leo-valladares Leo Valladares

En un mundo en el que la luz dejó de brillar, una Torre apareció con la promesa de una solución. Renat convence a su prometido Soren de robar un texto valioso para luego venderlo y comprar su estancia en la ciudad de Sheol, cuota que de otra manera se pagará con sangre. Junto a su amigo Heiko, Renat y Soren se adentran en un mundo de toxinas y plantas alucinógenas que los enfrentará con criaturas voraces y deudas a seres antiguos que deberán ser saldadas si pretenden sobrevivir.


Horror Literatura de monstruos Todo público.

#terror #fantasía #distopía #328 #criaturas-mágicas #parásitos
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La Cueva de la Playa

Las miradas de los insectos no dejaron de seguir a Renat mientras inspeccionaba los peligros de la cueva. Él sabía que era una ilusión, ellos no podían atacarlo porque ya estaban muertos.

Por otro lado, las enredaderas mostraban más vida que el continente entero. Estas trepaban por la pared cambiando del color verde musgo, que iniciaba en la base de la roca, hasta el azul con el que se cerraban en el techo. Flores tan brillantes como estrellas colgaban de sus ramas. El eco de un cielo que afuera ya no existía.

Atrás de él, Soren, su prometido, agarraba los insectos infectados como si fueran juguetes en un estante, los metía en frascos separados que sacaba de su pantalón negro lleno de bolsas, y los guardaba en una mochila especial.

—Supongo que ya recolectaste suficientes muestras —dijo mientras acomodaba una oruga deforme en otro frasco.

En las tres horas que llevaban ahí, Soren ya había llenado dos mochilas con cadáveres momificados, rotos desde dentro por espinas amarillentas. Si no fuera porque aún podía escuchar el sonido de las olas del mar chocando contra las paredes externas de la cueva, Renat creería que se habían perdido en una de las reservas boscosas cerca de la ciudad de Sheol.

Aunque si fuera así, haría más calor.

—No me contrataron para eso, Tú eres el que se emociona con cada rama con la que tropieza —le dijo.

Renat ya había hecho su trabajo, el lugar era estable y había colocado el perímetro de seguridad a buena distancia del Invernadero, la Torre que iban a investigar en cuanto llegara el resto de la expedición.

Sin más que hacer se ajustó el chaleco negro de protección, y se bajó las mangas de la camisa de mezclilla deslavada hasta los codos. La brisa del mar sopló fría y movió sus rizos cafés, como si se burlara de su intento por calentarse. Renat lanzó una ráfaga de viento caliente en contra, que formó un pequeño remolino y se perdió en el agua.

La verdad es que no había mucho que él pudiera hacer para cambiar la temperatura. Sus habilidades eran fuertes, pero nunca aprendió a usarlas y nadie se detuvo a enseñarle.

Soren se paró frente a Renat con las manos cruzadas. El brillo de las flores resaltó el color café de su cabello, más claro que la barba poco poblada y las cejas gruesas que no se molestó en teñir para que quedaran del mismo tono. En su mejilla había un rasguño, probablemente de cuando agarró las muestras de los arbustos espinados.

—Creí que querías ser un Investigador, ¿no te daría puntos clasificar una nueva especie de insecto? Llevas todo el año hablándome sobre ello. Por eso me arrastraste hasta aquí antes de que los otros llegaran, ¿o no?

—Te sugerí que vinieras —dijo Renat y extendió su mano para tomar la de Soren, donde tenía el anillo de compromiso— porque necesito a alguien que pueda analizar si un objeto tiene veneno.

Su prometido levantó una ceja. Aún si él fuera más alto que Soren, igual se sentiría juzgado por su mirada.

—El equipo oficial Renat —resaltó la palabra oficial— tiene su propio analista. Te recuerdo que en tres ciclos, cuando lleguen, yo me iré y tú harás el trabajo por el que te están pagando.

Renat refunfuñó. Por cinco años estudió lingüística en investigación, la sudó y sufrió para dejar el cuerpo de seguridad de los Heka, y aun así terminó en otro trabajo de seguridad, ni siquiera el principal.

Por fortuna, la líder de la expedición, Johanna, era amiga suya y estaba de acuerdo en que si él quería cambiar de Soldado a Investigador dentro de la organización tendría que llevar algo grande.

—Vamos a entrar antes de que llegue el equipo —le dijo a Soren— encontraremos un libro valioso, lo traduciré y presentaré el hallazgo.

Era un plan simple, según los datos recolectados, dentro del Invernadero (llamado así por la gran ventana que cortaba la mitad del techo y que corría hasta una punta en el suelo), se encontraba contenida la luz de la Estrella de Oro. El poder que, se supone, regresaría la luz al mundo, y la razón por la que había iniciado esta expedición.

Eso eran puras tonterías en opinión de Renat, pero lo que sí se leía prometedor, era la pequeña nota al pie de página que hablaba de los Registros de Sol, un diario antiguo, el más antiguo hasta ahora encontrado. Si los datos eran correctos, se encontraba guardado entre las paredes del Invernadero.

Soren se llevaría los Registros, la expedición se llevaría el resto de información antes de que el mar cubriera la cueva de nuevo, y él podría dedicarse a traducir.

—Vamos a saquear un descubrimiento arqueológico, me vas a hacer huir y esconder un artículo valioso, y luego vas a extorsionar a tu jefe con la traducción, ¿es lo que dices? —preguntó Soren.

—No —le dijo, porque así como lo había dicho sonaba a que iban a cometer un delito, y no es lo que iban a hacer—. Vamos a recuperar y traducir un valioso diario antiguo, llamado los Registros de Sol, que encontraremos antes que los Investigadores oficiales, y luego vamos a ofrecer nuestro descubrimiento a cambio de un muy merecido nuevo puesto.

Soren se agarró la frente con una mano y suspiro.

—Te juro que te escucho nada más porque me gustan tus ojos verdes. ¿De verdad crees que nos van a aceptar las pruebas así como así? Ya lo hablamos Renat, íbamos a hacer esto de la manera correcta y legal. No tenemos a nadie que nos respalde. Sabes cómo es ese mundo, en cuanto presentes la traducción no solo te echarán de los Heka, te quitarán la licencia, te acusarán de ladrón, un rico se hará más rico y tú no podrás volver a trabajar ni de Soldado ni de Investigador.

Renat sabía que eso era cierto. El conocimiento antiguo era la segunda cosa más valiosa después de la sangre, y si este diario tenía la respuesta a la muerte de la tierra, como sugerían los reportes, los Investigadores matarían por obtenerlo. Por mucho que Renat perteneciera a la misma organización, su rango de Soldado era muchísimo menor, sin influencias, ni ganancias propias; para los Heka ni siquiera era una persona.

—No me estoy arriesgando a ciegas —dijo después de patear la arena— Johanna me dará el crédito por encontrar los Registros. Junto a su palabra, la traducción y mis años de servicio tendré derecho a pelear por un puesto como Investigador. Confía en mí, es nuestra oportunidad. Cuando lo logremos podré decidir que trabajos tomar, y tendré la autoridad para darte una licencia oficial— Renat agarró la mochila de Soren y sacó su pasaporte— no tendrías que volver a falsificar tu identidad. Podrías presentar tus descubrimientos y por una vez ser reconocido por ellos.

—¿Y tú crees que esa cucaracha te va a dejar quedarte con ese crédito? —Soren agarró su mochila y se volteó con frasco en mano para agarrar otra muestra.

—Mira —le dijo Renat atrayendo su atención— ya no tenemos con que pagar tu estancia en la ciudad y no puedes seguir canjeando sangre, a menos que quieras quedar seco. Es nuestra mejor opción, Johanna es una arqueóloga respetable y de renombre. Ya reclamó de forma oficial el descubrimiento del Invernadero. Si la organización quiere obtener parte de lo que encontremos, tienen que escucharla. Además, no es la única que votará por mí.

Un sonido tintineante hizo eco en la roca de la cueva. Soren se puso atrás de Renat, y agachó un poco la cabeza. Renat no necesitó ver la inconfundible gabardina verde, al igual que Soren conocía bien el sonido particular de esas botas.

No podía culparlo por reaccionar así. Soren veía a ese ser más veces de las que era saludable para alguien que no era usuario de magia.

Heiko era alto, de figura elegante, con la noche estrellada en el rostro y la arena de las dunas doradas en el cabello; era uno de los seres más influyentes en todo el mundo por la excelente restauración que hizo de varios libros que fortalecieron la magia de la ciudad de Sheol.

También era uno de los pocos miembros de los Investigadores Heka en quién Renat confiaba.

—He de suponer que no le avisaste con anticipación de mi llegada —dijo Heiko, extendiendo la mano hacia Soren— aunque siempre es un placer encontrarnos, ¿verdad?—. Su tono cortante contrastó con sus facciones amables.

Soren miró a Heiko por varios segundos antes de alejarse de Renat para estrechar su mano.

—¿No te basta con recolectar mi pago para la ciudad? ¿Qué haces aquí? Y ¿Por qué nos vas a ayudar? A eso viniste, supongo.

Heiko sonrió con agrado, o quizá se estaba burlando. Renat nunca podía adivinarlo.

—No es de buena fe —respondió Heiko sin ver a Renat.

Este abrió la boca para reclamar, y Heiko lo calló con una seña. Renat soltó una bocanada de aire negando con la cabeza. Siempre ha odiado que hablen de él como si no estuviera ahí.

—Me postulé para Líder Investigador —continuó Heiko— si alguien que recomendé trae algo valioso, serán más puntos a mi favor. Aunque de verdad creo que Renat será una buena adición al equipo de Investigadores.

—Sí lo será, de eso no tengo duda —dijo Soren— pero eso no me dice por qué estás aquí. Renat y yo podemos recorrer una torre antigua solos y tú eres un restaurador. No me hagas repetirte la pregunta de nuevo.

—Soren no…

—Déjalo Renat, está bien que haga preguntas —dijo Heiko, y sin dejar de ver a Soren— me agradas. Mi trabajo aquí es hacer un mapa detallado del Invernadero usando mi biosonar. Normalmente lo haría solo. Te puedes imaginar que en este tipo de misiones hay muchos accidentes— Heiko mostró sus colmillos en la sonrisa.

Renat agarró los hombros de Soren desde atrás para evitar que este le diera un puñetazo.

Heiko los rodeó sin dejar de sonreír y agarró una rama azul con espinas que cortó sus dedos. La herida se cerró tan rápido como se abrió.

—Yo no necesito médicos, ni tampoco un equipo que se detenga cada dos metros a revisar la integridad del suelo. Mi evaluación será rápida y precisa. Además, podré ayudar a un amigo ¿No te parece un buen trato?

Renat podía sentir los músculos tensos en la espalda de Soren a través de la gruesa playera de cuello alto. A él nunca le ha gustado trabajar con otros, y menos cuando la otra parte tiene tanto poder sobre ellos. Heiko podía quedarse con todo y fingir un accidente dentro de la Torre. ¿Quién iba a preguntar por la muerte del guardia de seguridad que no hizo bien su trabajo, o por un indocumentado que entró a un lugar que estaba prohibido al público?

—Si eso no es suficiente para convencerte de mi utilidad, considérame un equipo de primeros auxilios natural —dijo Heiko y pegó la rama con su sangre en la mejilla de Soren, en instantes el rasguño que tenía se curó.

—Heiko obtendrá recompensa por el mapa, y prestigio por haberme recomendado —le dijo Renat a Soren—. A cambio nos ayudará empacar los manuscritos que encontremos para que no se dañen en el viaje. Si están muy mal también nos ayudará con la restauración. Confía, en mí Soren: Heiko es un buen amigo.

Soren se relajó en los brazos de Renat. No mucho, pero era un buen inicio.

—De acuerdo —dijo al fin—, déjame asegurar estas muestras en el campamento.

Renat asintió.

Una hora después, los tres hombres iban camino a la entrada del Invernadero. Un paso más, y Renat obtendría los escritos que lo llevarían a una mejor vida.

11 de Enero de 2021 a las 18:40 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Monocat De Valle Monocat De Valle
¡Genialísimo este primer cap! Thnks por compartir el link!
April 15, 2021, 17:53
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Tlel
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Se dice que Sol, el dios de la luz, el fuego y la vida, un día marchó de su paraíso y construyó el mundo de Tlel. Tras una cruenta batalla con las criaturas que creo, su luz al fin se apagó. Lo que queda son seres desesperados tratando de sobrevivir en un mundo oscuro y moribundo a merced de los otros tres dioses que se dice esperan dormidos ¿qué es lo que esperan? Nadie está seguro. Leer más sobre Tlel.