loganpenn1989 Logan Penn

Henry aminora la marcha cuando ve la pálida mirada de un niño desnudo al pie de la carretera. El niño se expresa de una manera inconexa, y lo único que llega a decir es que el pueblo donde vivía se ha convertido en un lugar lleno de muerte, oscuridad y para los seres de ojos color rojo. Al final, sin mucha credibilidad, Henry decide ayudarlo solo para involucrarse en la historia de un pueblo condenado a la desaparición absoluta.


Horror Horror gótico Sólo para mayores de 18.
0
300 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Gélido (1/2)

1

El arrebol en el cielo lo hizo sentir un poco extraño a Henry. Ese sentimiento se asemejó al de uno de inferioridad, como si se encontrara en frente de una persona que suele incomodar mucho. Aquello lo hizo recordar cuando se encontraba en el patio de la escuela, con su lonchera y sintiendo tristeza porque su madre se había ido a trabajar. Era un chico que se tardaba en relacionarse con los demás niños. Siempre esperaba a que un niño se acercara, y con una idea de juego, todo empiece en una amistada que duraría hasta el cambio de escuela siguiente. Henry era de esos niños con amigos efímeros, pues su madre siempre solía meterse en problemas y cambiar de ciudad y de pueblo, haciendo que el pobre Henry, se despidiera de sus amigos.

En ese momento, recordó con gran claridad a una amiga suya, la cual, era muy violenta. Su nombre era Elisa, y era negra, dos veces más grande que él y robusta. Elisa siempre llegaba con su aspecto intimidante, hombros anchos y piernas gruesas. El pobre Henry jamás había tenido abusón, pues en las demás escuelas que él pasó, la mayoría eran de recintos pequeños, donde la mayoría de niños se ayudaban entre sí. Henry se preguntaba porque los campesinos solían ser tan amables con él. Eso lo llegó a asustar un poco, pero al final, con toda su culpa por pensar mal, aceptó aquella convivencia. Llegó a tener muy buenos amigos, los cuales, quedaron atrás.

Pero la grande Elisa se acercaba con grandes pasos. Ojos oscuros. Y su piel negra llena de manchas de sudor. Henry podía ver una marca de sudor rodeando el cuello de su vestido color rosa.

-Oye, niño -decía Elisa -¿De dónde eres?

-Vengo de Santa Elena -respondía Henry apretando instintivamente la lonchera -. Vengo de ahí.

-Pareces un niño campesino -Elisa tomó la mano de Henry y la examinó-. Sí, eres un niño de campo. Tengo familiares campesinos también, así que se me hace fácil reconocerlos.

Henry la miró y le dio la famosa sonrisa de cortesía que le hablaba su madre. «Henry, cuando alguien suele ser bastante raro cerca de ti, solo dale una sonrisa de cortesía» «Qué es eso» Su madre sonreía sin mostrar los dientes, y los hoyuelos aparecían en las mejillas. En ese momento, Henry lo hizo, y los mismos hoyuelos de su madre aparecieron. -Sí, vengo de ahí. Pero ahora estoy viviendo con mi madre en la ciudad.

Se encontraba en el patio de la escuela. A lo lejos, se podía ver una cancha donde jóvenes jugaban al futbol mientras las chicas vitoreaban. Aquellas chicas eran colegiales de primero de bachillerato. Eran hermosas. Henry sintió el deseo de estar ahí con una de ellas. Sintió la necesidad de tener a alguien que lo protegiera, pues sentía que se encontraba en peligro.

Miró hacía Elisa. La mirada de aquella niña lo hizo temblar. Sus ojos eran sombríos. Por un lado de la comisura de sus labios se escapaba un hilillo blanco de saliva, como si fuera un perro rabioso. Sus puños se abrían y se cerraban, haciendo que sus tendones se marquen por debajo de la palma. Elisa temblaba, y su piel negra, era más brillante y oscura por la sangre que había subido por el coraje.

-Lo siento si te he ofendido -dijo Henry estirando las manos. Pidiendo calma. -Creo que aquí es tu zona, ¿No? Ahora me voy.

Henry dio media vuelta y sintió que la mano de Elisa se cerraba en su codo. Sintió el deseo de gritar, pero apretó los dientes; eso difícilmente ayudaría. Intentó zafarse. Se inclinó hacía adelante haciendo fuerza con su peso, pero para Elisa aquello era algo insignificante. Tragó saliva. Henry no sabía como reaccionar a aquella escena. Por un momento se sintió en los zapatos de su madre. En lo que se sentía cuando un vecino entraba al departamento, y con el dedo extendido, le decía que era una adúltera, zorra, que se largue de aquel edificio de gente santa y de clase, pues en un lugar donde Dios se dispone a ayudar, no se debe aceptar a tales mujeres pecadoras. La mirada desencajada de su madre. Los labios caídos y los ojos de confusión mostraban aquel sentimiento de amargura que Henry tenía. Se sintió amargado, pues había caído en la trampa de aquella chica. Se sentía como una presa que ha sido capturada con el truco más fácil.

-Suéltame -pidió Henry -¿Qué quiere de mí?

-La lonchera. -señaló Elisa -¿Qué tiene?

-Nada. Ya me había terminado mi refrigerio.

Elisa sonrió y le dobló el brazo por la espalda a Henry. Un hueso traqueó y Henry hizo una mueca de dolor. Su madre le había dicho que una mujer no se debe tocar ni con el pétalo de una rosa, pues aquello solo te convertía en un maricón, pero en ese momento, sintiendo la humillación y desprecio, lo que más anhelaba era darle un golpe a Elisa y partirle la nariz hasta que su sangre se mezclara con sus mocos.

-¡Habla! -vociferó Elisa. Apretó con fuerza el codo.

-¡Ay!

-¿Qué tienes?

-Toma- Henry le extendió la lonchera.

Elisa la tomó con la mano derecha, mientras con la izquierda apretaba el codo de Henry.

-Tenemos un sándwich de jamón y un jugo de naranja. Muy delicioso.

-¡Mi madre lo hizo! -gritó Henry.

Miró alrededor.

Nadie.

¿Cómo era posible que no haya nadie en aquel patio? Miró hacía la cancha y comprendió por qué. Un partido entre los cursos de bachillerato. Algo normal en aquellas ocasiones era que todo el mundo en el patio de recreos se volcara con toda su atención hacía allá. Henry negó con la cabeza. Recordó a su madre en la mañana, con las ojeras negra por debajo de sus ojos a causa del desvelo por el turno de noche en la farmacia donde ella trabajaba. Se veía de tan mal humor, y sin embargo, ella bromeaba con él esa mañana sobre el delicioso sándwich que le estaba haciendo.

Elisa le dio una mordida a aquel sándwich.

Henry intentó voltearse y golpear a Elisa, pero se vio lanzado con un impulso enorme al suelo. Sintió el golpe en la frente, y cuando se volteó, pudo ver las gotas de sangre en el suelo. Con gran horror se llevó las manos a la frente. Se miró los dedos manchados de sangre.

Graznó de dolor. Y cuando vio que Elisa se encontraba asustada, con los ojos abiertos, y dejando que el jamón cayera al suelo, se sintió complacido. Le había causado algo desagradable a aquella imbécil, sin embargo, su dolor lo hizo recostarse boca arriba al suelo.

-Aquí tienes tu sándwich. -Elisa le lanzó por los pies el sándwich y salió corriendo hacía el partido de futbol. Y Henry se quedó en el suelo con la sangre seca en su frente.

Al día siguiente en la escuela no decidió si salir o no a al patio en recreo.

Ahora miraba el cielo y tenía 26 años. La luna adornaba el cielo muy lejano al ocaso, elevándose y tornando al mismo de un color turquesa como una moneda de plata muy brillante pintada con acuarela.

Encendió su Harley y empezó a andar por la carretera de tierra, llena de piedras y baches que hacían más difícil la conducción.

Hubo momentos en que Henry se detenía y encendía su cigarrillo, pensando en lo que había sido su vida cuando su madre aún vivía.

Su madre, llamada Verónica, había muerto en un accidente en la carretera 83, y en la cabeza de Henry, aquella carretera quedará para siempre como la carretera maldita.

Recordó su adolescencia. Su madre era solo un rastro de sangre al borde de la carretera, llenos de escombros y cadáveres. Su primer pensamiento fue tristeza, pero no del todo de quedarse sin madre, sino que ahora tendría que lidiar consigo mismo, volverse una persona independiente. Pues prefería serlo a tener que irse a un sitio para huérfanos.

Empezó a trabajar como limpiador de calle. Ganando sueldos muy bajos, pero lo suficiente para no tener que dormir debajo de un puente. Aprendió de la calle y de los trucos para no morir de una manera rápida. De un momento al otro ya se movía en la ciudad como alguien de mucha experiencia.

Su actitud con las personas cambió al de uno amigable con una sonrisa en el rostro y con la empatía de agradar a cualquiera. Pero siempre recordaba cuando era el niño con miedo de salir al recreo, porque afuera se encontraba una chica lista para quitarle el almuerzo, y siendo muy joven, no se creía capaz de aceptar que su abusón era una mujer.

Una tarde mientras subía a su departamento al sur de la ciudad, se encontró con un hombre luchando por abrir la puerta, la cual, se encontraba muy maciza. El hombre era gordo, con rastro de una barba de tres días y una camisa de color blanco húmeda por el sudor. El hombre despedía un olor agrio de su cuerpo. Detrás de él, se encontraba una joven, de casi 23 años de edad, con un vestido floreado y un canasto lleno de compras. La joven tenía el rostro cansado, como si se encontrara en las últimas horas de un día muy agotador. Por su parte, el hombre, que deductivamente, para Henry, lo consideró el padre, se encontraba con el rostro rojo, en una mueca de cansancio e ira combinados.

En su trabajo había escuchado cientos de testimonios de como siendo amable con tus vecinos puede salvarte la vida. Henry no lo era; le molestaba tener que saludar cada mañana al salir.

¡Cada quien con su vida!

Sin embargo, aquellos testimonios eran bastantes agradables de lo que él esperaba.

«Una vez recuerdo que tuve que salir de prisa por tal asunto, y me olvidé de cerrar la llave de agua de la cocina. Si no hubiera sido por la confianza suficiente que tengo con mi vecino de dejarle la llave de mi casa, mi cocina habría estado flotando como si fuera un velero»

«Una vez llegue muy enfermo, a punto de morir en mi departamento. El dolor era terrible que me desmayé. Si no hubiera sido por mi vecina, la cual, se encontraba en cinta, y aún así, en ese estado, me dio auxilio. Hombre, aquello era la vesícula. Aquella mujer me salvo la vida»

Una vez...

Mi querida vecina...

Los vecinos son ángeles.... llévate bien con ellos.

9 de Febrero de 2021 a las 02:53 0 Reporte Insertar Seguir historia
1
Leer el siguiente capítulo (2/2)

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 14 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión