hogikoi yoongay

Hace muchos años, décadas, siglos atrás la naturaleza era la poseedora de la magia más pura y divina capaz de dar vida, cuidar de ella y quitarla. La Luna le concede vida a YoonGi y es ahí, cuando SeokJin vive. ....................................................... ↬ novel ↬ main ship: jinsu/yoonjin ↬ slide ship: kookgi/yoonkook ↬ fantasy au! ↬ comparaciones utópicas// contiene narraciones del punto culmine del amor carnal, el sexo.


Fanfiction Bandas/Cantantes Sólo para mayores de 18.

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- Truenos que dieron vida a un ángel -

Hace muchos años, cuando la tierra fértil daba frutos de un sabor y color utópico; cuando el algo no tenía dueño, la magia solía existir.

La naturaleza era la mismísima magia más pura y divina capaz de crear vida, cuidar de ella y arrebatarla. Capaz de crear olor, colores, formas, sensaciones y emociones, sonidos y armonías.


Fusionó todo en muchos cuerpos celestes y uno lo posicionó en aquel río blanco tornasol en uno de sus brazos más alejados donde se dio el lujo de regalar vida.

Del mismo material del que fueron hechas las estrellas creó a un ser diminuto y delicado, único.


Se desarrolló junto a su entorno, lleno de sabiduría y conocimientos que le habían brindado los cielos en aquellos susurros que él llamó brisa y los árboles altos queriendo ser parte del cielo, unidos en la conversa gritaban más alto para ser escuchados, viento le llamó.


"SeokJin" lo nombró la Luna y se hizo tan propio de él que se presentaba de aquella manera a los animales que ya conocía, aunque era inevitable el ser conocido como el único humano en aquel cuerpo celeste.



(...)


Algo que él notó cuando sus manos aún no eran más grandes como para atrapar el sol en su puño para cubrirlo de oscuridad fue que él envejecía lento. Los ojos de sus hermanos perdían el brillo en muy poco tiempo dependiendo de sus colores, tamaño y forma.

Era inevitable no formar un vínculo con aquellos que veía a su alrededor al largo de su vida, los que se despedían pronto eran aquellos que bailaban al son de la hierba en cuatro patas.


Su pequeño hermano de piel blanca como la nieve, pelaje suave y brillante como el propio pero que envolvía su cuerpo completo de un color grisáceo, orejas puntiagudas y nariz del tamaño de un arándano, que poseía un olfato divino y prolijo casi envidiable era quién lo acompañaba siempre.


En sus viajes al río para sacarse la tierra de las uñas, a recolectar la fruta dulce del verano y resguardarse juntos bajo la falda del volcán para poder apreciar a la bella dama oscuridad hacer sus pinturas en el cielo para su amada Aurora, aquellas ondas de todos los colores conocidos por sus ojos que traía consigo los cantos angelicales y helados de aquellas.


La perdida de aquel hermano fue dolorosa, nada volvió a ser igual, ni aquellos que poseían su mismo pelaje, sus mismos ladridos o mismos orbes lograba llenar de calidez su pecho ahuecado. Desde ese momento SeokJin deseó vivir solo, sin compañía.



(...)


Cuando podía caminar con sus dos pies y era el más alto de sus hermanos le preguntó a sus hermanas a gritos para que le escucharan "¿Por qué no hay nadie como yo?" en aquella noche calurosa que acortaba el viaje de SeokJin al firmamento mientras comía aquella fruta grande, rosada como sus labios y lengua con puntos negros tan intensos como el color de sus ojos o de su cabello. Ellas al instante comenzaron a vociferar, todas al mismo tiempo y la noche se volvió ruidosa, la dama Oscuridad tuvo que silenciarlas para que los demás hermanos pudieran viajar al infinito sin dejar la tierra. SeokJin lamentó no volver a escucharlas, le hacían sentir acompañado.


La pregunta siguió en su cabeza, grabada en el reverso de sus ojos aún después de muchas vueltas que dio su hogar al rededor de su padre el Sol.


— Desde lejos puedo ver lo afligido que estás, hijo mío. ¿Qué ha pasado para que tus ojos se asemejen al profundo, oscuro y húmedo océano? —Le preguntó la madre Luna una vez. SeokJin no supo que contestar al inicio, sólo recordó una palabra que les había dicho una de sus hermanas antes de callar.

— Extrañar, Luna.

La Luna no se sorprendió de ello, con ternura casi como una caricia le dijo:

— Amado mío, conozco aquella sensación. Extraño a Sol. Cuando aparezco, él ya se ha ido y pocas veces son las que existen para que logremos tocarnos... La próxima vez, SeokJin... Cuando toque celeste y me veas en el cielo cálido lleno de color recordaré tu soledad, hijo mío.



Y así SeokJin esperó, cada vez que se asomaba Sol por las colinas hasta que ocurriera nuevamente, con la atención puesta en el océano para la llegada de Luna al encuentro prometido. Eso SeokJin lo llamó "Días".



(...)


Su esperanza decayó cuando el cielo se tiñó de gris, no podía ver al sol y el paisaje, la humedad, la esencia le recordaba a su querido hermano fallecido. Se recostó en la falda del volcán mientras lloraba, bajo su amigo de cabello verde y piel morena que soñaba con ser una nube que lo protegía de la lluvía.


Y ese día ocurrió, a lo lejos unos llantos escuchó y el mundo entero crujió, del cielo resplandeció una luz entre las nubes que mandó a todos los animales esconderse a excepción de SeokJin que sintió aquel llamado de la Luna exclusivamente para él y corrió a lo más que dieran sus piernas, recordando sus carreras con sus hermanos de piel anaranjada y manchada con bigotes a los costados de sus narices del porte de las fresas hasta aquel llanto.


Su madre, la Luna, parecía haber ingresado a su corazón, a su alma y mente debido a que aquel ser hecho a su semejanza poseia todo lo que hacía su cuerpo estremecer.


Sus cabellos cortos de un blanco más puro que la nieve, más limpio que el de las nubes, más hermoso que la luz de Luna. Su llanto poseía armonía que hacía de SeokJin un mar de suspiros al sentirse por fin en compañía y acompañó al ser en lágrimas por el resto de la noche. La congoja en su pecho se fue apaciguando mientras más detalles veía en el cachorro humano, el tamaño de sus pies y dedos, SeokJin deseo gritar cuando vió los dedos en cada extremidad. Eran tantos como los que tenía él.



(...)


Nunca al ser humano se le había visto tan feliz. Parecía encontrar la fruta más deliciosa, el clima del verano más fresco, los colores más nítidos, el olor de las flores más intenso, todo parecía brillar casi tanto como las pupilas de su compañero.


SeokJin amaba tomar sus manos, sus dedos eran distintos y él lo disfrutaba tanto como el mirarle a los ojos que pocas veces aparecían a traves de esos párpados gruesos.


Caminaban mucho juntos, siempre con sus dedos entrelazados, SeokJin deseaba mostrarle todos los olores, paisajes, formas, colores, climas de su mundo para que tuvieran de qué conversar, de que disfrutar juntos sin un tiempo final.


En esa misma noche, el enamorado SeokJin le daba la mejor fruta al de cabellos claros para que estuviera cómodo, el mayor ya había tenido mucha fruta deliciosa para disfrutar él sólo, ahora era el momento de...


— ¿Cuál sería su nombre, SeokJin? —preguntó por curiosidad la Luna.

— ¿Cómo llamas a quién es hermoso, perfecto, puro y que sientes viajar por los cielos cuando suspira?

— Ángel —susurraron sus hermanas, las estrellas al unísono.

— Ángel, me gusta.

— YoonGi es su nombre, SeokJin.

— YoonGi, mi ángel. —afirmó SeokJin y YoonGi, su ángel, le regaló su primera sonrisa.



(...)


Todo lo que conocía SeokJin fue modificando con la llegada de su ángel. El vivir con él a su lado era el disfrutar de un sin fin de lujos, se sentía completo en el Edén por primera vez en aquellos días, fue tanto su gozo que comenzó a esperar los días, a contarlos desde la mitad de la noche en honor a la llegada del trueno hasta una otra vez, día tras día.


YoonGi en ese entonces ya poseía dos mil novecientos veinte días de vida cuándo se encontraban ambos a las orillas del río. SeokJin limpiaba sus pies aún más pequeños que los propios como producto instantáneo la elevación de ambas comisuras, todo en él era tan delicado que le hacía despertar protección hacia el más pequeño y aún despues de tanto tiempo seguía dándole la mejor fruta, el sector más calido a la falda del volcán y la rama más cómoda para disfrutar de una siesta, SeokJin sólo se conformaba con que su ángel estuviera saludable y cómodo aunque YoonGi siempre le regalaba una sonrisa lo que hacía el pobre corazón del mayor alborotarse, coloreando de rojo sus mejillas en verano o invierno, acortando sus palabras y hacerle suspirar mucho más seguido.


A lo lejos dos felinos jugueteaban también en el agua en algo que a ninguno de los dos le parecía agresivo sino todo lo contrario, hasta lo veían como algo divertido como se gruñian e intentaban mojarse el uno al otro, SeokJin también le dieron ganas de jugar y salpicó agua en el rostro de su ángel que inmediato jadeó por la sorpresa, llevándose las manos a la cara para secarse. El mayor se hizo hacia atrás al mismo tiempo que ambos se zambullian en el agua limpia y clara del río al igual que los felinos a rayas que intentaban imitar.


Así estuvieron hasta que el vespere se hizo presente coloreando el agua de un color anaranjado como si estuviese sasonado con la dulzura del fruto invernal al igual que el paisaje que compartía tonos rosas en perfecta paz.


YoonGi rascaba sus ojos por el exceso de agua mientras el mayor le agitaba su cabello claro con ímpetu hasta que el pequeño lo comenzó a hacer por sí mismo. SeokJin se sentó a su lado sobre rocas tibias por los rayos de su padre a continuar viendo la actividad de los tigres que al salir del agua se ronroneaban entre ellos, movimiento que copiaron también. SeokJin parecía derretirse con los últimos abrazos del sol por como su ángel imitaba esos sonidos cerca de su oreja como hacían los animales.


El mayor tomó al joven de sus hombros pálidos para alejarse de aquello que le daba cosquillas y hacía arquear su espalda recibiento el ceño fruncido por parte ajena al ver que eso no lo estaban haciendo sus hermanos.


SeokJin besó su ceño fruncido para que desapareciera esa marca en la piel tersa, suave y dulce seguido de juntar la punta de sus narices en un beso esquimal mientras le veía a los ojos, mientras YoonGi mostraba el firmamento de estrellas que poseía al interior de su boca, sólo para él.



(...)

28 de Enero de 2021 a las 00:29 1 Reporte Insertar Seguir historia
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artemisa g artemisa g
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