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valzg22 Valerie Guedez

La vida del famoso diseñador de París Gabriel Agreste ha sido perfecta, mas nadie sabe lo que debe enfrentar cada día desde que su esposa desapareció, el desespero de la soledad, la tristeza profunda, un dolor que nadie entiende debido a la necesidad de tener una compañera. Luchando contra sus propios pensamientos, atrapado siempre en una jaula de rutinas y trabajos, en la que vive cada día en su mansión sin falta alguna. Y cuando posa sus ojos en la joven Marinette, su presencia y la dulzura que ella demuestra, su personalidad tan jovial y llena de belleza le comienzan a interesar. Siente algo en su interior, causando un súbito cambio que lo lleva a obsesionarse con ella, quererla solo para él y así aliviar sus tormentos sin saber hasta donde podría llegar para conseguir tenerla a su lado. Tendrá muchas dudas, principalmente por sus sentimientos hacia Marinette, si será la lujuria o el amor lo incentivan a tenerla como suya.


Fanfiction Caricaturas Sólo para mayores de 21 (adultos).

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Rutina perfecta

Mi vida es perfecta, soy un famoso diseñador de modas, vivo rodeado de lujos en mi mansión, mi trabajo es perfecto porque yo siempre lo he deseado y tengo un perfecto hijo modelo a quien le doy todo lo que necesita. Es algo obstinado y no se da cuenta de todo lo que hago por su bien, todo en él es la perfección que yo he creado, a quien he moldeado con esfuerzos y sacrificios; le he permitido asistir a la escuela a pesar que no me gusta que asista, le he dado clases extracurriculares que se empeña en realizar: esgrima, piano y chino, entre otras cosas. Adrien lo es todo para mí, una imagen que debo cuidar y proteger, mi único hijo de quien espero que siga en la línea de la perfección.

Una vida perfecta, me estoy engañando a mí mismo. Todo es apariencia por mantener mi imagen, he guardado todo este tiempo el cuadro de la perfección de mi vida ante los ojos del mundo, tapando mi cruda verdad en la cual nada es perfecto. No, mi vida no es perfecta a causa de mi esposa, hace un tiempo ella desapareció, y en mi vida, su ausencia me ha cambiado, si a mi hijo le pasara lo mismo mi mundo perfecto, el cual me he impuesto yo mismo, se derrumbaría. He tratado de vivir con esa mentira de "vida perfecta" desde que mi esposa no está en mi vida. Mas por dentro algo distinto está surgiendo, lo que siempre he tratado de ignorar durante años: la necesidad de volver a tener una mujer a mi lado. Cuando ella desapareció jamás he posado mis ojos en otra mujer por mi propio juramento, así lo he mantenido hasta ahora. La amaba demasiado como para ponerme a pensar en alguien que no fuera ella.


Sin embargo, esa promesa que he mantenido jurar es casi imposible de lograr. Me siento internamente vacío, necesito de alguien que vuelva a llenar ese frasco vacío que tengo internamente como lo hacía mi esposa que siempre lograba llenarlo de cosas tan dulces como el amor que hasta olvidaba por completo sus defectos.


Ella siempre fue perfecta para mí.



Hoy en la mañana, parecía que iba a ser un día de rutina, me levanté de mi cama, entré a mi baño para mi propio aseo personal, abrí la llave de la ducha y entré en ella, dejando que el agua me corriera por todo el cuerpo sintiendo como las gotas de agua se deslizaban en cada centímetro de mí; como bajar de una larga colina hasta llegar al suelo, cerraba los ojos ansiando que el agua que me caía en la espalda fueran las manos de mi mujer, unas suaves y delicadas manos como seda y porcelana. Los hombres tenemos tantas necesidades en la vida y la mía ahora era esa que muchos desean tener, aunque ahora, sea imposible.


Me vestí cuidando cada detalle de mi ropa, evitando cualquier arruga presente y me peiné mi cabello de manera habitual para continuar con mi ritual de rutina diaria y laboral.


Le pedí a mi asistente Nathalie que me entregara mi agenda del día de hoy, cuando me la dictó le pedí que cancelara algunas citas, no me apetecía dar entrevistas a nadie, principalmente a aquellos reporteros que desean saber sobre mi vida íntima, ya lo han intentando varias veces, ahora conozco a quienes serán aquellos que me quieren para eso, como odio que quieran inmiscuirse en mi vida privada sólo para que todo el mundo sepa hasta cual es mi plato del día, los Agreste jamás permitimos que sepan de nosotros de esa manera.


El resto de la tarde me la pasé en mi oficina haciendo trabajos habituales mientras trataba de concentrarme, la distracción que tenía por pensar en mi esposa me estaba atrasando en mis proyectos, unos nuevos vestidos de moda juvenil, mas rápidamente tomé el control y presté atención en mi computadora, tratando de no seguir pensando de nuevo en ella, podría perderme en un mar de sensaciones que me llevarían a una tristeza profunda imposible de detener. La extraño, pero ahora debo pensar en mi trabajo primero, las emociones negativas podrían causar que algo eche a perder.


Nathalie entró con unos papeles que debo revisar, detalles de la próxima pasarela, tengo que asegurarme que todas las medidas de mis vestidos estén correctos antes de ser enviados. Ella siempre me ha parecido una mujer muy seria, digna de respeto aunque no tolero sus errores, tiene un buen rostro y siempre lleva un peinado impecable junto con su vestimenta, nunca me ha interesado como mujer en la ausencia de mi esposa. Es como mirar una simple escultura de piedra sin vida alguna de manera áspera. No niego que sea atractiva, pero hasta ahí llega nuestra relación en puro profesionalismo como jefe y asistente.


Mi esposa tenía mucha belleza, era refinada, de buen gusto y su corazón lleno de buenos sentimientos y amor que me entregó durante más de veinte años. A pesar de ser excesivamente dramática, algo terca y testaruda, igual la amaba.


El resto del día estuve terminando mi trabajo, tanto tenía que mis pensamientos hacia mi mujer fueron olvidados por completo hasta terminar la tarde.


Finalizando mi trabajo, miré el retrato de mi esposa, verla me atrae tantos recuerdos, como llenaba mi corazón de alegría y gozo, la mujer de mi vida que siempre estaba ahí para mí en las buenas y en las malas, mi vida sería perfecta si ella volviera a mi lado.


La extraño demasiado.



Mi día ya casi termina con una cena en solitario, casi nunca como con mi hijo, mi trabajo no me lo permite, incluso debo llevar mi propio alimento cuando trabajo en la oficina que tengo dentro de la mansión, requiero de mucha dedicación para asegurarme que todo lo que creo no tenga ni un solo error. Hasta hay veces en la cuales no me detengo a comer hasta no haber terminado mi trabajo.


Todos ven en los Agreste una vida perfecta y siempre permanecerá esa imagen así. Hasta la imagen en el espejo de mi baño muestra la imagen de un hombre que tiene una vida perfecta con una imagen perfecta, pero por dentro, sé que son sólo ilusiones que yo mismo creé, que todos observan, no soy perfecto, mi vida no es perfecta, todo lo que hago es siempre agobiarme por lo vacío que me siento sin una compañera.


—Deja ya de agobiarte, podrías tener todo lo que quieres, hacer lo que más quieres si no te apegaras a tu rutina, si pudieras negar a seguir con tu vida a como está ahora. Mas sin ella, mi vida está vacía— decía para mi mismo mirando mi reflejo en el espejo.


Me desvestí y me coloqué una ropa de dormir para disponerme a descansar hasta el día siguiente, pero antes, tomé una foto de mi esposa que siempre colocaba en una mesilla frente a mi cama. Adoro ver aquella hermosa sonrisa en su rostro perfilado, sus ojos están en Adrien y eso hace que me duela aún más verlo, tiene tanto parecido a ella que temo algún día perderlo para siempre. Sin embargo eso es inevitable cuando llegue a ser un adulto.


Suspiré y continué mirando con melancolía la foto de mi esposa.


«Sólo se vive una vez, busca la manera de llenar tu vacío».


—La amaba con toda mi alma, no puedo vivir sin ella.


«Ella no es la única mujer que existe en el mundo».


—Ninguna será igual a ella—.


Lidiar con esto cada noche cada vez me angustia llenando de súbito mi alma y mente. No podría hacerlo, no sé si seré capaz de hacerlo, ir por otra para llenar mi vacío y romper mi propio juramento, no creo que pueda, por eso quiero continuar así, estoy mejor como estoy, me decía mentalmente.


«No te engañes Gabriel, tú no eres del todo feliz, encuentra a alguien que pueda satisfacer tus deseos».


Lidiar con la soledad es una batalla interminable, ni mi propio hijo sabe de mí, no sabe como me siento, hasta Nathalie me dice que debo seguir adelante. Soy un famoso diseñador de modas de todo París y nadie tiene derecho a decirme como debo vivir mi vida, yo elegí este camino y continuaré el mismo sendero el resto de mis días si es preciso.


En todos mis pensamientos, cerré los ojos y quedé dormido enseguida, soñando con el amor de mi vida rodeada por un jardín lleno de mariposas.



Otra mañana de rutina, Nathalie me entregó mi agenda como siempre lo hacía y el día de hoy debía tener una reunión urgente a las tres de la tarde la cual no debía faltar, se trataba de organizar algunos detalles del desfile de pasarela, discutir algunas cosas que necesitaban aprobarse. Eso rompía mi monótona vida de trabajo en mi propio hogar, si era importante tendría que hacer una excepción.


Aquella reunión hizo que el tiempo pasara lento, mi mente divagaba en pensamientos sobre todo lo que haría siendo un hombre lleno de riquezas, podría hacer cualquier cosa en lugar de vivir encerrado, era tentador saber todo lo que podría hacer, cualquier cosa podría ser posible. Pero, no, me niego, no me siento capaz ahora de hacer esas cosas, las diversiones no están hechas para mí.


Finalmente, la reunión había concluido, al fin podría volver a mi mansión y continuar mi trabajo del día y el resto de obligaciones. Subí a mi auto observando como pasaban rápidamente las calles y casas de París ante mis ojos, y a pesar de pasar tan rápido, pude observar volar a una mariposa que se posaba en mi ventana y volvía a alzar el vuelvo nuevamente cuando sentí como frenéticamente el auto frenaba con brusquedad haciendo que casi me golpeara hacia adelante con el cubrimiento delantero. Debió ser algún peatón que se puso en medio de la calle, estaba dispuesto a ver quien era el responsable, hasta que me fijé que el sujeto en sí ya se había marchado corriendo.


Llegando a mi casa requiero de un poco de calma hacia la cólera que tengo por lo acontecido, en esos momentos, mi hijo Adrien regresa de sus clases de esgrima, me saluda y le devuelvo el saludo.


Espero poder retirarme a continuar con mi día de rutina hasta que la voz de mi hijo me detuvo.


—¿Sabes si llegó Marinette?


—¿Marinette?—le indagué sin poder saber de quién hablaba.


¿Quién es Marinette?


—Tú sabes, la chica que ganó el concurso de bombines. Es mi amiga, le pedí que viniera para que pudiera entregarle unos apuntes de clase que necesita.


«Por su puesto, es la chica que diseñó aquel excelente sombrero, lástima que ella no sabía que mi hijo fuera alérgico a las plumas, tiene un gran talento en el diseño».

Ya no le daba mucha importancia a ese concurso en el que yo estaba obligado a ser el juez. Siempre deben escogerme a mí porque saben que soy el mejor diseñador de París y mi buen juicio sabría reconocer un buen talento de moda de uno malo.


—No he sabido nada de visitas hijo, acabo de llegar. Nathalie debe de saberlo.


Le pregunté a Nathalie que se acercó a verme y aseguró que no había recibido a nadie en todo el día. Todo lo dicho y hecho, la chica esa no ha venido todavía, Adrien ya lo sabe, ahora ya puedo volver al trabajo tranquilamente.


Entré al antro, luego de cerrar la puerta encendí la computadora que estaba casi al centro de aquel espacio, donde se exhibían las fotos de mi hijo de sus anteriores sesiones de fotos y en el centro a mi espalda estaba el retrato de mi esposa, el cual no evité mirar unos segundos con tristeza antes de suspirar melancólicamente y empecé a prestar atención a editar mis diseños y observar algunos de los que ya estaban terminados para asegurarme de que estuvieran perfectos y no requerían ningún cambio.


«Desearías una compañía en este momento».

No puedo seguir ocultando ese deseo, mas no puedo olvidar mi juramento, deseo tener una compañía, quiero volver a sentirme amado nuevamente.


Pero ¿Quién llenaría mis expectativas? Emilie era única, no creo que haya alguien en todo París que me haga sentir lo que me hacía sentir ella.


Me froté los ojos unos momentos luego de algunas horas mirando la pantalla, escuché el timbre, pero no le presté atención, Nathalie se encargaría de ver quien era.


Observé en la ventana como la lluvia estaba cayendo, el cielo estaba gris y apenas podía ver el exterior con las gotas de agua que chocaban con la ventana, me puse a pensar increíblemente en una nueva idea para un nuevo diseño, lo tenía en mi cabeza y después me fui rápidamente hacia afuera del antro para empezar a hacer los borradores en mi otra oficina.


Sin embargo cuando salí, me encontré con algo inesperado, una chica de cabello azabache con coletas estaba bajando por las escaleras de la mansión.


¿Qué significa esto? ¿Por qué ha entrado? Nathalie sabe perfectamente que nadie puede entrar a la mansión sin que yo lo autorice.


—No permito entrar a nadie ¿Qué estás haciendo aquí, jovencita?

Ella se volteó hacía mí, llevaba puesto una chaqueta gris con mangas cortas con estampado blanco con puntitos rosas, unos jeans rosas y unas zapatillas rosas con delineado negro y cargaba un bolso rosa, parecía mirarme muy sorprendida.


—Se ve más alto de cerca,— comentó ella.

¿Más alto? ¿Acaso ésta jovencita ya me conocía? No recuerdo haberla visto.


Me molestaba el hecho que no pudiera responder a mi pregunta, una desconocida entró a mi mansión sin que yo lo hubiera autorizado, tal vez hasta sea una amiga que es de mala influencia para mi hijo, ya me lo estaba pareciendo por la forma en que me había hablado.


Acercándome, decidido a saber qué hacía aquí, le dije:


—No has respondido a mi pregunta. Ninguna persona, por más amiga que sea de mi hijo, tiene permitido entrar a la mansión, sin excepciones.

Podía distinguir que era casi de la misma altura que mi hijo Adrien y ella no dejaba de mirarme con sus ojos azules. ¿Qué tanto me estaría mirando?

—Fue por mí, señor—mencionó Nathalie—Tenía que buscar unos apuntes que Adrien le va a prestar, la dejé entrar para que no se dañaran en la salida por la lluvia.

—Que no se vuelva a repetir, avísame primero antes de hacer las decisiones de mi hijo.

¿Cómo es que Nathalie no vino hacia mí primero para decírmelo? Tal vez porque pensó que estaba tan ocupado en el antro que no quería interrumpirme en mi trabajo de diseñador. Me molesta demasiado que no haga bien su trabajo, no sé cuantas veces ha cometido errores como estos, pero espero que en verdad no se repita.


—Disculpe, señor—escuché la voz de esa jovencita que se dirigía hacia mí.—En verdad no quise molestar. Le hubiera pedido los apuntes a mi amiga Alya, pero ella tampoco asistió a clase por estar enferma. Yo no pude porque llegué muy tarde.

—Debo concluir que ya se retira, señorita...— ni siquiera sé como se llama.


—Marinette—mencionó ella.—Mi nombre es Marinette Dupain-Cheng.


—Por su puesto, ya recuerdo, señorita Dupain-Cheng—dije, pero en realidad no me daba importancia recordarla.

No tiene relevancia, es sólo una jovencita que estudia en la misma clase de mi hijo. Es tan corriente.


—Un gusto en verlo, señor Agreste. De nuevo, lo lamento.


Al menos tiene algo de recodo para poder disculparse y marcharse educadamente, pensaba observando como salía de la puerta de la mansión mientras que Nathalie oprimía un botón de la pared que estaba del otro lado de la mansión para poder abrir la reja del exterior. Pero me sigue pareciendo una falta de respeto que haya podido entrar de esa manera como si verdad fuera bienvenida.


¿Qué más le podría haber dicho? Ya tiene bien claro que sin mi permiso, no volverá a entrar y espero que no lo haga nuevamente.


—Nathalie, yo soy el único que puede decidir todo en la mansión, incluso quienes entran. La próxima vez, dime quién quiere atreverse a entrar y yo te diré si lo tengo permitido.

—Sí, señor.


Siento que mi momento para tomar un descanso se haya arruinado por aquel encuentro, mientras me iba a la sala a sentarme a beber algo, pensaba en que tan mala influencia podría lograr ser ella para mi hijo, me parece imposible que una jovencita con un talento en el diseño no pueda tener al menos una buena educación, aunque si es de una clase social inferior a la de los Agreste, no me extrañaría su forma de actuar.



Cuando finalicé el día de mi trabajo, entré a mi habitación, cerré la puerta y respiré hondo, siento como el estrés del trabajo que me estaba invadiendo se calma, mi concentración por poco y se pierde, cuando pierdo la concentración es todo un caos, igual que cuando hago mis diseños requiero de mucha concentración y dedicación sin perder ningún detalle que salte a la vista de algún desperfecto, podría causar una falla en mi perfección y eso me arruinaría.


Finalmente, la noche terminaba de caer en el cielo y ya estaba listo para descansar para un nuevo día mañana.

27 de Enero de 2021 a las 03:20 0 Reporte Insertar Seguir historia
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