naza-castillo Naza

Ian y Maddison se conocieron de la forma más tierna. Desde entonces su relación ha sido sólida, se aman ciegamente. Hasta que un inconveniente pone en juego todo su noviazgo, y su futuro.


Romance Romance adulto joven Todo público.

#Amor #odio #dolor #chicos #infidelidad #chicas #enfermedad # #Enojo #Incertidumbre
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Capítulo 1: el comienzo.

Aún recuerdan con gracia y ternura la primera vez que se miraron. Era un caluroso verano, la playa, como siempre, era la mejor opción para todo y este caso no sería la excepción. Él andaba de paseo con algunas amistades, le encantaba hacer eso; fiesta, amigos y salidas a algún lugar que despejara su mente del caótico mundo. Por otro lado, ella, caminaba con ligereza por la arena, dejando que sus dedos se mojen con el agua de las olas. Estaba sola, simplemente respirando aire puro, disfrutando de su playa favorita. De alguna forma, el universo los hizo coincidir de una manera un tanto brusca. Ambos estaban en el muelle del lugar, el chico de cabello rubio y marcados bíceps jugaba con algunos de sus amigos y entre empujones, no se percató que pasaba por ahí una chica delgada, con suaves y apenas notables rizos. Chocó contra ella en un abrir y cerrar de ojos y la pérdida de la estabilidad hizo que ambos cayeran en el frío mar.

—¡Hey!—reclamó ella mientras se mantenía a flote.

—Lo siento tanto—respondió el chico.

Después de limpiarse los ojos, ambos se miraron. Hubo un silencio profundo que entabló la más fugaz cercanía.

—Me llamo Ian—dijo él sin apartar ni un instante su mirada.

—Soy Maddison—respondió ella sonriendo.

Han notado cuando una persona tiene frío y un rayo de sol se escurre entre la ventana abierta. Ese cálido rayo de sol en el que sumerges la mano y no la quieres quitar porque sabes que sentirás frío de nuevo. Hay personas que con su mirada nos provocan esa sensación. Su color de ojos cubre nuestro corazón como esas mantas que nos abrigan hasta del más brusco invierno, y la ardiente corriente que irradia el sentimiento de verse frente a frente nos hace inevitable sonreír. En ese momento Ian y Maddison se llenaron de las amadas, y también odiadas, mariposas. De esas que nos avisan que estamos cayendo lentamente a un profundo océano repleto de emociones.

—¡Oh no!—dijo Maddison con tristeza—Perdí mi lazo.

—¿Lazo?

—Sí, traía un lazo rojo en mi cabello. De seguro se cayó cuando me empujaste.

Era cierto. Maddison no salía de su casa sin combinar cada una de sus prendas, el lazo rojo combinaba con su traje de baño que tenía un lindo estampado rojiblanco. Buscaron por algunos minutos entre los alrededores, sin embargo, no obtuvieron resultados. Lo más probable era que una ola se lo había tragado.

—Debo irme. ¡Hasta pronto, Ian!—dijo Maddison al resignarse.

Cuando se acercaba a la orilla del mar, miró por encima del hombro para regalarle una sonrisa a aquel chico. Él no sabía qué hacer. Se le estaba yendo esa niña que había llamado su atención y no lograba encontrar la manera de decirle que se detuviera. Alzó su mirada hacia el muelle, y se dio cuenta que sus amigos habían visto todo. Entre risas, la mayoría de ellos le hicieron gestos para que corriera detrás de ella, y justo eso fue lo que hizo.

—¡Maddison, espera!—la llamó fuerte cuando estuvo cerca—te debo una.

—¿Una qué?—dijo ella.

—Perdiste tu lazo por mi culpa. Déjame comprarte algo.

—¡Oh no, no! No es nada. Tengo muchos más en casa.

Ian sonrió—Bien, entonces te invito a un helado. No por el lazo, sino por la caída—dijo.

—Esta bien—respondió con sonrisa juguetona.

Ambos caminaron hasta el puesto de helados, no hubo una palabra en el camino, lo que hizo que el silencio se volviera incómodo. Maddison lograba disimular a la perfección sus nervios, pero Ian pudo llenar una piscina con el sudor que salía de sus manos. Pronto las limpió en su pantaloneta y con una pregunta logró romper el hielo entre los dos.

—Y, ¿eres de aquí?—preguntó.

—No. Solo tenía ganas de ver el mar—respondió ella—vivo a dos cuadras de la cafetería Girasol, en la ciudad.

—¡¿En serio?!—preguntó asombrado—Mi casa está a unas ocho cuadras de ese lugar.

—Nunca te vi cerca de ahí. Suelo ir a la cafetería, me gusta leer en el sofá de la esquina—dijo ella.

—Tendré que ir más seguido supongo.

Ambos sonrieron. Estaban pasando un buen momento y así fue como el día en la playa, la caída al mar y el lazo perdido dieron origen a una relación llena de risas, amor y complicidad. En su primera cita, dos días después del paseo a la playa, los nervios relucieron. Maddison había aceptado salir, pero no quería ir al típico restaurante o cafetería o incluso al cine. Ella adoraba la naturaleza y su capacidad de ver la belleza en lo más diminuto hacía que tuviera miles de lugares favoritos, pero el que ganaba su corazón era un terreno extenso lleno de gigantescos pinos que hacían ver el lugar como algo tétrico, el corto pasto se adornaba de flores lilas que le daban un toque apacible. Solo había un pequeño inconveniente; era propiedad privada. Maddison esperó que Ian diera el paso de invitarla a salir, pero sabía que intentaría convencerlo de hacer un picnic en aquel lugar tan preciado. Y fue así. Por mensajes de texto se ponían de acuerdo sobre lo que debían llevar, a qué hora, en qué lugar, todo lo que se fija antes de una cita.

Cuando llegó la hora, 2:00 p.m., Ian desde su casa salió con un pequeño salveque lleno de comida; algunas frituras para comer, los sándwiches de mantequilla de maní y mermelada, unas botellas de jugo de naranja, también se acompañó de unas almohadas que colocó en el asiento del pasajero. Maddison salió con su bolsa rosada, llevaba una sábana gruesa y en una taza guardó algunas galletas que había preparado ella misma, también quería que Ian probara sus suaves alfajores, por eso desde que se confirmó que harían un picnic, programó su alarma temprano para hornear sin prisa. El día favorecía cualquier actividad al aire libre, el sol calentaba con delicadeza y el frío viento que recorría por la ciudad hacía que nadie se sintiera acalorado. A ella le encantaba caminar desde su casa hasta el lugar de los pinos, era un recorrido de unos veinte minutos, pero de camino adoraba admirar todas las flores del patio de la señora Gina.

—¡Hola Maddie!—saludó ella desde su pórtico. Le decía Maddie pues ese era su sobrenombre cuando estaba más niña.

—¿Qué tal, señora Gina?—respondió Maddison.

—Ya sabes... Esperando a mi esposo.

Era duro, Maddison y todo el vecindario en realidad, sabían que el señor Gilbert había muerto hace unos cuatro años. Murió de camino al supermercado, de un ataque al corazón. Desde entonces la señora Gina nunca ha dejado de esperar a su esposo.

—Talvez se retrasó un poco—respondió Maddison.

—¡Oh, esta bien! Puedo esperarlo más—dijo con tono nostálgico— Y tú, ¿cómo estás?

—Estoy muy bien. De hecho, voy para una cita.

La señora sonrió alegre—¡Muy bien!—exclamó entre risas—Claro que si te hace daño, le daré fuerte con mi bastón.

—Yo te ayudo—respondió bromeando—Debo irme. ¡Hasta luego señora Gina!

Cuando ya iba llegando a aquel lugar, vio que estaba estacionado un carro plateado, era alto, se veía cómodo desde fuera. Tomó sus dos mechones ondulados y los acomodó detrás de su oreja para que no estorbaran a su vista, acomodó su falda floreada que tenía el mismo estampado de su blusa corta y dio unos pasos más hasta ver al chico que esperaba sentado en la orilla de la acera. Ese mismo chico al que también el corazón le palpitaba a miles de kilómetros por hora, ese mismo al que se le multiplicó el tamaño de su pupila cuando vio la chica que conoció hace dos días. Él solo podía pensar lo despampanante que lucía con su conjunto de ropa.

—¡Hola!—dijo ella. Parecía estar tranquila, pero ¡Dios! se la estaban comiendo viva los nervios.

—Hey, ¿cómo estás?—respondió levantándose de su lugar.

—Estoy bien, estoy bien. Lamento la tardanza.

—No hay problema. Si quieres podemos ir acomodando la sábana.

—No, no. Este no es el lugar que me gusta, debemos subir un poquito más—respondió Maddison.

Ian notó, después de unos diez minutos subiendo, que en realidad no era un poquito más, era mucho más, pero ver la alegría que irradiaba el rostro de Maddison lo valía. Cuando al fin llegaron a un lugar plano, lleno de color y con la frescura más pura que se sintió, Maddison se detuvo.

—Este es mi lugar—dijo.

Sacó de su bolsa la sábana blanca que ya estaba un poco desgastada, probablemente no era el primer picnic que hacía. Con ayuda de Ian la extendió y dejó que cayera lento sobre el verde suelo, con piedras pesadas sujetó cada extremo para evitar que saliera volando y después de todo, sacó sus galletas y alfajores que provocó asombro en la cara de Ian.

—¡Wow! No sabía que había que traer algo tan sofisticado—dijo entre risas.

—No es sofisticado. Solo quiero que los pruebes.

Las mejillas de Ian se tornaron de un rosa suave, sintió las típicas mariposas revoloteando por todo su interior, se le hizo lindo el gesto de Maddison.

—Aunque talvez pases las próximas horas sentado en la taza del baño. Arrepentido—bromeó Maddison.

Abrió la tapa y el olor a galleta casera se desprendió de la taza, las chispas de chocolate estaban un poco derretidas y le daban un sabor único a cada mordisco. Cuándo abrió la taza de los alfajores, el polvo del azúcar refinada voló por los aires y con ello, las risas de aquellos jóvenes atraídos el uno por el otro. Ian tomó con delicadeza un alfajor y rápido le dio un bocado que reflejó un sincero disfrute.

—Esto es increíble—dijo él mirándola a los ojos.

—¿Te gusta? ¿de verdad?

—Claro. Por qué lo dudarías.

En ese momento, después de abundantes risas tontas, bromas inocentes y miradas llenas de brillo e ilusión, fue cuando los dos chicos de dieciocho y diecinueve años comenzaron su aventura juntos. Ahora cinco años después, aún siguen prevaleciendo esas risas tontas y el brillo de ilusión, incluso su amor florece cada día más, lo único que se ha marchado son aquellas bromas inocentes, esas pasaron a ser chistes con doble sentido.

~•~•~•~

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Nombre novela: Olvida que me amas.

Usuario: naza_cast


20 de Enero de 2021 a las 05:53 6 Reporte Insertar Seguir historia
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Leer el siguiente capítulo Capítulo 2: una promesa.

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Aiko Aiko
En la manera en que lo narras es asombroso y entretenido , me encanta! ✨❤️
February 02, 2021, 03:41

  • Naza Naza
    ¡Muchas gracias! Agradezco mucho tu comentario.💚 February 02, 2021, 03:54
Karol H Karol H
Me encanta la manera que en que esta narrado. Simplemente hermoso. Y la trama, ¡uff! ✨
January 31, 2021, 01:56

  • Naza Naza
    Hola Karol, muchas gracias💚 Pronto subiré el nuevo capítulo. January 31, 2021, 02:04
Amalia Brant Amalia Brant
Es muy hermoso esto!
January 30, 2021, 01:53

  • Naza Naza
    ¡Muchas gracias!💚 Me alegra que te guste. January 30, 2021, 03:16
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