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Black Rose Pt.1

Negro hasta el infinito es todo lo que puedo vislumbrar, hasta que mis ojos comienzan a ver rojo. Un rojo que proviene de mis párpados aún cerrados. Trato de abrirlos, pero fallo al encontrarme con nada más que un blanco cegador y doloroso. Mientras que mis ojos aún cerrados luchan por escapar, volteo hacia un lado tratando de liberar un poco de esa molestia, pero es en vano. Está en todos lados.

Me llevo las manos a la cara tratando de cubrir del dolor a mis pupilas, sólo para darme cuenta de que están atadas. Lucho contra la luz, contra mi amarre y contra las ganas de llorar, retorciéndome en lo que supongo es un incómodo colchón viejo.
A la par del alboroto que estoy ocasionando, la luz retrocede, apuntando a una dirección diferente. Parpadeo varias veces tratando de alejar las manchas verdes y amarillas que bailan sobre mis ojos impidiéndome ubicar el lugar donde me encuentro.
Cuando por fin puedo distinguir algo gracias a la ahora tenue luz, la familiaridad de aquello que me rodeaba me hiere como una estocada.

El lugar es pequeño, no más que una habitación con dos puertas. El mobiliario escaso, poco más que un sofá roído, tapizado con un estampado que en sus buenos tiempos podía considerarse bonito y una mesita con dos sillas con un jarrón roto encima simulando un florero. También un teclado electrónico en una esquina, lo único moderno del lugar.

—No quería que vieras esto, pero tu insististe.
—Me parece que es un lugar muy acogedor.
—Es una mierda.
—Es tu hogar. Eso lo hace hermoso para mí.

Los recuerdos llegan a mi llenándome de lágrimas los ojos. Si hubiese sabido que esto pasaría...

—Ya despertaste.

Escucho su ronca voz muy cerca, pero no me atrevo a levantar la vista. En parte por los recuerdos que aún me sacuden, y en parte por la brisa helada que recorre cada uno de mis huesos, advirtiéndome del peligro en el que me encuentro,
El cuarto queda casi en penumbras cuando Yoongi apaga la lámpara de lectura que yo le regalé. Momentos después, la luz vuelve cuando enciende el foco de la habitación.
El silencio se asienta entre nosotros por muchos segundos. Solo puedo escuchar el sonido de mi respiración acelerada y como Yoongi arrastra los pies al caminar mientras se acerca. Se pone en cuclillas a mi lado, observando mi rostro, escrutando mis reacciones. Gracias a que el colchón está en el piso tengo que verlo hacia arriba, lo cual, irónicamente, no lo hace ver más amenazante sino como un pequeño gatito curioso.

Un gatito que sacó las garras después de tenerlas ocultas durante mucho tiempo.

Sus ojos me gritan para que sea la primera en hablar. Pero no le doy el gusto, necesito explicaciones.

—Lo siento por eso— suelta de repente, cansado de esperar.

—¿Por qué? ¿Por casi dejarme ciega con esa luz o por secuestrarme? — le digo con dureza, mientras busco en sus facciones alguna reacción. Pero Yoongi es un experto en mantener su cara de póker.

— Prefiero considerar que estas de visita permanente involuntaria — dice con el mismo tono monótono con el que se ha estado dirigiéndose hacia mí, evadiendo mi pregunta, además. Me río de incredulidad ante su descaro.

— Yoongi, déjame ir.

— No.

Debí suponer que no sería tan fácil. Yoongi es un chico de armas tomar, pero al parecer pasé por alto todas las señales de alerta que se presentaron desde que lo conocí.

— No te lo diré de nuevo. Déjame. Ir — recalco cada palabra, tratando de mantener mi temperamento a raya, pero la ansiedad recorre mi cuerpo haciéndome todo menos cuidadosa y prudente.

—No te lo diré de nuevo. No.

Mis ojos se llenan de lágrimas, así que volteo mi cara para no darle la satisfacción de verme devastada.

—No me gusta verte llorar. Para — replica.

—Vaya, todavía de que me retienes en contra de mi voluntad te atreves a decirme eso. Eres un desgraciado, Min Yoongi — digo recompuesta de mi momento de debilidad gracias a sus palabras frías.

Se levanta de mi lado con lentitud y camina hacia la pequeña alacena que no está en mi campo visual. Lo escucho remover algo por unos minutos y se acerca a mí con una bandeja que contiene un vaso con agua y un sándwich delgado, junto con una rosa roja. Mi flor favorita.

—Necesitas comer, el somnífero que te di era muy fuerte.

Me quedo sin palabras. El contraste entre su acción aparentemente dulce, escondiendo con naturalidad el trasfondo macabro producto de sus verdaderas intenciones y lo incomprensible de toda esta situación para mí me está volviendo loca.

Así que solo decido callar.

Yoongi deja la bandeja en un lado del colchón y se acerca, tomándome gentilmente por los hombros. Dócilmente me dejo guiar hasta que quedo sentada, con la espalda recargada en la pared y mis pies también atados sobresaliendo del colchón, casi tocando el piso. Yoongi toma de nuevo la bandeja con comida y la deja sobre mis muslos, mientras él se sienta junto a mí con las piernas cruzadas.

Levanta su mano y la acerca a mi rostro, pasando sus nudillos por mi mejilla. Quiero alejarme de él, pero mi cuerpo no reacciona. Su piel está fría, no obstante, de alguna manera ese pequeño roce logra transmitirme esa calidez que Min Yoongi siempre intenta ocultar y que conmigo sale a flote como si fuera tan natural como respirar.

Estúpida, te tiene secuestrada. ¡Reacciona!

Mi instinto de supervivencia se activa de nuevo, haciendo que me aleje de su toque. Yoongi baja la mano, con un poco de decepción cubriéndole el rostro. Sin dudarlo mucho más, coge el sándwich con ambas manos y lo estira hacia mí. Me hago a un lado de nuevo, rechazándolo.

—Te dije que necesitas comer — dice con paciencia — si no comes, pronto te sentirás como la mierda.

— ¿Y de quien sería la culpa? — recalco con ironía.

— Tuya, por rechazar mi comida.

Quise apuntar el hecho de que esto no estaría pasando en primer lugar si no me tuviera amarrada y privada de mi libertad, pero la comida es un tema sensible para Yoongi. Uno muy sensible. Así que me ahorro mis comentarios, aunque lo menos que se merece es que le tenga consideración alguna.

Extiende de nuevo el sándwich hacia mi boca, usando ambas manos. Debo admitir que se ve adorable, como un niño pequeño jugando al avioncito con sus peluches. Detengo mi tren de pensamientos y me obligo a recordarme lo importante de esta situación.

Que estas secuestrada, maldita sea.

Le doy un pequeño mordisco al sándwich, sin despegar mis ojos de los de Yoongi. Una de sus comisuras se levanta ligeramente, en señal de aprobación. Continuamos así unos minutos hasta que me acabo el escueto sándwich que consistía solo en dos panes con una rebanada de jamón y mayonesa en medio. No es que me fuera a quejar, yo mejor que nadie conozco la frágil situación de Yoongi.

Toma el vaso de agua y también lo acerca a mis labios. Bebo todo casi de golpe ya que la sed comienza a atacarme. Al terminar, Yoongi lo pone de nuevo en la bandeja y se lo lleva, no sin antes dejar la rosa roja decorando el dobladillo de mi falda.

—Espero que lo que acabo de comer no haya tenido nada raro — espeto con molestia.

—Solo mi amor, pero no sé si eso califique como raro para ti — dice sin voltear a verme.

Mis conexiones cerebrales hacen corto circuito durante unos momentos.

—¿Qué? ¿No tenías una respuesta mordaz para eso? ¿Acaso te comió la lengua el gato? — comenta Yoongi con los brazos cruzados y una ceja alzada.

Gato... ¡MI GATO!

Abro mucho los ojos por caer en cuenta que dejé en el olvido a mi gato. Estaba a punto de entrar en pánico al recordar al pobre de mí Yuuri cuando Yoongi detiene la diatriba que estaba a punto de soltarle.

—Yuuri está bien— dice con calma — lo traje conmigo, sigue dormido — apunta con la cabeza a un pequeño porta animales en una esquina de la habitación.

Suelto el aire, aliviada de recibir al menos una buena noticia en todo el día de mierda. Aunque la duda me asalta.

—¿Qué le hiciste a mi gato? — cuestiono con desconfianza.

—Nada malo— se encoje de hombros de nuevo— solo un tranquilizante leve. Además, me ama. Debería despertar en unos treinta minutos.

Ese maldito gato traidor.

Si, no es novedad que Yuuri ama a Yoongi, lo cual es muy extraño ya que suele mostrar indiferencia a todas mis visitas. Incluido mi novio.

Novio... ¡MI NOVIO!

Vaya que lo que fuera que me dio Yoongi era fuerte, que olvidarme de mi gato y mi novio son crímenes imperdonables para mí. Obviamente, guiada por mi casi nulo instinto de supervivencia demostrado hasta ahora, no pretendo preguntarle sobre eso. Se me aguan los ojos solo de pensar si le hizo algo a Jin, pero no me puedo arriesgar a enfurecerlo. Después de todo, estoy segura de que Jin es el motivo por el cual Yoongi me ha secuestrado.

Cierro los ojos y suspiro muy fuerte, tratando de contener mi llanto y fallando miserablemente. Paso de estar terriblemente frustrada y enojada a caer en la desesperación cuando por fin un gran bloque de realidad se asienta en mi sistema, llevándose la adrenalina que me hacía envalentonarme.

Gruesas lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas a pesar de que intento apretar los ojos para retenerlas ahí y los hipidos no tardan en comenzar. Me había tardado en ponerme histérica, para ser honesta.

Me doy cuenta de que el colchón se hunde a mi lado, y vuelvo a escuchar la voz de Yoongi, solo que con un tono más gentil esta vez.

—Hey. Preciosa, no llores. Sabes que no te voy a hacer daño. Tampoco a Yuuri, me cae bien esa bola de pelos.

Sus palabras gentiles me llenan los oídos y retumban como letanías que anuncian mi muerte. Lloro más fuerte y encojo mis piernas hasta mi pecho. Las espinas de la rosa que dejó Yoongi en mi regazo me hacen daño al clavarse en mis muslos. Vagamente pienso en Yoongi como una rosa: tan bello y capaz de causar tanto daño si no la manejas con cuidado.

Sus brazos me rodean por los hombros y esconde su nariz detrás de mi oreja, aspirando el aroma de mi champú. No siento repulsión, pero si unas inmensas ganas de salir corriendo, clamando por mi libertad, o por pensar que todo esto es un maldito sueño.

Un maullido interrumpe mi histeria y volteo de inmediato hacia la pequeña jaula, saliendo por un momento de mi ataque de sentimientos. Yoongi se separa de mi apresuradamente para abrirle la puertita y que mi pequeño Yuuri se estire a sus anchas. Al verme se encamina hacia mí y se frota contra mis pies atados, maullando, no parece estar dañado de ningún modo, lo cual me alivia. Ahora lloro con un poco de alivio.

Yoongi lo observa unos segundos y en su rostro aparece una sonrisa pequeña. Lo toma entre sus brazos y lo acaricia detrás de las orejas, a lo que el pequeño gato negro ronronea de gusto.

—Al parecer este chico y yo tenemos mucho en común. Ambos estamos locos por ti— y me regala una sonrisa que en otro momento me habría parecido adorable, pero que ahora me parece un gesto psicópata.

Deja a mi pequeño Yuuri en el piso de nuevo para que vague por el cuartito y regresa a mi lado. Los hipidos y las lágrimas se han desvanecido un poco, pero estoy lejos se sentirme bien. Quiero saber que va a pasar conmigo. Aún no sé exactamente porque estoy aquí, pero por las muy notorias pistas que ha dejado caer Yoongi desde que desperté creo que es bastante fácil de deducir. Me armo de un poco de valor y decido preguntarle directamente.

—Yoongi ¿Por qué? — mi voz suena derrotada, algo nada usual en mí. El enojo que me invadía al principio se ha esfumado y ha dejado en su lugar a una masa deforme de miedos e inseguridades.

Sus ojos se oscurecen, su rostro expresa la nada misma hasta que habla por fin.

—Porque nadie tiene derecho a amarte más que yo.

Por segunda vez en el día, siento un escalofrío recorrerme entera. No sé lo que pasa por la mente de Yoongi, pero en este momento, después de que sus bonitos labios pronuncien esas terribles palabras disfrazadas de romanticismo es cuando caigo en cuenta de algo que hace que mi cordura se pierda.

Nunca saldré de aquí.

20 de Enero de 2021 a las 23:55 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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