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Alissya no buscaba un conejo blanco

Luces brillantes, sonidos fuertes, cientos de cuerpos sudorosos que se movían como presos de un trance. Eso era lo que el mundo le ofrecía a Alissya cada noche, se movía entre el bullicio y el gentío de un espacio lleno de personas en busca de su propio país de las maravillas. Pero Alissya no buscaba un conejo blanco que le mostrara el camino a un lugar lleno de magia y de cosas imposibles. No, ella buscaba un caballo blanco, uno que la guiaba por un camino de euforia. Euforia que duraba unos pocos instantes, pero ahí empezaba su viaje. Alissya encontró a un hermoso caballo blanco cuando sus otras formas se viajar fueron insuficientes, primero fue un humo que le daba risa, luego nieve que le impedía ver su reflejo en el espejo. Alissya necesitaba algo más fuerte, que durara más, más, más. Alissya siempre quiso más, más baile, más amigos, más dinero en sus cuentas de banco, más amor de sus padres, más compromiso de sus parejas; quería más del mundo y el mundo no le daba nada.
Y fue en ese mismo lugar de sonidos rítmicos que lo vio por primera vez, era hermoso, brillante, la hizo sentir eufórica y cuando se fue, necesitó más, más de ese viaje a caballo que le enseñó una nueva forma de viajar a un mundo de maravillas imposibles.
Pero toda magia tiene un precio, primero fue su boca seca la que acompañaba los flashes de luz, luego fueron sus brazos y piernas las que se sintieron pesadas. Pero a ella no le importó, quería más, necesitaba más, mas, más. Siempre más. Más cuando no sonaba la música, más cuando no salía el día como esperaba, más cuando quería escapar. Más, más, más; siempre más.
Fueron tantos sus viajes en ese caballo hacia su mundo de maravillas, que dejó de distinguir entre la realidad y el mundo fantástico al que llegaba. Alissya bailaba sin parar en zapatos hechos de cristal y cuando sus pies sangraban ella reía sin parar, nada era real. Nada era real cuando sus parpados pesaban, cuando su mente estaba tan perdida en las maravillas, cuando su corazón palpitaba más lento. Nada era real, porque lo real era aquel lugar brillante al que llegaba cada vez más seguido. Primero fue una vez, luego una vez al día y cuando fue necesario viajar más de una vez en un dia Alissya lo supo; supo que tenía que vivir siempre en ese lugar, donde nada podía dañarla.
Y el país de las maravillas le concedió su deseo. Es curioso, como le quedaba ese vestido de lentejuelas plateadas, parecía que Alissya había encogido su tamaño, o en su defecto el vestido se había hecho más grande. También era curioso ver su cabello, aquella melena rubia parecía no brillar con el resplandor intenso de las luces. Pero lo más curioso de todo, fue que para entrar de forma definitiva al país de las maravillas necesitó ver su cuerpo desde arriba, le sorprendió la forma en que su boca se torcía en un gesto de preocupación. Tres intentaron ayudarla y el resto siguió bailando. Sintió la oscuridad y le asustó; quiso volver, pero no pudo, su corazón se hizo tan duro como una roca y no volvió a moverse.
Quizá todo habría sido diferente si Alissya hubiese seguido a un conejo blanco en lugar de a un caballo blanco. Pero ahora era demasiado tarde, lo supo cuando levantaron su cuerpo y se fue, dejándola a ella en medio de las luces brillantes viendo, pero sin ser vista.

4 de Febrero de 2021 a las 01:21 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Geova Fallas Keep your head in the clouds and your hands on the keyboard.— Marissa Meyer. Archaeologist, bookstagrammer, lover of books, illustrator. Let's talk about books: https://linktr.ee/Geovafallas

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Ale Jiménez Ale Jiménez
Amo, las tres historias cortas han sido increíbles 💜💜
February 04, 2021, 01:27
~