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Octw


Lincoln y Lucy Loud son dos hermanos que siempre han tenido una relación muy especial, compenetrada y llena de sentimientos muy intensos que siempre han tratado de ocultar. Pero todo cambia abruptamente cuando la misteriosa Nyarla hace su aparición, y la realidad que los rodea comienza a desmoronarse por completo.


Fanfiction Caricaturas Sólo para mayores de 18.

#terror #suspenso #288 #The-loud-house #Lincoln-loud #Lucy-loud
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La misteriosa Nyarla

Lucy no recordaba haber sentido antes tanta aversión, tanta desconfianza por una persona desconocida.


Ella misma se sorprendía, porque no parecía haber ningún motivo para ello. Después de todo, era el primer día de Nyarla en la escuela de Preparatoria de Royal Woods; y la primera vez que visitaba el Morticians Club.


No eran celos, por supuesto. Nyarla era una chica muy hermosa; muy bien desarrollada, y de excelente presencia. Una jovencita de 17 años a la que el estilo gótico le iba todavía mejor que a su amiga Haiku. Todo el Morticians Club se había rendido inmediatamente a sus pies, y parecía que toda la escuela también. Sin embargo, mantenía a casi todos los chicos a raya; porque a pesar de su extraordinaria belleza, lucía bastante tétrica e inasequible.


Era rara, y muy inquietante. Mostraba sin pudor ni recato lo que la propia Lucy trataba de ocultar con tanto afán: sus extraños ojos rojos y la impresionante palidez de su piel. Cualquier otra persona hubiera sido objeto de burlas o temores. Sin embargo, la belleza y armonía de las facciones de su cara hacían que sus ojos parecieran casi normales.


Por supuesto, el caso de Lucy era peor. Mucho peor. Si ella retirara la gruesa chasquilla que cubría sus ojos, seguro que la misma Nyarla escaparía despavorida.


Quizá le inspiraba algo de envidia. Aunque la piel de Nyarla era aún más pálida que la suya, parecía estar perfectamente cómoda bajo aquel sol abrasador de primavera. Lucy tenía que cubrirse con blusas de manga larga, y usar generosas cantidades de bloqueador solar para evitar que su piel se dañara.


- Hay quienes tienen buena suerte en todo -pensó.


A pesar de sus sensaciones, Lucy se acercó a la muchacha cuando todos los demás lo hicieron. Ella sonreía ligeramente, y contestaba las preguntas de sus nuevos compañeros sin afectación y con cordialidad. Sin embargo, Lucy notaba algo raro en su mirada. Una fijeza muy difícil de definir. Algo que contradecía la imagen que deseaba proyectar.


Se fijó en su cabello color negro azabache. Estaba muy ben cuidado, y refulgía a la luz del sol. Mirando con atención, tuvo que descartar la idea de que se lo teñía. A pesar del color de sus ojos y su piel, seguramente no era albina; como ella y su hermano Lincoln.


Decidió olvidar sus recelos por un momento, y prestar atención a lo que la chica decía. Uno de sus compañeros había entablado conversación con Nyarla, y ella le respondía. El chico contestaba afirmando con la cabeza, y los que se acercaban pronto estaban aprobando todo lo que la muchacha decía.


En ese momento, se escuchó el sonido de la alarma. Debían regresar al salón de clases para la lección de literatura. Todos hubieron de dispersarse, y la Nyarla se quedó mirando a Lucy. La miró con fijeza por un segundo, y luego la saludó efusivamente.


- ¡Hola, Lucy! ¿Regresamos al salón?


- Err... ¡Sí! -Respondió ella, un tanto desconcertada-. Tú eres Nyarla, ¿verdad? -dijo entre balbuceos.


- Sí, y tú eres Lucy. Lucy Loud. Creo que no nos han presentado apropiadamente, ¿no es cierto? Es un gusto conocerte, hermanita.


Le tendió la mano, y Lucy se acercó para saludarla. Cuando tomó su mano, sintió otra vez aquél aguijonazo de aversión e incomodidad. Y lo peor de todo, es que esa vez se dio perfecta cuenta del por qué tenía esa sensación de desagrado.


No era la mirada de Nyarla. No eran celos por su belleza, o por el indudable carisma que había conquistado a todos sus amigos. Ni siquiera por la extraña sensación de frío que sintió al estrechar su mano.


Era su olor.


Tuvo que hacer un enorme esfuerzo por no tocar su nariz; por no hacer evidente su incomodidad. El aroma de Nyarla era desagradable, pero era muy difícil precisar por qué. Era parecido al de las personas que no son muy limpias, y se ponen perfumes para disimular el mal olor y la suciedad. ¿Cuántos de sus compañeros habrían notado eso?


La chica se acercó, y le dio un beso en la mejilla. Lucy retrocedió por la sorpresa, y porque le pareció que los labios de Nyarla se sentían demasiado fríos.


Por un momento, Nyarla pareció darse cuenta de sus sentimientos. Le dirigió una mirada profunda y escrutadora; como si pretendiera sondear los verdaderos sentimientos que le inspiraba. Pero un instante después, le dedicó una sonrisa radiante y encantadora. La misma que había fascinado a todos sus compañeros del Morticians Club.


- ¡Vamos, Lucy! Si no nos damos prisa, el profesor de literatura se enojará. Perséfone ya me contó un poco sobre el profesor Silverman. ¿Es cierto que tiene predilección por la literatura europea del siglo XIX?


Lucy se sintió un poco cohibida, y por un instante entendió por qué aquella chica había fascinado en tal forma a sus compañeros. Incluso su olor corporal parecía haber cambiado, y ahora le resultaba atractivo de un modo extraño. Era raro... ella jamás había sentido algo así por el olor corporal de ninguna mujer.


Conforme caminaban, Lucy iba reparado cada vez más en la belleza del cuerpo y el rostro de la muchacha. Sin duda era muy atractiva. Demasiado atractiva. De una manera que le agradaba y le repugnaba a la vez.


- Ojalá Lincoln jamás la conozca -se dijo.


***

La clase transcurrió rápidamente. Nyarla no solo se había ganado a sus compañeros, sino también al viejo profesor Silverman; el erudito gruñón que gustaba de arruinarles la vida con exámenes imposibles y preguntas muy minuciosas sobre los temas de clases anteriores que todo el mundo había olvidado ya.


Ni siquiera él pudo con Nyarla. La mayor parte de las veces, era Lucy quien respondía las preguntas del profesor. Pero en esta ocasión, Nyarla se le adelantó en todo. Ofrecía citas textuales de viejos tomos de Ben Johnson y Geoffrey Chaucer. Parecía conocer obras como "La Divina Comedia" y "El Decamerón" al pie de la letra; y estaba más que versada en la vida y obra de los poetas del Siglo de Oro español.


- Una nueva estrella ha nacido en esta clase -dijo el profesor, entusiasmado.


A Lucy no se le escapó el detalle de que el profesor fijaba la mirada por momentos en el generoso y bien plantado busto de la muchacha. Pero eso, por supuesto, no era culpa de ella.


Al terminar las clases, Nyarla se vio de nuevo asediada por sus compañeros. Pero la chica se los quitó de encima con amabilidad y destreza, y pronto estuvo de nuevo al lado de Lucy.


***


En aquellos pocos minutos en que caminó con Nyarla hasta la parada del autobús, Lucy tuvo que replantearse la primera impresión que tuvo de ella. De alguna manera, sus ojos habían perdido aquel aire tétrico. De hecho, su actitud era ahora un espejo perfecto de la de Lucy: tenía muchas ideas, y solo necesitaba unas cuantas palabras para transmitirlas. Incluso su aroma corporal parecía haber cambiado. Lucy ya no sentía ninguna incomodidad por caminar a su lado.


- ¿Irás a la reunión del club el próximo jueves? -dijo Lucy, mientras esperaban a que pasara el autobús de Nyarla.


Lucy se sintió bastarte desconcertada al saber que Nyarla vivía en Hazeltucky, y su familia no tenía planes de mudarse a Royal Woods en un futuro cercano. Pero Nyarla eludió darle cualquier explicación al respecto.


- Por supuesto. Será muy interesante saber lo que realmente hacen en ese club.


- Bueno, las sesiones espiritistas han tenido algunos éxitos. Con algo de suerte y buen tiempo, hemos logrado invocado los espíritus de algunos parientes muertos, como mi bisabuela Harriet.


Lucy se sobresaltó. ¿Acaso los ojos de Nyarla brillaron cuando mencionó a su bisabuela Harriet?


De cualquier manera, no pudo preguntarle nada. En ese momento apareció el autobús que llevaría a la Nyarla hasta Hazeltucky. Apenas tuvieron tiempo para una apresurada despedida.


Nyarla tomó la mano de Lucy, y la jaló de nuevo para besar su mejilla. Esta vez, los labios de Nyarla se sentían mucho más cálidos.


- Fue un placer conocerte, Lucy. Estaré encantada de verte mañana, y en las sesiones del Morticians Club. ¡Descansa bien, hermanita! Y por cierto, ¡saluda a tu hermano de mi parte! Estaré encantada de verlo cuando haya oportunidad.


Nyarla se subió rápidamente al estribo del camión, y agitó la mano para despedirse de Lucy. La muchacha correspondió al gesto, pero otra vez se sentía nerviosa y desconcertada.


No lograba recordar. ¿Cuándo le dijo que tenía un hermano?




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Nota del autor:

Saludos a todos. La historia con la que me inicio en esta plataforma la comencé cuando era miembro de otras plataformas de escritura. Solamente llegué a escribir cinco capítulos antes de suspenderla.


Se trata de una mixtura muy especial entre la serie "The Loud House" y el universo creativo del maestro H. P. Lovecraft; tomándome, por supuesto, grandes licencias con ambas.


Si por casualidad alguno de mis antiguos lectores llegara a encontrar la versión de la historia que realizaré aquí, verá algunos cambios que serán evidentes conforme avancemos.


Gracias a todos los que se animen a leer.


Octw.




24 de Enero de 2021 a las 00:36 0 Reporte Insertar Seguir historia
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