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Nico es un adolescente un poco distinto al resto. Es cascarrabias, arrogante, inteligente y emocional, aunque pocas veces lo demuestra. A él no le interesan las personas, como se sientan o lo que hagan. Solo le interesa su familia. Esa familia amorosa que lo ha cuidado desde que era muy pequeño. De una manera que no puede llegar a comprender, obtiene poderes. Por su carácter y lo que ha aprendido de la vida, sabe que es peligroso que alguien averigüe que él tiene poderes. Por lo que no va a usarlos en frente de desconocidos, pero necesita usarlos para proteger a su familia y convertir la ciudad en la que vive en un lugar mejor.


Fantasía Fantasía urbana No para niños menores de 13.

#mutantes #crimenes #374 #245 #asesinatos #gore #magia #accion
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Aclarando ideas

Mañana será mi primer día de clases después de haber sufrido un “accidente” hace poco más de diez meses, si se puede llamar así. A mí no me ha parecido tanto tiempo, pero es normal, estuve en coma durante gran parte del proceso, por no decir todo el proceso. Hace diez meses me diagnosticaron “cáncer”, que luego resultó no serlo. Y te preguntarás, ¿por qué no tuviste cáncer a pesar de que te lo diagnosticasen, y que es lo que tenías si no era cáncer? Espera querido amigo, se paciente, voy a contártelo todo, tú no te preocupes.


Hace aproximadamente diez meses, salió el último juego de Hiperman. Un crio millonario que pasa el tiempo como un superhéroe que limpia las calles de su ciudad, la cual es una metáfora de nuestra quería ciudad Villa Gloriosa. En la historia de su último videojuego, el protagonista se dio cuenta de que ser un superhéroe era su vocación. Además, tuvo un dilema existencial por culpa de la mujer a la que ama, ya que descubrió que ella era su archienemigo. No sabía si ignorar lo que había descubierto y continuar con la boda, o entregarla a las autoridades y que pasase el resto de su vida en una celda. Aún no he podido jugarlo.


Tenía el dinero para comprarlo de salida, pero como se siente fatal tener un juego y no poder jugarlo, además de que es más caro cuando sale, esperé pacientemente a que pudiese jugarlo. Bueno, al final da igual, ya que no tuve tiempo para jugarlo entonces porque me entró “cáncer” y no tengo tiempo ahora, ya que me tengo que poner al día con mis estudios para que no me hagan repetir todo el curso anterior. En realidad, por un trimestre no me iban a hacer repetir todo el año. Total, no es como si estuviese en bachillerato, da un poco igual. Es lo mismo que el año pasado, y que el anterior. La educación de este país es una mierda.


Continuando con la historia de cómo conseguí mi “cáncer”. Habían pasado unos meses desde que el juego salió a la venta. ¿Te puedes imaginar que el único lugar donde lo vendía era en un gran almacén del centro de la ciudad, la cual es una gran ciudad? No es la capital pero es una ciudad portuaria importante. No leí nada sobre el juego, ni artículos de prensa, ni opiniones, ni memes. Quería estar completamente limpio para el juego, y sigo totalmente virgen y puro.


Como te puedes imaginar, no vivo en una ciudad muy segura. Ni si quiera en los suburbios, lugar en donde vivo, es un lugar seguro. Por ello, mi padre no me deja ir por cualquier parte de la ciudad. Solo me deja ir solo a ciertas zonas de la ciudad, a una franja horaria muy restrictiva y cogiendo ciertas líneas de transporte público. A pesar de que de los suburbios donde vivo están a treinta minutos del centro, lugar donde mi padre me deja ir solo y donde están las tiendas de videojuegos. Pero como tengo que ir en transporte público, porque de los suburbios al centro hay zonas prohibidas, tardo más de una hora. Como odio el ineficiente transporte público de mi ciudad.


El fatídico día en el que me dieron “cáncer”, me levanté muy temprano para poder volver pronto puesto que mi hora límite son las ocho, y el tráfico es una mierda. Casi tanto como el transporte público.


Una vez llegué al centro, todo estaba lleno de gente, por todos los lados. Tardé una hora en llegar al almacén por culpa de la gente. Suelen decir que en el centro de la ciudad todo va muy rápido y eso, señoras y señores, es una gran mentira. Todos son jodidamente lentos. Además, no entiendo porque cambiaron las pasarelas por semáforos y pasos de cebra. ¡Es imposible circular así! El tráfico de mierda se ha puesto aun peor.


Para mi desgracia, en ese asqueroso lugar ya no quedaban copias del juego en ese lugar. Ellos me mandaron a otro, en ese otro tampoco, y ellos me mandaron a otro más. Fue un círculo vicioso que no parecía tener fin, sin embargo, al final de tanta vuelta, pude comprar el videojuego. Lo malo era que ya se habían hecho las siete cuando salía de la tienda. El sol ya se había ocultado tras los gigantescos rascacielos. Es increíble lo oscuro que se pone a pesar de que aún no se haya escondido realmente el sol.


Estaba tranquilamente andando mientras escribía un mensaje a mi padre para excusarme si llegaba tarde, cuando algo horrible pasó. Para poneros en contexto, mi padre es policía desde antes de los veinte años. En una ciudad como la mía, se puede decir que ha visto demasiadas cosas. Aunque nunca me cuente nada relevante de su trabajo, he podido deducir bastante. En el centro de la ciudad suele pasar de todo: robos a plena luz del día y en plena calle, intentos de asesinato a pocos metros de una calle concurrida y muchas cosas más de las que apare en el cine, en las series o en los libros. Aun así, yo nunca me esperé encontrarme con una escena tan surrealista: Unos mercenarios disparándole a una señorita que corría con unos tacones, una falda de tubo, una bata blanca y un maletín. Viendo eso, claramente me escondí en un callejón, dentro de un contenedor. Estaba asustado. No podía ni respirar. No quería que me encontraran y me matasen.


Por un agujero en el metal del contenedor pude ver como la mujer corría por el callejón donde estaba escondido, un tiro le atravesó el pecho, cayó, se arrastró unos centímetros, un mercenario se acercó y le quitó el maletín. No la remató. La dejó agonizando, pero yo no lo sabía, pensaba que estaba muerta.


Cuando supuse que ese tipo ya estaba lo suficientemente lejos, salí de mi escondite. No voy a salir antes para ayudar a la mujer con los mercenarios por allí, no soy un héroe. Me acerqué a ella. Realmente no sé para qué, no tengo conocimientos sobre primeros auxilios. Al darle la vuelta sin ningún cuidado, vi sus ojos mirándome y sus labios me movieron intentando hablar, aún estaba viva, así que llamé a emergencias mientras le apretaba la herida de bala. Haberla movido podría haberle causado graves daños si la bala seguía dentro. Como te puedes imaginar, no estaba en mis cinco sentidos.


Me encontraba demasiado concentrado intentando parar la hemorragia e intentando calmarme, como para darme cuenta de que ella sacaba algo de su bata de laboratorio, una jeringuilla posiblemente, y me la inyectó en la pierna sin que me diera cuenta. Aunque no fue muy difícil que no me diese cuenta, estaba cagado de miedo.


Al llegar la policía, y la ambulancia, ya era demasiado tarde, ella estaba muerta. Me hicieron preguntas pero como estaba en shock, no pude responderlas. Ellos terminaron llevándome a la comisaría y avisaron a mi padre. Mi padre estuvo un buen rato usando sus conocimientos para calmarme. ¿Cuántas veces habrá tenido que hacer esto? ¿Cuánta gente ha tenido que consolar?


Cuando al fin volví en mí, fueron mi padre y su compañero actual quienes me hicieron las preguntas de lo sucedido. Solo vi como unos mercenarios que ocultaban su cara iban tras una mujer y la mataban. Gracias a ello tendría que ir a un psicólogo, aunque al final no fui porque me dio “cáncer”.


Esa misma noche llegamos a casa muy tarde.


Otra vez, debo explicar un poco de mi vida para que se entienda un poco lo raro que es lo que me ha pasado. Mi padre, por su trabajo, suele despertarse temprano y acabar tarde. Tiene horarios de mierda donde debe contestar cualquier llamada. Se puede decir que siempre está de servicio. Normalmente me despierto solo sin problemas. Si papá no está, voy a casa de los vecinos a desayunar. Prácticamente me han tomado como a su hijo. Gracias a ellos, papá me ha podido criar sin tener que abandonar su trabajo, ni sentirse culpable por dejarme solo. Cuando papá vuelve, suelo estar ya dormido. Por lo que es normal que a veces no nos veamos en todo el día.


Como estaba algo trastornado por lo que había pasado, mi otra familia no se preocupó al ver que no iba a su casa ni contestaba a sus llamadas. Supongo que pensaron que necesitaría mi espacio y, como se usar el horno, no vinieron a ver si comía. Aunque también pudo ser la abuela quien les convenció de no ir. La abuela es muy rara. Dice y hace cosas extrañas. Y, a veces, acierta.


Teniendo todo eso en cuenta, es normal que me acostase nada más llegar (estaba mentalmente agotado) y no me despertase hasta pasado un día entero. Aunque es extraño, ya que no estaba tan cansado como para dormí durante todo un día.


Ese día, era un poco distinto a lo habitual. Por alguna extraña razón, los domingos, papá puede cenar conmigo. Solemos cenar juntos pizza mientras miramos la televisión. Yo soy quien llamo para pedir la pizza y normalmente lo espero mirando la televisión. Como no me desperté en todo el día, no estaba allí, por lo que a mi padre le pareció. Él fue a mi habitación, me despertó y, cuando intenté levantarme, me dolía la pierna. Me bajé el pantalón y me encontré con la minúscula marca de la aguja, alrededor de la cual las venas tenían un color muy fuerte y la piel estaba roja, caliente e inflamada. Al ver esto papá se apresuró a darme algo para esa herida, que no sabía cómo me había hecho.


Eso me alivió pero no me curó y, en pocas horas, todo fue a peor. Las medicinas comunes no me hacían efecto, por lo que fuimos a urgencias. Al ver eso, se quedaron extrañados, y decidieron hacerme varias pruebas. Por alguna razón, me trasladaron de hospital derivándome a un doctor supuestamente especialista en lo que yo tenía. Él me diagnosticó algo horrible: tenía varios tumores en el cerebro, otros por la piel, otros por los órganos, otros por los huesos. El doctor me dijo que pronto podría recuperarme. Todos los tumores eran pequeños por lo que podrían eliminarlos con quimioterapia o, en el peor de los casos, con cirugía. Me mantuvieron ingresado durante mucho tiempo. Durante unas semanas tuve depresión. Tener cáncer siendo tan joven era una gran putada. Cuando me lo dijeron me enfadé, me sentí triste, impotente, abrumado, mortal… Ningún niño de quince años debería sentirse así. Ningún niño debería sentir como el tiempo se le va acabando.


Me intentaban animar diciéndome, que siendo tan pequeños, sería fácil eliminarlos, pero yo sabía que estaba jodido. Cuando se empieza con el cáncer, no se para. Seguramente unos años más tarde volvería a tener alguno, poco después otro y así hasta que me muriese. Lo peor era que los niños con cáncer intentaban animarme, esos niños que apenas se levantaban unos palmos del suelo, muchos de ellos no iban a poder sobrevivir, ellos lo sabían y aun así intentaban vivir su corta vida todo lo felices que pudiesen. Debería decir que gracias a ellos, a mi familia y a mi amiga Elsy, superé mi depresión; pero no fue así. Los traté fatal, los agredí física y verbalmente. Tuvo que venir un crio un año menor que yo a ponerme en mi lugar. Él me gritó y me regañó; me hizo darme cuenta que no debí de haber tratado así a mi padre y a Ges. Él me hizo sentir mejor, ya que me trató como si no estuviese enfermo.


Ges nunca me abandonó. Ella siempre estuvo conmigo, en los buenos días y en los malos. Ella se informó mucho sobre el cáncer para poder aliviarme en los malos días. Me dijo que muchos de los peores síntomas no los tenía, pero ignoró que muchos síntomas característicos del cáncer no los tenía. Por sus comentarios y por mi curiosidad, me informe sobre el cáncer, quería averiguar sobre los síntomas que tenía. Tener fiebre y dolores era unos de los síntomas, pero yo solo tenía esos, el resto no los tenía. El cáncer de cerebro no me producía alucinaciones, el de medula ósea no me generaba anemia… Todo era muy raro y poco a poco se fue volviendo más extraño. El cáncer de piel, por alguna razón, solo lo tenía en la cara: se trataba de dos manchas ovaladas y ásperas, cerca de la nariz, debajo de los ojos. Parecía tener una piel rugosa por encima, de un color grisáceo. Se me han quedado y me los tengo que cubrir con maquillaje para no tener problemas con la gente. No quiero que se me queden mirando porque les causo curiosidad.


Las otras masas también crecieron, no remitían a pesar del tratamiento. Lo supe porque no cerraron bien la puerta después de salir de mi habitación. Lo que más me sorprendió fue que dijeron que las pruebas marcaban que no tenía cáncer desde el principio. Entonces, ¿por qué me asustaron así? ¿Por qué me mintieron? ¿Qué me ha pasado realmente? Unos misterios que algún día tendré que averiguar.


Me tuvieron que meter en un coma inducido porque el dolor era inaguantable. Mi padre se cogió una baja permanente para estar a mi lado. Me sostuvo la mano mientras estaba intubado porque mis pulmones dejaron de funcionar. Mi doctor luchó durante meses sin descanso para mantenerme vivo durante todas mis crisis. Poco a poco, mejoré mágicamente. Cuando estuve mejor, me sacaron del coma. Poco después, del hospital diciendo que ya estaba curado y que el resto se solucionaría con el tiempo y las medicinas, pero perdonadme si desconfío.


En casa todo fue normal por un tiempo, hasta que un día, al encender una luz, se fundió la bombilla. Poco después volvió a pasas, luego otra y otra más. La batería del móvil nunca se agotaba. Además, un día mientras metía el enchufe salió electricidad del enchufe hacia mi mano. En ese momento fue cuando comprendí que era una especie de conejillo de indias exitoso. Un mutante salido de un laboratorio secreto de algún villano malvado. Entonces recordé a la mujer que vi morir, mientras la ayudaba, ella debió inyectarme algo y ese algo me ha vuelto un mono de feria. Le voy a contar todo mañana a mi hermana Ges y le diré que me ayude a practicar con mis supuestas habilidades eléctricas.



Nico escribe en un papel todo lo que le ha pasado en esos meses. Aunque realmente no se lo acaba de creer, pero es real. Al terminar, arruga el papel y lo tira a la basura. Luego, se acuesta en su cama. Poco después, se levanta, agarra el papel arrugado, va a la cocina, coloca el papel en el fregadero, abre la ventana, agarra un mechero que tenían por la cocina y le prende fuego. Al terminar, abre el grifo y mira como las cenizas se van por el fregadero. Luego, cierra la ventana.


—¿Qué haces? —pregunta su padre, entrando a la cocina, preocupado por lo que le pudiese pasar a su hijo.


—Tenía sed. ¿Puedo dormir contigo?


—Sí, vamos.

13 de Abril de 2021 a las 10:18 0 Reporte Insertar Seguir historia
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