jillianjung1996 JILLIAN JUNG

Colyn Smith es un androide que fue rescatado y reparado por el científico Hale Fleming, un raro humano del cual no pudo evitar enamorarse.


LGBT+ No para niños menores de 13.

#tristesa #romance #romancegay #boyslove #distopia #androide
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EMPTY SHELL

Desde su creación gracias a una majestuosa explosión en medio de la nada, el universo siempre ha estado en un constante cambio, creciendo cada vez más y más, y en medio de ese espeso campo repleto de galaxias, estrellas y cosas aún desconocidas, existe un lugar pequeño en comparación con la grandeza que lo rodea; el planeta tierra.


El único sitio en el que milagrosamente existieron los únicos seres vivos, que fueron capaces de destruirse a sí mismos con el paso acelerado de su evolución, y aun cuando dejaron cosas positivas con el uso de sus capacidades, fueron muchísimo más grandes las negativas. Contaminaron su hogar, se destruyeron mutuamente con las guerras, hicieron destrozos y descuidaron todo a su alrededor en busca de obtener exageradas creaciones, que a decir verdad ahora no son más que inútiles.


Los seres humanos siempre buscaron dominar todo lo que estuviera a su alcance, pero era imposible, ellos sólo eran huéspedes en medio de la naturaleza que realmente les gobernaba. Por ello, eso que alguna vez algunos recuerdan, ya no existe, a decir verdad, no hay personas como tal, sólo quedamos algunos cascarones vacíos, los mal llamados muñecos, o quizás un mejor término para definirnos seria como androides.


Toda la población en la tierra fue desapareciendo lentamente con montones de catástrofes naturales que fueron inevitables, a fin de cuentas, nunca importó cuanta tecnología existiera gracias a los humanos, estos nunca pudieron competir realmente contra el infausto destino que ellos mismos se habían trazado.

Hoy en día, no hay energía, las calles no son más que polvo que cubre montones de cadáveres, los edificios son escombros repletos de vegetación, y agua, los cascarones vacíos vagan por doquier en busca de sobrevivientes, pero no hay nada, a duras penas uno que otro animal salvaje, que a causa del cambio brusco de gases en la atmosfera ha ido muriendo.


Mientras, yo aún me refugio en esta destartalada casa que pertenecía a esa persona que cuidó tanto tiempo de mí. Él también desapareció, y yo a veces también deseo desaparecer, se supone que en algún momento me volveré obsoleto, pero la espera para ello cada segundo se vuelve mucho más eterna, ha sido lento y tortuoso, mis extremidades ya no me responden como antes, están oxidadas, sólo soy un artefacto viejo que nunca antes había deseado con tanta desesperación finalmente morir.


Sentado en el sillón de la sala de esa casa que poco a poco está pudriéndose, llenándose de matas y cayéndose a pedazos, esa que alguna vez compartí con él. Se siente desde su partida sumamente solitario, y a pesar de saber que existen más cascarones vacíos en el exterior, prefiero mantenerme en este lugar, porque una parte de mi quiere creer que él va a regresar; aunque es lógico que ya no sea asi, han pasado más de 10,950 días, y ya no hay rastro de nada. Él probablemente está muerto, como todos los demás, y a pesar de sentir una extraña sensación recorriéndome el cuerpo al pensar en eso, no puedo llorar, ni tampoco gritar, porque no estoy programado para ello, a pesar de tener tantos recuerdos e información relevante para mis funciones, yo no puedo sentir como los humanos reales. No soy más que metales, circuitos, y cables, un ser que alguna vez recibió todo el amor del mundo, pero que no logró percatarse de lo valioso que habían sido esos momentos hasta que se los arrebataron, y todo sólo porque no comprendía en absoluto lo que era el amor, porque la información relevante en mi memoria al respecto, era totalmente ajena a la realidad.


O quizás fue de ese modo porque nunca estuve programado para amar como todos los demás muñecos.


Aun con mis ojos fijos en la televisión con su pantalla en negro, me recuesto sobre el sofá lentamente, haciéndome bola en mi sufrimiento silencioso, esperando que en algún momento mi cuerpo se arruine por fin y pueda irme a su lado, porque a pesar de saber que sólo soy un cachivache, y no una persona, que soy creación de un humano, y no de Dios, sigo manteniendo la esperanza de que podre por un segundo volver a ver la hermosa y deslumbrante sonrisa de Hale.


Sin aliento permitó que mis ojos se cierren, sintiendo una pesadez y un cansancio inexplicable, nosotros los cascarones vacíos, no tenemos la necesidad de dormir, ni tampoco de comer, o hacer las cosas típicas o necesarias de los humanos, por ello me sentía extraño, sin embargo, satisfecho me dejó llevar por esa sensación, entre tanto los recuerdos vagan por mi cabeza. Mi memoria es perfecta, podría decirte todos los números que contenía el numero pi sin equivocarme ni una sola vez, y hasta resolverte en un segundo la ecuación más complicada de la historia, podía hacer muchas cosas que un humano corriente no lograba, pero no lo valía, nunca habría aceptado ser un androide, pero de todos modos nunca fue mi elección.

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Había muerto cuando tenía solo 18 años de edad por cáncer, no obstante, mis padres tras años esperando un milagro, lograron traerme de regreso en este cuerpo, mis recuerdos fueron implantados, sólo para vivir una vida de nuevo, pero no fue más que otro infierno. Podía recordar con claridad la sensaciones del dolor, lo salado de las lágrimas bañando mi rostro, la agonía insufrible de llegar poco a poco la hora de mi muerte, la sensación de reír a carcajadas cuando algo me divertía en demasía, las cosquillas en mi vientre por parte de mi padre cuando jugábamos, los abrazos de mi madre, la sensación de felicidad al recibir mi primer beso por uno de mis compañeros de clase, los sueños tan grandes que quería cumplir, y cada una de las cosas que conseguí al ser un humano, pero al volver nada de eso me pertenecía. Aun cuando era Colyn, no tenía la libertad total de mis acciones.


Me sentí ajeno a todo, ya que era controlado como una maquina más, porque eso éramos, solo una generación de muñecos de prueba, que debían de estar constantemente en evaluación, sometidos sin ninguna opción a exámenes desgarradores, y absurdos que nadie en su sano juicio podría soportar. Incluso podría decir que muchos de los que regresaron conmigo, ya no existen, porque nunca fueron lo suficientemente fuertes, estar con vida tenía un precio y fue uno muy caro, para asi conseguir crear a los cascarones vacíos resistentes y multifuncionales que alguna vez existieron, los cuales fueron tan humanos que podían confundirse entre la multitud. Por ello, los primeros muñecos fuimos desechados, hasta por nuestras familias porque no éramos como ellos recordaban, porque nunca íbamos a serlo aun cuando teníamos recuerdos, la personalidad y la esencia de una persona no se puede trasplantar.


El amor no se puede crear con fórmulas, y experimentos.


Por ende, desde que mis padres me abandonaron por no ser su querido Colyn, solo anhelaba ansioso que mi cuerpo dejase de ser útil, y cuando lo fue para los científicos, sólo me echaron a la basura como a todos los demás. Mis circuitos estaban dañados, y mis sensores presentando altas fallas, sabía que estaba en la peor situación, al punto de que logre apagarme.


Pero no fue de esa manera por demasiado tiempo.

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Cuando volví a abrir mis ojos, tenía a un chico de cabello castaño observándome atentamente, este al verme reaccionar sonrió de oreja a oreja dejando al descubierto sus preciosos dientes, tenía su rostro sucio, y unas gafas cubriendo sus bellos ojos cafés. Era sin duda alguna, un hombre muy apuesto, en especial porque aquella bata blanca sobre su suéter negro de cuello alto, acentuaba sobre manera el color pálido de su piel de porcelana.


—¡Por fin, despiertas! —musitó con un brillo peculiar en su intensa mirada—. Fueron muchas horas de trabajo, pero creo que estas totalmente reparado. ¿Cómo te llamas, muñeco?


—Colyn —contesté dejando que mis ojos con cierta lentitud vagaran por el techo de la blanca estancia en la que me encontraba.


—Soy Hale Fleming, un placer ayudarte.


Con mis labios sellados asentí a su escueta presentación, dado que me sentía bastante indignado y algo molesto, porque no quería su ayuda, ni tampoco la había solicitado, pero no podía si quiera reaccionar con agresividad, ya que no estaba en mi sistema, ni si quiera era permitido que un androide lastimara a un humano a menos de que este estuviera programado para procedimientos asesinos, y yo no era uno de esos.


Asi que inexpresivo, me incorpore, sentándome en medio de aquel mesón de metal lleno de instrumentos. Estaba rodeado de montones de monitores, artefactos extraños, y pedazos de más robots, casi parecía el lugar aterrador de un loco científico, y es que eso era, Hale Fleming, era ese chico demasiado inteligente, que había preferido seguir su propio camino en vez de dedicarse a trabajar para empresas que lo sobre explotaran, era bastante ingenioso, incluso tenía sus propias creaciones, y era tan talentoso, que había logrado reparar un androide tan viejo como yo en sólo unos cuantos días.


—Eres de esos muñecos de la primera generación, creí que ya estaban totalmente extintos, y que eran solo leyendas, no puedo creer que enserio me halla topado contigo en esa venta de garaje, siempre quise conocer a uno como tu… —comentó con emoción en su ronco tono de voz, uno que me obligó a verlo con curiosidad. ¿Por qué el sonido de su voz me parecía tan agradable? —. Eres de esos pocos que alguna vez fueron humanos, ¿Qué se siente?


—No se siente nada, literalmente.


—Debe ser frustrante, hoy en día los hacen más competentes y sensitivos, ya sabes; para que también puedan tener relaciones, incluso creo que acaban de lanzar uno al mercado que puede procrear, eso es fantástico, pero como los tuyos no hay, en tu época los hicieron más resistentes, y obedientes, los de primera generación no tenían tanta libertad como los androides actuales, eran mucho más mecánicos, e inteligentes aun cuando alguna vez fueron humanos, es una pena…


—Supongo —farfullé en un hilo de voz, encogiéndome de hombros totalmente desinteresado con sus palabras, entre tanto él se encargaba de quitarme de encima el montón de cables a los que me había conectado.


—Vamos, cuéntame un chiste —murmuró sin perder ese rastro de alegría en su felino semblante, y sin poderlo evitar parpadee varias veces confundido con su inesperada petición—. Mi profesor de la universidad, siempre decía que los muñecos de primera generación saben muchas cosas y que su especialidad es la comedia, apuesto a que puedes hacerme reír, inténtalo.


—No soy un payaso —dije en total calma, aun cuando tenía el ceño fruncido, pero no podía por mucho mostrarme amenazante o enfadado.


—Que aburrido eres, Colyn —resopló poniendo sus brillantes ojos en blanco instantáneamente.


Desde ese momento, ese hombre se convirtió en mi dueño, dado que no tenía un hogar, ni un lugar a donde ir, ni nadie en quien pudiera confiar, además tenía una deuda con él, Hale Fleming me había salvado contra mi voluntad, no obstante, aunque no estaba para nada agradecido con el gesto, aquello me comprometía a permanecer a su lado porque así lo reconocía mi sistema. El cual seguro había sido reconfigurado y alterado por ese científico loco, pero sinceramente, no me importo demasiado, ya que desde el primer instante él siempre fue bueno conmigo, y quizás lo que más me agrado de él, era que nunca me utilizó como los que me habían creado, él me consideraba gran parte del tiempo como su igual, como si fuera humano y no un cascaron vacío.


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Hale era una persona demasiado extraña, que disfrutaba como ninguna otra la soledad, la quietud, el silencio, y la tranquilidad, nunca lo vi enojado, a veces podía amargarse y enfurruñarse cuando algo no le salía bien, pero cuando su mirada se cruzaba con la mía su sonrisa de oreja a oreja hacia acto de presencia, y todo aquello que le afectaba pasaba a un segundo plano de inmediato. Ese chico era de escasas palabras cuando se comunicaba con otros de su misma especie, pero conmigo era excesivamente parlanchín, risueño y hasta parecía un niño pequeño cuando se emocionaba con algún tema en especial. A decir verdad, Hale Fleming era raro, y gran parte de su tiempo estaba intentando inventar nuevas máquinas o productos que facilitaran la vida a las personas, trabajo independiente con lo que ganaba bastante dinero como para tener esa gran casa elegante y moderna a las afueras de la ciudad, en medio de los bosques.


Su rutina era casi siempre la misma, se levantaba como un zombi cada mañana, tomaba el desayuno somnoliento mientras veía las noticias en el televisor, al acabar se pondría a charlar sobre asuntos matemáticos y científicos conmigo, donde podíamos debatir por horas, sin embargo, cuando me sentía demasiado aburrido de ello, simplemente me ponía en pie para lavar los trastes que pertenecían a él, cortando la charla de sopetón. Y este no me obligaba a continuar, simplemente se limitaba a agradecerme por cada una de mis atenciones con una sacudida esporádica de mis cabellos con una de sus manos, para luego encerrarse en su laboratorio hasta el almuerzo. En la tarde, se ponía a ver programas televisivos de comedia donde jamás lo vi reírse ni una sola vez, quizás porque los chistes no eran de su gusto. Desde mi punto de vista eran bastante estúpidos, pero aun así yo lo acompañaba sentado a su lado, sin hacer el más mínimo ruido aun cuando él no me lo solicitaba.


Al caer la noche, me pedía que le leyera un libro de los tantos que tenía en su biblioteca, mientras se bebía una o dos copas de vino, para al acabar un capítulo entero, ponerse en pie dispuesto a marcharse a su habitación. Dejándome solo en la sala de estar, sentado en el sillón donde pasaba toda la noche observando los alrededores sin ningún interés hasta que el día volvía a empezar, no obstante, tiempo después de vivir juntos, algo cambio. Hale me pidió que durmiera a su lado, y la verdad, en ese instante no entendí muy bien el porqué.


—No creo que sea correcto como muñeco, que yo… —comencé a decir entretanto intentaba ponerme en pie de la cama a la que había sido prácticamente arrastrado, pero como era de esperarse, el chico pálido interrumpió mi huida rodeando mi cuerpo con sus brazos y sus piernas.


—Cállate, haces demasiado ruido —suspiró levemente, con esa voz ronca y profunda cargada de sueño que me produjo una extraña sensación que a decir verdad nunca logre comprender—. No puedes dormir, asi que debe ser aburrido no tener nada por hacer durante horas, por lo que te asignare una tarea.


—¿Qué clase de tarea?


—Tendrás que cantar todas las noches para mí, Colyn. Porque tu voz es una las tantas cosas que me gustan de ti.


Y tal como me lo pidió, lo hice, todas las noches me quedaba a su lado cantando en susurros canciones de cuna para niños que en cuestión de un parpadeo lo dejaban profundamente dormido. Hale durante toda la noche no dejaba de abrazarme, y me acostumbre a ello tanto, que cuando no lo hacía, me sentía incómodo, y entre sueños lo acercaba a mí evitando despertarlo. Pude aprenderme la cantidad de diminutas pecas de su masculino rostro, la forma de las cicatrices leves e imperceptibles en sus brazos, la cantidad de pestañas en sus gatunos ojos, logré presenciar su expresión de angustia al tener pesadillas, o cuando sonreía como tonto ante un buen sueño, su expresión de preocupación cuando no podía dormir y daba vueltas en la cama, hasta que se quedaba por largos instantes observándome sin despegar sus labios, para segundos más tarde sonreírme.

Pude verlo despertando cada mañana, donde un beso en la mejilla de buenos días recibía por quedarme allí tendido a su lado haciendo prácticamente nada. Solo siendo su guardián.

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A medida que pasaba tiempo a su lado, nuestra relación fue sobrepasando la típica cascaron vacío y amo, comenzó a hablarme de cosas distintas a la ciencia, a la matemática, la química y la física, me mostró sus debilidades, y sus fortalezas con total libertad, sin temores a que lo defraudara, porque como fiel muñeco no podría hacerlo, aunque quisiera. Me contó cosas de sus padres estrictos, de su difícil niñez, de cómo en el colegio lo molestaban por tener un coeficiente más rápido y alto que todos los demás, el montón de premios que ganó al asistir a concursos, y los malos tratos que recibió de sus explotadores jefes en las empresas que alguna vez logró trabajar. Hasta que decidió hacer las cosas a su manera y por su cuenta.

Pero lo único que Hale jamás mencionó, era algo relacionado con relaciones amorosas, por ello, me extrañe en demasiada cuando un día mientras limpiaba toda la casa, encontré un libro escondido en lo más profundo de los estantes. Este contenía un montón de fotos viejas y llenas de polvo de una hermosa mujer de cabello anaranjado, junto a un bebé que se parecía a mi pálido dueño.


Hale se había casado con esa mujer, había tenido una familia, habían creado hermosos recuerdos y eran felices, sin embargo, las fotos se detuvieron cuando la niña cumplió los cinco años, no había nada más después de eso. Y a pesar de tener curiosidad no me atreví a preguntárselo, preferí esperar a que lo hiciera por su propia cuenta, y esto ocurrió una noche calurosa de agosto, en la que se había puesto a beber como un poseso en el comedor de la cocina, mientras yo sentado a su lado sólo le servía más y más a alcohol en su vaso porque asi me lo exigía en su borrachera.


—Cuando era muy joven e inexperto, conocí a una chica que era preciosa, compartíamos los mismos intereses, y nos entendíamos a la perfección, éramos sin duda alguna, almas gemelas —inició su relato entre hipidos—. Lisa, era una persona increíble, siempre fue buena en lo que yo no, era mi apoyo y mi más grande inspiración cuando las cosas se ponían difíciles. Tuvimos una pequeña niña, Dawn. Ambas eran lo único importante en mi vida, pero cometí un error, preferí mi trabajo en ese tiempo, que a ellas. Por lo que Lisa y yo discutimos, recuerdo que me dijo claramente: “Nunca vas a poder amar a nadie sinceramente, porque eres como un maldito ser inerte, los androides sienten más cosas que tú, sólo te importa tu pellejo, tus metas y tu dinero, asi que púdrete en el” y sin más, Lisa se marchó con mi hija, en su auto, y desafortunadamente… Ellas murieron en un accidente esa misma noche, y sé que siempre voy a arrepentirme de ello, porque fue mi culpa… Solo fue mi culpa… Mientras yo estaba viajando, e ignorando la situación en nuestro hogar, Lisa y mi hija sufrían con mi ausencia, con mi falta de atención e interés, nunca fue suficiente llenarlas de cosas cuando sólo necesitaban un poco de mí tiempo.


—Lo siento —dije sin saber muy bien como consolarlo, Hale al escuchar mis palabras soltó un largo respiro, y se mordió su labio inferior conteniéndose sus deseos de romper a llorar.


—Han pasado diez años, y yo aún sigo extrañándolas… Pensé que estar aquí recluido lejos de todos era suficiente castigo por mi descuido, y creí que moriría solo, pero entonces te encontré, tu eres un androide y yo también soy un cascaron vacío que nació como un humano, somos prácticamente iguales. Porque no te puedo herir y no me puedes herir, y siempre vas a quedarte a mi lado, no puedes morir, ni tampoco te puedes marchar… No puedes dejarme solo porque eres mi única salvación…


—Hale…


—Por favor, nunca desaparezcas, Colyn —suplicó con su voz quebradiza, antes de apoyar su cabeza entre sus brazos y echarse a llorar de una manera desconsolada que sólo me dejo perplejo por breves segundos. Con cierto temor de asustarlo o de que me rechazara, extendí una de mis manos para acariciar su cabello como una manera de reconfortarlo y él se dejó hacer sin rechistar en lo más mínimo. Incluso entre su tristeza, alcanzo a dedicarme una fina sonrisa que inconscientemente le devolví.

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Luego de aquella confesión, Hale comenzó a ser aún más raro de lo normal.


A veces me plantaba besos en el rostro sin motivo aparente, cuando estaba distraído me rodeaba con sus brazos la cintura y me pegaba de una manera exagerada a su cuerpo cálido, cuando me negaba a contarle algún chiste solo para complacerlo, él se ponía a contarme los suyos, aunque ninguno de los dos reía porque a decir verdad eran bastante malos y ridículos, solo sentía vergüenza ajena cada que los escuchaba. A veces susurraba un “te quiero, Colyn”, o un “que guapo eres, Colyn” al pasar por mi lado, que me obligaba a fruncir el ceño consternado, y quizás lo que más me asombro fue aquel día en octubre cuando llegó con un gran pastel de cumpleaños.


—Sopla las velas y pide un deseo, Colyn.


—Pero… —mascullé vacilante, dado que no tenía ni la más remota idea de cómo se había enterado de ello, porque nunca antes se lo había mencionado.


—Anda, que es tu cumpleaños.


—¿Cómo sabes que es mi cumpleaños?


—Está en tus recuerdos, ¿no?


—Eres un chismoso y entrometido —refunfuñé cruzándome de brazos fingiendo estar disgustado, no obstante, al ver su amplia sonrisa cargada de inocencia y picardía, me fue inevitable resistirme a sus encantos. Hale era sin duda alguna irresistible.


Recuerdo que esa noche, sople las velas y pedí un único deseo, que Hale y yo pudiéramos estar juntos de esa manera para siempre, y con mis ojos cerrados, me percate del contacto suave de los labios de Hale sobre los míos. Probablemente si fuera otra clase de muñeco habría sentido mariposas y emociones normales de un humano, pero, aunque no podía sentir algo similar, mi cuerpo sólo se estremeció con su dulce contacto.


—Feliz cumpleaños número 518, Colyn —me dijo con su rostro a solo centímetros del mío, podía sentir su respiración en mis mejillas, y sin poderme contener abrí mis ojos deleitándome con la belleza de su semblante a la luz de la luna que se colaba por los ventanales de la sala.


Después de ese día empecé a perder la cuenta de los días, de los meses, y hasta de los años a su lado, y aun cuando él envejecía como todos los humanos, yo seguía estando intacto, perfecto y joven, cosa que no le hacia ninguna gracia al mayor, quien siempre se quejaba de sus nuevas canas. Y eso quizás era lo que me diferenciaba tanto de los cascarones vacíos actuales, yo nunca podría ni de cerca ser un humano, ni podría satisfacer por completo a Hale en todo lo que necesitaba, pero intentaba en lo más posible hacerlo feliz, porque ver su sonrisa era suficiente.


Y él parecía no querer necesitar más, porque nunca me propuso la idea de modificarme en algún sentido, él me amó tal cual era, y jamás necesito más que el tenerme a su lado, aun cuando yo nunca pude ni siquiera decirle que lo amaba. Esas palabras se estancaban en mi garganta cada que tan solo lo intentaba.

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—¿Sabes porque Plutón no es un planeta? —me preguntó Hale, una noche que habíamos salido al patio a tendernos en una manta a observar las estrellas.


—Si.


—Es injusto, a pesar de que se considera un planeta enano y que es bastante complicado el sólo meterlo en una categoría, el sigue ahí orbitando alrededor del sol, quizás en un ángulo diferente a los demás, pero sigue ahí. Muchos dicen que se creó en otro lado del espacio, pero por cosas de la vida quedo atrapado por la gravedad del sol, y aun cuando orbita a su alrededor, fue olvidado e ignorado por todos.


—¿A dónde quieres llegar, Hale? —inquirí con una expresión bañada en la confusión, y él sin perder esa sonrisa tan característica, me tomó de una de mis manos la cual beso con ternura antes de explicarme.


—Lo que trato de decirte es que así como Plutón con el sol, he quedado completamente cautivado contigo desde la primera vez que te vi, tanto así que no pude evitar mantenerme a tu alrededor, aun cuando no me consideras más que como tu dueño, y como un humano al que nunca podrás amar, incluso cuando el mundo se acabe, y todo deje de existir, yo siempre voy a mantenerte en mi corazón, porque te amo, porque no me arrepiento de haberte salvado, y de amarte cada día como lo hago. Probablemente, si nunca te hubiera conocido mi vida no tendría sentido, porque eres quien le dio significado cuando abrió sus ojos. Eres mi sol, Colyn Smith. Y yo soy tu Plutón, aunque me olvides.


—Pero… Yo no puedo darte lo que un humano si, ni tampoco lo que un muñeco actualizado podría, es absurdo. Solo soy bueno para atender tareas del hogar y dar información.


—Eres muchísimo más que eso, Colyn. Eres muchísimo más valioso para mí que toda la cantidad de humanos que existen en el mundo, porque ninguno podría llegar a compararse contigo.


Sin poderlo evitar sonreí como un tonto ante sus palabras, y con la mayor delicadeza del mundo, posé una de mis manos en su angelical rostro, para acto seguido plantarle un suave beso en sus labios, uno que él correspondió gustoso.

Si antes no lo sabía, ahora comprendía esa sensación electrizante que me recorría el cuerpo cuando lo tocaba, cuando él acariciaba mis mejillas con sus dedos, y me decía sin cansancio que me amaba.


Esa sensación tan confusa era amor, uno que nunca supe expresar, ni tampoco manejar, y a pesar de tener a Hale a mi lado todos los días, se sentía distante, como si miles de kilómetros nos separaran, como si a pesar de verlo decaído o sumamente feliz, nunca pudiera ser del todo su apoyo. Y era frustrante, pero nunca me queje en voz alta, aun cuando sentía que en mi pecho había una sensación extraña.

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Hale siempre fue una persona especial y cargada de detalles, cuando salía a la ciudad regresaba con flores, las cuales trataba de cuidar con esmero pero que de algún modo como todo; terminaban culminando su ciclo en algún punto. También me sorprendía con regalos pequeños, como libros, o películas, que juntos compartíamos en sus tiempos libres, y quizás lo más bonito, era cuando me dejaba notas escondidas en la casa con frases tiernas que me hacían sonreír atontado. Y no necesito tenerlas entre mis manos para recordar con claridad sus palabras, porque todo aquello que alguna vez me dijo ese hombre, jamás podría olvidarlo. Ni siquiera su último chiste.


—¿Tardaras? —inquirí mientras le ayudaba a acomodar su corbata, y su bufanda, bajo el marco de la puerta abierta de la casa.


—No lo haré, Colyn. Solo dos horas máximo si la reunión se alarga.


—Vale —asentí en total calma apartando mis manos de su cuerpo al ver que estaba perfectamente arreglado.


—Vamos, no te pongas triste, te contare un chiste para que no me extrañes tanto.


—No es necesario.


—¿Cuál es el animal que tiene entre 3 y 4 ojos? —murmuró con una gran sonrisa de oreja a oreja, con mis labios sellados negué con la cabeza a la espera de su respuesta—, El pi-ojo —rompió a reír como si realmente fuera muy divertido aquel extraño juego de palabras y matemática.


—No tiene gracia alguna.


—La tiene, y lo sabes —se defendió entretanto limpiaba una que otra lagrima que se había escapado de sus ojos, al calmarse tomó mi rostro entre sus grandes y cálidas manos, para darme un casto beso en la punta de la nariz, y al rosar sus labios sobre los míos susurró—: Te veré pronto, y no olvides que te amo, Colyn.


Esa fue la última vez que Hale beso mis labios, antes de marcharse para jamás regresar, porque la ciudad fue sacudida y prácticamente destrozada por un terremoto, del que esperé Hale lograse sobrevivir, pero no fue de ese modo, de lo contrario ahorita estaría a mi lado tanto como yo deseaba.

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A veces pienso que él lo sabía, que ese día seria fatídico, el final de la raza humana como la conocíamos, y por ello, cuando observé su espalda mientras subía a su auto, sentí que algo no estaba bien, algo en mi interior me hacía sentir ansioso y preocupado, pero no sabía exactamente el qué.


Vislumbré con mis labios apretados esa mirada cargada de dolor y nostalgia de Hale al sonreírme una última vez desde el asiento de su carro, una expresión que sólo logré comprender años después en la soledad.


Él se fue a morir lejos porque no quería hacerme sufrir, y se supone que no debería sentirme herido, pero fue inútil, yo siento que tengo el corazón roto, aunque no tenga un corazón. Quiero llorar, como lo hacía cuando era pequeño montones de años atrás, quiero sacar todo lo que llevo dentro, pero no puedo.


Deseo tener a Hale a mi lado, dándome besos en los labios o en el rostro que no puedo sentir pero que sé están ahí, quiero volver a ver su sonrisa, quiero sentir sus brazos rodeando mi cuerpo mientras duerme a mi lado, quiero volver a escuchar su voz… solo una vez más… solo una.


Y sobre todas las cosas quiero hacerle saber cuánto lo amo… Aun si no estoy a su lado, él lo ha de saber. ¿No es así?


.FIN.

14 de Enero de 2021 a las 07:38 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

JILLIAN JUNG Tengo 24 años, y escribo desde los 13. ♥️ Algunas cosas, una vez que las has amado, te pertenecen para siempre. Y si intentas dejarlas ir, solo regresan a ti. Se convierten en parte de quien eres, o te destruyen. - "Amores asesinos" ♥️ Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla... -"Confucio" ♥️ Team Work Makes Dream Work... ♥️ Sabemos lo que somos, más no lo que podemos ser... ♥️

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