mr_riz_rhymer Riz Rhymer

Esta historia narra las aventuras del Zafiro en su misión por devolverle a su pueblo lo que le pertenece por derecho, encontrándose en el camino con obstáculos y problemas que, pese a su gusto por la soledad voluntaria, deberá resolver con ayuda de los suyos, y de otros aliados que se tope en el camino.


Acción Todo público.

#star-wars #SW #mandaloriano #Mandalore #beskar
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Prólogo: Visitando el viejo hogar

Desde el inicio del Asedio a Mandalore, ningún local que hubiera podido escapar pudo ni quiso volver. El Imperio tomó control del sistema, y estableció una Academia en la capital, la cual abastecería de stormtroopers a ese mundo y a los mundos adyacentes.


No muchos se animaban a ir a Mandalore. Aquellos que se quedaron ahí se sometieron al Imperio y dejaron atrás sus costumbres para salvar sus vidas, y los que lucharon hasta el final por sus creencias ahora no eran más que fertilizante para las llanuras.


Con la caída del Imperio, los clanes guerreros se levantaron en armas, pero los remanentes del mismo acabaron con hasta el último miembro de estos que quedara... o eso creyeron.


Tantos años después de su caída, un hijo de Mandalore volvía a pisar tierra nativa.

No cabía duda, ese hombre logró algo que no sería fácilmente superado.


Ese hombre, un cazarrecompensas famoso por su armadura de relucientes y brillantes azules, regresó a casa para recuperar un tesoro muy preciado, un fugitivo del Sindicato que le había robado a un militar de su planeta una suma considerable de créditos, y saldría de ahí en una pieza.


Ese hombre era un Mandaloriano, y su nombre era Avvan Deg'oh, el Zafiro del borde exterior.




...




Mientras el Celest Concord entraba a la atmósfera de Mandalore, se notaba cada vez más la situación de inhabitabilidad del planeta: cuidades que antes eran metrópolis convertidas en ruinas, llanuras desérticas que antes eran bosques y jardines hermosos, aldeas que antes rebozaban de vida y tranquilidad ahora eran pueblos fantasma. Al aterrizar la nave, el piloto salió de la misma y la admiró unos segundos. Aquella era una hermosa pieza de arte; una nave de ataque y patrulla Firespray 31, fabricada sobre pedido por Sistemas de Ingeniería Kuat para Deg'oh. Solo existía otra como esas en toda la galaxia, y estaba en manos de otra persona con una armadura mandaloriana, a pesar de no ser Mandaloriano ni seguir el credo.


Tras coquetearle con la vista a la nave, el Mandaloriano volvió a entrar en ella. Del area de carga sacó una moto treadspeeder 98-J, con la cual se desplazó desde la nave hasta su destino: una ciudad abandonada en el norte del planeta. Su presa fue fácil de encontrar. Era un rodiano demasiado inútil para esconderse, y lo supo porque intentó ocultarse dentro de un edificio con muros de cristal.


La recompensa estaba segura, ya lo tenía, y ahora solo tenía que llevarlo hasta el Concord. El problema llegó cuando una patrulla de stormtroopers los interceptó apenas subir al treadspeeder. Avvan, inmediatamente, tomó cobertura detrás de una pila de escombros junto a su moto. E diferencia de él, su objetivo, el rodiano, no tuvo tanta suerte, y fue prontamente abatido por los disparos de los soldados en armadura blanca.


Maldijo por haber sido tan estúpido al dejar descubierto al rodiano, y luego se asomó a echar un vistazo para saber a dónde disparar, pero la precisión de los tiros de los soldados lo hicieron volver a su escondite. Avvan no tuvo más opción que esperar a que el fuego enemigo cesara, y cuando lo hizo, pudo escuchar cómo los troopers pedían refuerzos por el comunicador.


Bien, pues no tardaron nada en llegar los refuerzos enemigos, y no eran stormtroopers precisamente, sino soldados mandalorianos imperiales, guerreros Mandalorianos que se habían unido al Imperio durante el Asedio. Cinco soldados armados con rifles TM-32 y blasters RQ-40 (modelos imperiales basados en las armas tradicionales de los Mandalorianos) aparecieron en el aire, e inmediatamente abrieron fuego contra el Mando, disparando ráfagas de energía desde el cielo directamente hacia la posición del cazarrecompensas. Este, al conocer las armas de su propia gente, esquivó cada uno de los disparos, pues las descargas de energía que producían esas armas eran generadas por la combustión de tibanna. Las descargas de esos blasters podía fácilmente traspasar cualquier material, incluso el beskar. esas armas eran de orígenes locales en todo sentido.


Su única opción era utilizar las armas integradas en sus avambrazos, ya que su blaster no podría hacer nada contra tantos enemigos. En ese momento disponía de cuatro herramientas y armas: un escudo de energía, una carga de treinta segundos de gas para su lanzallamas, un gancho de sujeción y una carga de quince Aves Silbadoras, pequeños dardos teledirigidos que podían traspasar armaduras de beskar comunes.


Sin pensarlo dos veces, Deg'oh encendió su escudo y corrió hacia el escuadrón de stormtroopers, cubriéndose de los disparos de los troopers en el cielo mientras disparaba con su blaster a los que había en tierra. Abatió a uno... dos... tres... cuatro... a cinco soldados antes de entrar en combate cuerpo a cuerpo. Mientras peleaba mano a mano, utilizaba a los troopers como escudos humanos para evitar que los voladores le dispararan, y no tardó mucho en eliminar a tres de los enemigos terrestres, para luego dispararle por la espalda al noveno que estaba intentando escapar. Ahora estaba libre para preocuparse de los troopers traidores.


Disparó su gancho hacia la bota de uno de los cinco, y al tenerlo sujeto, tiró del cable para acercarlo a él y rematarlo con un disparo de su blaster por debajo del casco. Cubriéndose nuevamente con su escudo de energía, tomó el blaster RQ-40 del enemigo caído y abrió fuego contra los cuatro. Derribó a dos hasta que recibió un disparo en el brazo derecho por parte de uno de los dos traidores restantes, soltando el arma al instante.


Al verse desarmado y sin protección alguna ante los enemigos, el Mando decidió que era buen momento para utilizar las Aves Silbadoras. Estas pequeñas armas autónomas, insertadas en el avambrazo derecho, eran raras y escasas. Conseguirlas era muy difícil, y fabricarlas imposible si no se era un maestro herrero del beskar. Cinco proyectiles de esos fueron disparados: tres de ellos impactaron en el abdomen, pecho y cabeza de uno de los enemigos, matándolo al instante, y los otros dos golpearon el hombro y el jetpack del traidor, derribándolo y llevándolo al suelo.


Avvan no dudó ni un segundo. En cuanto el trooper estuvo en el suelo, se dio la vuelta para mirar al Mando e implorarle por su vida, pero Deg'oh no negociaría con traidores de Mandalore. Apuntó su brazo hacia el hombre vestido en armadura profana blanca y encendió su lanzallamas, gastando los treinta segundos de combustible que cargaba con él en ese momento, carbonizando completamente al hombre y fundiendo su coraza blanca.


En ese momento, Avvan supo que su tiempo había sido gastado de manera inútil, pues la armadura del traidor se derritió en lugar de cambiar de color a un rojo vivo. De haber sido beskar, o como mínimo un metal cualquiera, hubiera estado intacta, pero no, la armadura se derritió, haciéndole saber al Mando que era una armadura de compuesto plastoide idéntica a la de los stormtroopers convencionales.


—Dank farrik —suspiró el hombre mientras recogía las armas de los traidores, pues las fuentes de energía le servirían para alimentar su rifle de pulso.


Era un arma antigua, usada por algunos Mandalorianos, prohibida en la galaxia por su alta capacidad de destrucción. Las fuentes de energía y cápsulas de munición de tibanna de esas armas podían ser incorporadas a aquel rifle, el cual, alimentado con cápsulas de gas de ese mismo combustible, despedían descargas de energía que podían desintegrar a un objetivo al instante, debido a su excesiva volatilidad y las altas temperaturas de su combustión.


Una vez que todo lo útil estuvo guardado en los bolsos del treadspeeder, el Mando subió a su moto, ató el cadáver del rodiano al anclaje trasero del vehículo y se dispuso a regresar a su nave, pero antes de hacerlo, condujo hasta el stormtrooper más cercano, tomó su blaster y llenó todo su cuerpo de agujeros. treinta y ocho disparos en total, sin contar los antes propinados. Aceleró a fondo y regresó a su nave, y una vez dentro, congeló en carbonita el cadáver del ladrón rodiano.


—Ahí te vas a quedar, Benko. Con suerte me van a dar un tercio de la recompensa original.


El Mando se acomodó en la cabina, encendió la nave y despegó, con rumbo hacia el otro hemisferio de aquel planeta. Durante el trayecto, el hombre se encargó de curar su herida que, a pesar de no ser muy grave, requería limpieza y tratamiento.


Prontamente, el aeronave llegó a su destino. Deg'oh descendió y salió a explorar la zona con su treadspeeder y su rifle de pulso. El Mando iba a aprovechar que estaba en su tierra natal para visitar un lugar en especial para él: el lugar en el que se vio obligado a ir al exilio, el campamento Mandaloriano de la Guardia Letal que lo había acogido, criado y entrenado desde niño y hasta los dieciocho años.


Antes, había decenas de mandalorianos siendo entrenados en ese lugar, viviendo en paz y ejerciendo su Credo a manera de honrar a sus antepasados, pero ahora no era más que un lugar fantasma, ruinas de lo que antes fue un refugio para todos aquellos dispuestos a seguir el camino del Mandaloriano. No parecía quedar nada entre los escombros y las ruinas. Tan solo lápidas improvisadas clavadas sobre montículos de tierra. Ni las armaduras, ni las armas estaban ahí, y los sellos de la Guardia Letal en las paredes habían sido cubiertos con capas de pintura, y los estandartes habían sido quemados para eliminar cualquier vestigio de la Guardia de la faz de la galaxia.


Tras un rato de buscar, el Mando solamente encontró una caja con viejas partes de repuesto y reparación, entre las cuales halló componentes que le servirían en su blaster, pues algunas piezas eran provisionales por ser un arma artesanal fabricada con chatarra. Una vez explorado el terreno, despejó el área, no sin antes echar un vistazo a su antiguo dormitorio, una habitación enorme que compartía con el resto de los expósitos. Ahí encontró algo que le haría recordar su niñez en aquel lugar. Era su primer casco, Mandaloriano, aquel con el cual ocultó su rostro durante su entrenamiento con la Guardia. No era como los típicos cascos Mandalorianos, con un visor en forma de T, sino uno sin visor, con una abertura frente a los ojos, para así permitirle ver. Era curioso que no se hubieran llevado aquel obsoleto casco, pues este, al igual que el actual, estaba hecho de beskar. Tal vez los imperiales lo habían dejado atrás por ser demasiado pequeño para usarlo, o porque estaba demasiado viejo y con una apariencia desagradable y triste. La superficie del metal estaba casi completamente cubierta por óxido, los colchones en el interior del mismo se habían fundido y adherido al casco en forma de una plasta viscosa y pegajosa, y los circuitos y componentes electrónicos estaba completamente corroídos, sin posibilidad de ser reparados debido al daño causado por el paso de los años.


Aquel era un pequeño tesoro que, más que una utilidad, representaba una forma de recordarle su propósito: recuperar lo que a su pueblo le había sido arrebatado años atrás.


El reflejo de aquella oxidada pieza de historia se proyectaba en el reluciente visor negro del casco del Mandaloriano, mientras que a la distancia se alcanzaba a escuchar el zumbido de cazas TIE acercándose a gran velocidad. Deg'oh tomó el casco, tomó todo lo que encontró, montó en su treadspeeder y volvió al Concord a toda velocidad. Una vez dentro, subió a la cabina, se acomodó velozmente en su lugar, encendió motores y despegó, justo a tiempo para recibir a los cazas imperiales: dos Interceptores TIE con la nave de Mando en la mira.


El piloto Mandaloriano no perdió tiempo y activó el armamento del transporte. Redirigió la energía a los escudos deflectores traseros y giró ciento ochenta grados los cañones de la nave, apuntando a los Interceptores y abrió fuego mientras tomaba rumbo hacia la atmósfera, para así salir del sistema. Los disparos del Concord eran rápidos, pero los Interceptores eran aún más rápidos y esquivaron cada tiro. El fuego de los cazas imperiales pronto se volvió demasiado para que los escudos de la nave de Mando los soportaran, lo que causó que estos se apagaran, dejando al Firespray indefenso.


Varios tiros de los Interceptores fueron aterrizados en el tren de aterrizaje del Concord, causando que luces de alerta se encendieran en el tablero de control en la cabina. Pronto Mando se hartó de juegos tontos y utilizó el arma más poderosa que tenía equipada en su nave: cargas sísmicas. Ingresó la información de los objetivos en la computadora, a qué distancia se encontraban, hizo los cálculos y ingresó el tiempo de detonación de la carga. al presionar un botón en el panel superior, de entre dos de los motores del transporte se desplegó un objeto cilíndrico, el cual estalló justo al quedar entre ambas naves enemigas, haciéndolas desmoronarse al instante por la explosión sónica de la carga, dejándole al piloto el resto del camino a la atmósfera libre para relajarse, pues había salido del planeta con vida, y no solo eso, con un tesoro nostálgico de su historia.

6 de Febrero de 2021 a las 03:58 0 Reporte Insertar Seguir historia
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SWU–Wild Galaxy
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Bienvenidos a SWU-2108. Este es un universo literario basado en la galaxia de Star Wars, con versiones alternas, distintos puntos de vista e historias jamás contadas de personajes marginados y apartados del punto de atención en la galaxia. Las narrativas de este universo se darán desde las historias y perspectivas de personajes cuyas historias nunca se han contado, y que merecen ser conocidas. Leer más sobre SWU–Wild Galaxy.