u15814535331581453533 Matías Lauro

Con el gran objetivo cumplido y un trago amargo difícil de digerir. Los nuevos soberanos del Universo tendrán que armarse de valor. Llenos de dudas y sumidos en la desesperación más de una vez. Las preguntas sin respuesta no dejan de ser espinas en el corazón de los elegidos por el destino. Cruel será el camino a recorrer y las consecuencias letales. SEGUNDO LIBRO DE LA TETRALOGÍA.


Ciencia ficción No para niños menores de 13.

#universo #elegidos #elementos #dragones
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Victoria con sabor a derrota.

Dos semanas estuvieron transitando el universo. A bordo de la nave intergaláctica Oreon, los trece tripulantes habían tenido un viaje algo inquietante. Varias eran las perspectivas y muchos los sentimientos que albergaban dentro del colosal navío de titanio. Observando a través del enorme ventanal estaba él. Con sus manos por detrás de la espalda, pensando detalladamente en el cortejo de despedida. Cristina merecía un entierro digno de los dioses. Alguien tan importante para el universo, debería ser recordado. Eso era algo en lo que pudieron ponerse de acuerdo con César.

Por su parte el consejero, no era del todo aceptado por los demás. La única que escuchaba sus historias anonadada, era Solange. La más pequeña de aquel grupo, que por casualidad estaba allí con ellos. Según ella, aquel hombre era una fuente de sabiduría. Algo que los ahora señores del universo no podían ver, cegados por el destino trágico que los arropaba.

El planeta azul resplandecía ante ellos, que deseosos de llegar, se aproximaron a la salida de la nave. Incluso cuando anteriormente, su compañera y piloto Celeste Horrach, les advertía guardar asiento. El lugar del aterrizaje ya estaba estipulado. Qué otro lugar, que no sea el exterior de la Cabaña. Allí sus tutores y seres queridos los aguardaban con ansias. Las caras alegres y conocidas, tendrían que ser un regocijo para ellos. No fue así...

—¿Qué es lo que sucede?— Omar borraba su sonrisa al ver la de su hijo, que descendiendo de la nave se paraba frente a él.

—El ritual ha terminado...— comunicó el líder, para todos sus allegados. —Pero no de la mejor manera. Cristina ha muerto en combate.—

Omar llevó ambas manos a los hombros de su hijo. —Son cosas que pasan Matías. Es un milagro que hayan podido vencer casi en su totalidad.— señalizó el adulto. —En cuanto a la cabeza del clan Strelczuk, la señora Miriamis, siempre fue alguien digna de respeto.— Omar trataba de minimizar la pérdida. Los ojos de Matías se clavaron en él.

—No papá, deja de decir estupideces.— dijo. Las palabras de éste, eran bocanadas de fuego incontrolable. —Cristina había logrado superar su prueba. Miriamis está muerta también...— hizo un silencio de tres segundos, nadie quiso interrumpir. —No quiero hablar de ello. El punto es que somos sólo once.— Matías continuó caminando para saludar al resto de su familia. Luego se despidió. —Papá, encárgate de conseguir un servicio para despedir a Cristina. Yo necesito un tiempo a solas.—

Nadie lo cuestionó, dejaron que el muchacho se marchara a respirar aire puro. En segundo plano había quedado la aparición del consejero, que para sus tutores, era un hecho irrefutable de que algo grande se avecinaba. Más tarde, Omar llamó a una reunión de clanes, a la cual, nadie debía faltar. En el universo había un antes y después de aquel día...

—Creo que para todos resulta difícil, saber por dónde comenzar. Es por eso, que le cederé la palabra a la única persona aquí presente, con la capacidad para hacerlo.— sentados en aquella enorme mesa ovalada, Omar señalaba a César, para luego tomar asiento.

—Gracias por semejante responsabilidad.— dijo el consejero haciendo una reverencia. —Puedo imaginar la incertidumbre de aquellas cabecitas, simplemente al verlos. Es cierto que sus edades quedaron perdidas en el tiempo, con lo cual son jovencitos con una guía necesaria.— todos se miraron entre sí, al parecer, desaprobaban aquella idea. —Lo sé, lo sé.— dijo el sujeto acomodándose los lentes. —Resulta chocante, invasivo, déjenme explicar todo aquello que no entienden.— se perfiló hacia delante y gesticulaba mucho con las manos a medida que hablaba. —En los inicios del Pilar del Universo, se tomó en consideración la tutela de los primeros elegidos. Cuando estos nacieron, apenas siendo unos bebés, se sabía que no podrían llevar a cabo su tarea sin una guía. Fue por esa razón, que los Dioses Supremos Elementales tomaron la decisión de inmortalizar a un puñado de humanoides más.— el relato de César los tenía a todos impresionados, pero más de uno guardaba sus intrigas. —Fue así, que veinticuatro personas, de distintas edades y ajenas a los doce clanes. Tuvieron una inmortalidad sin límite.— con César ahí, nadie pudo evitar que María José preguntara.

—¿Y qué pasó con el resto?— la jovencita preguntó, lo que todos los allí presentes querían saber.

—El paso del tiempo nos fue moldeando.— dijo, luego aclaró su voz suavizando la garganta con un poco de agua. Dejó el vaso medio vacío y la mirada hacia ellos cambió por completo. —No quiero hablar de mí, como si de un androide se tratara. Pero después de haber vivido millones de años, la consciencia se transforma en algo más artificial, los errores son casi nulos y las consecuencias sumamente soportables.— esto último confundió a los más jóvenes, que se miraron entré sí, sin entender.

—No has contestado la pregunta de mi compañera.— dijo Jonathan, intuyendo que el consejero, evitaba la respuesta con un juego de palabras.

—Lo estoy haciendo señor Cazaban.— citó sonriente César. —Muchos son los pilares a los que me ha tocado aconsejar. Muchos son los que se han perdido en las malas mañas y muchos aquellos que han hecho el bien. Pero hubo uno que rompió el molde.—

Creyendo tener la respuesta, Guadalupe pronunció el nombre. —Baltasar.—

El consejero asintió con la cabeza. —El hizo que nuestro número original de veinticuatro, se redujera a la mitad. Cuando enloqueció, tuvimos que idear un plan para resguardarnos. Los que quedamos nos hicimos cargo de Radamis y compañía. Finalmente, el destino quiso que el tirano perdiera la batalla frente a ellos.— lo dicho fue con algún ánimo de satisfacción, muchos lo notaron.

—No termino de comprender ¿Dónde está el resto de tus compañeros? ¿Y en qué punto Radamis no los necesitó?— las especulaciones de Gabriel hicieron que César sonriera.

—En estos diez mil años pasaron muchas cosas. No somos dignos de consejo para Radamis, desde hace cinco mil años o poco más. Fue cuando cada uno de los consejeros, tomamos caminos separados.—

—Fue con nuestro nacimiento que la confianza se quebró. Seguramente por la decisión de nuestro antecesor de meternos en incubadoras.— Celeste, muy atenta al relato sacaba conjeturas certeras.

—No tiene caso seguir hablando mucho más del pasado. Vimos una posibilidad en Teseo y la aprovechamos.— César seguía hablando en plural, eso colmó la paciencia del más perturbado hasta el momento.

—Teseo los traicionó, casi nos mata. La lluvia en Central, era clara muestra de desequilibrio. El resto de tus compañeros, aún no explicas qué pasó con ellos.— la hostilidad de Matías, sería respondida de manera calma por César.

—Ya lo he dicho. Cada uno tuvo que tomar distintas posiciones en este plan. Corrimos con el riesgo de traición, porque de una forma u otra, Radamis sería destronado y eso era lo esencial.— culminó.

—Una compañera ha caído en batalla. Me preocupa más pensar en su despedida. Supongo que tú estarás más interesado en ser nuestro guía en la tarea. Probablemente necesitaremos de ti.— Matías sugería cambiar el tema.

—Sí, los dioses entienden eso también. Gracias a su sacrificio, salieron victoriosos. Puedo ayudar con su despedida, al mejor estilo centraliano.— el consejero aceptaba la petición.

—Entonces ocúpate de todo. Mi padre seguramente estaba con la misma idea por pedido mío. Yo tengo que ocuparme de otra cosa.— Matías se puso de pie para abandonar la habitación, nadie objetó. El muchacho ya estaba en el exterior de la cabaña.

Caminó diez pasos y se detuvo. Miró al cielo, seguramente buscando respuestas a todas las interrogantes en su cabeza. Había mucho para procesar. Escuchó unos pasos tras él, sabía de quién se trataba, por el leve aroma a naftalina en su ropa. —Si vienes a disculparte, debes saber que no es tu culpa.— anunció Matías.

Jennifer no pudo evitar sentir aquello, sabiendo que había sido la última persona en ver aquella carta. —De todas maneras, se aseguró de decirte lo que había en aquel papel. En parte sé que no es culpa mía. Pero por otro lado, no puedo evitar sentir culpa sabiendo que cargó con ello y murió comunicándolo.—

Matías giró para mirarla de frente. —Ella cargaba con un destino trágico, hubiese querido que afrontara la vida de otra manera, pero en parte, también fue su elección. Sin embargo, me queda un mal sabor de boca. Y todo esto, es muy difícil de procesar.— el joven elegido del fuego se refería a ambos temas que lo atormentaban.

Alguien más salió por aquella puerta, Guadalupe avanzó hacia ellos. —César acaba de decir algo muy interesante con respecto a nuestro sucesores.—

El semblante de ambos se tiñó de seriedad. —¿A qué te refieres?— Matías parecía molesto, como si hubieran hundido un dedo en una llaga.

—Viendo los acontecimientos pasados. Los demás sobrevivientes del consejo se encuentran ahora, resguardando a los nuevos elegidos. Tal parece que los sujetos tampoco confían en nosotros. No sé qué sentido tendría seguir la tutela de uno de ellos.— lo que decía Guadalupe era completamente racional. Pero si de algo lo había dotado el tiempo a Matías, era de mirar las cosas con distintas perspectivas.

—No podemos culparlos.— dijo. —Han pasado por Baltasar, Radamis, es común que crean en la posibilidad de que nosotros también tomemos el camino equivocado.— el Pilar del Universo se volteó para mirar nuevamente el cielo azul.

—Me molesta de todas formas.— comentó Guadalupe. —¿A dónde ibas?— cuestionó luego.

—Hay asuntos que debo atender. Volveré pronto.— dijo alzando vuelo.

Llevaba unos cuantos minutos frente aquella puerta. Sabía que si llamaba ya no tendría escapatoria, sin embargo, el tiempo que estuvo allí, meditaba en qué diría. Habían pasado años, incluso para una persona normal, sería toda una odisea pensar en tener una oportunidad. Pero la memoria de su compañera muerta le remordía la consciencia, y si algo le dio fuerzas para salir victorioso, era la idea de tener un hijo. Pero bien difícil lo tenía el Pilar del Universo. —¡Al diablo!— bufó tocando el timbre.

Sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo, cuando escuchó que balancín de la puerta bajó. —¿Qué haces tú aquí?— le preguntó Paola al verlo.

—Lo mismo me he estado preguntando yo, desde antes de presionar aquella tecla.— dijo el muchacho señalando el timbre.

—Si esa es tu respuesta, será mejor que te marches.— Paola comenzaba a entornar la puerta, colocándose justo detrás. Pero Matías antepuso su brazo para evitar que cerrara.

—Espera por favor, al menos déjame encontrar las palabras adecuadas.— señaló mirándola fijamente a los ojos.

—Debiste pensarlas antes de venir. No entiendo de dónde sacaste el coraje para aparecer ahora.— el resentimiento de la muchacha era con un fuerte fundamento. Él también lo tenía, pero le iba a resultar muy difícil explicarlo.

—Déjame explicar.— dijo dejando la postura amenazante de lado. —Sé que me enviaste una última carta muy especial. Pero por más descabellado que te parezca, nunca la leí ni supe de su contenido.— Paola fruncía el seño, no sabía si creerle o no. —Por distintas circunstancias, que no vienen al caso que explique. Terminé por enterarme lo más importante referente a aquella carta.— hizo una pausa. —Tengo un hijo.— cerró.

—Pronto cumplirá tres años. Creció sin saber nada de ti. No puedo cambiar su mundo por el simple hecho de que te hayas enterado ahora. Por circunstancias que no quieres explicar.— el recelo en sus palabras era notorio. El Pilar del Universo, tenía todas las de perder con ella.

—Sé que me alejé abruptamente. Sé también que te lastimé. La causa era noble.— Matías no encontraba la manera de explicar sin arriesgar su realidad.

—¡¿Causa noble?! ¡¿Hablás en serio?! ¡Porque para que lo sepas, estamos hablando de un hijo!— Paola perdía la paciencia, las palabras de Matías eran como flechas, todas eran ofensas.

—Suena descabellado e imposible de entender, pero más cruda es la realidad. Ese niño estará mejor sin mí en su vida. Pero la contrapartida es que el destino no se lo permitirá. Él es el hijo de alguien muy especial...— hubo un silencio, hasta que finalmente Paola decidió no seguir con la conversación.

—Ahora te contradices... Mirá, será mejor que te marches. Es mejor dejar las cosas como están.— nuevamente Matías sostuvo la puerta cuando ella intentó cerrarla.

—No es fácil encontrar las palabras, así que lo intentaré de otra manera.— fue la seriedad en sus palabras, lo que llamó poderosamente la atención de Paola.

Matías sabía que sólo le quedaba una oportunidad, si mal gastaba esa atención por parte de la muchacha, perdería para siempre la credibilidad. Los cuidados que tomaban cuando eran púberes en entrenamiento, habían quedado en el pasado. Él, ahora era el ser más importante del universo. Comenzó a elevar su poder gradualmente. El aire se tornaba denso, las farolas del alumbrado público se balanceaban, carentes de la brisa del viento. Una leve vibración sísmica, agrietó parte de la ladera asfáltica. Las paredes de las viviendas también parecían afectadas. Paola sintió en su pecho una opresión extraña. —¿Puedes siquiera imaginar a qué me refiero?— dijo él.

Ella se sostuvo de ambas paredes, temiendo que de un momento a otro perdiera el equilibrio. Lo observó a él, que parado en la vereda, parecía no estar siendo afectado por el fenómeno inexplicable. —¿Estás queriendo decir que eres tú, quien genera este evento paranormal?— lo preguntó con cierta elocuencia.

—Así es.— afirmó llevándose las manos a los bolsillos, todo volvió a la normalidad.

—Es una locura...— lo dijo como un susurro. En ese momento el celular de Matías comenzó a sonar.

—... No se preocupen, está todo bien. Simplemente liberé tensiones. Adiós.— cortó la comunicación y la miró directamente a los ojos. —Hacer algo cómo eso, genera consecuencias. Necesitaba no incluirte en mi vida para resguarte del destino. Sin embargo, ahora es inevitable.— se volteó para darle la espalda. —Sé que necesitarás tiempo para procesarlo. Te lo daré. Pero mañana mismo vendré a conocerlo y para hablar de nosotros, si es que hay una posibilidad de serlo.— Matías usó la teletransportación para desaparecer justo, ante sus ojos.

23 de Enero de 2021 a las 00:00 0 Reporte Insertar Seguir historia
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