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yorge-q Yorgelis Quiceno

Para el concurso : "Navidad En Inkspired". La fiesta navideña estaba casi a la vuelta de la esquina e Isabella estaba sola sin ninguna compañía. Sus padres y hermanos están de vacaciones en el extranjero, sus amigos con los familiares de sus compañeros y ella en una casa vacía. Sus planes cambian cuando su mejor amiga y su marido le consigue una cita a ciegas, chantajeada por ellos llega al restaurante muy elegante y se topa con la sorpresa de su vida. ¿Qué hace su mejor amigo en su respectiva mesa, mirándola como si fuera el amor de su vida?


Cuento No para niños menores de 13. © Safe Creative 2101166607596

#CategoriaAnsiosa #NavidadEnInkspired # #inkspired
Cuento corto
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Capítulo Único.

— ¡Oh! ¡Vamos Isabella! ¡Prometo que te vas a divertir! — Su mejor amiga suplicó a través de la llamada telefónica.


— Noooo Brenda. — Gimotee. — Mis ganas están por los suelos, tu lo sabes bien. — Continúe.


Ya era la cuarta vez que Isabella se negaba a acceder a esta farsa. En serio, solamente quería deprimirme viendo "Dash and Lily" en Netflix, comiendo helado como la perdedora que soy. Sin embargo, al parecer Brenda no lo entendía.


— Pero es que amiga, tampoco aguanta pasar nochebuena y navidad sola en casa.


— No voy a estar completamente sola. — Solté un suspiro de frustración, tratando de buscar otra excusa válida para no acceder. Pese a eso, ya sabía yo que la guerra estaba perdida. Porque cuando a su mejor amiga se le metía algo entre ceja y ceja, no había nadie ni nada para aplacarla.


— Tus mascotas no valen. — Brenda negó. — ¡Necesitas diversión! Por lo menos ve un ratito y mira como van las cosas, no te cuesta nada, no seas perezosa.


— ¿Por que quiere que vaya? ¿Por que le colocas tanto empeño? — La sospecha se comenzó a iluminar como una llama que se negaba a ser apagada.


Ella evito responder a sus preguntas, yéndose por una curva. — Mira Isabella, solo ve, hazlo por mi. Me da pena hacerle el corte porque ya le prometí al hombre que estarías ahí. ¿Si? Además, si lo haces te voy a llevar a cenar la próxima semana, al restaurante caro, ese que te encanta.


— ¿Me vas a comprar mi comida, postre y bebida favorita? — Cuestionó, ahora si la estaba comprendiendo. Esta Brenda si que sabía parlarla, por algo ella era tan buena asesora de ventas. No como yo, que me muero si vendo un lápiz y un sacapuntas.


— Si amiga, te voy a comprar lo que quieras. ¿Entonces? ¿Si vas?


— Está bien. — Accedí ahora un poco mas contenta con el premio que pronto voy a recibir. — Espero mi recompensa.


— Así es. — Dijo Brenda completamente animada. — Nos vemos pronto. ¡Te amo baby! — Y con eso finalizó su mejor amiga la llamada.


Siempre queriendo ser la ultima en tener la palabra. Con eso en mente salgo a la recepción del hotel para continuar con la labor que me da de comer.


(...)


Hace ya dos noches desde que ocurrió esa llamada y su ánimo si que no mejoraba. No me malentiendan, yo amo la navidad. Tanto así, que soy una de esas decoradoras compulsivas que empiezan con el ambiente navideño un mes antes de llegar a diciembre.


Si quieren les puedes preguntar a mis allegados desde que fecha instale el árbol navideño. Prometo que no les van a mentir. Todos los años era lo mismo, nada había cambiado, nada había sido tan diferente como lo que ocurre ahora mismo.


El motivo por el cual mi espíritu navideño estaba por los suelos, tan abajo que ni lo podía coger con la mano.


Yo, Isabella Castañeda, provengo de una humilde familia de clase media. Con humildad no me refiero al dinero, sino a los valores que la familia me enseñó. Conformada por mi madre Josephine y mi padre Jhosep. Si, es sumamente raro que sus nombres sean por la “J”. ¿Coincidencia? Tal vez. Sin embargo funciona a mi favor, ya que yo los llamo cuando están molestos, la furia “J & J”. Créanme, eso los irrita un montón. Pero como les decía, no son los únicos en mi familia, afortunadamente. Puede que las discusiones y las agarradas fuertes que nos damos, digan absolutamente lo contrario. Pese a eso, yo adoro a mis terribles hermanos menores. ¿Quiénes son ellos? Pues, no se rían, pero por algo nos llaman las tres “I” Debido a Isaac, que nació después de mi e Ignacio que fue el último en salir.


Y si, somos trillizos.


En fin, basta de contarte acerca de mi familia. Porque si sigo así, de esa forma, me voy a extender, extender, extender y nunca voy a terminar de relatar la historia.


Entonces, mi familia había comprado un paquete para vacacionar la navidad en New York - Estados Unidos. Cuando mi padre llegó con la noticia en una de las reuniones familiares, que fue hace unas semanas atrás, nos emocionamos tanto que hasta nos emborrachamos. Es que, era la primera vez que íbamos a visitar dicho país. Cualquiera estaría dando saltos.


Sin embargo ocurrió algo catastrófico. Me negaron las vacaciones en el trabajo, tampoco lo podía abandonar así como así, porque la verdad, conseguir trabajo en Colombia no es algo fácil. Así que me quedé aquí, sola y desamparada, mientras ellos suben fotos a Instagram en algunos Starbucks, en central park, en pistas de hielo, en árboles gigantes navideños y entre cosas alucinantes.


Mi mejor amiga Brenda se fue para Bogotá a visitar la familia de su esposo. Mi mejor amigo Sebastián ¿Quién sabe dónde estará? Hace un año que se fue del país, buscando nuevos caminos por descubrir. La distancia nos fue alejando tanto, que en vez de un lago hay un mar de distancia entre nosotros. ¿Las llamadas telefónicas? Sumamente incómodas, sin tener nada que decir.


Y ciertamente, eso tampoco hace que mi mal humor desaparezca porque... ¿Qué hago? ¿Te cuento o no te cuento? ¡Bien! Lo voy hacer ya que estamos aquí, ya que estás leyendo estas palabras y a lo mejor te pica la curiosidad, ya que estoy con entera confianza hacia ti contándote mis verdades, creo que te diré uno de mis más grandes secretos.


Nadie lo sabe, así que te pido y te suplico que esto quede entre nosotros. ¿Va? Ok, ahí va la historia.


Sebastián, Sebastián, Sebastián. Se me sale un suspiro de la boca al pensar en él, al decir su nombre, al estar sola en mi habitación por las noches.


Mi mundo se detiene con lentitud tan solo de verlo, es como una de esas películas rosas, donde chico conoce chica, chica se enamora del chico, chico se enamora de la chica, La chica se hace mujer, el chico se hace hombre, se declaran su amor eterno y viven felices comiendo perdices.


Tan bonito ¿No? Excepto que yo fui la que se enamoró de él pero él no se enamoró de mi. Es triste, lo se. Los caminos siguieron su curso por separados, yo todavía amándolo en secreto, él con una fila de chicas disponibles rondandolo.


Ya voy cumplir treinta años en año nuevo y el cumple treinta y dos en Agosto. Y las cosas no han cambiado todavía para nosotros. ¿Debería rendirme y seguir con mi vida así como él siguió con la suya? Creo que lo voy a dejar pasar un rato más, o ¿Qué me aconsejan?


Estaré esperando sus respuestas mientras me termino de preparar para la cita a ciegas.


— Bien. — Susurré en la habitación vacía. Pues, no tan vacía si cuento a mi perro montado en la cama con el gato desparramado a su espalda. — Creo que ya estoy lista.


Me miro al espejo por última vez mientras espero que el Uber llegue a buscarme. El vestido que llevo puesto es negro, un vestido elegante que usaría en un buen restaurante. Es de manga larga, que va abrazando mis senos un poco expuestos pero no de manera vulgar, la tela cae en una cascada hasta por encima de la rodilla. Quise combinarlo con un calzado sexy de color rojo que hace juego mis labios rojos, obviamente, y mi cabello corto cae por los hombros en pequeños rizos naturales.


Cojo el bolso de la butaca en la cocina cuando el Uber pita. Justo a tiempo para llegar temprano a la cita. Si, es como crees, nunca llego tarde a ningún sitio. Y para serles sincera, eso me estresa un poquito. Opino que a veces sería bueno hacerse esperar.


Una vez dentro del auto, le ordeno al conductor después de saludarlo. — Por favor lléveme al restaurante Villa Italiano. — Saco cinco mil pesos del bolso para pasarlos. — Tomé el pago de una vez y quédese con el cambio.


— Muchas gracias señorita. — Responde el conductor con amabilidad.


— No hay de que. — Con curiosidad comienzo a conversar o tal vez sean los nervios jugándomela de una vez por todas. — ¿Y eso que estás trabajando en nochebuena?


— ¡Ah! Eso… — Se ríe con pena. — No tenía a donde ir y estaba un poco aburrido.


El hombre tiene un acento ligeramente extranjero por lo que supongo su familia no vive cerca de él.— Te entiendo, yo voy a una cita a ciegas.


— Mucha suerte. — Me desea él.


— Igualmente.


Después de ahí cae el silencio. Por tal razón comienzo a pensar por un rato. La verdad me alegra que a estas horas de la noche todavía haya lugares abiertos para las personas solas. Así que cuando vislumbro la zona rosa, no me sorprende lo llena que está de personas festejando, y cómo ciertas calles están cerradas para recibir la navidad.


El Uber se detiene en el destino deseado— Aquí estamos y de antemano ¡Feliz navidad! — Se despide el conductor cuando salgo y cierro la puerta con firmeza.


— ¡Feliz navidad! — Ondeo la mano.


Bueno, suelto un suspiro resignado.


Aquí estamos con lo interesante y ruego porque Brenda haya escogido a un hombre conversador y sin temor a escuchar las pendejadas que salen de mi boca. Veo la hora por última vez y me fijo que apenas son las once y treinta minutos de la noche.


Me armo de valor y me dirijo con elegantes pasos a la puerta de entrada, en donde me recibe una de la anfitriona del restaurante. — Bienvenida dama. ¿Tienes alguna reserva?


Yo contesto. — Si, está a nombre de Brenda.


Ella revisa la tablet por unos instantes para luego devolverme la sonrisa. — Es la mesa número cinco, el guapo hombre está de los nervios esperando. — Eso hace que mi corazón salte y la ansiedad comience a brotar como siempre hace cuando voy a conocer a alguien.


Sin miramientos me adentro al elegante restaurante. La palabra bonita se queda corta si les explico lo que encuentro. El ambiente produce mucho romance a la vista, las luces amarillas junto con el rústico hacen un buen ajuste y las mesas están escondidas de los demás, dando la privacidad necesaria junto con las flores que rodean el lugar.


Y cuando llego a la esquina donde se supone que está mi mesa lo veo. Y me alegro de que Brenda me haya rogado tanto para venir a esta cita a ciegas. ¿Pero que es lo que hace él aquí? ¿Una sorpresa? ¿O es que acaso me quiere para algo más?


Su sonrisa tan bonita como la recuerdo, esos ojos color café tan intensos, su cuerpo está más robusto que cuando tuvimos nuestro último encuentro.


Recuerdo que estuvimos en la finca de su familia, acostados en la manta viendo el azul oscuro poblado de estrellas titilantes.


Su cabello negro encrespado que me lleva a pensar en esas veces que se quedo en casa acostado con su cabeza encima de mis piernas mientras veíamos una película romántica y lo le pasaba los dedos por los crespos negros. ¿Su oscura piel? ¡Dios! Siempre me encanto el color de su piel.


No me contengo y corro a sus brazos. — Sebastián ¿Qué haces aquí? — Y como la enamorada que soy le doy besos alrededor de la cara. Pero díganme ¿Qué ustedes harían en esa situación?


Les juro que en el momento del reencuentro pude escuchar música. A lo mejor eran los ángeles bendiciendo nuestro futuro juntos o a lo mejor era la música de afuera del restaurante. Pero esa última parte le quita lo romántico, así que quedémonos con los ángeles.


Sus brazos me envuelven con entereza cuando nos hemos calmado y él deposita un beso en mi cabeza. Me dio un bendito beso en la cabeza ¿No es tan tierno? — ¿No puedo venir a disfrutar de mi mejor amiga? — Murmuró Sebastián entre risas.


— Claro que si tonto. Aunque no tenías que hacerlo de esta manera. Tu y Brenda me engañaron haciéndome pensar que esta era una cita a ciegas.


Él se aleja y señala el puesto al lado del balcón para que me sienta, pienso que él tomara el puesto enfrente de mí, pero me sorprende, nuevamente, al juntarse justo a mi lado y tomar con ternura mis manos. — ¿Es que acaso no puedo tener una cita contigo? — Bromea.


Las mariposas en mi estómago revolotean cuando respondo su comentario con nerviosismo. — Entonces estamos en una cita.


— Exactamente mi querida reina. — Su pulgar hacia círculos en mis manos. — Ya pasé mucho tiempo lejos de mi alma gemela.


— Espera ¿Qué quieres decir? I’m very confused.


Él parece sorprendido. — Cariño, pensé que habías notado la manera en que me hipnotizabas cuando estábamos juntos.


— ¿Que? — ¡Oh Dios mío! Matenme ahora, en serio necesito que me fusilen en este momento, o bueno, no tan extremo, solo que me saquen de pasar pena aquí. El hombre prácticamente se me está declarando y yo lo que hago es ser más pendeja de lo que soy normalmente. Mi boca literalmente está abierta y mi cabeza como que aun no lo procesa.


— Tan bonita. — Su ronca carcajada resuena. — Me encantas Isabella. Me fascina la forma en que divagas, la forma en que caminas, la forma en que nunca se que vas a decirme y me sorprendes cada día con tus palabras, la forma en que eres cariñosa y buscas lo bueno de las perspectivas. Pasar un tiempo lejos de ti no fue como esperaba ¿Y sabes lo que esperaba?


— ¿Qué esperabas? — Le pregunto con voz entrecortada.


Él se acerca hasta que su cara quede a un suspiro de distancia, sus ojos penetrantes todavía puestos en los míos. — Esperaba desenamorarme, esperaba quitar las ansias que me produce cuando estoy lejos de ti, esperaba que por lo menos no fuera doloroso cuando subías fotos en redes sociales, con hombres con quienes tú salías. Esperaba que los celos ya no me molestaran.


— Y no te funciono. — Afirme.


— No cariño. No funcionó. Cuando hablé con Brenda y le conté mis sentimientos hacia ti, necesitando desahogarme para no ahogarme con el mar de emociones. Ella solo se rió a carcajadas diciendo. “Hasta que por fin uno de ustedes lo confiesa." Admito que eso me llamó la atención y le pedí el favor para tenerte aquí. Entonces Brenda siguió hablando conmigo cosas como. "Te doy mi permiso para que conquistes a Isabella, esa mujer es perfecta para ti y tú eres perfecto para ella.” Así que seguí su consejo y aquí estoy esperando que no me rechaces, ni te alejes de mi. — Sus manos me aprietan por unos instantes. — ¿Qué dices?


— ¿Qué digo de que?


Otra ronca risa por su parte. Les digo que me podría volver adicta de ese extraordinario sonido. — Isabella, lo que te quiero preguntar es... Si tu... ¿Me aceptas como tu pareja?


Yo asentí porque ¿Qué más podría decir? Esta navidad cambió de algo malo a bueno en tan solo unos momentos. Sin embargo cuando entendí el significado, chillé con alegría y salté para captar sus dulces labios como el pecado. — ¡Si, si, si…! Mil veces si.


Y mientras nuestra historia de amor comienza bendecida por los ángeles, con los fuegos artificiales que explotan por las calles, recibiendo así la navidad con un gran espíritu.


Él se separa un momento de mis labios, mordisqueando un ratito para a continuación avisarme. — Espero que no te molestes, pero antes de que llegara pedí tu comida.


— ¡Oh por Dios! — Gemí para él. — ¿Por que eres tan mandón? Pensé que eso había cambiado ya en la distancia.


— No nena, soy el jefe de mi propio negocio, acostúmbrate a tenerme así, porque en unos años colocaré un anillo en ese dedo y nos vamos a casar para formar una familia como lo merecemos.


Y así me besó de nuevo.


Amo la navidad ¿No se los dije al comienzo de esta historia? El resto se lo podrán imaginar. Y no te preocupes, algún día tendrás suerte al conseguir a tu compañero. Te deseo lo mejor y ¡Feliz Navidad!

27 de Noviembre de 2020 a las 21:11 0 Reporte Insertar Seguir historia
5
Fin

Conoce al autor

Yorgelis Quiceno Toda la vida la he pasado imaginando historias que me gustaría fueran reales. Así que por eso me cree esta cuenta, con la intención de cumplir ese sueño y plasmar aquellas historias en palabras, para que otros puedan leerla y tal vez disfrutar por un momento. No soy una experta en literatura pero soy fiel creyente de la frase que todos alguna vez escuchamos en la casa o el colegio "la práctica hace al maestro." Y por ahora esa es mi meta. Lograr ser buena en esto para darles lo mejor con todo lo que aprendo. Soy una Venezolana en el extranjero y nunca soñé con compartir lo que aquí les muestro. Dejen un corazón y comentario si les gusta lo que hago. Ellos me dan motivación para aquellos días en que mi estado de ánimo esté por los suelos. Mi Instagram: @yorg05

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