hogikoi yoongay

El príncipe JungKook está de cumpleaños y en su víspera su mejor amigo, Kim TaeHyung viaja lasrgas distancias hasta su reino para juntos celebrar la gran fiesta. Pero el príncipe Kim le oculta un secreto tan oscuro y tan morboso que ha callado por tanto tiempo, y es que no sólo viaja por él, también para ver qué ocurre todas las noches en la habitación de los padres de JungKook. ....................................................... ↬ oneshot ↬ taegiseok (hob top! yoongs btm! taeh viewer!) ↬ royal au! ↬ smut/homoerótico (ad; +18)


Fanfiction Bandas/Cantantes Sólo para mayores de 18.

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ÚNICO.


Las pezuñas de los caballos pura raza chocando contra el barro denso mezclado con la brisa helada indicaba que estaban cercanos al mar y menos mal que era así, ya el pobre de TaeHyung que tenía el rostro pegado al borde de la pequeña ventana estaba harto de ver los cerros verdes, quería ya estar entre las montañas y acantilados rocosos en donde estaba situado el reino Jung.


—Su alteza, sea paciente. Ya estamos por llegar.

—Es increíble que a pesar de ser reinos vecinos nos demoremos eternidades en cruzar. Juro que haré un castillo más cerca de aquí para por lo menos estirar las piernas.

—Los terrenos son largos estratégicamente, mi señor. Es para que el enemigo demore en llegar si se da la batalla.

—¡Jamás pelearía con JungKook! ¡Cuida tu boca!

—Lo siento, su alteza. Ruego su perdón —contestó afligido.



TaeHyung volvía a bostezar, ya no aguantaba al ridículo bufón que le había mandado su padre para que lo escoltara al reino vecino. Las mujeres eran mucho más agradables, conversaban de cosas más entretenidas, sus perfumes eran deliciosos y sobre todo siempre tenían comida escondida que sin duda le ofrecían sin ningún compromiso. Así valía la pena tanto tiempo de viaje, en cambio con este idiota a pesar de estar con pleno sol al este se quejaba de la posición “maleducada”, joder que llegarían al atardecer podía arreglarse en un minuto junto con colocarse recto para la alteza, aunque perfectamente los Jung podrían recibirle desnudo si quería, que desde niño le habían visto.


Todas las criadas de JungKook le conocían, no era de menos cuando desde el nacimiento habían sido buenos amigos. TaeHyung era el más mañoso de los dos, el más infantil y con más carácter a pesar de ser dos años mayor que el príncipe Jung. Pero ambos tenían excelentes modales, no como las hijas del reino Choi, diablos, eran unas sabandijas, peor aún, ratas blancas doble caras.


Así que ahí iba, queriendo celebrar el cumpleaños número veinte de su queridísimo mejor amigo al interior de su gran castillo que nacía entre piedras rocosas y grises para abrirse entre ellas con el gigantesco acantilado a unos kilómetros de ahí, que si subías a la punta más alta podrías ver lo gigantesco que era el océano.


Cuando el carruaje por fin paró, TaeHyung juró olvidarse de sus prendas y el protocolo cuando vio a su mejor amigo. Saliendo sin su chaqueta color verde oliva con el emblema de su casa y sus pobres rizos grises estropeados de tanta desesperación que a la misma criada a su lado le generaba ansiedad.


—Veo que el viaje no ha sido muy divertido.

—Sí, sí. A la siguiente tú vas a verme, ¿No? turnémonos.



Los dos se rieron radiantes, justo después de abrazarse cariñosamente con palmadas en la espalda. JungKook ya estaba de su porte e inevitablemente eso le asustó, joder que apenas cumplía los veinte, ¿en serio sería tan alto? bueno, su padre también lo era, así que podría salvarse.


—¿Tienes hambre? WheeIn te ha preparado tus postres favoritos por tu venida.

—Ella siempre me espera, no podría no ser un amor.



Era realmente uno de esos momentos donde la suerte flotaba tan agraciadamente, ambos príncipes en completa sincronía y sus padres no podían estar más orgullosos.


Ambos reinos no habían peleado hace ya tres generaciones de parientes, menos aún, por historias que obligadamente debía estudiar, contaban que el castillo rocoso pertenecía al reino Min, pero el hijo menor contrajo matrimonio con el único hijo de los Jung.

Algo que estremeció a todo el territorio.


Los Jung poseían las tierras del sur, donde hacía mucho más calor, tanto que sus pieles habían sido marcadas por los rayos del potente sol dentro de todo su linaje incluyendo al príncipe HoSeok que su tono canela estremecía a todas las damas del norte. Era bastante potente la noticia que el único hijo del reino Jung viajara tan lejos a vivir en un reino tan malditamente helado, a contraste con él que el reino Min se caracterizaba por su piel blanca como la espuma del mar.


Pero ahí estaba frente a él el fruto fehaciente de la unión entre ambos. TaeHyung había visto a los reyes, HoSeok un hombre alto de piel canela y cabellos azabaches muy oscuros y cejas extremadamente marcadas que fijaban seriedad en sus expresiones al igual que sus ojos bastante más grandes que lo común. YoonGi era de tez blanca aperlada, pequeño y de huesos anchos, cabello castaño claro que parecía tener hasta hebras rubias contra el sol, ojos rasgados que evidenciaban a su sangre. Y JungKook, poseía el color de piel tan clara y huesos anchos, como también su cabello era pelinegro, cejas pobladas y ojos grandes, también bastante alto.


No había duda de que era hijo de ambos y que realmente lo amaban. Era su único hijo, único descendiente que poseía tantas riquezas como podrías desear. Era hasta envidioso, pero TaeHyung no sentía ni una pizca de celos.


Por eso mismo mientras comían en el gigantesco comedor con la estufa a su lado que llegaba a templar toda la habitación comían dulces como si volvieran a tener tres y cinco años.


—Cuéntame, ¿A quién más tienes pensado invitar?

—Por mi sabes que preferiría pasarla a solas, detesto las fiestas.

—Bueno, no me puedes tener para ti solo toda la eternidad, debes compartirme— TaeHyung le sonrió a JungKook y este le devolvió la sonrisa, ambos contentos—. Entonces, ¿A quién?

—Sabes que vienen todos, ¿Para qué debes preguntar?

—Porque me interesa quién quieres que venga… Y yo sé a quién quieres ver desde hace un tiempo —JungKook arrugó el ceño, posteriormente elevando su ceja derecha.

—No sé de quién hablas.

—Mira, te refresco la memoria. Empieza con-...

—Me alegro que haya llegado bien, príncipe Kim —dijo el rey YoonGi a su espalda, exaltándolo.


TaeHyung de inmediato y en movimientos torpes se levantó, dio una reverencia y asintió con la cabeza.


—Bastante bien, gracias por permitirme la entrada para visitar a su hijo antes de su cumpleaños. Es un gran honor gozar de su compañía.

—Me alegro, vibro de felicidad el ver contento a mi hijo.



Uff joder, ¿había dicho vibrar de felicidad?


—Espero poder confiar en usted, ¿príncipe?


Unos pocos segundos después, Kim nota la pregunta del rey y vuelve a dar una aceptación con la cabeza en seguridad de que lo haría sin dudar ningún segundo. YoonGi asiente con cara de confusión y prosigue a la ruta que tenía planeada de un inicio. Mientras eso sucedía, se notaba que el mayor no se sentía bien y lo demuestra al apoyarse la espalda en el respaldo de la acolchada y suave silla, sentándose nuevamente.


—¿Te sientes bien? Mi papá siempre te pregunta lo mismo y ha sido la primera vez que lo miras tan… tan fijamente, Tae. Eso da miedo.

—Tranquilo, simplemente estaba pensando en otras cosas, me he quedado perdido entre los astros, lo lamento.



Y es que Kim TaeHyung no podría ser más cínico como en aquel momento. Era cierto que su cabeza iba por otros lugares en ese momento, pero fingir que nada había pasado frente a esos ojos redondos que le miraban fijamente y desconfiado queriendo saber la verdad hacían que la culpa aumentara y quemara su conciencia.


—¿No prefieres descansar? Tu viaje ha sido largo, puedo acompañarte a tu habitación.

—Prefiero eso. Así hablamos mejor mañana de las invitaciones.



JungKook volvió a sonreírle con alegría y tranquilidad, y con envidia TaeHyung observaba su conciencia tranquila y con nada que esconder de nadie. ¿Cómo se sentiría vivir de esa manera?


El hijo menor de los Kim era todo un caso. Siempre era ese los comentarios de cualquier reino al interior de las fiestas, y su padre lo único que atinaba a hacer era mirarle con vergüenza. Cuando tienes ocho hermanos es difícil tener un lugar, más caótico cuando eres el único hijo de la tercera reina y el más pequeño de todos.


Para el pequeño TaeHyung eso le parecía ínfimo, él se encargaba de sobrevivir a solas y desde pequeño demostraba una empatía y razonamiento digno de un líder innato. Poseía más pena por su padre que su primera esposa había muerto envenenada, la segunda en el parto de su quinto y último hijo, y su madre de fiebre, él al año de nacido.

El niño sin madre ni padre que había sido abandonado en el castillo de la capital, riquezas tenía por montones y un apellido que proteger, pero nadie le había enseñado aquello.


De igual manera el cariño lo recibía de otras fuentes, su hermana mayor YongSun fue como una madre para él, desde pequeño la seguía a sus clases de cocer y cocina, arreglaban juntos las flores del jardín y ella le dejaba elegir y ordenar el florero de la mesa central porque le gustaban los suyos.


Después le seguía SeokJin, que era el único quién cumplía su papel de hermano mayor insoportable, lleno de bromas y malos tratos que solamente a veces le creías que te quería. Le aconsejaba y era quién le enseñaba los pocos modales que tenía, tales como el sentarse en la mesa, posiciones, tratos e incluso las palabras para los momentos adecuados. Era también quién le enseñó a bailar todos los tipos de baile de salón.


Y el más pequeño de todos, NamJoon. Se llevaban por un año, pero cuando éste se lo dijo TaeHyung no le creyó. Nam era un muchacho inteligente y demasiado maduro, más que SeokJin y era más joven por dos años, aunque cuando lo conocías era extremadamente dulce y adorable. Era quién se merecía llevar la capital y Tae se lo decía seguido pero tampoco le creía, había mucha gente en la fila antes que él.


A pesar de todo, era palpable el rechazo por parte de su padre, le permitía viajar cada cierto tiempo hacía el reino Jung cuando quisiera y el tiempo que hiciera falta ya que no le necesitaban, y mucho cariño podría tener TaeHyung a sus hermanos, pero el rechazo de un padre es más fuerte.


Quizás por ello cuando evidenció lo que era una familia quiso ser parte de ella. El que JungKook fuera tan querido desde tan pequeño y hasta el momento que se permitían las caricias y toques en la cara, los besos en la frente, TaeHyung anhelaba ser parte de eso tan especial y cálido, a pesar del frío en el ambiente. Pero todo en algún momento se deforma, se obstruye y marchita, cambia poco o aberrantemente y ese amor que sentía el príncipe se transformó en filia.



Cuando ya tenía dieciséis y despertó en la mitad de la noche, la luna iluminada como nunca sobre sus ojos y el océano chocaba tan fuerte contra las rocas que lo despertó, debido a la costumbre no lograba hacerlo de nuevo, por lo que se levantó y en sus ropas de pijama de dos piezas color blanco crema recorrió el castillo descalzo. Aún era de noche por lo que iba con vela en mano y bajó hasta la cocina. Intentó no hacer mucho ruido para servirse un trago de agua, pero el sueño aún no regresaba, por lo que siguió caminando.


Sus pies le marcaban sólo una dirección, la habitación de JungKook en la otra torre, pero ya cerca de la última escalera se arrepintió, no podía molestarle cada vez que tuviera problemas, no sabía qué tan tarde era en realidad y menos quería despertarle por lo que cambió de ruta.


Mientras bajaba al piso principal es cuando escucha un lloriqueo y alarmado e inmerso en la curiosidad intenta ver de dónde llegaba esos sonidos. Se sumerge en el pasillo oscuro con la vela para marcar sus pasos, pero cuando los sollozos amortiguados están más cerca la apaga para no levantar sospechas. Ese quizás haya sido su mejor acción en toda su vida ya que al llegar a la franja de luz entre la última puerta del pasillo y las frías paredes de piedra hiela sus ojos y sentidos.


Por la luz de la luna nota que el piso es alfombrado y sobre él se puede ver la cama amplia con sábanas de la ceda más fina color rosa pálido amordazando al rey Min. El pecho le aprieta de inmediato al evidenciar las lágrimas que le corren por las mejillas y sus ojos tan apretados que su vena sobresale de su piel marcando su pulso.


TaeHyung está por abrir la puerta y ayudarle sino antes que ve a el rey HoSeok aparecer detrás de él. Ahora ve la plenitud del escenario, el rey Min se encuentra de rodillas, las manos atadas detrás de su espalda con sogas que le recorren el cuerpo entero, no puede escapar de la cama por cómo están firmemente amarradas al suelo, pero no le ve luchar, sino petrificado mientras lloriquea contra la sábana húmeda entre sus dientes.


El príncipe está por retirarse de ahí, avisarle a alguien que YoonGi está en peligro, pero el rey Jung hace un movimiento, sujeta a su pareja de los hombros y tira con fuerza su cuerpo hacia atrás, el rey Min ahora está aguantando su peso solamente sobre sus rodillas ampliamente separadas, expuesto a los inocentes ojos del más pequeño.


Es la primera vez que Tae ve a un cuerpo desnudo de esa manera, sólo se conocía su propio cuerpo, y el de sus hermanos cuando compartían baño hace años atrás, pero el ver al padre de tu mejor amigo choca además de quedar embelesado por como es el de YoonGi. Su piel clara marcada por lunares negros, pezones rosados al igual que sus orejas y mejillas, el pelo brillante pegado a la frente y labios entreabiertos para dejar caer la sábana.

Su propio pecho le sube y baja con mucha velocidad a la vez que Jung le toma la cabeza toscamente y le obliga a que le mire, justo antes de devorarle la boca. Desde esa distancia puede notar cómo en ese beso hay lenguas, dientes y mordidas intensas que le retuercen su propio cuerpo, formando una molestia entre sus piernas.


La imagen utópica dura un par de segundos, HoSeok le aprieta el cuello y estampa el rostro ajeno contra el suave colchón, obligando al mayor encorvar la espalda y dejar sus piernas abiertas para él. Jung jamás le suelta la nuca, no hasta que azota un glúteo de YoonGi contra su palma, enrojeciendo de inmediato su piel mientras se escuchan gemidos de fondo.


—Ábreme más tus piernas, gata.



TaeHyung horrorizado por como el amable señor Jung estaba tratando al dulce YoonGi como una puta, burlándose de su apellido y emblema ya que cada casa poseía un animal propio, tratándole como una porquería a toques bruscos y toscos, no como realmente se debía tratar ese cuerpo frágil que había visto hace unos minutos.


Pero su horror crece al ver como Min YoonGi, el hijo menor del reino Min, rey que había puesto fin a infinitas guerras y defensor de los niños esclavos cumplía las órdenes del abusador, abriendo sus piernas tan sumisamente y con cuidado casi como una provocación al más alto. Y es mucho peor cuando finge un ronroneo.


El menor debía haberse ido por ya dos razones, el tiempo y el asco. Aunque al fijar su mirada en HoSeok puede ver el amor indudable al interior de sus ojos, entonces, ¿Por qué hacer esto? ¿No le ama de verdad?


Un escalofrío detiene sus pensamientos cuando inconscientemente sigue viendo las acciones al interior de la habitación, HoSeok le ha azotado una vez más y le aprieta con fuerza la piel de aquel sector hasta dejarla roja. Luego su mano baja hasta su propio miembro y lo alinea con el cuerpo ajeno, entrando de sopetón, tan fuerte que empuja a YoonGi hacia adelante mientras él amplía sus ojos y tirita acompañado de sollozos.


El rey Jung le sigue empujando contra la cama, duro y fuerte por cómo se escucha los choques de caderas mientras el mayor está con su mejilla apoyada en el colchón y sus manos hechas puños con la punta de sus dedos rojas. El ritmo grotesco se mantiene y YoonGi disfruta de aquello por su expresión; su boca no se cierra por lo que se escurre saliva bajando por su labio inferior, mojando nuevamente la sábana, sus ojos desorbitados vuelven a encogerse cada vez que HoSeok se hunde dentro de él.


—Te has convertido en una gata en celo. Gimes como una, te sometes como una.



YoonGi le contesta con un jadeo agudo, abriendo más las piernas mientras aprieta las sogas en su espalda, su rostro se apoya en su otra mejilla y TaeHyung con esa posición termina en observar su nuca llena de besos rojos y morados, con los dedos de su pareja marcados, su espalda de la misma forma hasta su trasero unido con la pelvis del otro rey.


—Lo soy ¡Mmh! ¡Eso soy!



HoSeok al parecer se mueve bien, el pobre chico bajo suyo está delirando, tirando su respeto por el maldito acantilado y los ojos de TaeHyung se enfocan en el menor, brillan cada vez que el pelinegro jadea. Los rizos húmedos saltan, solo algunos se pegan a su frente, pero las gotas que viajan desde su frente que avanzan hasta su cuello, mostrando los besos morados y mordidas que posee en sus hombros y clavículas, los músculos de sus brazos, espalda y pecho contrayéndose cada vez que arremete con el cuerpo más pequeño, pero joder, las caras que coloca, elevando su ceja como si no pudiera comprimir sus jadeos hace que al príncipe le palpite la polla.


Las manos delgadas de HoSeok acarician la columna contraria desde los omoplatos hacia abajo, solo con las yemas de sus dedos hasta que llega a sus manos, acariciando las palmas y sigue bajando hasta sus caderas, donde las agarra firme y le empuja hacia abajo, dando un golpe duro y profundo donde ambos gritan fuerte. YoonGi parece deshacerse porque termina desmayado sobre la cama. Es el rey Jung quien lo empuja hasta su cuerpo y le desata las cuerdas con cuidado mientras le besa sus heridas.


TaeHyung está con una erección en sus pantalones y sin saber cómo bajarla trota hasta su habitación, tapándose hasta la cabeza con sus sábanas mientras revive las escenas al interior de su cabeza, cada vez con más calor, más rápidas y más repetidas. A la mañana siguiente siente que no puede ver a JungKook a los ojos por haberse excitado debido a sus padres y le pesa aún más el alma cuando vuelve la siguiente noche a verles de nuevo.


A través de los años ese vicio no ha cambiado. Al príncipe de rizos grises le gustaría haber logrado algún cambio, pero la verdad es que no le satisfacía nada más que ver a los padres de su mejor amigo. Había intentado hacerlo por él mismo, pero nada le había gustado. Lo intentó con muchachas, pero no había ninguna que le excitara, lo mismo con los chicos que eran muchísimos más escasos y ahí TaeHyung pudo comprender por qué Jung HoSeok viajó desde tan lejos solamente por su pareja.


Se atrevía a decir que su enfermedad había crecido. No solamente se creó una costumbre el espiarlos, sino que se los imaginaba haciendo más cosas, en nuevas posiciones, nuevos estilos, nuevas palabras. Llegaba hasta soñarlos teniendo relaciones sexuales, incluso tomando papeles protagónicos, siendo Jung o Min.


No estaba teniendo control y una muestra era que ahora, el príncipe Kim con veintidós años en la medianoche subía al penúltimo piso hasta la habitación más alejada de la luz a nada más que observar.


En esta ocasión parecía haber llegado temprano. Ambos todavía poseían sus ropas, HoSeok en su traje pulcro color vino tinto de pecho abierto que hacía lucir su camiseta de seda negra, marcando su pecho ejercitado y cautivo entre las telas, a pleno contraste con YoonGi que dejaba a un lado las mallas que se colocaban bajo la armadura. El rey Jung era diplomático, es quien daba los acuerdos de paz, quien negociaba y analizaba al enemigo, y a su lado el rey Min era el estratega, quién mandaba en su ejército y dominaba el arte de la batalla, eran el maldito dúo perfecto que todo el continente detestaba y anhelaba despedazar.

Pero TaeHyung sabía, con tanto estudiarlos, que eso jamás podría pasar. Tenían conexiones casi mágicas, adivinaban los pensamientos del otro y en esa habitación sucedían cosas que ninguna mente brillante o lo suficientemente despiadada se atrevería asegurar. Todo el mundo creía que Min YoonGi había sometido a Jung HoSeok y era quién le obligaba a estar de su lado con una espada contra la garganta, cuando en realidad quién era ahorcado era el jefe militar y suplicaba por ello.


El hombre de cabellos dorados pulía su último anillo, dejándolo suavemente en su tocador mientras se quitaba su camiseta pegada al cuerpo en frente de su pareja quién no le prestaba atención.


—¿En qué piensas tanto, Hob-ah?

—Entregar invitaciones es agotador. No puedo evitar sobrepensar en cada uno de los reinos vecinos y que cada uno reciba su respectiva invitación, luego esperar sus respuestas, después de aquello reunir los fondos para el banquete, pensar qué se hará en el banquete.



A la par del rey Jung y sus reclamos, YoonGi le escucha con atención, atando su prenda semejante a un corsé mientras camina y se sienta sobre las piernas del pelinegro, pasando un brazo por sus hombros.


—Puedo ayudarte con eso.

—¿Cómo podrías? Debes también estar agotado con las habitaciones, la distribución de los carruajes y el alimento de sus caballos. Sin contar que te he dejado por completo la carga del jardín.

—Tienes razón, con tus misiones no podría. Aunque mi oferta sigue en pie.

—¿Qué planeas entonces?



TaeHyung se golpea mentalmente, joder, años juntos, HoSeok siendo maestro en el análisis de personalidad y estrategia de los reinos vecinos y aún no sabe descifrar cuando su esposo le ofrece una mamada.


De todas maneras, parece ser todo un juego porque Min jamás se molesta por esos ojos inocentes que le observan como se desliza semejante a un gato por sus piernas hasta agacharse en el suave piso, con ambas manos fijas en sus rodillas para separarlas de a poco, abriéndose paso con caricias entre ambas piernas.


—Quiero ser el único que esté en tu cabeza.



YoonGi va directo a los pantalones de tela, desatando con prisa y torpemente a lo que HoSeok se ríe con una sonrisa que demuestra solo ternura. Es cuando están sueltos que se levanta de la cama para que caigan por sus piernas que agarra las mejillas ajenas y las abulta como pequeños pasteles de arroz, besando sus labios con amor.


—Desde que vi tus ojos claros del otro lado de la mesa de batalla hace veinte años que has sido lo único en mi mente, amor mío. En ese momento supe que sería yo quién tomaría tu mano y te despojara.



Las mejillas del mayor se volvieron rojas, tanto como las manzanas, que contagió a sus pequeñas orejas que sobresalían de sus cabellos rubios, siendo devoradas por los dientes aperlados del más alto.


YoonGi se queja y le empuja suavemente para que se mantenga recto, empezando a frotar sus manos pálidas contra el miembro dormido de su amante. Es notorio como a Min le brillan los ojos y se le hace agua la boca cuando mueve su palma sobre el falo hasta apretar la cabeza, le encanta la polla de HoSeok, tanto que no demora en echarse a la boca, suspirando cuando tiene el glande contra la lengua.


El pelinegro le observa detenidamente desde arriba, pero no aguanta tener las manos quietas que ya le está acariciando su pelo ordenado y rubio que cae por su frente, peinándolos hacia atrás para verle sus ojos y esos labios finos marcar el grosor de su pene. Cuando hace eso, YoonGi le ve a los ojos, poniendo a prueba su resistencia física ya que le empieza a tiritar la polla.


—No puedes venirte aún. No he hecho nada descomunal.

—Haces lo suficiente como para ponerme loco, Gigi.



El mayor está por continuar su labor, pero los labios de HoSeok le interrumpen, se obsesionan, le aíslan y celan por como despiadadamente su boca es devorada entre besos hambrientos. De a poco se le acaba la respiración por lo que la única forma de separarse es aplicando fuerza, Min de a poco se levanta del piso y se sube nuevamente a la cama, hasta sentarse en el regazo del pelinegro que empuja contra la cama fuertemente y se acomoda hasta estar en horcajadas.


—Soy capaz de hacer que delires —susurra contra la oreja color canela mientras introduce sus manos bajo la chaqueta burdeo y camisa negra.



Sus dedos siguen avanzando hacia arriba hasta sus costillas, es cuando no puede subir más la ropa sin que se le haga imposible, por lo que se va deshaciendo de ella inmediatamente. Esta vez no tarda tanto como con el pantalón y en un par de minutos tiene al menor desnudo frente a sus ojos.


YoonGi aguanta su peso sobre uno de sus brazos, mientras que el otro baja entre esos pectorales duros que le hacen aguantar la respiración y avanza delicadamente hasta su pelvis donde vuelve a agarrar el miembro duro de su pareja desde la base empezando a masturbarlo lenta y tortuosamente.


—Yoon-… Ya —jadea HoSeok entrecortado —. No puedo.



La sonrisa de Gigi es amplia y juguetona, por lo que cambia de estrategia, torturando la pobre psique del rey Jung cuando abre espacio entre sus glúteos para que le sea posible rozar su carne suave contra aquel pene. Ahora ambos jadean entrecortadamente, HoSeok sin poder aguantar y YoonGi de lo ansioso y contento que está en provocar deseo a su amante, tanto así que no le cuesta nada sumarle a ese movimiento de caderas saltos, fingiendo embestidas contra la pelvis ajena.


El menor se corre con aquello, le es imposible continuar de lo agotado que está, su pecho sube y baja al igual que el de TaeHyung que manosea su propio miembro bajo las infinitas capas de su pijama a la salida de aquella habitación grabando todas aquellas imágenes al interior de su cabeza.


—Te has corrido… —replica Min, sus labios formando un puchero que su pareja se encarga de quitar a besos.



Se encuentran en ello cuando HoSeok se levanta, quedando sentado sobre su amplia cama, pero con YoonGi aún sobre sus piernas y levemente vestido. Sus manos delgadas viajan a la espalda pálida, acariciando sobre la tela hasta que encuentra la costura e ingresa sus manos en el interior seguido de un grito que lanza el mayor, con el cuerpo tiritón. Es obvio que el más bajo está siendo preparado por sus dedos, por los gemidos que Taehyung ya tenía identificados, sumado el movimiento de las caderas del rey Min contra los dedos que invadían su interior bajo su largo camisón.


La habitación se llena de suspiros que indican que el hombre de cabello lacio se encontraba listo y entusiasmado para seguir, ya que de inmediato tira su única prenda mientras HoSeok se inclinaba un poco para darle espacio a los gruesos muslos que pertenecían a su pareja. YoonGi apoya su peso sobre sus rodillas y baja con parsimonia, uniendo su centro con la punta de la polla del rey Jung que le amplía su interior como nunca debido a la posición, joder jamás lo había sentido tan profundo como ahora.


Sus paredes calientes succionan el objeto ya no tan extraño hacia el interior, exigiendo mayor profundidad para alcanzar ese punto tan delicioso y fértil que poseía su cuerpo, completamente escondido de cualquiera menos su amante. Se encuentra todavía sensible cuando HoSeok da la primera estocada a lo que reclama firmemente al enterrar sus uñas en esos hombros anchos que tantas veces se había devorado, pero a pesar de eso no se detiene.


YoonGi no para de tener escalofrío tras otro por cómo rebota su cuerpo contra la pelvis, escuchándose fuerte el golpeteo de piel contra piel que termina en solamente colores del espectro cálido, variando entre el rojo y el violeta. Es tanto que vuelve a convertirse en un ser incoherente, sus palabras no tienen sentido y sus ojos comienzan a desorbitarse, sintiendo el punto de clímax.


—Fóllame fuerte, HoSeok. ¡Mm-ah! ¡Préñame!



TaeHyung se corre al escuchar esas palabras y su mano a pesar de eso no se detiene, bombeando de arriba hacia abajo nuevamente con la mano más lubricada que antes, queriendo estallar de igual manera que YoonGi.


—Joder, puta gata.



Las maldiciones, a Tae se le van los ojos al cielo cuando escucha a Jung maldecir, quiere que le insulte, que lo trate mal, tan mal hasta llorar y suplicar suavidad o aún mejor, piedad, misericordia y quizás perdón por pensar tales cosas disfrutando de ello.


—¡Estoy llegando, estoy-...! ¡Hob-ah!



YoonGi eyacula fuerte, tan fuerte que mancha su mentón con lefa junto con su pecho y abdomen, encorvando la espalda hacia atrás mientras jadea grueso con uñas enterradas en los hombros del pelinegro igual a un felino.


Se queda rígido unos segundos hasta que su respiración deja de sonar ahogada y vuelve a abrazarse de HoSeok para que éste termine, manchando el cuerpo ajeno con su lefa de lo tan juntos que se encuentran. Los mechones rubios suben y bajan fuerte al mismo ritmo que el de sus glúteos, su único agarre firme es el que posee Jung sobre su cintura estrecha y marcada por esos mismos dedos.


—Hazlo dentro, lléname.

—Estás en celo. No podrías estar conforme sino. —HoSeok agarra a YoonGi del cuello apretando el agarre tanto que al rey se le corta el aire.



La imagen es grotesca como su cara de sopetón empieza a volverse roja y el mayor sujeta sus manos al brazo ajeno, su propio miembro comienza a erguirse de nuevo por la adrenalina y sus ojos vuelven a estar en blanco con la saliva goteando desde sus comisuras.


—¿Querías que te preñara? Me correré tantas veces dentro tuyo que tus aprendices te preguntaran porque hueles tanto a semen.


Tae se le retuerce el estómago con una segunda corrida entre sus dedos, con el pijama mojado en el sector de la entrepierna que desliza entre sus piernas firmes hasta sus rodillas, no puede aguantar más tortura que con verles siente como su interior le suplica atención, por lo que sus dedos empiezan a ingresar dentro. Duele, arde como el infierno, pero ama el dolor, quiere, desea verse destrozado.


—Abultaré tu vientre con mi lefa, ¿Y qué dirán todos de ti? La gata menor de los Min es la más puta de todas teniendo ya su segundo hijo.

—¡Hazlo! Lléname con tu lefa. —jadea YoonGi con la voz quebrada y ojos llorosos.



Ambos se retuercen en un fuerte orgasmo que los deshace en placer, logran ver estrellas en el cielo en esa noche fría de agosto a pesar de estar cubiertos y con un calor que hace tener sus cerebros derretidos. Juntos caen a la cama abrazados al mismo tiempo que TaeHyung se corre por tercera vez, retirando sus dedos de su centro mientras tirita y se los sube rápidamente.


Con las piernas débiles baja las escaleras, jadeando aún hasta llegar a su habitación donde vuelve a recostarse, tirando su pijama lejos. El calor le carcome el pecho y con su mano izquierda se pellizca los pezones mientras su mano derecha presta tres dedos para que vuelvan a donde pertenecían. Las piernas morenas se estiran en la plenitud de las sábanas color azul cielo humedeciéndose con su sudor y fluidos.


En la oscuridad de la habitación se imagina a HoSeok viéndole tocarse de esa manera, al principio con su cara de asco que le hace jadear, deseando tenerle para que le maltrate. ¿Le diría al oído “Maldita perra” “Muéstrame cómo los perros abren sus piernas” “¿Tan ansioso estás por mi polla, cachorro?”?


Y con esos pensamientos se corre por cuarta vez, observando la luna brillante siendo testigo de su pecado y gran ensueño que jamás sucedería, pero que podría admirar el resto de su vida y con ello sería suficiente.

24 de Abril de 2021 a las 05:11 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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yoongay -hola, soy chops🦑 . . . . . . . . . . . . . . [ bangtan and shinee stan] y este es lugar dónde hago fanfics gays de gays para gays 🐀🐀 #sopenca,, aunque no se note (ajáh).

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