía en la boca por lo de la noche anterior. Y aunque ella le devolvió el beso de forma tímida al principio, cuando sus lenguas se encontraron y ella pasó una mano por su espalda para acariciarle lentamente, sintió que la tensión que le había invadido todo el cuerpo hacía escasos segundos se reducía. Entonces posó una mano en el cuello de ella y se apartó unos centímetros para apoyar su frente en la suya.

- Buenos días... -murmuró en sus labios.

- Buenos días... -susurró Liv al tiempo que le daba un beso rápido, lo cual hizo que Hui esbozara una pequeña sonrisa.

En dos minutos, se había puesto el pijama y estaba en la cocina preparándole el desayuno, aún con legañas en los ojos, y ella aprovechó para terminar de recoger las cosas. Después, se sentaron en la pequeña mesa del comedor y Hui se quedó observándola en silencio mientras se bebía el café y se comía las tostadas con mermelada.

No podía fingir que no seguía enfadado. No lograba entender por qué pasaba de él de esa manera, después de todo lo que había hecho por ella. Y lo peor es que la conocía y sabía que no tenía ninguna intención de disculparse. Ese pensamiento hizo que le hirviera la sangre. Le había dado todo: un piso en el que vivir, un trabajo, hasta a él mismo... ¿y así se lo agradecía?

- Debería irme ya -dijo de pronto Liv, dándole el último trago al café.

Hui se levantó con ella sin decir nada y le ayudó a llevar su macuto por el corto pasillo que comunicaba la cocina con la entrada. Cuando se lo pasó, se quedó mirándola, intentando vislumbrar algún sentimiento de arrepentimiento en su rostro, pero no encontró nada. No, estaba claro que no iba a disculparse.

- Bueno... Nos vemos en tres meses, supongo -musitó él con voz grave, metiéndose las manos en los bolsillos del pijama.

Ella apretó la mandíbula. No quería llorar, pero la tensión que se respiraba en el ambiente era difícil de soportar.

- Sí, claro...

Él afirmó lentamente con la cabeza y desvió la vista al suelo.

- Intentaré llamarte todos los días, ¿vale? Tienes el calendario de rodaje en el móvil.

Hui volvió a asentir sin mirarla y abrió lentamente la puerta.

Liv miró la puerta y luego lo miró a él, notando cómo se le formaba un nudo en la garganta esperando a que dijera algo, pero él se limitaba a clavar la mirada en el suelo y no pudo aguantarlo más.

- Adiós, Hui -murmuró, dándole un beso rápido en la mejilla y, sin darle tiempo a titubear, se echó el macuto al hombro y salió por la puerta.

Cuando Liv empezó a dirigirse hacia el ascensor y oyó la puerta cerrarse tras ella, cogió aire y volvió a soltarlo con fuerza. Se limpió con la manga de la sudadera las lágrimas que se le habían empezado a acumular en los ojos y a resbalar por las mejillas y le dio al botón de llamada. Estaba haciendo lo correcto, era lo que tenía que hacer, y puede que él no lo entendiera ahora, pero acabaría entendiéndolo... ¿verdad?

Sacó el móvil del bolsillo mientras entraba al ascensor y apretaba el botón de la planta 0 con una mano temblorosa y entonces se dio cuenta de que tenía mensajes sin leer de Minnie:


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Una leve sonrisa se dibujó en sus labios y sintió cómo la presión que tenía en el pecho se aligeraba un poco. Quería mucho a Minnie, era la única amiga de verdad que tenía allí en Corea y aunque era más pequeña que ella, cuidaba de ella como si fuera su hermana. De hecho, fue ella la que le consiguió ese bolo. Era una de las actrices secundarias de la peli y se enteró de que necesitaban una nueva auxiliar de cámara urgentemente porque la chica que lo iba a hacer se había roto la pierna en un accidente de bici y le era imposible trabajar en ese estado.

Minnie era una de esas personas con luz propia y una energía burbujeante que hacían que todo el mundo quisiera tenerla cerca. Se habían conocido hace un año en la fiesta de bienvenida que celebró Hui para Liv. Él había invitado a todos sus amigos del mundillo, pero Liv todavía no hablaba muy bien coreano y Minnie era de las pocas personas que hablaba inglés en toda la fiesta.

Le contó que ella se había mudado de Tailandia hacía cuatro años y que entendía perfectamente cómo se sentía en ese momento. Tras un par de copas, ya le había jurado solemnemente convertirse en su ángel de la guarda. Le debía mucho, y no solo a nivel profesional. Liv salió del ascensor y aprovechó para contestarle mientras se dirigía al portal:


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Lamentablemente, el personaje de Minnie no tenía muchas escenas, así que no la vería hasta dentro de tres semanas, pero aquel simple mensaje había conseguido sacarla un poco del pozo anímico en el que se encontraba en esos momentos. Se puso los cascos y se dirigió hacia el metro y, en menos de media hora, ya se encontraba en la estación central de autobuses de Seúl.

Aunque estaba cansada hasta la médula con solo dos horas de sueño a sus espaldas, el nerviosismo por tener que moverse por aquella estación gigantesca y encontrar el camino correcto hacia su autobús consiguió mantenerla alerta. Eso sí, una vez dejó su bolsa de viaje y se acomodó en su asiento, cayó rendida en un sueño profundo.

Cuando abrió de nuevo los ojos, parecía que no habían pasado ni cinco minutos, pero todos los pasajeros estaban de pie, recogiendo su equipaje de mano y posicionándose en la cola para bajar del autobús. Aturdida todavía por el sueño, se quedó mirando al conductor que observaba al gentío desde su asiento con cara de pocos amigos. No paraba de repetir a pleno pulmón: "¡Última parada: estación de Gwangju! Todos los pasajeros deben abandonar el autobús. ¡Última parada: estación de Gwangju!". Liv pegó un respingo en el asiento y su cuerpo se accionó como un resorte.

¿De verdad había dormido durante las tres horas y media de viaje? Tenía que darse prisa para coger el autobús que la llevaría a Gurye, donde se encontraba la pensión que habían reservado para el equipo del rodaje. Con dificultad, se abrió paso para posicionarse en la fila y bajó tan deprisa como pudo para recoger su equipaje de las tripas del autobús.

Afortunadamente, pudo comprobar en los carteles de información que los autobuses para Gurye salían a pocos metros de distancia de donde se encontraba y llegó cinco minutos antes de que saliera el próximo. Dejó el macuto en el enorme maletero del nuevo autobús y se subió con respiración agitada.

Algo desorientada, se posicionó en su nuevo asiento y comprobó la hora en el móvil: las 10:30. Si todo iba bien, el trayecto a Gurye no debería ser más de hora y media, y la primera reunión de equipo no sería hasta las 16:00, así que tenía tiempo de sobra para comer y descansar en la pensión. Con ese pensamiento tranquilizador, se reclinó en el asiento, se echó el abrigo encima para entrar en calor y en cuanto su cabeza tocó el reposacabezas, se quedó K.O. de nuevo.

- ¡Guryeeeeeeeee! ¡Hemos llegado a Guryeeeeeeeeeeeee!

Liv pegó un saltito en el asiento y abrió los ojos de golpe. "Madre mía, ¿de verdad hace falta gritar?". Cuando bajó del autobús, una repentina corriente de aire frío le dio una bofetada en la cara, despertando todos sus sentidos de golpe. Resulta que la estación de Gurye era más bien una especie de aparcamiento grande al aire libre y el frío se le colaba por todas partes.

Se apresuró a ponerse el abrigo y abrocharse la cremallera lo más rápido que pudo y rescató su macuto una vez más. No tenía ganas de tener que tratar con aquel conductor malhumorado, así que se dirigió a la ventanilla de información de la estación para que le indicaran cómo llegar a la pensión.

- ¡Ah, sí! Tiene suerte, está muy cerquita -dijo la mujer menuda detrás de la ventanilla. La miraba con una sonrisa que le dejaba ver hasta el último de sus dientes-. Solo tiene que caminar en esa dirección todo recto unos cinco minutos y enseguida verá una gran casa con una verja azul, esa es la pensión. ¡Dele recuerdos a Mirae y Han!

- Ah, se los daré, ¡gracias! -contestó, algo confundida, pero agradecida por las buenas noticias. El equipo de producción había hecho un buen trabajo buscándoles alojamiento. Se puso la capucha de la sudadera para cubrirse algo mejor del frío y dirigió sus pasos hacia la dirección que le había indicado.

La señora de la estación tenía razón, no había caminado ni cinco minutos cuando de repente, llegó a una gran puerta de color azul cobalto. Se aproximó un poco al portero y llamó. Después de unos segundos de espera, la puerta simplemente se accionó con un sonoro timbrazo, así que la abrió, deseosa de resguardarse del viento. "Unas condiciones geniales para grabar", pensó frunciendo el ceño.

La puerta se cerró detrás de ella de golpe y se sobresaltó, pidiéndole perdón al aire por el ruido. Ante ella, se expandía un pequeño patio que servía de entrada al hostal. Se disponía a cruzar el camino de piedrecitas que llevaba al porche cuando sus ojos se posaron en el cerezo en flor que tenía a mano izquierda.

Las ramas eran tan altas, que las más endebles estaban siendo agitadas vigorosamente por el viento, lo cual había causado que muchas de sus flores descansaran ahora en el tejado del hostal. Liv se quedó ensimismada unos segundos observando ese magnífico árbol. Los cerezos en flor eran una de sus vistas preferidas de Corea, siempre conseguían sobrecogerla de una manera difícil de describir. De repente, oyó el grito de una voz femenina.

- ¡Pase antes de que se congele!

La joven bajó la cabeza para descubrir a la dueña de esa voz: una mujer bajita y algo rechoncha la observaba desde el porche de madera de la pensión, abrazada a sí misma en un intento de protegerse del frío. Portaba una camiseta de manga larga azul celeste, unos pantalones amplios agua marina y unas zapatillas grises finitas. Su pelo moreno estaba recogido, pero dos largos mechones a ambos lados de la cara se habían liberado para ondear en el viento a su merced, dándole un aspecto algo etéreo.

Liv se apresuró a recorrer el camino de piedras, aunque era difícil avanzar con las botas entre la gravilla. Cuando finalmente llegó, la mujer franqueó la puerta corredera sin mediar palabra y Liv la siguió al interior, cerrando la puerta tras de sí, esta vez con cuidado.

El cambio de temperatura fue inmediato. En pocos segundos, un calor agradable empezó a recorrerle por todo el cuerpo y se apresuró a quitarse el largo abrigo negro y dejar caer su capucha hacia atrás, intentando peinarse con una mano el flequillo alborotado y recoger de alguna manera todos los mechones que notaba que se habían salido de su sitio detrás de las orejas.

- ¡Buenas tardes! ¡Bienvenida! -exclamó la mujer con una reverencia enérgica.

La chica le devolvió la reverencia, sin poder evitar sonreír ante su entusiasmo. La mujer tenía los paletos totalmente torcidos, pero eso no quitaba que su sonrisa siguiese siendo bonita y cálida. Desprendía un toque maternal que le parecía encantador.

- ¿Viene con el equipo de cine? -preguntó dirigiéndose al pequeño mostrador de madera que se encontraba al final de la estancia.

- Sí, así es -dijo ella mientras dejaba el macuto en el suelo.

- ¿Su nombre? -preguntó la mujer al tiempo que tecleaba algo en un ordenador que probablemente dataría de principios de los 2000.

- Olivia Martínez León.

La señora frunció el ceño. Liv estaba acostumbrada, su nombre extranjero siempre causaba un poco de lío, así que se apresuró a sacar su pasaporte para enseñarle el nombre.

- Ahhh, ya veo... -dijo cogiendo el documento- Me pareció ver un nombre extranjero en la lista de reservas. ¿Le importa que le haga una copia a esto?

- Ehh, no, no, todo suyo.

La mujer sonrió y le dio la espalda para accionar una pequeña fotocopiadora y Liv aprovechó para echar un vistazo al hostal. Estaba claro que en algún momento había sido una gran casa señorial porque conservaba algunos elementos de la estructura original, pero estaba en su mayor parte reformado.

Los suelos de madera parecían limpios y el vestíbulo era tan pequeño que solo cabía un sofá y una mesita de madera, junto con el apartado reservado para el mostrador de recepción. Se quedó mirando la gran cristalera que tenía a mano derecha. Parecía que daba a un patio bastante amplio.

- Aquí tiene.

Liv se dio la vuelta para recuperar su pasaporte y lo guardó en su bolsa de viaje.

- Es una de las primeras personas en venir. ¿Quiere que le enseñe su habitación?

- Sí, por favor -Rápidamente, cogió el macuto y se lo echó al hombro-. Por cierto, se me olvidaba, la señora que me dio indicaciones en la estación me ha dicho que le dé recuerdos a Han y Mirae, ¿no será usted Mirae por casualidad?

A la mujer se le iluminó la cara mientras salía del mostrador.

- ¡Sí! Han es mi marido. Los dos llevamos el hostal. Seguro que ha hablado con Chan-mi, ¡qué encanto de mujer! Sígame.

Mirae empezó a subir la escalera de madera que se encontraba frente a Liv y ella la siguió. Cuando llegaron al primer piso, la mujer empezó a andar por un estrecho pasillo con la joven siguiéndole a pocos pasos de distancia un poco falta de aire. Mientras caminaban, se dio cuenta de que las ventanas de esa planta daban al patio que había visto abajo. Las habitaciones estaban dispuestas de tal forma que el patio estuviera en el centro, lo cual seguro que les vendría bien cuando llegara el calor. De repente, Mirae se paró en seco delante de una puerta, interrumpiendo sus pensamientos.

- ¡Esta es su habitación! ¡La 36!

Liv dejó el macuto en el suelo, aliviada.

- Tiene mucha suerte, esta es la única habitación individual que tenemos. Todas las demás tienen literas.

Aquella información no tuvo la acogida que Mirae esperaba.

- ¿En serio? ¿Pero cómo voy a dormir yo sola en una habitación y el resto de mis compañeros en literas? Me van a odiar.

- Oiga, nuestras literas son excelentes. No hemos recibido nunca ninguna queja.

- No lo dudo, pero...

- Tranquila -rió de repente una voz grave-, disfruta de la habitación.

Liv miró a su alrededor en busca del dueño de esa voz y sus ojos se toparon con un chico alto y de gran envergadura que la miraba desde el centro del pasillo, a dos puertas de distancia de la suya. Llevaba una mascarilla negra que le tapaba casi toda la cara, pero se podía apreciar el tono canela de su piel, que contrastaba con el gris plateado del mechón de pelo que le asomaba por debajo de la capucha.

En la larga sudadera negra que llevaba, aparecía una foto en blanco y negro de un hombre de largo pelo moreno sentado en la calle, ataviado con lo que parecía un vestido negro sin mangas y botines de tacón. Aquella imagen no parecía encajar con el aire intimidante que despedía aquel chico que la miraba con esos ojos de dragón, tan penetrantes que estaban empezando a ponerla nerviosa.

-Yo, mientras tanto -prosiguió él, abriendo la puerta que tenía enfrente- voy a echar un sueñecito en una de estas literas de primerísima calidad -dijo, haciéndoles una pequeña reverencia.

- ¡Gracias! -exclamó Mirae a sus espaldas- ¿Lo ve? ¡Lo que yo decía!

Liv sonrió para sí, mientras observaba cómo el chico entraba a su habitación, cerrando la puerta tras él. Estaba claro que la dueña no había pillado su tono irónico.

- Perdone, no quería ofenderla -dijo volviéndose hacia ella con una sonrisa-. Estoy segura de que la habitación es genial.

- Por supuesto, es la niña bonita del hostal. Mire, como usted -la chica la miró sin entender nada-. Créame, agradecerá tener baño propio cuando compruebe con sus propios ojos que un 90% de los huéspedes que vienen de su equipo son hombres.

Liv arqueó las cejas, sorprendida, mientras recogía las llaves que Mirae le ofrecía.

- Pero no me quejo, tenemos el hostal lleno para tres meses. Eso no suele pasar... Ahí tiene dos copias de la llave, por si se le pierde una. Pero procure no hacerlo, ¿eh? Le dejo que se instale, pero si tiene hambre, estamos dando ya la comida en la cantina. Está bajando esas escaleras que ve al fondo del pasillo -añadió, señalando a mano izquierda.

- Muchas gracias, pero creo que yo también voy a intentar dormir un poco.

- Como quiera -replicó, encogiéndose de hombros.

Se despidieron con una breve reverencia y la joven se quedó mirándola mientras se alejaba: "Sí, me va a guardar lo de las literas para los restos."

La habitación era pequeña, pero muy acogedora: con una ventanita por la que se podía ver el cerezo de la entrada, lo cual le hizo muy feliz. Además, tenía un pequeño armario con espacio suficiente para toda la ropa que había traído y el baño tampoco estaba mal. Nunca había tenido ducha propia en una habitación de hostal.

Y sí, allí en un costado contra la pared, había una cama individual con su mesita de noche. Liv dejó su bolsa junto al armario y el abrigo encima, se aseguró de que la puerta estaba bien cerrada, se quitó las botas y se echó en plancha en aquella cama, pequeña pero muy cómoda.

Entonces, sacó el móvil del bolsillo de su sudadera y activó los datos, notando como una sensación de nerviosismo empezaba a subirle por la boca del estómago. Se mordió el labio, mientras esperaba que el móvil se conectara a la red, estaba claro que no había buena recepción.

De repente, dos alertas aparecieron en la pantalla, pero Liv soltó un suspiro al comprobar que los dos mensajes eran de Minnie: "No worries! ¡Avísame cuando estés allí!" Contempló los mensajes un poco molesta, sin poder evitar pensar que era muy triste que su amiga se preocupara más por ella que su novio.

A Minnie le contestó con un breve "¡Ya estoy aquí! Todo Ok 😉" y pasó al chat con Hui. La aplicación decía que estaba en línea. Por su cabeza pasaron varios mensajes, pero al final escribió un escueto: "Ya he llegado" y se quedó mirando la conversación a la espera de una respuesta. Frunció el ceño, esa cama era realmente cómoda y el sueño estaba empezando a volver a hacer su aparición.

Los minutos pasaban y le estaba costando horrores mantener los ojos abiertos, pero de repente, dos tics azules aparecieron junto a su mensaje, indicando que Hui lo había visto. Liv parpadeó varias veces luchando contra el sueño, con la mirada fija en la pantalla, esperando su contestación... "Vamos, Hui, no seas imbécil."

Pero los párpados cada vez le pesaban más y, sin darse cuenta, acabó cerrando los ojos y se quedó dormida. En ese momento, la pantalla del móvil volvió a iluminarse para revelar un mensaje entrante nuevo: "Me voy de casa unos días. Disfruta del rodaje."


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¡Holap! Espero que os haya gustado este primer capítulo de 'Film Me Now'🎬💙 Si ha sido así, por favor, dadle un corazoncito y dejadme un comentario. ¡Un abrazo! 🥰


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9 de Febrero de 2021 a las 12:50 0 Reporte Insertar Seguir historia
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